<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758</id><updated>2012-02-13T23:14:01.323-03:00</updated><category term='Hijos de Yaveh'/><category term='Hordas salvajes'/><category term='Interplanetario'/><category term='Abusos'/><category term='Inframundo'/><category term='Manual laboral'/><category term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El protohumano</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>81</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-7191364829727915105</id><published>2012-02-05T12:23:00.000-03:00</published><updated>2012-02-05T12:25:14.742-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>Eses bajo la pirámide de energía</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-x5_feL6jolE/Ty6eUihtVxI/AAAAAAAADJI/ceHh00_hUS8/s1600/19_marsattacks_burningflesh.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="280" src="http://1.bp.blogspot.com/-x5_feL6jolE/Ty6eUihtVxI/AAAAAAAADJI/ceHh00_hUS8/s400/19_marsattacks_burningflesh.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 27px; line-height: 31px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Salió como si seestuviese cagando. Pasó a mi lado como una mina que recibe demasiados piropos,pero no lo era. Según él, es mi amigo. Ni siquiera quiso probar un sorbo de esacerveza de cancha que compré por 25 pesos. Y no me sobra la plata ¿eh? No mesobra.&amp;nbsp; Pasó, cruzando una pierna delantede la otra, eso, te pongo la firma, lo aprendió mirando los desfiles de &lt;i&gt;Victoria Secreta&lt;/i&gt;. Tampoco es puto, esuna cosa peor, se cree artista. Escribe. Mal. Pero escribe siempre. Tiene lainsistencia de los tipos que no cogen. No sabe qué otra cosa hacer. Entoncesescribe. Y no cuentitos o poemas en prosa. Es un tipo de largo aliento.Novelas. Una tras otra, siempre persiguiendo una quimera. Casi como parajustificar su fracaso. Para señalar al mundo y atraer la luz del faro sobre símismo. Esa cosa de que todo el mundo lo desprecia, porque es un talentoincomprendido. Algo tan usual en nuestros días de chat. Pero la realidad esotra. Yo la conozco, no se la digo porque es mi amigo. Después de todo loquiero. Que se lo diga otro o que se termine dando el hocico contra la pared,tarde o temprano lo va a saber. No hace falta que vaya uno a apiolarlo. Es untipo grande. Pero lo grave no es la pose, lo grave, y eso lo sabemos todos, esque no coge. Le afecta la cabeza, empieza a inventar cuentos conspiranóicospara que lo crean loco, para que lo señalen como especial en algún cruce depalabras en las casillas de diálogo de facebook, algo que no pasaría de “ese...el amigo tuyo que está loco... el que habla todo el tiempo de marcianos...” “elfeo”... etc.&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Lo grave fue que salió, no sé qué le dijo alportero de la entrada y se fue. Yo lo miré de refilón, incluso brindé en sumemoria, pensé que iba a tomar aire y volvía a quedarse un rato más conmigo,ahí dentro, en ese boliche atestado de pendejos pelilargos, amantes de músicaheavy metal pasada de moda. Pibes que tal vez cogían menos que él, mi amigo...el artista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; A la media hora, que me la pasé mirando unpunto fijo y sorbiendo el brebaje amarillo oro, me llegó un mensaje delnovelista de cinco novelas inéditas. Me decía que se volvía a casa. Nada másque eso. No sé por qué me dolió. Me dolió que no me hubiese esperado. Yo, quelo había bancado en año nuevo, hacía cosa de diez días, mientras devoraba conuna fruición depredadora las flores de un arbusto. Ojo, se entiende, estababajo los influjos hechiceriles de ácidos poderosos. Porque eso hay quereconocérselo, el tipo lleva su papel hasta el final, no sólo es un fracaso,sino que actúa como tal. Lleva adelante un comportamiento autodestructivobastante medido y acotado a un sólo día de los fines de semana, pero cuando lohace, nos brinda todo un show. Como para alquilar un palco. En eso, es un tiposerio. El novelista de cinco novelas anilladas y tantas veces rechazadas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-dXLvPaMrWug/Ty6d8LGw-PI/AAAAAAAADJA/64p2R5Wm7oQ/s1600/000moebius_+bound_+001.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-dXLvPaMrWug/Ty6d8LGw-PI/AAAAAAAADJA/64p2R5Wm7oQ/s400/000moebius_+bound_+001.jpg" width="293" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; El vasito de cancha no era fácil de tragar.No sé por qué ese día no podía beber con la brutalidad habitual. Simplemente mepegaba más. El artista se había bebido sus buenas cervezas solo y habíacompartido conmigo otras dos y no parecía borracho, ni caminaba dando eses,simplemente las zancadas eran más largas de lo habitual y su indeferencia alentorno, mayor. A mí no. A mí las minas me podían. Las pendejas sobre todo yeso que no soy un pibe, o por eso... Los culos torneados, ese caminardespreocupado, esa cosa de pasarte por al lado sin ni siquiera verte. Sin nisiquiera sospechar que podrías lustrarles las vaginas hasta volvérselasblancas, traslúcidas. Y eso que no me falta concha. Pero las minas me pueden.Al novelista, gran parte del día, parecen resbalarle. Cuando me decía queandaba muy caliente y que necesitaba ponerla, terminaba por no creerle, en eso,también adoptaba una pose. Lo importante pasaba por otro lado. ¡Si se le olía!Él quería sus libros, la gloria literaria fantasma y las mujeres, sí, pero comotrofeos de esa gloria. En el mientras eran sólo una piedra más en el camino quelo desviaban de su máximo deseo, el de la consagración efímera entre esoshumanos que perjuraba despreciar. El muy Borges de la alcantarillas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Así que leí el mensaje y no pensé mucho, enese momento no le guardé rencor, estaba quieto, sorbiendo mi jugo de oro, enpaz, observando las pendejas transitar los pasillos del bar ida y vuelta. Loadmito, la chota me latía y cuando me pasa eso, me pongo a elucubrar si notendremos un segundo corazón ahí abajo, si no deberíamos considerar el pitocomo un homúnculo que pende de nuestra entrepierna, aferrado y prisionero denuestros deseos, a veces triunfante, a veces rebelde, pero, sobre todo,salivador de miasmas gelatinosas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Ahora la cosa era distinta con el artista, yano era divertido salir a tomar algo con él.&amp;nbsp;Como era un tipo de teorías, cuando se quedó solo, pensó que podíaencontrar la piedra filosofal del levante rápidamente. Después de todo, conocíatantos infradotados que se cansaban de cogerse minas, que él debería pasarlospor encima en ese sentido. No podía haber duda de eso. Un tipo tan leído, taninstruido en el comportamiento humano ¡En sus misterios! Así que los primeros mesesnos pasamos las noches recorriendo bares y hablando con chicas, no estaba mal.Había que admitirlo, podía sostener una conversación con verdadera soltura yeso que lo hacía borracho. Yo me prendía de la fiesta e intentaba obtener mitajada. Pero el tiempo pasó y los fracasos se le fueron acumulando en lacabeza. Las mujeres parecían entretenerse en grande con el novelista de 5novelas anilladas e impresas en hojas A4, pero de ahí a pasarles sus números deteléfonos, sus mails o soltarle un beso. Era exagerar el cuento, ¿no? Hay cosasque uno debe pagar, y el novelista aprendió, admito que lo hizo en poco tiempo,que estar pelado, tener diez años más que las chicas que pretendía levantar, nodar muestras de desahogo económico y darse aires de gran lector; no parecía darresultados en esos ámbitos. Por lo que terminamos por tomar la cosa con máscalma y resignarnos a volver a nuestro estado larval de hombres en coma, abeber orina dorada, observar como la vida se desarrollaba como un jardínbabilónico a nuestro alrededor y limitarnos a flotar en rededor como siestuviésemos compuestos de ectoplasma y no de carne. Alguien, no sé qué hijo demil puta, nos había desenchufado de la vida. Hacía rato. Era triste verlo a 5novelas, después de haber empezado su plan alquímico tan bien. Tan convencidode hallar en poco tiempo la fórmula. Yo, sin que me lo dijera, sabía dónde ibaa terminar. Era cosa de pocos meses para que volviera a recluirse en su casa,tal vez a escribir otras cinco novelas en Arial 11, a no contestar nuestrosmensajes y a fagocitar libros. Pensaba que las pelotas debían, tarde otemprano, ir hacia él. Tal vez por eso era tan mal jugador de todo deporte queincorporara una raqueta. Pero la complico, me ensaño porque me dejó en bandaese día, es fácil... No es para darle tantas vueltas. Si lo sabemos. Es uno másde esa horda de perdedores que saben que lo son, pero que a la vez no lo creen.Viven de sus esperanzas y sus esperanzas se alimentan con rencor. O sea, estetipo de engendros, terminan buscando fracasar en todo para alimentar los pocossueños que lo mantienen con vida. Incluso si el éxito les fuera favorable, nolo reconocerían, lo dejarían pasar, confundidos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Supongo que todo este diálogo monologal lodesarrollé durante mi estadio comatoso en el bar de los cabelludos, mientrasveía cruzar al novelista, caminando como una chica Victoria Secreta. Lo vi. Lovi y me vio. Me dirigió una mirada de reojo. Rápida y furtiva. Y desapareció enla noche. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Fue por él que no llevé la moto. Para no dejarloque se viniera sólo de su casa. Y el rencor me carcome las entrañas. Eso mepasa por juguetear durante una década a que somos putos. Flojos. Raros. Ahorame quejo como una vieja.&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Cuando una piba se me puso al lado, se meocurrió hablarle, desarrollé todo un diálogo imaginario. Le llevaba diez años,corría con ventaja. Es tan fácil ganar sobre esta generación de semianalfabetos, idiotizados por casillas de correos atestadas de spam, celularesque no dejan de sonar nunca, como campanillas de hadas, y etiquetas y fotos ymás fotos. Todo un combo de basuras que van a parar al tacho en que setransforman estos deshechos que llamamos jóvenes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; La miré, me miró de reojo. Abrí la boca,intenté no pensar en mi aliento. Sabía a qué olía. A deshidratación avanzada, aesfínter, a cloaca. Pero contuve el aire y sonreí. Debería responderme delmismo modo. Es simple, es lo que uno llama una regla. Pero no, frunció el ceño.Tal vez pensaba que era muy viejo, muy borracho y muy elegante –chomba de rugbyy jean cuadrado- para ese ambiente de jóvenes rebeldes que además conocen quiénfue Marx y el Che Guevara. No estamos hablando de simplones ni de campesinos recogesandías, sino de los futuros profesionales de nuestro país. Cosa de locos. Asíque frunció el ceño y se escapó como una laucha de mis garras. No mecomprendió. Mi intento no iba a pasar de sonreír y dejar todo lo demás a lasuerte, y entiendo &lt;i&gt;suerte&lt;/i&gt; por unacontecer que debería darse de la siguiente forma, ella me diría cómo estaba, aqué me dedicaba, que le gustaban los chicos, subrayo el adjetivo: &lt;i&gt;mayores&lt;/i&gt;, que quería hablar con gente&lt;i&gt; inteligente&lt;/i&gt;, que si hacía pesas, que sitenía novia, que dónde vivía, que si quería que fuéramos a mi casa, que sitenía profiláctico, que estaba re caliente, que me chupaba la pija, que legustaba que le hicieran, sobre todo y ante todo, el culo y que, de ser posible,le acabara en la cara. Pero no tuve suerte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Y como la fortuna me era adversa y eso mepuso de mal humor, regresé al novelista de las cinco novelas anilladas. A suputísima mediocridad embreada en engreimientos vacíos.&amp;nbsp; En esa manía, profesional, sin duda, deperder lo más vital de la vida en todo aquello para lo que no servía. Hablabacon suficiencia de esos compañeros laborales que cogían sin descanso, de lo básicoque eran y olvidaba que los secretos de esa alquimia tan buscada, estaban ahí,en esas cosas simples, en esas ignorancias del &lt;i&gt;toto,&lt;/i&gt; en los errores ortográficos, en las confusiones gramaticales,en los tropezones lingüísticos, en demostrar, lo indefenso que es uno ante lasociedad y lo inofensivo que resultaba ser para esas mujeres que sólo quierenel homúnculo descerebrado que pende de nuestra entrepierna y no al imbécilbravucón que predica pedos al vacío.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-EZz-6wQ8TOs/Ty6cUSKtPuI/AAAAAAAADIo/r7ea8W1_kFI/s1600/lloyd-and-the-circus1.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://3.bp.blogspot.com/-EZz-6wQ8TOs/Ty6cUSKtPuI/AAAAAAAADIo/r7ea8W1_kFI/s640/lloyd-and-the-circus1.jpg" width="513" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y aunque lo pensaba y a pesar de que el alcoholparecía correr en torrente por mis venas, me dolía en el alma el abandono de miamigo novelista. No sé si era el abandono lo que me jodía o su fríaindiferencia. ¿Qué? ¿Era menos que él? ¿O porque era más se hacía el indiferente?Venía por ahí la mano, a qué negarlo. Acabé el depósito de salivas ymucosidades que flotaba en el fondo del vaso y salí. ¡Para qué! Alguien habíasoltado demasiado oxígeno en la atmósfera. El aire nocturno no está hecho paralos borrachos, eso se sabe. Fue como si me hubiesen pegado con una raqueta enla cara. Si adentro me sentía mareado y con los reflejos activos de uncamaleón, afuera las pupilas se me ennegrecieron como un tiburón blanco alatacar y el mundo pareció injertarse dentro del eje de una calesita pantagruélica.Me recliné un instante sobre la saliente de una pared y me masajeé la cabeza. Sabíaque había personas a mi alrededor que subían y bajaban de vehículos, pero nopodía verlos. Los sentía, sí, pero como si hubiese activado un sentidoadormecido, como algo telepático y paranormal. Los sentidos, el quinteto usualque utilizamos los humanos, estaban muertos y no podían hacer nada por mí. Didos pasos de ballet hacia adelante y me eché a caminar trazando las esesnecesarias como para mantenerme en pie, o sea, trastabillando hacia laizquierda y luego girando bruscamente hacia la derecha, una y una. Secreto debeodo para no caer de frente contra las&amp;nbsp;baldosas, cositas que te enseña la vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Al parecer mi sexto sentido me dirigía haciael lugar adecuado. Mi psiquis parpadeaba, pero no lograba encenderse. La genteme esquivaba a tiempo, pero no me molestaba. No. Lo que me molestaba era otracosa. Algo grave en esas circunstancias. Me estaba piyando. Me urgía piyar. Lavejiga la tenía llena hasta el desborde. Me dolía. Sentía que la orina iba aemerger de mi garganta como la regadera de un bidet. Ya lo dije, lo que eracerebro, seso, inteligencia, no estaba. No había quedado nada, un simplecráter. Nada. Me bajé la bragueta y saqué la pistola. Y comencé a vaciar lacarga sobre las baldosas. Aunque me sentía aliviado, algo me molestaba, en esemomento no comprendí el qué, ahora lo entiendo, era que no detuve mi marcha. Elinstinto, al parecer, no quiso cumplir con su trato. O sea, que mientras iba deizquierda a derecha, trazando eses inmensas, obligando a los paseantesnocturnos a esquivarme como pudieran, también regaba la vereda con un chorrocálido de orina que parecía no tener fin. Mi pantalón no salió indemne deljuego y lo humedecí con ese perfume ácido que se destila en nuestras entrañas. Uncoche patrulla, lo digo en traducido y no estoy borracho, se colocó a mi par yobservó mi traquinar por la vereda. Yo, aunque lo vi, no me detuve ni disimuléque estaba orinando de pie y caminando. ¡Qué me vieran! Y para darle un aireaún más triste y patético a esa noche recargada de oxígeno, los maldije eninglés. Tal vez, el poco resto de cerebro que aún flotaba en mi sesera pensabaque si me consideraban un extranjero, me dejarían en paz. Pero no lo hice poreso, estoy seguro. Lo hice para darme ínfulas de tipo superior ¿Molestarme a mí?¿Esa caterva de salvajes? No sabían con quién se metían. Los podía dar vueltacon tres o cuatro palabras. Tenía esa facilidad, había nacido con ese don,conocía palabras difíciles, las suficientes para que la gente frunciera el ceñoy perdiera con rapidez el hilo de mi discurso. Una forma, bastante eficaz, deno decir nada, pero dar con muy poco una buena impresión a los demás. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; La cosa se complicó cuando los faroles delpatrullero relampaguearon e hicieron sonar su bocina, ese chillido agudo quecrispa los nervios. El instinto, que hasta entonces me había abandonado, detuvomis piernas y permanecí rígido en medio de la vereda. Todo se había acabado.Pero no. La patrulla dio media vuelta y desapareció en una esquina. Yo era unespectáculo inofensivo. Un borrachín demasiado orinado, demasiado viejo ydemasiado nada, para tomarlo en serio o para gastar una bala en él. La falta deatención me hirió en el alma. Pero eso, como otras cosas, lo supe recién ahora.Ahí, en la noche, sabía pocas cosas, que debía seguir caminando y que mi amigode cinco novelas anilladas me había dejado a mi suerte, se había mandado amudar con la única balsa que flotaba y me había abandonado en un océanosembrado de tiburones. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Atravesé la zona de boliches transversalmente,o sea, sólo crucé dos esquinas y volví al anonimato de las calles desoladas.Pero ese cruce bastó para escandalizar a esas niñas que viven más en facebookque en la vida “real” y lo pongo entre comillas, porque uno no puede estarseguro de nada. Mi pito no es gran cosa, como los de la gran mayoría, y laintoxicación alcohólica no colaboraba en exacerbar mis talentos. De todosmodos, un pito es un pito. Recuerdo, así, entre brumas, dos niñas de pollerastan pequeñas como pañuelos, gritar como ciegos cayendo a un foso. Todo un showde gritos, alaridos y dedos señalando a mi &lt;i&gt;dedosin uña&lt;/i&gt;. Aunque no soy de brindar espectáculos gratis y no tengo vocaciónde intendente, tomé mi pito por su base y lo hice girar como un bastón sembradode lentejuelas, pena que había olvidado en casa la galera. Hice la mímica ydesaparecí en la esquina, mientras los machotes morochos de las niñatas meaplaudieron y aprobaron mi audacia. Audacia de borracho no cuenta, pero ellosno lo sabían.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡Chsst!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Me chistaron. Me dio miedo y volví a recordaral novelista. El colmo era que me sucediera algo por volver sólo. Okey, tengotreinta largos, pero no quita. No quita que sienta miedo cuando camino solo porla calle, en compañía de nadie. Dos es diferente. ¿O no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡Chsss!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Era insistente, eso lo supe de inmediato.Como siempre le tuve miedo a los sátiros que pululan en la noche, me hice elsordo y seguí caminando. El chistido provenía de los árboles, unos cipreses yrobles que crecían en la vereda. La cuadra estaba demasiado oscura y mi culodemasiado fruncido. Así y todo, el pedo no se me pasó. Pero logré zigzaguear unpoco menos. Como que arreglé la dirección.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; De la nada, así como lo digo, me salió unviejo. De buenas a primera lo confundí con Romaniuk, un viejo loco por losovnis y la energía gratuita que pretendían tener los extraterrestres, unovniólogo que prosperó a mediados de los ’70 y ’80 en nuestro país. Eran épocasde bonanza para la mentira. Todavía internet no existía y no había un consensogeneral de qué mentira debía dominar sobre todas las demás. Romaniuk me gustabasobre Zerpa, porque era más dado al delirio y tenía pinta de rumano eléctrico.Los rumanos eléctricos, vale aclarar, siempre constituyeron mi debilidad. Buenoel &lt;i&gt;doppelgänger &lt;/i&gt;de nuestro ovniólogo,alzo la palma de su mano derecha y me hizo el signo universal de que medetuviera. “Me ponen” pensé para mí. Otra vez maldije al novelista, pero frenéel carro. Una gotita de sudor, que corrió por mi frente, vino a representartodo lo disparatado de la situación. El Romaniuk llevaba puestas unas gafasoscuras que no parecían afectar su visión, a pesar de que el lugar era unaverdadera boca de lobo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Usted noescucha cuando se lo llama?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué pasa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Viene solo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; No iba a contarle todo el cuento que me llevócinco hojas de letras apretadas. Así que le contesté que sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Nadie losiguió?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué quiere,señor? ¡A esta hora! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Me había ofuscado como una vieja, y eso queiba camino a casa, me ofendí como si estuviese parado en pantuflas en el umbralde mi casa, atendiendo un llamado a deshoras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Una mano...¿Dicen así? ¿Está bien dicho?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Me la había dejado picando, casi me dieronganas de secarme la baba que se me había formado en la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Sos rumanovos? ¿Te acordás de Spasiuk?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Una pena. En el momento de la verdad, en elmomento que debía encastrar las piezas del rompecabezas, en vez de Romaniuk, mesalió el apellido del chamamecero, gran bandoneonista y... y nada más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No, no...Venga... Venga...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Q3SD1gbOoTs/Ty6b5-RQx-I/AAAAAAAADIg/ykwAxtY9RAI/s1600/prvtanim9.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-Q3SD1gbOoTs/Ty6b5-RQx-I/AAAAAAAADIg/ykwAxtY9RAI/s400/prvtanim9.jpg" width="267" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; La solicitud del tipo me sosegó. Había algo honestoen él que impidió que leyera en sus actos, segundas intenciones. Lo seguí,mansito como una vaca al matadero. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Se acercó al umbral de una puerta de chapa,jugueteó con un llavero y abrió la puerta. El pasillo estaba tan oscuro como lacalle. Me hizo señas para que pasara. Otra vez la vejiga me hinchaba loshuevos, me bastó eso solo para dar el paso a lo que podía ser mi perdición. Nadiesabe dónde viven los sátiros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; El viejo cerró la puerta y volvió a hacermeseñas. Agregó un escueto “al fondo” y caminamos. Llegamos a otra puerta dechapa con vidrio esmerilado y repartido, volvió con su jugueteo de llaves,abrió, corrimos una cortina de tiras de plástico y entramos. También dentroestaba a oscuras. Tanto que no podía ni verme la punta de la nariz. Lo únicoque podía hacer era valerme de mis sentidos olfativos e hice eso. El ranchoolía a carne asada, ¿antropofagia? Improbable. El enano se coló por detrás demí y encendió una luz. Un pequeño foquito raquítico que bastó para iluminar laestancia. Estábamos parados en la cocina. Una mesa de fórmica, una panera confrutos de plástico en el centro de la mesa, un vaso con un dedo de vino en sufondo y dos moscas copulando sobre los restos de un pedazo de pan. A la izquierdaestaba la cocina, sembrada de platos, restos de comidas, vasos, cubiertos ybotellas vacías. El lugar olía, además de a carne –humana- asada; a vertedero.Al viejo no se lo podía acusar de limpio. Recordé esas noticias, esas denunciasvecinales que muestras una casa lindante sepultada en basura, manía queadquiere la gente al envejecer. Fatiga, hartazgo de vivir, tantas causas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Lindoquilombo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Romaniuk no hizo caso a mi crítica, atravesóuna cortina y me hizo señas para que lo acompañara. Los efectos alcohólicostodavía eran lo suficiente fuertes como para no atemorizarme fácilmente. Mecolé detrás de la cortina, dejamos atrás la sala, sembrada de cuadritos chinos,muebles vidriados y una alfombra color violeta, quemada por cientos de colillasde cigarrillos e ingresamos a una pieza que estaba a oscuras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Ni se teocurra, viejito... eh.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Lo dije más en chiste que en serio, pero elviejo no abrió la boca. Escuché su mano tantear la pared en busca de la perillaoscura y antigua que encendiera la luz. “Click” y otra luz cansina y anaranjadailuminó el recinto, que era pequeño y, casi en su totalidad, ocupado por unacama matrimonial. Dentro de la cama había otro petiso Romaniuk, idéntico entodo al que me había conducido hasta ahí. Gemelos. No hacía ni faltapreguntárselo y como soy cultor del estilo, no lo hice. Supuse que eso elevaríael concepto que se había formado de mi persona. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Hermanos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Una cosa es lo que uno piensa y otra lo quedice. Eso lo dije sin pensar. Tal vez confundido e incómodo por toda lasituación, por mi síndrome de abandono o por el miedo cerval que me provocabaestar encerrado en esa guarida de ancianos en compañía de una dupla deRomaniuks. No me respondió. Me alcanzó una silla con asiento de mimbre y mehizo señas para que me sentara. Estaba visto que el viejo sabía economizarpalabras como casi nadie. Tampoco se le podía negar eso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; El viejo de la cama babeaba como un perro GranDanés. Un hilo de baba espeso y burbujeante se deslizó desde su labio hasta elhueco de su clavícula donde se formó una pequeña laguna. Era un verdadero espectáculoel que nos brindaba. El Romaniuk número 1, luego de constatar que yo me habíasentado, alzó sus dos manos y aplaudió, muy cerca del oído del otro viejo, contodas las fuerzas que fue capaz de reunir. El Romaniuk 2, o sea el que estabatendido en la cama, abrió los ojos como un sapo sorprendido e hipó. Echó unvistazo a su alrededor y me miró de hito en hito. Era una novedad. Le sonreípara no parecer descortés. Fue entonces que me di cuenta que el Romaniuk 1 nisiquiera me había convidado un vaso de agua, al ver tanta cosa vieja, tantamiseria alrededor de mí, pensé que tal vez tenía granadina. Una bebida propiade los gerontes de barrio. Decidí escuchar qué pretendían, antes de exigirles unvaso de ese líquido edulcorado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Un humano…-dijo el Romaniuk 2 con tono ausente. Dijo “un humano” con la misma sorpresaque si hubiese dicho: “un kilo de papas”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Miré sobre mi hombro y alcé las cejashaciéndole señas a Romaniuk 1. Quería saber si el hermano estaba del moño, másque nada para no mandarme un moco y herir su sensibilidad. Lo repito, soy untipo con clase. De esos que cuando terminan de conocerme, dicen: “de éstos yano quedan”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Decile, decile…Carlitos… Seguro que sabe. Él seguro que sabe. Mirale la cara. Miralo. Miralela cara. Miralo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Romaniuk 1 se puso insistente. Mientrasluchaba por despertar la curiosidad de su hermano, lo tomó por los hombros y losacudió, como si quisiera despertarlo de una pesadilla solipsista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-7BuIWzlqGvU/Ty6dET2vGYI/AAAAAAAADIw/SKfxIFqtyqY/s1600/wallace1.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-7BuIWzlqGvU/Ty6dET2vGYI/AAAAAAAADIw/SKfxIFqtyqY/s400/wallace1.jpg" width="286" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué tiene micara, che? –pregunté. Me estaba dando por las pelotas. Además esa noche mehabía puesto lindo. ¿No había salido a bailar? ¿Qué cara? ¿Pero qué tenía micara? Nada tenía mi cara. Si soy lindo. Soy lindo. ¿No soy lindo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Él sabe,Carlitos, preguntale…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Carlitos, o sea, Romaniuk 2, hizo gárgarascon la mucosidad que se había acumulado en su garganta, tragó con dificultad,como si tuviese atravesado en la laringe una pelota de cinco chicles súperbazooka y me miró fijo con sus ojos rojos de zarigüeya. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Te drogás?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Era atrevido el viejo. Doblé la apuesta ylancé &lt;i&gt;un quiero re truco&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Obvio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Ácidos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Algo de eso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-A nosotros nosvendieron que acá había buena droga. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Depende del &lt;i&gt;dealer&lt;/i&gt;, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Del planeta…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Humm?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Cómo dicenustedes? ¿Cómo es, Pedrito? –supuse que se refería a su hermano, Romaiuk 1, queen ese momento secaba el mentón de su hermano con un repasador mugriento.Pedrito respondió:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Marcianos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Eso… Somosmarcianos…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Arqueé las cejas. Me estaban gozando. Eraverdad. Al final me habían tomado por pelotudo. Decidí seguirles el juego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿El baño?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No nos cree–dijo Pedrito con aire decepcionado, quería despertar mi curiosidad, pero noiba a caer- De verdad… Somos marcianos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Me puse de pie y me alisé el pantalón. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-O sea que sonde Marte. No hay vida en Marte. Salvo que sean organismos unicelulares capacesde sobrevivir casi sin agua y en temperaturas bajo cero, con una atmósferaenrarecida… Tengo todas las &lt;i&gt;MuyInteresante&lt;/i&gt;. Desde el primer número. Vayan a engrupir a otro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Carlitos se golpeó la frente como si sehubiese dado cuenta de algo y repuso, ametrallando el aire con pelotitas desaliva.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Claro… Bueno,no… Queremos decir que no somos de acá. Que no somos de este planeta. Decile…Vos, Pedrito. Vos que sabés.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Llegamos en unplatillo volador. Venimos en son de paz. Deben detener la proliferación dearmamento nuclear, deben cuidar la Tierra… Somos embajadores… somosembajadores…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Cómo era? –dijoCarlitos, rechistando los dedos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Sí, eso… ¿Cómoera? –repuso Pedrito con aire decepcionado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Alienígenas?–agregué. Ambos rieron con ganas. Mi colaboración pareció emocionarlos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡Aliénigenas!Somos embajadores alienígenas… ¡Qué plato! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Lo aprendimosviendo tele –me confesó Pedrito con aire solemne. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Volví a sentarme y me refregué la cara. Encerradoen San Martín, en compañía de dos viejos pasados de pastas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Carlitos me hizo una seña para que meacercara a la cama. Pedrito le acomodó la almohada bajo su nuca de tortuga. Elviejo me lanzó su aliento a chacal pudriéndose en el desierto, mezclado conlíquidos seminales de un Casanova zombi y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Nooo… Porlejos, eh… Pero por lejos, el mejor invento de la humanidad ¿sabés cuál es?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿La cerveza?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Negó con su cabeza de sonajero eslavo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-El viagra,papá. El viagra. Ni en Alfa Centauro hay algo así. Allá los viejos se tienenque pasar al otro bando…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Se hacen putos…-aclaró Pedro en voz baja y tono culposo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Porque despuésde quinientos años, no hay forma que se te pare. Y hete aquí que esta sociedadtroglodita da con esta cosa… ¿cómo le dicen, Pedrito? ¿Cómo le dicen?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué cosa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡Eso quedecimos siempre! ¿Te acordás? ¿Cómo es? ¿Cómo decíamos? ¿Te acordás? ¿Eso?¡Coso!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Me estaban cansando, pero muchísimo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No –fue larespuesta escueta de Pedrito. El otro viejo se quedó mirando el techo, buscando&lt;i&gt;le mot juste&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Así, como tres minutos, hasta que lanzó,mezclado con una inmensa e interminable hilada de saliva:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-El grial… Es elgrial. El viagra es el grial. Te digo que con eso… Allá sos millonario. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Humm?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Digo que allásos millonario con el viagra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿El baño?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Te hacésmillonario con una cosa así.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Hay baño?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Decile dondequeda el baño…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Acá al lado…-respondió Pedrito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Me levanté. Me alisé los pantalones. Atraveséla puerta y entré al baño. Otro holocausto. La puerta era una persiana corredizaque estaba rota y que cerraba por la mitad. Mientras lanzaba una cascadainterminable de orina, el viejo continuó con su apología del viagra. Que era elgran descubrimiento galáctico, que si volvía la pegaba para siempre. Que estabare contento. Dijo así: “re contento”. Apreté el botón tres veces. A la cuartavez, desistí. Y dejé que la espuma blanca de mi orina fermentada reposara en laolla acuática del inodoro. Las burbujas de mi espuma, luminosas y parpadeantes,me recordaron a los ojos helados de las tarántulas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Volví a la pieza. Los dos viejos permanecíanen silencio, asintiendo para ellos mismos, como si respondieran un cuestionariomental interminable. Sonreí, un simple rictus de educación que incorporé en laescuela primaria y luego de alisarme los pantalones, dije con aire solícito:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Me abrís,Pedrito?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Carlos puso los ojos como platos. Lo habíaalarmado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿No te vas air? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Querés agua?–me dijo Pedrito como si me ofreciera un maletín con un millón de dólares en suinterior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Me tengo queir. Es tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Pero no te vasa ir?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Querés agua?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No, no quiero ysí; me voy. Abrime.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Los viejos se miraron entre sí. Pedrito seagachó. Pensé que se iba a atar los cordones de sus alpargatas de yute, pero sededicó a revolver la polacada que yacía bajo la cama de Carlitos. Mientrashacía eso, su hermano comenzó a recitar un rosario, o algo así, en voz baja.Pedrito se enderezó y se dio vuelta. Me apuntó con una especie de tentáculofláccido que se retraía y dilataba como un pene. En el centro tenía como unorificio barbado de donde emergía un pequeño hilo de humo, el color de esetentáculo era pardo y estaba sembrado de pequeños pelillos. Era una de lascosas más repugnantes que vi en mi vida y, con sólo verlo, me bastó paracohibirme. Carlitos me miró. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No, no te vas.Sentate. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-myGSRhBRmHM/Ty6dfzwk04I/AAAAAAAADI4/keCT6oM0sqk/s1600/Vorkan_Box.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-myGSRhBRmHM/Ty6dfzwk04I/AAAAAAAADI4/keCT6oM0sqk/s400/Vorkan_Box.JPG" width="306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Golpeó el asiento de la silla, invitándome aque me sentara. El tentáculo que enarbolaba Pedro estaba rígido como un pene apunto de lanzar una hilada de semén. Quité la vista de ese aparato orgánico,como si se tratase del cipote de John Holmes, su visión me provocaba vergüenza,miedo y –secretamente- excitación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Romaniuk 2 –volvamos a las fuentes- me señalóel bulto erecto que se alzaba en su entrepierna. Levantó las cejas con aireconjurador.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Via-gra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Veo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-El grial. Vossabés que vinimos nada más por el tema de las drogas y porque teníamos quearreglar unas cosas de Internet que se habían caído.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Internet?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Es tecnologíaextraterrestre –dijo Pedrito con aire decidido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Ah… -fue todami expresión de asombro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Una formaeficaz y completa de invasión. A través de Internet descargamos todo lo quedeseamos dentro de sus cabezas vacías y comenzamos a ejercer una dominaciónvirtual sobre sus vidas. Los ponemos a criar droga y formamos una colonia deservidores a nivel mundial. En un siglo, o cosa así, nos instalamos entreustedes y vivimos como reyes. Nunca nos notan, porque somos poquitos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Internet…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Eso, sí. Estánfritos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Permanecimos un buen rato en silencio.Pedrito carraspeó dos o tres veces, le pasó el arma a su hermano y Carlos selimitó a peinar a contra pelo los cabellos de la pistola. Alcé las cejas un parde veces, pero no supe qué decir. Como argumento xenoide, el arma, era bastantedefinitivo. Me costaba creer que me estuviesen mintiendo, pero en cuestión defraudes, uno nunca está seguro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Y qué hacemos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Los viejos se alzaron de hombros y, a la vez,sonrieron. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Y no sé... decívos... –repuso Carlos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Alcé mi dedo y señalé el arma. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Eso dispara?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Un rayo desintegradoratómico, ¿qué esperabas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No sé, ¿guasca?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Carlos miró a su hermano gemelo y lointerrogó con la mirada. Lo que era decisión; le faltaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No sé...Fijate... La verdad no sé... –dijo Pedro, a lo que agregó unas palabras en unalengua que tenía la resonancia metálica e insectoide del guaraní. Carlos riócon ganas e hizo que no con la cabeza, como si el otro le hubiese propuesto unaescena de estupro, violación y muerte conmigo. Hasta se daban el lujo dehacerse bromas entre ellos. Mientras decidían cómo deshacerse de mí, intentépensar en las debilidades de los extraterrestres, lo poco que conocía, loconocía de la tele: los M&amp;amp;M en la especie botánica de los E.T., la músicaen los grises de Encuentros..., el agua en los alienígenas esclavos de la seriede los noventa que transcurría en Los Ángeles, los microbios en los marcianosde &lt;i&gt;La guerra de los mundos&lt;/i&gt;, en fin...Las soluciones siempre pasaban por lo estrambótico y lo espectacular, claro,las ideas surgían de las cabezas de los guionistas de Hollywood, no decientíficos. Armas atómicas, extraños rayos energéticos, fórmulas imposibles,toda clase de excentricidades creadas ex profeso para deleite del espectador.Así que pensé, la solución debía ser más sencilla de lo que pensaba y la formade darle muerte a estos dos invasores debía rayar lo pedestre. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&amp;nbsp; Cuando volví mi atención a la cama, descubríque Carlos dormitaba con el arma sobre su entrepierna, la pistola yacíaarrugada y fláccida como un pene dormido. Lo que seguía despierto era el cipotedel viejo, tan rígido y erecto como antes. Me pregunté cuánto viagra habíatomado. Vi&amp;nbsp; también a Pedro, despatarradoen la silla, roncando a pata suelta. Con sus dos brazos colgando a ambos lados.Carraspeé, pero los dos viejos no se dieron por enterados. Aburrido y sin saberqué decisión tomar, me puse de pie. Abrí, con mucho cuidado, una de las puertasdel placard que se alzaba frente a la cama. Dentro había una especie demaquinaria orgánica, similar, en su tecnología, a la pistola que el viejo teníaentre sus manos. Me provocó un asco indecible, las entrañas latían como unorganismo vivo y exudaban un hedor a matadero que me hizo fruncir la nariz ycerrar la puerta de golpe. Salí de la pieza y me paseé por la habitación queestaba junto a la cocina. Tenían una computadora vieja, con esos CPU cuadradoscolor amarillo patito. Estaba encendida y la conexión a internet era víateléfonica. Pestañé un rato, no era una invasión a todo trapo. Chantas, parecíahaber en todo el universo. El hecho de que ni para eso tomaran en serio a lahumanidad, me provocó muchísima decepción. Más aún que el desplante delnovelista de 5 novelas anilladas. Pasé a la cocina, tomé un vaso de agua yjugueteé un tiempo con la manija de la canilla, estaba roto el cuerito. Probéel picaporte y estaba abierto. Caminé por el pasillo y salí a la vereda.Amanecía, algunos pendejos pasaron a mi lado, sin verme. Me dieron ganas devolver y pedirle a los viejos que me sacrificaran. Pero, cuando pensé eso, yahabía caminado tres cuadras hacia mi casa, me faltaban ocho y llegaba. Estabacansando. El lunes me prometí comprar viagra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-7191364829727915105?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/7191364829727915105/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=7191364829727915105&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7191364829727915105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7191364829727915105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2012/02/eses-bajo-la-piramide-de-energia.html' title='Eses bajo la pirámide de energía'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-x5_feL6jolE/Ty6eUihtVxI/AAAAAAAADJI/ceHh00_hUS8/s72-c/19_marsattacks_burningflesh.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-3442647909203427672</id><published>2012-01-28T19:42:00.013-03:00</published><updated>2012-01-31T11:03:35.989-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>Salvajes aventuras del espía intergaláctico</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Q_8nxAMgMKo/Tye4NGfrCXI/AAAAAAAADIY/PIm8kHKO4-g/s1600/vlcsnap-2012-01-31-06h45m02s76.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5703729988309289330" src="http://1.bp.blogspot.com/-Q_8nxAMgMKo/Tye4NGfrCXI/AAAAAAAADIY/PIm8kHKO4-g/s400/vlcsnap-2012-01-31-06h45m02s76.png" style="cursor: hand; display: block; height: 262px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 352px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Era una misión ultrasecreta. Ni siquiera yo sabía de qué iba la cosa. El cohete era negro como el espacio y yo lo llamaba “&lt;/span&gt;&lt;personname productid="la Saeta" st="on" style="text-align: justify;"&gt;La Saeta&lt;/personname&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; del Destino”. Tenía un propulsor atómico de última generación y cinco cañones láser. Rara vez los usaba, ya que mis misiones eran furtivas, pero saber que podía contar con ellos, me tranquilizaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Descendí sobre las dunas del planeta Carnosaur del sistema Centauri. Realizar el viaje dentro de &lt;personname productid="la Saeta" st="on"&gt;la &lt;i&gt;Saeta&lt;/i&gt;&lt;/personname&gt;&lt;i&gt; del Destino&lt;/i&gt; me llevó casi dos meses desde mi despegue en Marte. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702820683360298546" src="http://1.bp.blogspot.com/-V76xV_cZUtw/TyR9Mllw5jI/AAAAAAAADIA/lrtf8-LqB3Y/s400/hofbraeukeller.jpg" style="cursor: pointer; float: right; height: 316px; margin: 0px 0px 10px 10px; text-align: justify; width: 400px;" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Una lluvia de meteoritos provocó un desperfecto en el osciloscopio de plutonio y me obligó a sofrenar la velocidad de mis propulsores atómicos y detenerme para arreglar la avería. No era un buen mecánico, pero conocía lo básico para arreglar las cosas con alambre hasta encontrar el &lt;i&gt;service&lt;/i&gt; adecuado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La atmósfera en ese planeta era venenosa por las emanaciones de los géiseres cercanos. Me coloqué la escafandra de superficie y bajé con una pala en mi mano izquierda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Me llevó un par de días disimular mi vehículo con la geografía del terreno. Al final parecía una piedra perdida en la arena. Ni siquiera la cruz de &lt;personname productid="la Uni�n" st="on"&gt;la Unión&lt;/personname&gt; podía verse en su chasis abollado por la lluvia de meteoros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Los géiseres resoplaban y bufaban sin pausa. Como ofuscados por mi presencia. Descargué una mochila con provisiones y, antes de volver a salir, me coloqué un antifaz sobre mis ojos para proteger mi identidad, aunque sabía de antemano que nadie podía reconocerme en esas vecindades. Manías que no podía quitarme de encima. Tanteé mi pistolera, todo estaba en orden. Me puse el rifle de protones al hombro y salí a caminar. Me esperaba un largo tramo hasta alcanzar mi objetivo. Un trayecto plagado de peligros, pero esa era la única forma de llegar a &lt;personname productid="la Fortaleza Anciana" st="on"&gt;&lt;personname productid="la Fortaleza" st="on"&gt;la Fortaleza&lt;/personname&gt; Anciana&lt;/personname&gt; sin que me advirtieran.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Las tres lunas del planeta Carnosaur se alzaron sobre un cielo de color verde oscuro. Eran feas, como todo en este planeta, sólo rico en reservas de uranio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702819933739171362" src="http://4.bp.blogspot.com/-XwLzlNZUZQc/TyR8g9CKPiI/AAAAAAAADH0/ASi6dIU-nQU/s400/jungle_stories_193112_v1_n3.jpg" style="color: #0000ee; cursor: pointer; float: left; height: 400px; margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; text-decoration: underline; width: 275px;" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="text-align: justify;"&gt;Bajé por la escalerita &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;de aluminio hasta la duna y me lancé hacia delante. Tomé la precaución de no pasar cerca de los géiseres, un baño de ácido directo dejaría mis huesos blanqueándose al sol. &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Además me aterrorizaba la idea de desfigurarme. Mi fama de Casanova no era mito y estaba fundada en una belleza poco común entre los terrícolas. La cruza de mis padres, ella marciana, él, terrestre, dio por resultado uno de los hombres más bellos del sistema solar. Y no es por darme aires. Que quede claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;A las dos horas de vagar por el desierto, el antifaz comenzó a aflojarse y &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;sentí un escozor terrible en la punta de mi nariz. Eso era lo terrible de usar escafandra de vidrio. ¡Dios cómo picaba! Los géiseres &lt;/span&gt;seguían activos, lanzaban chorradas de ácido a los cielos, envenenando la tierra. Habitada, hasta donde sabía, por basiliscos gigantescos y serpientes astadas. Podía enfrentarme a una horda de gorilas rojos de Titán sin vacilar, pero que me escociera la nariz y se me aflojara el antifaz me hacía perder la paciencia hasta el punto de no poder dominar el puchero que hacía frunciendo los labios. Me enervaba. Para sofrenar mis nervios, silbé y troté parte del trayecto. El antifaz se deslizó hasta mi cuello y el sudor que sentía adentro del traje, cuya refrigeración nunca se correspondió al precio que pagué por el conjunto, humedeció mi cabello rubio platinado. ¡Y ya podía despedirme de la elegancia! Sinsabores de ser un agente secreto del espacio exterior. Di media vuelta y miré hacia atrás. El cohete se fundía con el paisaje y sólo alguien que buscara el vehículo en concreto, mi bella y fiel &lt;i&gt;Saeta del Destino&lt;/i&gt;, podría encontrarlo. Me sentí orgulloso. Me enfoqué en apresurar mi paso, para poder quitarme la escafandra, rascarme la nariz y asegurarme el antifaz a los ojos, antes de tomar contacto con algún aborigen del planeta. La noche, de todos modos, me protegería.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702819480258814754" src="http://2.bp.blogspot.com/-fvDIqT_GjsA/TyR8GjsBIyI/AAAAAAAADHo/h3OzpZ_dapo/s400/d7b6f26e-ee5c-46c6-9d32-9a6e45444698.jpg" style="cursor: pointer; float: right; height: 400px; margin: 0px 0px 10px 10px; text-align: justify; width: 306px;" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Mi reloj brújula indicaba, a través de un pitido agudo, el camino que debía seguir. Si no fuera por la tecnología, nunca hubiese podido encontrar el camino a &lt;/span&gt;&lt;personname productid="la Fortaleza Anciana." st="on" style="text-align: justify;"&gt;&lt;personname productid="la Fortaleza" st="on"&gt;la Fortaleza&lt;/personname&gt; Anciana.&lt;/personname&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; Ubicación secreta por la que tantos y tantos agentes murieron.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;A media noche salí de la franja venenosa y me quité el casco de vidrio blindado. Lo colgué en mi cintura y me apresuré a satisfacer mis necesidades más inmediatas. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="text-align: justify;"&gt;Me senté un rato sobre una roca volcánica y cené tarta de acelga de un pomo que saqué de la nave. Tuve suerte de no encontrarme con ningún basilisco ni con serpientes. Aunque iba bien armado, a veces, los tiros no son tan precisos como uno espera que sean. Se sabe, un segundo perdido, puede costarle la vida a cualquiera. Ese me lo enseñó mi instructor en la academia y yo lo tomé como un Testamento.tonces, la nariz ya no me picaba.&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Cabeceé un rato sentado sobre la roca. Sin darme cuenta, me quedé dormido. El mentón pegado al pecho.&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Un graznido ronco me arrancó del sueño, desperté con la pistola de rayos en la mano. No iban a madrugarme tan rápido. Miré al cielo y observé un ave gigantesca trazando círculos a diez metros de mi cabeza. Calculaba el ángulo adecuado para lanzarse al ataque. Alcé la pistola y apunté. ¡Paf!&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;La noche volvió a caer sobre mis ojos. &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Desperté tendido sobre la arena. Lo primero que percibí fue que había amanecido, lo segundo que me dolía la cabeza como si una banda de enanos venusinos hubiesen danzado una zamba encima de mi nuca y lo tercero... Bueno, lo tercero era que estaba prisionero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702819160244159298" src="http://3.bp.blogspot.com/-9zvKbCTOZXc/TyR7z7ilA0I/AAAAAAAADHc/GZfBE77l6Nk/s400/DeathStudios-Alien-Grey.jpg" style="cursor: pointer; float: left; height: 400px; margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; width: 314px;" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Giré el cuerpo para analizar mi entorno y hacer una evaluación de mis posibilidades. Enroscado, a escasos metros de donde yacía, había un &lt;/span&gt;&lt;i style="text-align: justify;"&gt;vermisblindex&lt;/i&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;. Un organismo propio de esos parajes desérticos que figuraba en &lt;/span&gt;&lt;personname productid="la Gu￭a" st="on" style="text-align: justify;"&gt;la &lt;i&gt;Guía&lt;/i&gt;&lt;/personname&gt;&lt;i style="text-align: justify;"&gt; de Campo de Planetas Rebeldes&lt;/i&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; y que yo &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;había memorizado. Un gusano que &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;era utilizado por los aborígenes del planeta y que les permitía d&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;eslizarse por las arenas o, incluso, sumergirse en ellas en caso de apuro. Los &lt;/span&gt;&lt;i style="text-align: justify;"&gt;vermisblindex&lt;/i&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; eran gusanos de ocho a diez metros de diámetro, su cuerpo estaba cubierto por placas y poseía cuatro apéndices con forma de palas que le permitían cavar en la arena y confeccionar grutas o nidos. Los &lt;/span&gt;&lt;i style="text-align: justify;"&gt;vermisblindex&lt;/i&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; eran amaestrados desde que salían de los huevos, de no hacerlo, se volvían cimarrones y constituían unos depredadores de cuidado que devora&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;ban cualquier cosa que caminara sobre la superficie. A un costado apareció el aborigen. Un cymbopoo. Un humanoide de ascendencia marsupial que parecía una varita, por lo delgado. Lo único destacable de su cuerpo eran sus ojos castaños, tan grandes como platos y de visión nictálope. Llevaba en la mano una delgada vara eléctrica que utilizaba como lanza o para azuzar al &lt;i&gt;vermisblindex&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Mi garganta comenzaba a padecer los efectos del sol rojo. Rechisté para llamar la atención del cymbopoo. El humanoide golpeó con la vara el suelo y me observó con sus dos ojos inmensos. No creo que mi belleza causara algún efecto en el aborigen. El antifaz seguía sobre mis ojos y me alegré de que mi identidad se mantuviera en secreto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Agua? –me expresé en la lengua de la Unión Estelar. El aborigen me respondió en un dialecto obtuso. No comprendí qué decía. Elevé la voz otra vez, pero el humanoide se apresuró a descargarme un golpe eléctrico en el estómago. Me doblé de dolor, pero contuve la náusea a tiempo. El gusano tanque se puso en guardia y sacudió su armadura natural. Algo los alertó, pero lo que fuera, escapó a mis sentidos. La civilización había relajado la porción primitiva de mi persona. De nuevo resonó el graznido nefasto. Y esta vez el instinto cumplió su parte, me encogí sin proponérmelo, porque otro golpe en la nuca, me mataría. El cymbopoo me puso de pie tomándome de la axila. El gusano se debatía nervioso. Por señas comprendí que debía montar a la bestia, el aborigen se colocó detrás y tomó las riendas de la larva que, en esa posición, me recordaba a los extintos elefantes marinos de nuestra Tierra postnuclear. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El animal se lanzó en zigzag a través de las dunas, era veloz. Detrás de nosotros se escuchaban los graznidos de un monstruo. Miré sobre mi hombro y vi en el cielo a una bandada de reptiles alados. Por más rápido que fuera el vermisblindex, no podría ganarles a los reptiles. Una sombra inmensa nos cubrió y salimos despedidos sobre la arena. Como mis manos estaban atadas detrás de mi cintura, aterricé con mi boca y pegué contra una roca muy dura, tan dura que me arrancó la dentadura frontal. La misma por lo que había desembolsado medio año de pasar penurias para el servicio secreto del espacio. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¡Soltame los tientos, que me comen los bichos...! –primero lo dije en marciano, pero después lo repetí en la lengua de la Unión. El cymbopoo se abalanzó hacia mí, desenvainó un cuchillo de piedra y de un tajo me liberó de mis ataduras. El vermisblindex se defendía del ataque de dos reptiles, utilizando su cola a modo de maza. Otro cayó sobre el cymbopoo que lo ensartó con su lanza y el último aterrizó en el piso y me observó con su cabeza alargada de pterodáctilo, como saboreando de antemano el festín que se daría con mis tripas. Mi cartuchera estaba vacía. ¿Qué había hecho el salvaje con mi pistola y mi rifle de protones? Las artes marciales no servirían de nada contra las garras del bicho. Igual me puse en guardia, me afirmé en la arena y esperé la envestida del animal. El reptil abrió su boca y lanzó un graznido, pude oler el vaho pútrido que emergió de su garganta. Abrió sus alas y me embistió. Me arrojé a un costado. El reptil pasó a mi lado y extendí una pierna, la zancadilla lo hizo trastabillar, revoloteó como una mariposa que se quema con el calor de una lámpara y se desplomó sobre la arena. De inmediato me abalancé sobre el monstruo, con mis rodillas aplasté sus alas para inmovilizarlo y le retorcí hacia atrás el cuello. El cymbopoo se puso a mi lado y me alcanzó su cuchillo, le abrí el garguero de un tajo. El aborigen había acabado con la amenaza, pero el vermisblindex no salió tan bien parado de la aventura. Los dos reptiles le abrieron el estómago y devoraron sus entrañas. Cuando logramos liberarnos de nuestros retadores, ya era demasiado tarde para rescatar la montura. Me ajusté el antifaz y volví a preguntarle al cymbopoo si no tenía un poco de agua. La acción me dejó en peor estado que antes.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No, nosotros, los habitantes del gran desierto, no bebemos agua... Eso está bien para los humanos...&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me dejó boquiabierto. Era una muy mala noticia, pero no servía de nada desesperar por una causa sin solución inmediata. Lo importante era que el bicho hablaba la lengua de la Unión y comenzaba a ser razonable.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Caminamos lo que quedó del día a través del desierto. Decidí acampar cuando me desplomé sobre la arena. Alcé un párpado recargado de arena y miré al cymbopoo desaparecer tras los médanos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Las lunas volvieron alzarse sobre Carnosaur. En mi cabeza delirante me pregunté dónde había quedado mi plan. Sabía que mi herencia marciana me permitiría resistir algunos días más sin agua, mucho más que un humano de la Tierra. Pero el final era claro. Volví a desvanecerme.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me despertó un ronroneo. Abrí los ojos, alerta. Pensé que se acercaba un vehículo, pero el sonido era orgánico. Giré en redondo y me puse boca arriba. Lo voy a decir sin rodeos, una mujer gato me observaba con fijeza. Sus ojos nictálopes refulgían en la noche como dos carbunclos. Detrás se perfilaban sus compañeras. Según El manual del perfecto espía, en el capítulo de Razas y Especies de la Unión Estelar, las mujeres gatos pertenecen a una especie generada en laboratorio hace cerca de un millón de años y fueron dispersas a lo largo de cinturón estelar. La versión que me acechaba en las dunas era del tipo humanoide y de seis pechos. No más altas que yo y de rasgos delicados, aunque bestiales. Era evidente su escaso nivel evolutivo, sus armas de punta de piedra y sus atavíos de cuero y piel hablaban por sí solos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me puse de pie con las manos en alto. Entregado, prisionero. Una de las hembras se abalanzó con andar gatuno, casi sin dejar huellas sobre la arena y aspiró mi esencia. No pudo disimular el asco que le provocó mi hedor a homínido sucio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Huelo tan mal?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-A tacho de basura… -no dudó en responderme en el lenguaje de la Unión. Tal vez era una agente. Me dio esperanzas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Hablás el lenguaje?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Rió para sí y maulló unas órdenes a sus compañeras. Extendí mis muñecas para que me maniataran, pero la hembra me dio a entender que no era necesario. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿En misión secreta?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Hasta ahora…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Mi nombre es Grinyha…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿En serio o es chiste?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Es una expresión que utilizamos para los turistas… Le da color. Pero a vos te alcanza… ¿Y el tuyo?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Mi identidad es secreta…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Vos creés que con ese antifaz es suficiente para no descubrir quién sos?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Siempre me dio resultado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Para mí llamás más la atención así. La clave del buen camuflaje es encubrirse con el entorno. ¿No te parece?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Dame agua, por favor…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Grinyha emitió un gruñido y una de sus guerreras se acercó con una bota de cuero que puso en mis manos. Bebí de a poco, para no reventar mi estómago. Me mojé la garganta y humedecí mi ropa. Sentí como si mi cerebro se desprendiera del cráneo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Ay, Dios, me siento mejor. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Podés correr?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No creo, ¿por?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Porque hay espías por todos lados y en cualquier momento pueden enviar algún basilisco a cazarnos o serpientes de las arenas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Por toda respuesta, me lancé a la carrera, pero me detuve cuando me gritó que era hacia el otro lado. En el horizonte se alzaba una superficie rocosa, no más alta que una meseta.&lt;/div&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702818031092631602" src="http://3.bp.blogspot.com/-ZVjqpeXUo7M/TyR6yNH4CDI/AAAAAAAADHE/pnO6eaUZ5Sg/s400/thefly.jpg" style="cursor: pointer; float: left; height: 400px; margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; width: 280px;" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Corrimos durante horas. Mi condición de homínido me hacía más resistente a las carreras largas, ellas debían detenerse cada pocos minutos y combinar el trote con caminatas ligeras, aunque mi gran desventaja era la necesidad continúa de remojar mi garguero. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Grinyha… ¿a dónde vamos?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿A dónde te parece…?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me alcé de hombros e inicié la carrera. Las mujeres gatos me siguieron, juguetearon conmigo. El sol comenzó a ocultarse detrás de la meseta y una brisa seca satisfizo nuestra necesidad de aire fresco. Las mujeres gatos eran rápidas, se servían de sus pequeños rabos como timones para cambiar de rumbo de forma abrupta o dar giros mortales en el aire. Me pregunté qué tan atractivo me encontrarían si me quitara el antifaz y les enseñara mi rostro. El tabú del sexo entre especies diferentes, siempre me despertó morbo. Me puse a la par de Grinyha y le dediqué una sonrisa, ella me enseñó sus colmillos y me observó con sus ojos color trigo. La luz pálida del atardecer la embellecía y destacaba cada músculo flexible de su cuerpo. Sus dos compañeras se acercaron por detrás y ronronearon divertidas por mi audacia. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El piso se hundió bajos mis pies y salí despedido. La arena se alzó en el aire como una tromba y me encegueció. No entendía qué estaba sucediendo. Rodé hacia un costado, porque sentí que el suelo comenzaba a tragarme como si se hubiese abierto un remolino en el piso. Tal vez algún basilisco o alguna otra bestia del desierto. Era tan poco lo que conocía de este mundo que no era difícil sorprenderme.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La arena estaba por todas partes y hería mis ojos, apenas podía ver algo. Grinyha era una sombra perfilada a contra luz. Alzó una mano y lanzó un grito de advertencia. El viento sopló hacia mi lado y sus palabras alcanzaron mis oídos como un piedrazo bien dirigido:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¡Los hombres mecánicos de la…!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La piel se me puso de gallina. No sabía de qué hablaba, pero percibí el peligro en su voz. Busqué mi pistola. No la tenía. El muró de arena se hizo más espeso, mis vías respiratorias estaban a punto de colapsar cuando vi un ojo monstruoso recalcándose en la oscuridad. Su artificialidad despertó mi instinto de sobrevivencia y di media vuelta para escapar, pero la arena se hundió bajo mis pies y no tardé en sumergirme hasta las rodillas. Un brazo tentaculado me rodeó la cintura y me aprisionó con tanta fuerza que consideré la posibilidad de expulsar mis tripas. Luego me elevé. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Escapamos de la nube de arena y nos alzamos por encima del torbellino, miré hacia arriba, a mi captor. Era un androide de casi cuatro metros de altura. Parecía una tubería oxidada y tosca, adornada con un sistema de hélices por encima de su cabeza, que oficiaban de sombrero, y cuatro extremidades tentaculadas de acero anillado que le permitía emular los movimientos humanos. Su rostro era un ojo circular de vidrio que despedía una luz blanca e iridiscente que delataba la energía atómica que propulsaba al hombre mecánico. Me di cuenta que fueron las hélices de su cabeza lo que provocó la tormenta de arena, un método eficaz para entrar en batalla en el desierto, encegueciendo a sus enemigos y tomando lo que quisiera en el momento. Las mujeres gatos, si estaban vivas, no pudieron hacer nada en mi defensa. Me di cuenta que lo de secreto, mi misión no tenía nada. Pasamos por encima de las mesetas donde antes pretendíamos buscar un refugio y seguimos de largo. La propulsión del androide era eficaz y silenciosa, pegado a su cuerpo de tubo, lo único que escuchaba era un pequeño chirrido que hacían los mecanismos mal engrasados o desgastados por la arena del desierto. Sin otra cosa mejor que hacer, me quedé dormido. Me despertó el olor rancio. Tan familiar y, por eso, tan ajeno. Olor a pata. Abrí los ojos. Estaba tendido en el piso. Frente a mí, unas botas de cuero resquebrajado, sin lustre, abiertas… En una palabra, viejas. Los pies acerados de un hombre mecánico se interpusieron en mi visión y una mano de pinza se cerró sobre mi cabeza. Pensé que me iban a reventar el cráneo como una nuez, pero la presión fue la adecuada para obligarme a que me pusiera de pie con un poco de ayuda. Me sentía débil, pero pude hacerlo. El hombre mecánico agitó sus tentáculos y se colocó a un costado. Un viejo me observaba desde la comodidad de su trono, rodeado de extraños animales, algunos inteligentes, otros, quién sabe. El viejo parecía un ser humano, aunque sus arrugas y su estado calamitoso eran tan graves que me costaba concluir si estaba o no en lo correcto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Bienvenido, espía de la Unión…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Cómo sabe quién soy yo?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-El antifaz y tu cohete no me permiten ampliar demasiado el espectro de… cof, cof, cof… perdón… La mucosa… Digo, que si no sos un espía… ¿Qué otra cosa podés ser?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Por primera vez me pregunté si mi antifaz, en verdad, no delataba mi condición. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Lo dice por mi antifaz?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El viejo se mordió la nariz con sus labios desdentados y golpeó sus manos sobre los apoyabrazos del trono. No tenía la paciencia de la juventud.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No hace falta hablar de tu antifaz, tengo suficiente tecnología en esta fortaleza para saber qué aeronave sale o entra a este planeta. En cuanto tu cohete aterrizó en el desierto, envié algunos aborígenes para que se encargaran de tu persona. Las mujeres gatos me echaron el plan a perder y tuve que intervenir con mi horda de hombres mecánicos…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Sólo veo uno…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Para este planeta solitario, uno es igual a horda. ¿Qué es lo que te envió a buscar la Unión Estelar?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Primero quiero que se me trate según el concilio de la Unión, no voy a decir una palabra, mientras me consideren prisionero.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El viejo volvió a golpear sus manos sobre el apoyabrazos y resopló. Los mocos de la garganta volvieron a presentarle batalla y pasaron cinco minutos antes de que fuera capaz de recuperar el habla. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¡QUÉ ES LO QUE QUIERE LA UNIÓN!! &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Para ser una bolsita de huesos, el viejo tenía un vozarrón intimidante. El hombre mecánico dio dos pasos hacia atrás y vaciló. Me puse de pie y hablé.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Llegar a la Fortaleza Solitaria y tomar contacto con usted, extraerle su secreto… Puedo hablar sin culpa, porque nunca me dijeron cuál era la naturaleza de su secreto, ni cuál era el interés que tenían en su persona, pero sí confiaron en mí para cumplir la misión. Y no tenga la menor duda de que haré lo que esté…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Bueno, bueno, bueno… Menos cháchara… Te creo, porque el escaneo de tu cerebro habló poco y nada de tu capacidad intelectual, dudo de que seas capaz de inventar con éxito una mentira. Sos un peón de la Unión, esa corporación espacial que quiere mi secreto para explotarlo en sus interminables viajes espaciales…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Y cuál es el secreto?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El viejo se afirmó sobre el trono y se puso de pie. El hombre mecánico dio una zancada para ponerse a su lado y ayudarlo a mantenerlo parado, era tan frágil como un trocito de papel de arroz. Temblaba con furia y parecía que de un momento a otro se quebraría como un vaso de cristal, pensé que si yo hablaba lo suficientemente fuerte, podría hacerlo estallar en mil pedazos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Mi inmortalidad, ¿no es evidente?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No veo nada inmortal en tu persona. Más bien todo lo contrario… &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Tengo más de dos mil quinientos años… Los viajes interestelares estaban en pañales cuando yo descubrí la fórmula… ¿O fueron mis hombres? Ya no me acuerdo... &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Parecía viejo, pero no podía creerle.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Ah, sí? Sos científico. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El viejo negó y puso dos dedos sobre sus labios. No entendí que me quiso decir y no indagué. Miró al hombre mecánico que estaba parado a su lado y le comentó:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué puede saber un cruza de marciano de la historia humana? Nunca me gustaron las cruzas, aunque en tu caso, te favorezca. ¿De qué color tenés los ojos?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702818505752957826" src="http://3.bp.blogspot.com/-c5M--ha7NwE/TyR7N1Xt04I/AAAAAAAADHQ/0XgKq7tC-vU/s400/mataniawwc2.jpg" style="cursor: pointer; float: right; height: 262px; margin: 0px 0px 10px 10px; text-align: justify; width: 400px;" /&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;El antifaz le impedía ver el color turquesa profundo de mi iris. No le respondí y el viejo hizo un gesto como restándole importancia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Y por qué no te quedaste en la Tierra o en el sistema a disfrutar de tu inmortalidad?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Te parece que podría vivir en paz con este secreto? Soy inmortal mientras no atenten contra mi vida… Me llevó siglos encontrar un planeta lo suficiente aislado y primitivo. Pasé la mitad de mi existencia huyendo de diferentes logias que querían apropiarse de mi sabiduría…O de la sabiduría de la que me apropié. En definitiva no me fue mal…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Por?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Duré más que mi propia profecía, una existencia algo estéril y aburrida, pero la idea de volver nunca la pierdo. Nunca la pierdo…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El hombre mecánico alzó al viejo en andas y comenzó a pasearlo por el salón. Encima del monstruo mecánico, parecía un aborto moribundo. El viejo alzó la cabeza y me observó con sus pupilas lechosas y carentes de chispa. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Viste la fortaleza desde afuera?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No pude apreciarla en su magnitud. No, no tuve el placer. Su hombre mecánico no entiende nada de turismo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Bueno, ya vas a tener tiempo de verla cuando te arroje desde la terraza. La fortaleza está construida como un horno crematorio de dimensiones titánicas. Yo hice el diseño y si descendés por la escalera central, digamos, mil quinientos metros hacia abajo, te vas a topar con una hornalla natural, ya que estamos parados sobre un volcán activo. ¿No es buena idea?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No le encuentro la gracia, además de que no parece prudente vivir sobre un volcán, aunque uno sea inmortal.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;El viejo volvió a buscar complicidad en el ojo diamantino del hombre mecánico, el robot lo arrulló y el inmortal desestimó mi idea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Siempre fui un arquitecto ecléctico y genial, que el mundo, qué digo, que el universo no me comprenda no es noticia nueva.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Disculpe si lo interrumpo, ¿pero cuál es el plan que tiene conmigo? &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Arrojarlo al horno. ¿Qué otro destino le cabe a un espía de la Unión? ¿Sabe lo que es la Unión, no? La Unión no es eso que memorizó en sus manuales de kiosco. La Unión nació en los albores del siglo XX, al final de la Gran Guerra. Los mismos aliados que se unieron para destruir una nación europea en la mitad del siglo. ¿Sabe de lo que hablo?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702817325104537570" src="http://3.bp.blogspot.com/-U3D9GonZIT8/TyR6JHHMn-I/AAAAAAAADGs/WpZTJe0lHTc/s400/untitled5.jpg" style="color: #0000ee; cursor: pointer; float: left; height: 400px; margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; text-decoration: underline; width: 314px;" /&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-El siglo XX no es mi fuerte. Además quedó tan poco de eso que lo que hay es más legendario que otra cosa. Sabemos cosas concretas, como que Napoleón murió en una isla del Tigre, que las Pirámides eran monumentos funerarios en América y que Jitler era una especie de buda eléctrico…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Me alcé de hombros, a nadie le importaba demasiado el pasado. El pasado no podía influirnos si lo ignorábamos&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué? ¿Qué caterva de estupideces está diciendo? Tengo la memoria un poco gastada, pero nunca oí semejantes sandeces. ¿Quién cuernos vela por la memoria de la humanidad allá en la Tierra? &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;y lo que nos llegaba, nos llegaba filtrado por siglos de bocas mentirosas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-Creo que esperé demasiado. Es hora de reclamar mi trono. Es hora de irme de este planeta estéril y alzar de nuevo mi brazo sobre occidente. ¿Tu cohete? ¿Funciona?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Asentí. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Bien… En la estratosfera tengo una horda de hombres mecánicos suspendidos, listos para enviarlos montados sobre meteoritos hacia la Tierra. Ellos serán la vanguardia de mi reconquista. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me dedicó una sonrisa desdentada y se puso dos dedos sobre sus labios estriados por millones de arrugas y surcos milenarios. Me dio la impresión de que estaba loco, se lo veía tan poco amenazante, tan frágil, tan en las últimas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Va a abandonar la fortaleza anciana? &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué fortaleza anciana?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Esto… Su bunker, el horno sobre le volcán…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Ah, es que no se llama fortaleza anciana… Se llama: Wolfsschanze II… La otra estaba en Prusia Oriental, no sé cómo se llamará ahora. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El viejo bramó en una lengua seca y brutal que me chocó. No parecía una lengua aborigen y tenía cierta reminiscencia al lenguaje de la Unión. Tal vez un dialecto que el viejo inventó en sus ratos de ocio. El hombre mecánico se acercó a una computadora enorme y comenzó a apretar todas las teclas. No parecía ser tecnología de punta. De hecho, parecía una reliquia arqueológica del siglo XXII.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Estoy ordenando a mi horda de hombres mecánicos que monten sobre los meteoritos artificiales y que se desplacen a la Tierra y con su cohete encabezáremos la marcha. No existe fuerza en el universo que pueda detenerme ahora. La Unión, que me mantuvo vivo como pieza clave en caso de que el comunismo contraatacara, va a pagar caro su olvido. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pensé que el viejo iba demasiado lejos con su discurso, deliraba. Tal vez fuera inofensivo, pero si la Unión gastó tantos medios en enviarme a mí y a otros muchos antes que a mí, era por algo. Tomé la decisión de atacar al hombre mecánico que me daba la espalda y destruir la computadora. Era lo único que podía hacer. Di un paso hacia adelante, el robot giró y me enfrentó.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-Mis hombres mecánicos pueden leer la mente, como si pensaras en voz alta. Es fácil, pueden leer la sinapsis de tus neuronas… A veces, el ocio, da buenas ideas…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Un rayo verdoso surgió del ojo central del autómata y me golpeó en el centro del pecho, salí despedido hacia atrás y golpeé la nuca contra un montón de chatarra acumulada en un rincón del palacio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Desperté a un lado de los retrocohetes de La Saeta del Destino. El viejo reposaba en una silla de ruedas propulsada por un sistema de oruga. Se había colocado una peluca oscura con raya al costado en la cabeza y había pintado con carbón, un pequeño bigote oscuro bajo el labio…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¿Y? ¿Ahora sí te recuerdo a alguien?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Sí, al buda eléctrico.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¡Soy Adolf Hitler, el más grande conductor que parió la Tierra! Robot, pintá la sigla secreta en el alerón de la nave. Quiero que el mundo se estremezca cuando perciba mi llegada. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El hombre mecánico ocultó su tenaza y comenzó a pintar con un soplete una esvástica en el alerón del cohete.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-¿La sigla de la Unión?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702817610987915442" src="http://4.bp.blogspot.com/-EXM9RlPUEqU/TyR6ZwHGyLI/AAAAAAAADG4/FqfreG9_v-U/s400/the%2Bmonster%2Band%2Bthe%2Bape.jpg" style="cursor: pointer; float: right; height: 400px; margin: 0px 0px 10px 10px; text-align: justify; width: 309px;" /&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;El viejo se removió en la oruga y la peluca se le corrió encima de los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-¿Cómo dice?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-Qué es el signo de la Unión. La e&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;svástica. Dicen que se inspiraron en su culto al crearla. Lo de la esvástica de neón sobre su frente y todo eso…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-¿Esvástica de neón? ¿Y el Reich de los mil años?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-¿Perdón…? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;El viejo iba y venía con su delirio. Me daba pena. Para entonces había llegado a la conclusión que era un hombre grande con una pizca de megalomanía en la sangre y nada más. Eso de inmortalidad era delirio. La Unión me mandó a vigilarlo, vaya uno a saber por qué. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;El viejo me miraba con sus ojos lechosos y vacíos, le temblaban las piernas. El robot &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;había terminado de pintar la esvástica que chorreaba pintura y quedó poco profesional en comparación con la enorme esvástica dorada que estaba pintada en el tubo de la nave.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-La Unión de qué… Y ustedes… cruzas… ¿Ganamos la guerra? ¿La ganamos? ¿De qué lado del universo venís? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;-Quedate traquilo, abuelo. Estamos a pocos días de viaje de un geriátrico interestelar que es una maravilla. Yo interné a mi padre ahí. Lo tratan así…como a un duque. Vos tenés plata. Te van a tratar bien y vas a dejar de estar solo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Me dieron ganas de ayudarlo. Además mi misión había terminado. El viejo era un delirante. Hablaba del Jitler eléctrico, de ese siglos de sombras. ¿A quién podía importarle? &lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;El viejo vaciló un instante y arrancó su vieja silla propulsada con su sistema de oruga. Escaló la pendiente donde había estacionado el vehículo. Llegó a la cima. Un sentimental, pensé, quería ver la puesta de sol antes de irse. Puse los brazos en jarras y aguardé. Que se diera el gusto. Y se lo dio. Se arrojó al vacío con silla y todo. Escuché un sonido soso contra las rocas como el de una bolsita de agua que rev&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;ienta. El hombre mecánico no se dio por aludido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="text-align: justify;"&gt;Los cohetes bramaron al encenderse, viajé en dirección contraria al geriátrico. No quería ve&lt;/span&gt;r un viejo por mucho, mucho tiempo. Bajé la escalera de mi cohete y subí. No había nada más que hacer. Si la Unión había buscado de verdad a ese hombre por 2500 años, olvidó el por qué. De todos modos, no era importante.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-3442647909203427672?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/3442647909203427672/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=3442647909203427672&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/3442647909203427672'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/3442647909203427672'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2012/01/salvajes-aventuras-del-espia.html' title='Salvajes aventuras del espía intergaláctico'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Q_8nxAMgMKo/Tye4NGfrCXI/AAAAAAAADIY/PIm8kHKO4-g/s72-c/vlcsnap-2012-01-31-06h45m02s76.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-6434573703404356904</id><published>2012-01-24T16:14:00.004-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.308-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-W6woFpU002k/Tx8D0gpJRDI/AAAAAAAADFk/l43wt8GNHJQ/s1600/macawa2.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 270px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5701279853924926514" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-W6woFpU002k/Tx8D0gpJRDI/AAAAAAAADFk/l43wt8GNHJQ/s400/macawa2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;-12-&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconcertado miré hacia todos lados, no podía creer el tupé de ese enano de mierda. Juro que me dieron ganas de patearlo hasta dejarlo hecho un trozo de plastilina informe. El barman me hizo señas para que me acercara, tal vez, después de todo, había comprendido que no era ningún menor y que el tamaño tiene que ver con un proceso madurativo, algo, que por lo visto, ellos ignoraban. Malditos koniquitos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-FO8VJWa5ROg/Tx8DdLeSIhI/AAAAAAAADFY/xru5MFsTcm4/s1600/Revolving%252520Hat.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 245px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5701279453105234450" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-FO8VJWa5ROg/Tx8DdLeSIhI/AAAAAAAADFY/xru5MFsTcm4/s400/Revolving%252520Hat.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;-¿Hay cerveza, entonces?&lt;br /&gt;El barman frunció el ceño y me hizo señas para que me asomara por encima de la barra. Lo hice. Con su mano derecha señaló la bacha, sembrada de platos y vasos sucios.&lt;br /&gt;Sentí en mi esternón la superficie limada y acerada de la boca de un arma, me bastó mirar de reojo para descubrir al enano, apuntándome con una Luger.&lt;br /&gt;-Portate lindo, putita, y tal vez te deje que te pongas las medias de red que le compré a Silvio.&lt;br /&gt;Hice un movimiento brusco, de animal o de asustado, no sé. Y se escuchó el graznido de la pistola al detonarse. En seguida sentí un ardor salvaje en la cintura. Me había pegado un tiro. Me derrumbé bajo la barra, actuaba, porque en realidad no me sentía mal ni me dolía, pero el miedo, el cagazo de haber recibido un disparo se amarró a mis nervios como las patas de una tarántula y me derribó. Después sentí algo húmedo. Agarré al enano por los mofletes.&lt;br /&gt;-¿Me piyé? ¿Me piyé? ¡Fijate!&lt;br /&gt;El enano, un desalmado, me pegó con la culata de la pistola en el entrecejo y me abrió una canaleta por donde empezó a fluir sangre, recién entonces comprendí que no me había meado, que el líquido era la sangre que fluía del agujero que me había hecho en el hígado. Estaba frito. Me quedé quieto, me sentía mal. También sentí algo similar a la depresión, a que me habían arrebatado todo, al pedo. Y que ese todo era nada. Lo que también era al pedo. El enano pasó su mano diminuta y con esperma seco sobre mi cara e intentó cerrarme los ojos, como despidiéndome, al final era un dulce. Los abrí. Me costaba irme.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;Fin&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-6434573703404356904?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/6434573703404356904/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=6434573703404356904&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/6434573703404356904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/6434573703404356904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2012/01/el-castillo-de-los-gorilas-electricos_24.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-W6woFpU002k/Tx8D0gpJRDI/AAAAAAAADFk/l43wt8GNHJQ/s72-c/macawa2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-5899532554242619270</id><published>2012-01-12T16:51:00.005-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.309-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-s-UOgsgF9aM/Tw86ZIHLt9I/AAAAAAAADE0/3AKgRKS6ocU/s1600/1886027437_707f212c41.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 358px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5696836256995719122" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-s-UOgsgF9aM/Tw86ZIHLt9I/AAAAAAAADE0/3AKgRKS6ocU/s400/1886027437_707f212c41.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-5P8hgW8np84/Tw86F0bTyFI/AAAAAAAADEc/ovPcG2j5zq0/s1600/prvtanim3.jpg"&gt;&lt;/a&gt;-11-&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo iba a mandar a la mierda, cuando descubrí al enano del castillo de los konikitos parado frente a mí. Abría y cerraba los dedos de su mano derecha, hasta que se detuvo y los mantuvo rígidos, enseñándome una estela de esperma que se formaba entre un dedo y otro, como si fuese una membrana.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-wN8cZwYDrz4/Tw86SPApWiI/AAAAAAAADEo/b6kyIdklVxs/s1600/2179474490102177954S500x500Q85.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 306px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5696836138588264994" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-wN8cZwYDrz4/Tw86SPApWiI/AAAAAAAADEo/b6kyIdklVxs/s400/2179474490102177954S500x500Q85.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;-¿A qué te hace acordar?&lt;br /&gt;-No, no sé. ¿A qué? ¡Sacamelo de la cara, eh! ¡Sacamelo!&lt;br /&gt;-El hombre de la Atlántida. ¿Te acordás? Yo la veía, porque mi viejo se colgaba del cable. Mi vieja, después de mí, puso dos huevos más. Pero ya no le quedaba culo para empollarlos, los pobrecitos se murieron. ¡Sabés qué pena!&lt;br /&gt;Me tenían los huevos hinchados, pero no los que empollaba su madre, sino los que colgaban de mi bolsa de carne, sembrada de bolitas de papel higiénico y rollitos de tela de calzoncillos viejos. Esa bolsa que tenía de adorno. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Mi madre era una señora de alcurnia. Tenía unos pies bellísimos. Eran como empanaditas chinas, así de delicados, sabés. ¡Y me trataba de lindo! Claro, como era el único que había quedado vivo, quería que trabajara de grande en una oficina y cuando le decía que no, que nunca iba a ser grande, ni escucharme... Se amargaba... Una calamidad...&lt;br /&gt;-¿Por qué no me hacés un favor y vas a buscar de una puta vez un mecánico, un teléfono o lo que sea para sacarme de esta mierda de lugar, querés?&lt;br /&gt;El enano abrió los ojos como platos, mientras repasaba su mano derecha con su lengua como si se tratase de la paleta de caramelo de un chupetín.&lt;br /&gt;-¿Pero vos me viste cara de sirviente a mí? ¡Andá a lavar los platos!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Concluye en la próxima&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-5899532554242619270?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/5899532554242619270/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=5899532554242619270&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/5899532554242619270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/5899532554242619270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2012/01/el-castillo-de-los-gorilas-electricos_12.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-s-UOgsgF9aM/Tw86ZIHLt9I/AAAAAAAADE0/3AKgRKS6ocU/s72-c/1886027437_707f212c41.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-13894036832450950</id><published>2012-01-04T13:35:00.004-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.309-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-IVG2ig0XA-k/TwSA_OX_xJI/AAAAAAAADD4/3GYzdnV9EuY/s1600/3730308820_582c55f2bd_b.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 311px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5693817652582007954" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-IVG2ig0XA-k/TwSA_OX_xJI/AAAAAAAADD4/3GYzdnV9EuY/s400/3730308820_582c55f2bd_b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;10&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di vuelta, ya con la intención de tortearlo. De darle un castañazo en el hocico para que diera un trompo danzarín y se echara a dormir. Pero había olvidado que los gnomos tienen los pies veloces y que es difícil atajarlos de un galletazo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-MBjSIzD3h0c/TwSA1iTzzfI/AAAAAAAADDs/E1knPAwknnQ/s1600/Harvard%2525207.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 333px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5693817486134463986" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-MBjSIzD3h0c/TwSA1iTzzfI/AAAAAAAADDs/E1knPAwknnQ/s400/Harvard%2525207.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Me hizo un firulete con la mano y le encargó al barman las dos consumiciones, antes de que yo pudiera atravesar la pista, atestada de enanos, el petiso se tragó las dos bebidas. Lo sentí en el alma, porque tenía la garganta seca.&lt;br /&gt;Cuando llegué a la barra, descubrí al enano sentado en un reservado, sobre las piernas de otro enano, transando con la lengua y manoseándole el ganso que parecía, por lo chiquito, una de esas gallinitas de azúcar que comía durante la Primaria. Me dieron ganas de sacar mi cipote y darles una lección de tamaño a todos esos liliputienses, pero debía, primero, remojar mi garguero. Le pregunté al cascarudo que estaba tras el mostrador:&lt;br /&gt;-¿Tenés cerveza?&lt;br /&gt;-No&lt;br /&gt;-¿Algo alcohólico? ¿Con mucha graduación?&lt;br /&gt;El barman me miró con el ceño fruncido y se cruzó de brazos. Me intrigó y me dio gracia, me miraba desde el reborde de madera de la barra de tan chiquitito que era.&lt;br /&gt;-¿Pero qué pasa?&lt;br /&gt;-Pasa que no le vendemos a menores.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Continuará...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-13894036832450950?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/13894036832450950/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=13894036832450950&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/13894036832450950'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/13894036832450950'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2012/01/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-IVG2ig0XA-k/TwSA_OX_xJI/AAAAAAAADD4/3GYzdnV9EuY/s72-c/3730308820_582c55f2bd_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-1719483942435956438</id><published>2011-12-27T23:05:00.004-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.309-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-wD0P44I2UCs/Tvp5--GBt0I/AAAAAAAADDg/VoGQSNDDRZo/s1600/5471644814_e247f02616_b.jpg"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px; " src="http://1.bp.blogspot.com/-wD0P44I2UCs/Tvp5--GBt0I/AAAAAAAADDg/VoGQSNDDRZo/s400/5471644814_e247f02616_b.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690995201863169858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;9&lt;/span&gt;&lt;span style="text-align: justify; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Dimos unos pasos dentro del boliche y sujeté al enano por antebrazo, quería dejarle un concepto bien claro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Che, enano… Che, enano… -repetí- &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;Escuchame&lt;/span&gt;, no soy puto. ¿Eh? Que quede claro eso… Que quede claro, por favor, que quede claro…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  El enano hizo un gesto de qué me importa lanzando su mano por encima de su oreja y corrió hacia la pista de baile.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-pKA3Nop3HfA/Tvp5sbiDHXI/AAAAAAAADDU/3l-rDxJp5gk/s400/tumblr_lobpg5pAFR1qfnis8o1_1280.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690994883347815794" style="text-align: justify;float: right; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; cursor: pointer; width: 266px; height: 400px; " /&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; Era una pista a lo &lt;i&gt;Fiebre de Sábado por la Noche&lt;/i&gt;, con esos azulejos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;multicolores&lt;/span&gt; y resplandecientes. Yo había visto uno, de chico, una vez que acompañé a mis padres a una fiesta a un boliche que quedaba cerca de Ramos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;Mejía&lt;/span&gt; y que después se “quemó”. Esos incendios &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;autoprovocados&lt;/span&gt; para cobrar el seguro. Me voy de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;mambo&lt;/span&gt;. El enano bailaba bien, movía sus &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;piecesitos&lt;/span&gt; de gnomo a una velocidad prodigiosa. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Miró por entre las cabezotas de los otros enanos hasta que me encontró parado sobre unos escalones con los brazos cruzados. Me hizo señas para que fuera a buscar su consumición, le dije que no con la cabeza. Insistió. Me cansé, atravesé la pista de baile, lo tomé por la solapa de cuero de su chaleco y le grité:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡¡Q&lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;ue&lt;/span&gt; no soy tu puta, que no soy tu puta…!!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Di media vuelta y sentí otra &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;nalgadita&lt;/span&gt; en el cachete de mi trasero. Era el no va más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-1719483942435956438?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/1719483942435956438/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=1719483942435956438&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1719483942435956438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1719483942435956438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/12/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-wD0P44I2UCs/Tvp5--GBt0I/AAAAAAAADDg/VoGQSNDDRZo/s72-c/5471644814_e247f02616_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-358426941500529122</id><published>2011-11-06T14:20:00.004-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.310-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-vAjqdasRRbo/TrbD5TCeYUI/AAAAAAAAC-Q/UfJX-Jx4gIE/s1600/tumblr_l22fqmPf8t1qz72v7o1_500.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 371px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-vAjqdasRRbo/TrbD5TCeYUI/AAAAAAAAC-Q/UfJX-Jx4gIE/s400/tumblr_l22fqmPf8t1qz72v7o1_500.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671936169850331458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;8&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Por primera vez el enano fue sincero. Dijo lo que le escuché decir, que le diera un beso en el culo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Pero cómo te voy a dar un beso en el culo? ¿Por quién me tomaste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Nada, te estaba probando. No te pongas así, tampoco. ¿Fuiste a bailar a &lt;i&gt;Pinar de Rocha&lt;/i&gt;?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Lo que parecía definitivo era que el enano, no era fácil de seguir. No entendía qué quería decirme. Hice un gesto de &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; con la cabeza y repliqué&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Cómo es eso de ir a bailar? Me estás volviendo loco. Te lo digo por última vez, ¿me das una mano? ¿Sí o no?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Me dio un pellizco en el cachete y luego me palmeó la espalda como si yo fuese su mejor amigo. Chistó con la boca y agregó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img style="text-align: justify;float: right; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; cursor: pointer; width: 283px; height: 400px; " src="http://2.bp.blogspot.com/-AkZ9r5K4XKQ/TrbDr6eyU3I/AAAAAAAAC-E/bMxZ2LiLjkc/s400/tumblr_lonjgxnoRY1qdzgq1o1_1280.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671935939919893362" /&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Haceme caso, vamos a bailar. Vos sos un tipo natural. Conozco un boliche que se pone re copante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Bueno, dale, vamos. ¿Es cerca?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Acá abajo.&lt;i&gt; La mazmorra&lt;/i&gt; se llama. Lo alquila el rey de los Konikitos. Sale re barato&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;. Le pagan en australes. Imaginate, nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Pero no tengo australes, flaco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Vos, tranqui. Hoy en la esquina dieron entradas gratis con consumición. Si no te gusta tomar alcohol, podés pedir una gaseosa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Sí ¿y qué sigue ahora? Gaseosa Tab, Bidú… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Algo de eso hay, sí. Seguime.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Me condujo de nuevo por una escalera estrecha. Lo seguí, porque tanta negativa me desanimó y necesitaba levantarme el ánimo. Además todo el discurso me sonó tan viejo, que me hizo rememorar mis viejas hazañas de pre adolescente de fines de los ochentas. Era como si viviera todo de nuevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/-zFzU3OBpcg0/TrbDPMl63SI/AAAAAAAAC94/x2x7kMShodo/s400/macawa1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671935446565444898" style="text-align: justify;color: rgb(0, 0, 238); text-decoration: underline; float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 268px; height: 400px; " /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;u&gt;&lt;br /&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  El enano abrió una puerta trampa y descendimos una escalerita oscura de peldaños de roca. Hasta nuestros oídos se filtraba el ruido sordo de la música que sonaba en el bolichón. En el final de la escalera nos topamos con otro enano con cara de malo que permanecía tieso junto a una puerta, junto a un hombre mecánico descabezado, que estaba, a todas luces, de adorno. El enano que me guió hasta ahí me señaló y le entregó dos tarjetas al portero. Éste asintió con aire grave y nos clavó los ojos como esperando algo de nosotros. Sentí que el enano me codeaba la cintura. Algo debía hacer, pero no sabía qué y eso que no me faltaba predisposición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Vienen en pareja o no vienen en pareja? Si no son pareja, no pueden entrar. La tarjeta lo dice claro: “Parejas gratis”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  ¡En la que me había metido por buscar un mecánico y a falta de mecánico un poco de diversión! El enano me hizo una seña y me agaché. Me susurró al oído:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Transame, boludo, antes de que se avive y no nos deje entrar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;  Fruncí el entrecejo e iba a decirle si acababa de chupar pintura o qué, cuando el enano me saltó a la boca y me enterró su lengua en la garganta que se pegó a mi paladar como una lamia. Cuando logré desprenderme del enano, el portero nos franqueó la entrada y mientras pasábamos me palmeó la espalda y dijo: ¡Flor de puto, eh!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-358426941500529122?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/358426941500529122/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=358426941500529122&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/358426941500529122'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/358426941500529122'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/11/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-vAjqdasRRbo/TrbD5TCeYUI/AAAAAAAAC-Q/UfJX-Jx4gIE/s72-c/tumblr_l22fqmPf8t1qz72v7o1_500.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-7062782690866209897</id><published>2011-10-23T20:35:00.003-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.310-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-O5v8e_d4GCE/TqSlyVoWSHI/AAAAAAAAC88/TqC1pngSEwg/s1600/piiii.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 400px; height: 205px; " src="http://2.bp.blogspot.com/-O5v8e_d4GCE/TqSlyVoWSHI/AAAAAAAAC88/TqC1pngSEwg/s400/piiii.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666836515357345906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;Comprenderán que no dijo que tenía &lt;i&gt;ansiedad anal&lt;/i&gt;. Lo que dijo fue que el viejo tenía &lt;i&gt;ancianidad&lt;/i&gt;. O sea, que el viejo del trono estaba cachuzo, y para darse cuenta de eso no hacía falta ser Einsten.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;El petiso me hizo señas para que bajara de la tarima que ocupaba el trono y me acercara, cargaba con una bandeja y, a todas luces, intentaba que el viejo no lo viera. Me acerqué con paso sigiloso, busqué tras un cortinado y lo encontré sentado junto a una montaña de chatarra. Decenas de cuerpos de hombres mecánicos sin cabezas. El enano se había sentado en un pequeño claro, donde tendió un mantel y dispuso un picnic, donde no faltaba casi nada, contando el vino y una exquisita variedad de fiambres. Me acerqué y me senté:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-XEMJI10uEWY/TqSlg4ngbGI/AAAAAAAAC8w/6oNNrJO_b4c/s400/tumblr_lp6g6wWBlw1qdc9qlo1_1280.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666836215511411810" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 266px; height: 400px; " /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Desde que no pudo conseguir gorilas, se puso así. Mal. Como loco…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Gorilas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Quería injertar las cabezas de los gorilas en las latas estas que ves acá. Todo un ejército. Para conquistar el mundo. Pero no caminó. Después nos dimos cuenta, es verdad, tarde… Nos dimos cuenta que los gorilas están casi extintos, y que el precio de un gorila por contrabando… No sé… &lt;/span&gt;Sale un huevo…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Entonces primero deberían conquistar el mundo para poder armar su bendito ejército. Generar un sistema de gestación masiva de gorilas y luego, con el número adecuado, injertar las cabezas en los cuerpos mecánicos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Sí, y a eso sumale que todavía no tenemos la seguridad de que funcionen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿No lo probaron con nada?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Le injertamos la cabeza de un perro ciruja a uno. &lt;/span&gt;Y nada. No caminó. La cabeza no sobrevivió el trasplante y la máquina nunca se movió.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Están jodidos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Querés darme un beso en el culo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-7062782690866209897?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/7062782690866209897/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=7062782690866209897&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7062782690866209897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7062782690866209897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/10/el-castillo-de-los-gorilas-electricos_23.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-O5v8e_d4GCE/TqSlyVoWSHI/AAAAAAAAC88/TqC1pngSEwg/s72-c/piiii.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-9022826388863602863</id><published>2011-10-04T22:37:00.004-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.310-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-F737_7ue43s/Tou20O7YxPI/AAAAAAAAC8Q/W9MWfzj95Cw/s1600/calcu.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 360px; height: 304px; " src="http://2.bp.blogspot.com/-F737_7ue43s/Tou20O7YxPI/AAAAAAAAC8Q/W9MWfzj95Cw/s400/calcu.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5659818365197796594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;6&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Pero otra vez el oído me jugó en contra. Lo que dijo fue que si nos dábamos un peso por meternos la lengua en la chota y mearnos sangre en la putísima garganta (GRATUITO, NO SE VENDE).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No, no te entiendo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;El enano se rascó bajo los sobacos, a pesar de estar blindado, e hizo un gesto restándole importancia a sus palabras. Puso cara de misterioso, me codeó las costillas y con voz recargada de ansiedad, agregó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Preguntale, preguntale, no seas boludo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238); -webkit-text-decorations-in-effect: underline; "&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-acQoSdZcwaw/Tou2LjjiwsI/AAAAAAAAC8I/NnCFrmmR8UA/s400/tumblr_lph40e2FxS1qfht4ho1_400.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5659817666360296130" style="text-align: justify;float: right; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; cursor: pointer; width: 294px; height: 400px; " /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Lo del coche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué coche? Preguntale, preguntale…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué? ¿Qué le pregunto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Preguntale… Tiene el conocimiento. Vos preguntale. Él sabe. Ya sabe. Él sabe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Me alcé de hombros y di un paso al frente, no pensaba rendirle pleitesía a ese muñeco de torta. Tomé aire para iniciar mi discurso, cosa que recomiendan en Retórica II, y el viejo del trono volvió a abrir lo ojos y levantó la mano izquierda, señalándome que cerrara la boca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Puso los ojitos como confites y sonrió con su boca sin dientes. Me hizo acordar a Bela Lu&lt;/span&gt;gosi y su boca de cefalópodo.&lt;/p&gt;  &lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-DpErMrHMqQo/Tou2Bh15bAI/AAAAAAAAC8A/EmH2jIpk1Ho/s400/incredible_tales_of_adventure_198308_n8.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5659817494101715970" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 259px; height: 400px; " /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Pa-pi-ta? &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:9.0pt;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;¿Pa-pi-ta?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:16.0pt;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;¿Pa-pi-ta?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:8.0pt;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;¿Pa-pi-ta?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:18.0pt;mso-ansi-language:ES-AR"&gt; ¿Paaaa-piiii-taaaa?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:26.0pt;mso-ansi-language:ES-AR"&gt;¡¡PAPITA!!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-size:26.0pt;mso-ansi-language: ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Bramó a lo último. Era un monotemático. Un oligofrénico sin e&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;speranza. Di un trote hasta la tarima y le di un galletazo en la oreja. Lo silencié de un golpe. Es que no había otra, no es que &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;me guste la violencia. El enano gimió algo así como: “¡¡Ay, puta madre!! La que se va a armar…” El matiz de la voz fue casi calcado al de Tristán cuando termina de cometer alguna travesura picaresca en el cine nacional post militar. Me bajoneó. El viejo se masajeaba la oreja con una mano y el pánico se reflejaba&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; en sus pupilas. Volví a alzar la mano y lo amenacé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡Chito, eh! ¡Chito, ahí! ¡Eh! ¡EEh! Quieto ahí y no joda. ¿Teléfono, tienen? ¿Mecánico? ¿Conocen?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Tengo ansiedad anal… -dijo el gnomo enlatado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-9022826388863602863?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/9022826388863602863/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=9022826388863602863&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/9022826388863602863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/9022826388863602863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/10/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-F737_7ue43s/Tou20O7YxPI/AAAAAAAAC8Q/W9MWfzj95Cw/s72-c/calcu.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-3701089580139631815</id><published>2011-09-11T19:37:00.007-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.311-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-y9AsakruMvI/Tm05AjVQr-I/AAAAAAAAC7w/swg7uY9AGWU/s1600/piot.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 329px; height: 400px; " src="http://2.bp.blogspot.com/-y9AsakruMvI/Tm05AjVQr-I/AAAAAAAAC7w/swg7uY9AGWU/s400/piot.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651235789067038690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;b&gt;5&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;No, otra vez me había confundido, lo que quiso decir fue que al caballero éste le agradaba que le fisgoneen dentro de la boca. El viejo que pedía papa, comenzó a fruncir el ceño cuando el hedor de la deposición alcanzó su olfato. También me llegó a mí, ácido y fermentado. Fruncí el ceño y repuse:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Qué me miren adentro de la boca? ¿Para?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238); -webkit-text-decorations-in-effect: underline; "&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/-IxZvEEAuT9w/Tm04vAQ8lhI/AAAAAAAAC7o/QGP05TouZwY/s400/hardboiled_detective_199012_n10.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651235487595927058" style="text-align: justify;float: right; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; cursor: pointer; width: 258px; height: 400px; " /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿No te tienen que ver el motor? ¿No dijiste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Pero el del coche, ¿qué entendiste? ¿Todo al revés, vos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿No dijiste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No, no dije. Te dije que el coche tengo mal. No yo. El coche. ¿Me entiende, señor? –me dirigí directamente al viejo de ojos apelmazados.- Lo que tengo mal es el coche. Se me quedó. No entiendo ni pomo de eso. Lo que quería es que me dieran una mano. ¿Un mecánico? ¿Tienen?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;El viejo frunció de nuevo su cara desdentada, volvió a aspirar con fruición el hedor con el que había perfumado el ambiente el enano de lata y luego de levantar un dedo con aire docto, habló:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Papita?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No, no, no, viejo desastre. No. No. ¿Es que no entendés? ¿Teléfono? ¿Tienen? ¿Tienen teléfono?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡¡PA-PI-TA!!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-Uo1zGGEiAyw/Tm04gTTQ8mI/AAAAAAAAC7g/gkFpam_fkj0/s400/000moebius_%2Bwoman_%2B001.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651235235007885922" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 305px; height: 400px; " /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;El enan&lt;/span&gt;o me tomó por la muñeca y con un gesto adusto señaló los muñecos que estaban esparcidos dentro de la habitación, el viejo continuaba con sus jeremiadas de “papita, papita, papita” sin hacer pausas ni comas. Comencé a enervarme.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Petiso, ¿para qué me trajiste hasta acá?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-‘Perá… -se agachó, recogió con una pala la &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;caca que había lanzado en su momento de salutación y se acer&lt;/span&gt;có al pedestal. El viejo estiró el torso y se aferró con sus dos manos a los apoya brazos del sillón. Como un perro faldero lamió el contenido de la pala, salpicando todo su rostro con goterones de materia fecal. El espectáculo me resultó mórbido y, lo peor, gratuito. Cuando el anciano monarca concluyó su aperitivo, el enano de lata soltó la pala y se acercó hasta mí, ignorando al viejo, que volvió a su mutismo original.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Te decía, ¿nos damos un beso de lengua?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-3701089580139631815?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/3701089580139631815/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=3701089580139631815&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/3701089580139631815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/3701089580139631815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/09/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-y9AsakruMvI/Tm05AjVQr-I/AAAAAAAAC7w/swg7uY9AGWU/s72-c/piot.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-8725588327125201027</id><published>2011-08-22T19:17:00.003-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.311-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-C0DpS_Njo7k/TlLW-4qDJiI/AAAAAAAAC7I/PDO19P-fLGE/s1600/pit.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 223px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-C0DpS_Njo7k/TlLW-4qDJiI/AAAAAAAAC7I/PDO19P-fLGE/s400/pit.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5643809658897638946" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;IV&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;A pesar de que me pareció escuchar que el rey de los koniquitos era traga leche, el enano guardián quiso decir: “…prepara escabeche…”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Y con eso qué hacemos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;El enano se alzó de hombros y me indicó que los acompañara. Lo seguí arrastrando los pies. Subimos una escalera estrecha, donde temí despeñarme al vacío, una caída de chasco, ya que no había más de tres metros de distancia al suelo, en ese castillo que parecía alquilado ex profeso para animar una caterva de mocosos oligofrénicos. El enano sacó un llavero y comenzó a elegir, con paciencia infinita, la llave adecuada que abriera una puerta de fórmica que intentaba imitar el roble. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Como me daba la espalda, aproveché y me hurgué la nariz para sacarme un moco que me martirizaba desde hacía varios minutos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/-A0qeUfRMkRM/TlLWtYl1YEI/AAAAAAAAC7A/vobmVE2RxoE/s400/jungle_stories_1954spr.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5643809358232248386" style="text-align: justify;float: right; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; cursor: pointer; width: 283px; height: 400px; " /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Quedó prendido a la uña de mi dedo índice, era una gema rojiza con matices verdosos y acaramelados. Con disimulo apoyé el dedo sobre la pared y froté la uña para desprenderme del moco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Sin girar el cogote, el enano me advirtió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¡Te vi!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Me puse rojo como un tomate y no dije nada. Ya estaba listo, ¿qué le iba a decir?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Abrió la puerta y me franqueó la entrada. La habitación era tan pequeña como el resto, pero l&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;o parecía aún más, al estar atestada de bártulos, elementos de alquimia y electricidad. En el centro se elevaba un trono y sobre el mismo descansaba otro enano. Estaba vez, sin armadura. La cara era un amasijo de arrugas y parecía dormir una siesta, ni siquiera pestañó al chirriar la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Hice un rápido examen del lugar. A los lados, acumulados en desorden, había una multitud de hombres mecánicos descabezados. Medían más de dos metros, algunos se encontraban derrumbados sobre el piso y otros permanecían reclinados, de forma precaria, contra la pared. El salón olía a churrasco frío. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-ECaWzIeMXGE/TlLWMdJv-qI/AAAAAAAAC64/wBwjyr9rcxQ/s400/tumblr_lp1zg1T4rN1qe8p5xo1_500.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5643808792520948386" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px; " /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Sobre un brasero apoyado sobre la mesa, había una plancha de hierro sembrada de grasa, a todas luces, el amo del castillo había acabado de almorzar. Un humo de color blanco y espeso flotaba por encima de mi cabeza cual gajos de ectoplasma. El viejo pareció salir de su modorra y despertó sobresaltado. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Un par de cubiertos rodaron de la tarima del trono. El enano de la armadura se doblegó y me indicó por señas que lo imitará. Me quedé parado y puse los brazos en jarras. El viejo parecía tener cataratas en los ojos y, al mirarme, me atravesaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-¿Hora de la papa? ¿Hora de la papa? ¿Hora de la papa? –replicó el viejo en un falsete infantiloide que me provocó náuseas. El enano se levantó de un salto y me señaló. Comenzó a farfullar en un tono incomprensible, grave y agudo. No lo podía entender, además una hilada de vapor que ascendía del piso, me distrajo, ahí donde estuvo sentado, había expulsado una deposición marrón naranja. Estiré el oído y alcancé a oír:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Sí, amo, al caballero este le gusta que le piyen dentro de la boca…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-8725588327125201027?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/8725588327125201027/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=8725588327125201027&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8725588327125201027'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8725588327125201027'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/08/el-castillo-de-los-gorilas-electricos_22.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-C0DpS_Njo7k/TlLW-4qDJiI/AAAAAAAAC7I/PDO19P-fLGE/s72-c/pit.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-1742266080744535656</id><published>2011-08-07T15:33:00.003-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.312-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-QwJNQA01Gv8/Tj7bSbIB9hI/AAAAAAAAC6o/tza4YifjF4s/s1600/pio.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 350px; height: 318px; " src="http://3.bp.blogspot.com/-QwJNQA01Gv8/Tj7bSbIB9hI/AAAAAAAAC6o/tza4YifjF4s/s400/pio.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5638184893080008210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;III&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;En realidad dijo: “Pasá que te damos un &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;opúsculo&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;…” y ese algo que no llegué a distinguir. Me franquearon la puerta y entré.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Adentro el espacio no era mayor que el de un departamento de dos ambientes. El enano con armadura estaba montado sobre un palo de escoba con una cabeza de caballo confeccionada, a lo bestia, con trapos. Dos botones inmensos oficiaban de ojos y unas tiras de lana celeste, de cabello. El enano se acercó tarareando la onomatopeya de los cascos de un caballo y me entregó un manojo de papeles.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Soy ciudadano ilustre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-El opúsculo. A todos los extranjeros que ingresan a la ciudad de los koniquitos le entregamos un opúsculo a modo de bienvenida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Y de qué va?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Es un discurso filogenético científico. Muy onda fines de 1800 argentino. Lleno de ciencia caduca, y elaboradas ideas seudocientíficas ya descartadas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/-p0mCP2n23c4/Tj7bEU4JN_I/AAAAAAAAC6g/AgtjTA54YSA/s400/tumblr_lnvrne19h81qj552mo1_1280.jpg" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 266px; height: 400px; " border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5638184650884593650" /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Un laburo. ¿Tienen un mecánico?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;El enano comenzó a lustrarse la armadura con un pañuelo ensalivado, sin levantarse la visera de su casco gótico. Creí que no me había escuchado y le repetí la pregunta. Sacudió el pañuelo y, en un acto de magia grandiosa, sembró el suelo con una multitud de bichos bolitas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¡Magia!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Tienen o no tienen mecánico?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Está el rey de los koniquitos. Un hombre sabio. Gran escritor de opúsculos vencidos. Te lo presento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Es mecánico? ¿Sabe algo de coches? ¿Tiene teléfono, por lo menos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Tiene algo mucho mejor que todo eso… No digas nada. Quedate callado. Dejame hablar a mí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Dale, redundante, escupilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;El enano se rascó la bolsa de cuero o bolera y continuó, tras acomodarse el cinturón donde pendía su espada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Tiene conocimiento. Y sabés qué más…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span lang="ES-AR" style="font-size:12.0pt;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-AR;mso-fareast-language: EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Es traga leche&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-1742266080744535656?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/1742266080744535656/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=1742266080744535656&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1742266080744535656'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1742266080744535656'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/08/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-QwJNQA01Gv8/Tj7bSbIB9hI/AAAAAAAAC6o/tza4YifjF4s/s72-c/pio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-7332612312547783351</id><published>2011-07-31T20:00:00.007-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.312-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-RVRnHuGP_1I/TjXgamJe_PI/AAAAAAAAC6A/8NbYAY7gn9A/s1600/pi.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 400px; height: 219px; " src="http://4.bp.blogspot.com/-RVRnHuGP_1I/TjXgamJe_PI/AAAAAAAAC6A/8NbYAY7gn9A/s400/pi.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5635657256245591282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;II&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;En realidad dijo algo así como: “¿Té supo? ¿O te aflija?” Como no entendí, no le contesté. Le di una palmada en el hombro y le prometí un peso de propina si me cuidaba el coche.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Caminé las diez cuadras imaginarias hasta que llegué a una elevación desde donde pude contemplar la fortaleza. Era un verdadero castillo medieval. Lo único que le jugaba en contra era el cartel con luces de neón que parpadeaba sin pausa esa frase tan trillada como incomprensible que dice: “Minuta al paso”, eso en el primer parpadeo, en el segundo, en un arranque absoluto de ingenio, decía: “Castillo Grillo”. El conjunto era así: “minutaalpasocastillogrillominutaalpasocastillogrillo”. Lástima que el sol de Joseúe no me permitía apreciar en su grandeza el arte de la luz de neón. Hice un pis rapidito sobre la arena y me acerqué al castillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/-gVBnAvGnfyA/TjXfZFecXwI/AAAAAAAAC5w/UFMKNRsZ7pg/s400/tumblr_lnv0v9BJmm1qfnis8o1_500.jpg" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 267px; height: 400px; " border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5635656130783633154" /&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;De cerca no era tan grande y se notaba que estaba hecho de cartón. Lo que me deprimió. Lo peor es que los ladrillos estaban pintados a desgano, sin ni siquiera repasarlos con una sombra, para aparentar volumen. La cosa parecía utilería de salón de fiestas infantiles. Faltaban los videojuegos que nunca funcionan y estábamos llenos. El foso era una simple zanja de pocos centímetros de profundidad. Me arrodillé y descubrí unos cocodrilos de goma sumergidos en el fondo. Lo único vivo y amenazador que tenía el agua, eran las cucarachas acuáticas. La pared del castillo se sacudió y escuché que me chistaban. Alcé la cabeza y vi un yelmo de hocico trompudo, asomar sobre la almena de cartón. Sacudí la mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¡¡Hoolaaa!!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Quién vive?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;El tipo se tomaba el papel en serio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Tulio. Quería pedirles una rica pomarola con vino. ¿No me vas a decir que no venden?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;El yelmo se estremeció como si una mano inmensa la agitara con violencia y desapareció. Un movimiento espástico como el de los muppets.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-piwuEmcmM3E/TjXgO43mA0I/AAAAAAAAC54/d9T-sHlvaS8/s400/horror_stories_193502_v1_n2.jpg" style="text-align: justify;float: right; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; cursor: pointer; width: 277px; height: 400px; " border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5635657055112397634" /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Al rato volvió a asomar la sabiola, para entonces yo me había cansado de jugar con los cantos rodados que estaban sembrados en el piso. Intantaba, siempre en vano, pegarle a una campana que pendía en lo más alto de una de las torres de cartón. Me metí las manos en los bolsillos y elevé el mentón, aguardé lo que tuviera que comunicarme. Era un tema de diplomacia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Dicen que no…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-¿Quiénes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Los hombres koniquitos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Ay, Dios… -me estaba cansando. Decidí romper el hechizo, porque la cosa se estaba alargando al pepe.- Tengo el auto a la miseria. ¿No hay modo de que me den una mano? Un teléfono. Un mecánico. ¡Es una cosa de locos, viejo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;El yelmo desapareció un instante y volvió a alzarse. Y a voz en cuello, propuso:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;-Pasá que te damos por culo… -y algo más que no llegué a distinguir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language:ES-AR"&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-7332612312547783351?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/7332612312547783351/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=7332612312547783351&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7332612312547783351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7332612312547783351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/07/el-castillo-de-los-gorilas-electricos_31.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-RVRnHuGP_1I/TjXgamJe_PI/AAAAAAAAC6A/8NbYAY7gn9A/s72-c/pi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2940100405404685611</id><published>2011-07-25T15:38:00.005-03:00</published><updated>2012-01-24T23:04:11.312-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El castillo de los gorilas eléctricos -micronovela serial-'/><title type='text'>El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-ymexU_63eVs/Ti24sGtiLPI/AAAAAAAAC5Y/X0GLL2fy6xc/s1600/eee.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 284px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5633361776765709554" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-ymexU_63eVs/Ti24sGtiLPI/AAAAAAAAC5Y/X0GLL2fy6xc/s400/eee.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; I&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;No sé cómo empezó. Tampoco sé como terminé en ese mundo onda Pi-Pío. Sí, así; muy nada. Muy onda fondo berreta. Dos arbolitos pelados, una piedrita aquí, un cielo color amarillo allá y la línea del horizonte. Si había que ponerle un nombre, yo le aplicaría un adjetivo, &lt;em&gt;desierto&lt;/em&gt;. Porque parecía eso, un desierto. Pero la verdad, no sé. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;El tema es que el coche se me quedó en mitad de la nada. Que es lo mismo que decir en ninguna parte. El sol ahí arriba, como un ano estriado de neón. Hacía calor o yo hacía que hacía calor. Es que todo era tan matiz fantástico que me costaba vivirlo. No entendía eso de estar parado en medio de la nada ¡y con un coche! Si ni siquiera sé manejar. Aprendí a eso de los siete u ocho años a andar en bici y nunca me bajé para aprender otra cosa. No se me dio. Tengo esa tara de pensar que llego tarde a todo, cuando, en realidad, no es tan así. Una tara. A los doce años había bajado los brazos. Como si ya cargara con sesenta años encima. No se explica. Tampoco es una cosa para preguntar. Dejenlo así. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Como era de esperar y, más que nada, para cumplir con el cliché, levanté el capó, destapé el radiador, verifiqué el aceite y manoseé un poco las mangueras. ¿Humm? Ni idea. Para mí, chino básico. Además en coche, eso me desconcertaba mucho más que estar parado en medio del desierto. Me había vuelto loco. Hice una visera con la mano y miré a ambos lados del camino, ¿o debía decir carretera? Nada. A lo lejos, la ruta se fundía en esos espejismos raros que hace el calor sobre el asfalto, como si se levantara un mar de vaselina. Abrí la puerta del coche, me senté, pero en seguida me paré. No se podía estar… ¡un calor!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-9eNTUnoqCE0/Ti24gZ7LCVI/AAAAAAAAC5I/NSszaQvDdmg/s1600/tumblr_ln7mtp7NKV1qzuh80o1_1280.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 282px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5633361575764756818" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-9eNTUnoqCE0/Ti24gZ7LCVI/AAAAAAAAC5I/NSszaQvDdmg/s400/tumblr_ln7mtp7NKV1qzuh80o1_1280.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se me ocurrió bajarme los pantalones. Desnudarme. Si venía un poli, le decía que había sentido calor y que como no había nadie… Le decía eso, ¿qué me podía reprochar? ¡Con ese calor! &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Pero no. Me dio cosita. Uno nunca está seguro. A ver si el pollito daba risa. Hay cada una. Son desalmadas, se le ríen a uno en la cara. Para joderte, nomás. Pero duele. Aunque en el momento te hacés el duro, duele. Pero me voy por las ramas. ¡Es el sol!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Abrí el baúl, buscaba algo, un indicio, una pista que me contara un poco qué hacía ahí y también, lo confieso, pensé que por esas cosas del cliché, iba a encontrar cervezas atosigadas dentro de una “nevera”. No, no fui tan suertudo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Era para desesperarse. Porque pasaba una cosa rara. Y hay que decirlo bien para sentirlo, pasaba una cosa muy, pero muy &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;puta&lt;/i&gt;. Ya hacía un tiempo largo que le daba vueltas al coche y la sombra seguía en el mismo punto de siempre y el sol, el ano de neón, firme en el espacio, como si Josué estuviese dando órdenes ahí cerca. Era una cosa como para amargarse. Es que a veces, la ignorancia te mata. No pasaba la hora. Aclaro, porque no sé si se entendió.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-MMtLKvgLJB0/Ti24nhtvMVI/AAAAAAAAC5Q/OMN3Ik7zspY/s1600/new_adventures_of_frankenstein_200102_n1.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 318px; FLOAT: right; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5633361698114974034" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-MMtLKvgLJB0/Ti24nhtvMVI/AAAAAAAAC5Q/OMN3Ik7zspY/s400/new_adventures_of_frankenstein_200102_n1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Me apareció por la espalda. Sorpresivo. Silencioso como un caracol. Un tipo escamoso. Delgado como un vara y vestido con harapos. Era alto. Más que yo. En la mano izquierda llevaba una especie de báculo. Tenía toda la apariencia de un personaje bíblico. Casi era una ilustración de las revistitas que me dejaban los domingos, mis amigos testigos de Jehová. Salvo las escamas. Eso, hay que admitir todo, le jugaba en contra. Una pena. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-¿Josué?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Pero el personaje no se dio por aludido. Apoyó su cuerpo esmirriado sobre el báculo y suspiró. Me pareció escucharlo decir: “pucha…” Pero no sé, tal vez estoy mintiendo. No soy fiable. En ese sentido, el oído me resta puntos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;El tipo paseó sus ojos a todo lo ancho y largo del escenario como si yo fuera transparente. Se lucía. Sabía que era su momento y lustraba las fichas. ¿Qué le iba a decir?&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-¿Sabés si pasa el 343 por acá?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Lo dijo muy bajito. Casi no lo escuché. Estiré el cogote. Capturé las palabras que flotaban en el éter y me tomé unos segundos para digerirlas y volverlas a reproducir. No podía creerlo. Me estaba tomando el pelo. No se le caía la piel de vergüenza, porque era víbora. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Flaco… ¿Un mecánico por acá… conocés?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;El ofidio, incluso antes de que armara la pregunta, comenzó a negar con la cabeza. Eso, por sí solo, me dio por el orto, pero me la comí, porque no daba para pelearme. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Noooo… ¿mecánico? ¿Por acá? Imposible. Olvidate. Ja. Olvidate.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Y alguien que me pueda dar una mano, lo que es coches, nada. No entiendo un pomo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Se rascó las escamas de la cara y se humedeció la boca con su lengua bífida. Repuso con aire de entendido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Si buscás a alguien que sepa, pero que sepa posta-posta; yo te recomiendo que caminés derecho por acá hasta el castillo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Fruncí el ceño. Era evidente que no lo había comprendido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Digo… ¿cómo?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-El castillo. Derecho por acá. No hay cuadras. Fijate, porque no hay casas, pero serán, -en distancia te digo, ojo- una cosa así como diez cuadras. Si no fuera por los espejismos se vería.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-¿Un castillo?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Sí, de la gran flauta. Con foso, torretas, almenas, banderines, puente levadizo y la mar en coche. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Pero eso sí que es raro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Era un restaurant. Un excéntrico el dueño. Se fundió, pero por boludo. Digo, el dueño, se fundió. Pero andá. Ahí vas a saldar tus dudas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-¿Derecho por acá, cosa de diez cuadras? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-Te chupo la pija.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;Sonó decidido, pero a mí me desarmó por completo. Como si soltara un pedo finito, murmuré:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;-¿Cóóómmmooo…?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="right"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal" align="right"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-AR" lang="ES-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;em&gt;Continuará...&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2940100405404685611?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2940100405404685611/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2940100405404685611&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2940100405404685611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2940100405404685611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/07/el-castillo-de-los-gorilas-electricos.html' title='El castillo de los gorilas eléctricos, micronovela serial'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-ymexU_63eVs/Ti24sGtiLPI/AAAAAAAAC5Y/X0GLL2fy6xc/s72-c/eee.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-8811273363962142557</id><published>2011-07-05T17:17:00.009-03:00</published><updated>2011-07-24T14:30:57.668-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>El fluido del íncubo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-1UMc7W5-EV0/ThNyoi3ZgtI/AAAAAAAAC1U/4f3vSEjjT6o/s1600/incubo.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: pointer" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5625966400395379410" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-1UMc7W5-EV0/ThNyoi3ZgtI/AAAAAAAAC1U/4f3vSEjjT6o/s400/incubo.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;El problema empezó por las mañanas, tardé un poco en darme cuenta. Amanecía húmedo. No es fácil describir esto. Quiero decir, con “húmedo” no soy exacto. Era algo así, como intangible. Como si alguien me rociara con un gas y este se disipara cuando comenzaba a despertarme. Me quedaba una sensación pringosa en la cara y en los dedos cuando intentaba limpiarme, pero una vez que iba al baño a descargar la vejiga, todo se disipaba. La cama estaba seca y hasta tibia. Como no había nada concreto, más que esa sensación extraña, no le presté demasiada atención al asunto, ¿por qué iba a hacerlo? Me pasaba el día atosigado con preocupaciones mundanas y los hinchahuevos típicos de una persona que carga con un laburo esclavo y que su vida se transformó en un simple ir y venir del trabajo. Más paja ocasional, más peli ocasional, más desengaño ocasional de lo que sea.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Llega un momento en la vida en que las esperanzas que nos propulsaban se encuadran en la pared de los viejos recuerdos y vivimos en círculos, como muñequitos a cuerda, hasta que ésta se acaba, nos transformamos en cenizas y el tiempo se encarga de esparcirnos en el olvido. Si no te quedó claro, o si la poética de cuarta que acabo de esgrimir anuló tus sentidos, te lo repito de otro modo, llega un punto en que vivís de yapa, porque no queda otra. ¿Tamos?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;En fin, el hecho de que todas las mañanas me despertara con esa sensación de humedad pringosa en mi cara, comenzó a obsesionarme. Pensé que estaba en las puertas del delirio esquizoide. Por un momento me sentí bien, me sentí especial, “no soy tan-tan mediocre como para eludir la locura”. Pero no. No había locura en mi vida, sólo aburrimiento, el tedio de empujar un camión cargado de intenciones podridas (¡y hoy el espíritu poético parece superarme!). Por lo que dejé de prestarle atención, hasta que el fenómeno comenzó a crecer en evidencia. Lo que antes era una humedad gaseosa, comenzó a transformarse en algo más sustancioso. Una mañana, poco antes de que el despertador sonara a las 05:30hs., sentí como si alguien apoyara la boca de un pulverizador de agua frente a mi cara y apretara el botón. Sentí un rocío líquido sobre mi rostro. Algo evidente, tanto que abrí los ojos asustado. Pensé que alguna clase de monstruo bajo la cama me había estornudado en la jeta, pero no hubo sonido alguno que interrumpiera los ecos sórdidos de la madrugada. Extendí el brazo y prendí la luz. Luego de restregarme los ojos, miré hacia delante, llegué a percibir algo así como una sombra. ¿Era algo concreto o sólo las formas caprichosas de mis lagañas al ser trituradas con mis nudillos?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Me levanté con un tremendo escozor en el ano y esa sensación pegajosa en la cara. Antes de lavarme el rostro, me miré al espejo. No vi nada. Salvo un ligero brillo en las mejillas, como si un hada hubiese sacudido una varita mágica sobre mi cara. La idea me hizo gracia, me tapé una fosa nasal y dejé escapar un chorro de mocos duros y sanguinolentos por la otra. Permití, a modo de despedida, que los cereales tostados y verdosos se escurrieran por la rejilla, casi con un dejo de nostalgia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Además de las molestias que sentía por las mañanas, se sumó otra, de carácter más preocupante, comencé a recordar los sueños. Por lo general no soy un tipo que recuerde los sueños, creo que la ecuación es así: la gente que tiene a cuestas una vida llana, no recuerda sus sueños. Es como un mecanismo de autodefensa, para no ilusionarnos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Los sueños eran parecidos, me despertaba en la cama, con mucho frío y una profunda opresión en el pecho. Abría los ojos y veía en la oscuridad a una coreana vieja, parada sobre mi pecho. En ese momento yo no sentía miedo, pero sí incomodidad. No sabía cómo hacerle entender a esa china de mierda que no se parara sobre mi esternón. Lo único que atinaba a hacer era levantar un dedo y sacudirlo con aire acusador, la coreana fruncía el ceño, separaba las piernas y lanzaba un chorro de orina sobre mi cara. Aunque me sentía abrumado de pudor, siempre me despertaba con una erección palpitante. El hecho de que me masturbara religiosamente la noche anterior, no parecía influir. Luego del sueño, me arrastraba hasta el baño y jugueteaba con la chota como si fuese un resorte de carne, la tomaba por el manubrio y pasaba el cambio a tercera, de una. Lo cacheteaba otro rato y pasaba solito a cuarta, latiendo como si tuviese voluntad propia. Tardaba en aflojarse, en el mientras la vejiga me estallaba, pero no era cuestión de mear los azulejos por apurado. No, con paciencia, esperaba que se me pusiese gomosa y recapacitaba en el sueño de la coreana y su lluvia dorada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;La cosa, el rito del sueño y de la erección, el rito de levantarme con esa suciedad etérea y pringosa en la cara, duró una semana. Aunque me cueste, tengo que seguir contando el cuento, hacerme que esto tiene un argumento, que sigo una senda, o sea, tengo que decir que los sueños se volvieron más reales, que la humedad gelatinosa ganó en materialidad, que el acoso urinario de la china acrecentó su violencia, etcétera, etcétera, etcétera. Para ahorrarme líneas, y tiempo a ustedes, digamos que fue así. Lleguemos a ese acuerdo tácito. Lleguemos a ese acuerdo de gelatinas ectoplasmáticas, de orientales orinadas y erecciones culposas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Entonces estamos ante el punto donde cualquier protagonista, que se precie de tal, se harta y decide tomar cartas sobre el asunto, enfrentar su destino, decapitar al dragón.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Ducho en brujerías y doctorado en una cueva de Salamanca, sabía que lo que me acosaba por las noches era obra del hombre viejo. Antes de acostarme, llevé a cabo mi rutina habitual, la de masturbarme, la de calentar una bolsa de agua caliente y mirar los resultados de la quiniela por Internet, a lo que agregué la envoltura de un crucifijo en un papel de diario. La tinta del papel de diario impide a los demonios observar el objeto que envolvamos en su interior. La explicación es sencilla y hasta científica, la tinta tiene en su composición Pb, es decir, plomo; el plomo le impide a los demonios -y a Superman- adivinar lo que se oculta detrás. Antes de acostarme, me mesmericé para despertarme en el momento en que la coreana apoyara sus pies enfundados en hojotas de goma sobre mi pecho.&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 282px; FLOAT: right; HEIGHT: 400px; CURSOR: pointer" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5625965748936268162" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-H0sfEeeyr1I/ThNyCn_cWYI/AAAAAAAAC1E/esgtUq4sGJc/s400/tumblr_ln7n3l1pfL1qzuh80o1_1280.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;A eso de las tres de la matina, la china se paró sobre mi pecho y comenzó a masajearse la bulba, dispuesta a soltar un chorro de orina sobre mi cara. Con los ojitos cerrados, pero despierto, metí las manos bajo la almohada, tomé el paquetito envuelto en papel de diario y saqué el crucifijo. Escuché un sonido desgarrador, como si un gordo de media tonelada de lípidos hubiese soltado un pedo embreado de diarrea por la boca. Abrí los ojos, al tiempo que gritaba: ¡&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Vade retro satanas&lt;/i&gt;! Una frase en latín que me excitaba tanto pronunciar, y que por sí sola atraía a todos los demonios de mi lujuria. Me recliné sobre la cama y sentí que un cuerpo pesado, como el de un perro, rodaba a un costado. Por un momento, hipé espantado y detuve mi exorcismo, la cosa iba en serio. En la oscuridad no pude adivinar con precisión con qué clase de bicho lidiaba. Lo poco que pude percibir fue un cuerpo contrahecho, de apariencia humanoide, enano y perruno. Orejas puntiagudas y hocico largo y sudoroso. El bicho pateleó un instante sobre el acolchado, los huevos se bambolearon como una sortija de calesita en la mano de un manco y se refregó el pene con fruición estremecedora. Poco antes de que lograra enrollar una vieja revista &lt;i&gt;Conozca Más&lt;/i&gt; que tenía al pie de la cama, para castigar a ese demonio, hijo del estupro satánico, el animal acabó. Un chorro de purpurina ectoplasmática emergió del orificio urinario de su verga, la brillantina etérea voló hacia mi cara, como lo hacía todas las noches mientras dormía. Tras arrojarle el crucifijo encima, el íncubo se desvaneció.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;El episodio, a pesar del exorcismo, continúo acosándome noche tras noche. Tuve que consultar grimorios medioevales para encontrar un sofreno al estupro nocturno del íncubo.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;La cura, aunque efectiva, no deja de ser incómoda. Para amenguar la fiebre del demonio, dice el grimorio, hay que domarlo. El mejor método es dormir destapado y desnudo de la cintura para abajo. Si bien ya no me despierto con la cara húmeda, siento algo así como cristales rotos dentro de mi tripa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-8811273363962142557?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/8811273363962142557/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=8811273363962142557&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8811273363962142557'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8811273363962142557'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/07/el-fluido-del-incubo.html' title='El fluido del íncubo'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-1UMc7W5-EV0/ThNyoi3ZgtI/AAAAAAAAC1U/4f3vSEjjT6o/s72-c/incubo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2621554094376409080</id><published>2011-06-22T09:41:00.005-03:00</published><updated>2011-06-22T09:46:34.367-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>Alan Pauls conoce al sasquatch</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-DNTj2N7Wju0/TgHjNLoBOHI/AAAAAAAACy8/b6i8njKvVdk/s1600/0020.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621023625533536370" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 323px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-DNTj2N7Wju0/TgHjNLoBOHI/AAAAAAAACy8/b6i8njKvVdk/s400/0020.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Me acuerdo bien, porque ese día hizo un frío tan intenso que la polera de mi prepucio se me retrajo hasta dejarme el pito hecho un chizito. Salí a almorzar a eso de las doce. En el laburo me daban una hora para descansar. Lo que no era poco, si lo comparaba con los cinco minutos reloj de descanso que me dieron en otros trabajos. O sea sesenta minutos representaban toda una eternidad. A pesar de que siempre uno deseara más.&lt;br /&gt;Salí mascullando estupideces, elucubrando en qué desperdicié mi vida o si, en realidad, la vida se desperdiciaba conmigo. El problema no era fácil de resolver. Aunque como fracasado era un éxito, no me hacía gracia la broma y siempre coqueteaba con que no era lo suficiente intelectual para los objetivos que me había fijado. Me daba aires de novelista e iba por la vida con la palabra “escritor” tatuada en la frente y vacío en cuanto a resultado. Aunque me empeñaba en hacer méritos, no podía lograrlo, la palabra deficiente tal vez me colmaba de significado. Los estudios siempre fueron tortuosos y tuve que crear un halo de imposibilidades para explicar mis sucesivas claudicaciones, los libros me gustaban, pero me inclinaba por lecturas suaves que no exigieran mucho de mi coeficiente, los debates filosóficos, la actualidad intelectual y toda esas cosas que yo consideraba auténtica mierda de la mierda, quedaban por completo fuera de mi espectro de investigación. Si la vida apremiaba me bastaba con conocer algunos títulos y citarlos en el momento adecuado y luego cerrar el pico, que en los ambientes intelectuales, un hombre silencioso pasa por sabio.&lt;br /&gt;Salí a caminar con el culo fruncido de frío, las manos coladas dentro de los bolsillos rotosos de esos pantalones que nos regalaba dos veces al año el trabajo. Mientras eludía la marea de empleados que al mediodía escupen las oficinas del microcentro, me deshacía el cerebro pensando una trama con onda. Una trama inteligente, mis cuentos siempre gravitaban el fantástico, piratas espaciales, marcianos deambulando por ciudades extintas, fantasmas, muertos vivos. Mi fórmula era tomar argumentos de bolsilibros y argiornarlos un poco o llevar a cuento películas bizarras. Funcionaba en los blogs. Pero ahora quería hacer algo grande, una cosa con suficiente punch, que palabra, para que mi nombre figurara de aquí en adelante en el diccionario y que los ignorantes se desasnaran al buscarme. Entonces, mientras esquivaba filas y filas de turistas brasileños que saqueaban nuestras tiendas de camperas de cuero, pensé en Alan Pauls, me dije: “Alan Pauls es el camino, es un intelectual de izquierda, es joven, no está pelado como el hermano y escribe novelas que nunca leeré”. Conocía al autor por su presencia mediática y nada más, pero qué inspirador que era el muchacho. Yo quería ser como él.&lt;br /&gt;Ese pensamiento me duró cien metros, desde Florida hasta Maipú. En esa esquina de perdedores, donde se pasean todos los colectivos que van hacia el sur o hacia San Telmo, me sonó el celular, lo extraje con cautela, luego de calarme las gafas e hice teatro para leer el mensaje, aunque no necesito lentes, me gusta usarlos, porque me dan un aire nerd muy copado. Era un mensaje de mi mujer que me preguntaba por sexta vez qué quería comer, milanesas de pollo o hamburguesas de pollo. Todos los días me preguntaba lo mismo y todo los días tenía la &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-hSb9TGElFQE/TgHjVyaWZAI/AAAAAAAACzE/yDrklQSFG0U/s1600/5496180016_644fca1f91_b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621023773384139778" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 272px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-hSb9TGElFQE/TgHjVyaWZAI/AAAAAAAACzE/yDrklQSFG0U/s400/5496180016_644fca1f91_b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;oportunidad de elegir entre esas dos cosas, que en este mundo, no era poco. Una vez que envié la respuesta se me fueron un poco las ganas de ser Alan Pauls, como en el pasado se me habían ido las ganas de ser Christopher Lambert o Sofía Loren, no pregunten. Aunque parezca pesado, este Alan Pauls, además de ser fachero, era un tipo preparado y yo lo único que hacía para progresar en mi vida era ir al gimnasio a hablar del clima con los muchachos y de ahí al trabajo, oh casualidad, a hablar también de los sinsabores climáticos. Cuando me agarraba la preocupación me prometía: “bueno, o escribo un cuento, una novela o ensayo diez puntos o me dejo de joder y consigo un laburo copado...” Donde no se hablara del clima, eso lo tenía claro.&lt;br /&gt;A mitad de cuadra, sobre Tucumán, entre Maipú y Suipacha, me interné dentro de una Galería que me fascinaba, porque mantenía incólume su arquitectura espantosa de fines de los 70. Paredes con frisos de azulejos rojos y verdes, escaleras símil mármol y enrejados retorcidos, no faltaba un mural de corte pampeano que me hundía en un estado depresivo, placentero en lo que daba de su masoquismo. Bajé tres escalones de un salto, atravesé cuatro negocios cuya subsistencia era tan improbable como la vida en la luna, rodeé una librería comercial empapelada con fotos del dueño en el Club de Boca, rodeado de sus rutilantes estrellas y llegué a mi destino: un barcito que se alzaba en el centro de la galería con asientos altos y giratorios, atendido por su dueño. Punto esencial que parecía tranquilizar a los clientes. Al fondo, perduraba como un hongo maligno, un negocio de sellitos atendido por un liliputiense que tenía más cara de hijo de puta que Michael Ironside. Me senté en una punta, sacrificando mi lugar predilecto, a esa hora el boliche explotaba, pero yo debía comer mi tortilla de papa y queso roquefort, aunque mi sobrepeso pagara el factura.&lt;br /&gt;-Alan Pauls...&lt;br /&gt;-Flaco, dijiste...&lt;br /&gt;-Nada, una tortilla de roquefort y papa.&lt;br /&gt;-¿Para tomar?&lt;br /&gt;-Un vaso de leche...&lt;br /&gt;-Un vaso de leche...&lt;br /&gt;-No, mentira. Traeme una tab.&lt;br /&gt;-No tengo tab.&lt;br /&gt;-Sí, una chop.&lt;br /&gt;-¿Quilmes?&lt;br /&gt;-¿No tenés Heineken?.&lt;br /&gt;-Tengo solamente Quilmes.&lt;br /&gt;-Dame Quilmes. –concluí con la certeza que un diálogo con ese burgués de cuarta no llegaría nunca a buen puerto.&lt;br /&gt;Mientras Alan Pauls revolvía mi cabeza con la persistencia de la acidez estomacal, un eructo portentoso me arrancó de mis cavilaciones. Un obrero que bebía un vaso de vino con soda dejó escapar ese gas etéreo por su boca y giró su cabeza para contemplar el efecto que producía su hazaña sobre mi persona. Incliné la cabeza sin mirarlo. A pesar de eso, percibí sus ojos de zarigüeya escudriñándome, mi cuerpo esmirriado y reblandecido de oficinista putañero.&lt;br /&gt;-Alan... –musité casi como para darme valor y lo miré. Como atraído por un vórtice, me hundí en la negrura lechosa de sus ojos, en la oscuridad pasmosa de sus pupilas, en el brillo animal que despedían sus ojos cual gemas de ébano. Su cara era tan gris como el lomo de una rata y su boca tan amplia como el largo de mi brazo. Entrecerré los ojos, examiné en detalle su epidermis, una sobrebarba de dos días parecía cubrirlo de la cabeza a los pies. Me pregunté si no era un fenómeno, tipo esos hombres lobos mexicanos, la llamada hipertricosis universal congénita que para datos boludos estoy mandado a hacer. &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-rYLyBOq8bpE/TgHjtqxIlTI/AAAAAAAACzM/wLN9lF9AmcY/s1600/feast000.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621024183649080626" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 264px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-rYLyBOq8bpE/TgHjtqxIlTI/AAAAAAAACzM/wLN9lF9AmcY/s400/feast000.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El tipo, si notó mi asombro, no se hizo cargo. Volvió a eructar, lanzando su aliento a cloaca sobre mis sonrojadas mejillas de hombre de ciudad. Su garganta parecía albergar la fetidez de un cementerio. Me mordí los dientes y lancé un chillido para no vomitar mi desayuno. Justo entonces, el dueño del boliche colocó bajo mis narices la tortilla de roquefort, el aroma picante hizo presa de mi olfato y se entremezcló con la podredumbre de mi compañero de mesa. Mi estómago comenzó a lanzar ácido hacia mis glotis como si fuese un geiser. “Alan Pauls, Alan Pauls, Alan Pauls” invoqué la figura de mi intelectual mediático para contener el vómito que regurgitaba como una fuente y gracias a la Virgen y al gauchito Gil y sus secuaces, me contuve.&lt;br /&gt;-Mario... ¿Frío?&lt;br /&gt;Me quedé un instante en babia intentando elucidar qué carajo quiso decir. Hasta que me di cuenta que se acababa de presentar.&lt;br /&gt;-José –mentí y tras una pausa lo suficiente larga como para que se notara, agregué- Sí, hace frío.&lt;br /&gt;-Frío... Para mí es verano. ¿Sabés el frío que yo pasé? Acá me afeitó todo el cuerpo, porque sino me quemo vivo. Pero allá me cagaba de frío. –guardó silencio, supuse que aguardaba que lo interrogara sobre su vida, pero eso no iba a suceder.- Me afeito toda la cara, ves, me crecen pelo hasta debajo de los ojos, ¿ves? ¿Ves la cara de mono que tengo? ¿Ves que tengo pelos hasta debajo de los ojos, ves?&lt;br /&gt;-Sí, sí... –dije al tiempo que inclinaba la vista sobre mi plato, ya sin apetito y con ganas de darme el pire. Me sobresalté cuando sentí el aliento cálido y venenoso del tipo sobre mi oreja.&lt;br /&gt;-Soy el sasquacth... ¿sabés? Mientras los boludos me buscan en los bosques de Norteamérica, yo me vine para acá a laburar de artista. Faquiú les hice. Me afeito día por medio, gastó fortunas, pero vivo bien y tranquilo. No soy menos boludo que muchos, ni más inteligente que otros, ¿me entendés, lechuza?&lt;br /&gt;-Tomatela... –susurré.&lt;br /&gt;-¿Cóooomooo? –repuso con aire bufonesco.&lt;br /&gt;-Que brindo por eso... –aunque no era el sasquacth podía pasar por uno, era un verdadero ropero de carne y hedía a carroña. Su plato era un cementerio de huesos de vaca, roídos hasta la médula y, al menos, cinco cajitas de vino se atiborraban sobre la mesa donde gravitaban con vuelo cansino moscas gordas de culo verde. Alzó su puño de ogro y lo dejó caer sobre dos moscas que copulaban entre la mugre. Luego repasó la palma de su mano con su lengua.&lt;br /&gt;-Sasquacth ... –le dije mientras le guiñé un ojo cómplice. Y no lo vi venir. Un puño más inmenso que el que vieron las moscas, mientras traqueteaban sobre la mesa antes de perder la vida, se abalanzó sobre mi entrecejo e hizo impacto. Después vi la cúpula de la galería alzarse allá arriba y al dueño del barcito ventilarme la cara con un repasador. El sasquacth emergió del baño con un vaso rebosante de un líquido amarillo que humeaba, nadie pareció reparar en él, se acercó y me tiró el contenido a la cara. Era lo que pensaban que era.&lt;br /&gt;-Hijo de puta –bramó y se alejó corriendo.&lt;br /&gt;Me puse de pie, escurrí mi camisa como pude y me sequé la cara con esas servilletas de papel que nunca terminan de embeberse. Intenté dilucidar en vano la causa de la ofensa del monstruo, tal vez, le gustaba darse aires, pero no que los demás lo llamaran por el nombre de su verdadera naturaleza, en fin, qué importaba. El dueño me cobró la tortilla y la cerveza que nunca tomé y me pidió que me alejara. Desde entonces intento hacer un cuento que tenga al sasquatch y a Alan Pauls por protagonistas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2621554094376409080?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2621554094376409080/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2621554094376409080&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2621554094376409080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2621554094376409080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/06/alan-pauls-conoce-al-sasquatch.html' title='Alan Pauls conoce al sasquatch'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-DNTj2N7Wju0/TgHjNLoBOHI/AAAAAAAACy8/b6i8njKvVdk/s72-c/0020.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-5688972300166354715</id><published>2011-05-23T21:31:00.008-03:00</published><updated>2011-07-05T11:17:32.629-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>Paracelso, jr.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Dedicado al sr Esclavo, que es un pelotudo bárbaro&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-MlYAHWHkNHQ/Tdr817zNQbI/AAAAAAAACvc/NPg7djUNtxs/s1600/homunculo.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 288px; FLOAT: left; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5610074289359110578" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-MlYAHWHkNHQ/Tdr817zNQbI/AAAAAAAACvc/NPg7djUNtxs/s400/homunculo.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span id="SPELLING_ERROR_0" class="blsp-spelling-error"&gt;Trabajábamos&lt;/span&gt; en un oficina diminuta que &lt;span id="SPELLING_ERROR_1" class="blsp-spelling-error"&gt;olía&lt;/span&gt; a matadero de leones. Era un entrepiso construido con alambres, nos pasábamos el día acumulando papeles y firmas, era una oficia burocrática y los que la habitábamos, tipos serios.&lt;br /&gt;Nos gustaba darnos ciertas libertades, eso nos hacía sentir superiores a la media. Antes, en el pasado, fuimos &lt;span id="SPELLING_ERROR_2" class="blsp-spelling-error"&gt;vigiladores&lt;/span&gt;. Meros &lt;span id="SPELLING_ERROR_3" class="blsp-spelling-error"&gt;subhumanos&lt;/span&gt;. Pero ahora éramos hombres de corbata que entendíamos, y mucho, de papeles. Las libertades no eran muchas, pero alcanzaban. La más &lt;span id="SPELLING_ERROR_4" class="blsp-spelling-error"&gt;satisfactoria&lt;/span&gt; era tomar mate. La mayoría de los clientes que visitaban la leonera se lamentaban de que ellos no podían hacer lo mismo.&lt;br /&gt;Nosotros sí.&lt;br /&gt;El problema era tirar el agua que quedaba en el termo, restos de cebadas anteriores. Ya lo dije, estábamos en un entrepiso y bajar para vaciar el termo, era demasiado engorroso como para tomarlo en serio, por lo que utilizábamos los bidones vacíos, para volcar el agua fría que restaba dentro del termo.&lt;br /&gt;La cosa siguió así, sin novedad, durante mucho tiempo. Pero un día nos dio por el lado científico, le dije a mi compañero:&lt;br /&gt;-Che, ¿&lt;span id="SPELLING_ERROR_5" class="blsp-spelling-error"&gt;dale&lt;/span&gt; si hacemos un experimento?&lt;br /&gt;El tipo estaba muy concentrado en su &lt;span id="SPELLING_ERROR_6" class="blsp-spelling-error"&gt;chat&lt;/span&gt; y no me contestó, por lo que insistí:&lt;br /&gt;-¿…Un experimento?&lt;br /&gt;Por toda respuesta escuché el estampido de las teclas, reventadas por los dedos nudosos de mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_7" class="blsp-spelling-error"&gt;compa&lt;/span&gt;. Pero lo que no pudieron mis palabras, lo logró mi mirada, no le quité el ojo, hasta que se detuvo y pegó un salto, sorprendido por mi obsesión hipnótica.&lt;br /&gt;-¡¡&lt;span id="SPELLING_ERROR_8" class="blsp-spelling-error"&gt;EUHH&lt;/span&gt;!!&lt;br /&gt;-Te decía si &lt;span id="SPELLING_ERROR_9" class="blsp-spelling-error"&gt;querés&lt;/span&gt; que intentemos un experimento.&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;-Se me ocurrió echar cosas dentro del bidón, para ver qué pasa y conectarle una batería eléctrica.&lt;br /&gt;-Cosas y una batería… No entiendo.&lt;br /&gt;-Claro, le echamos cosas, &lt;span id="SPELLING_ERROR_10" class="blsp-spelling-error"&gt;ponele&lt;/span&gt;… Cáscaras de naranja, de huevo, yerba sobrante, hormigas, moscas, babas del diablo y le conectamos una batería para que el agua tenga corriente eléctrica.&lt;br /&gt;-¿Eh?&lt;br /&gt;-¿Me estás escuchando?&lt;br /&gt;-Te estoy escuchando, pero no te entiendo.&lt;br /&gt;-Es porque sos un &lt;span id="SPELLING_ERROR_11" class="blsp-spelling-error"&gt;boludo&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;-Me aburrís, ¿puedo seguir chateando?&lt;br /&gt;No le respondí. Pero empecé de inmediato mi proyecto científico. Eché una rodaja de cáscara de naranja, cáscara de mandarina, un pedazo seco de factura, papel, una babosa y dos plumas de paloma. También rasqueteé del piso un poco de caca de ave y eché todo dentro del bidón.&lt;br /&gt;Mi proyecto se extendió durante una semana, conseguí una batería, la conecté al bidón y seguí metiendo cosas adentro. Ya era una sopa espesa e indistinguible. Un verdadero miasma primordial. Le pedí a mi compañero que me llamara a partir de entonces &lt;span id="SPELLING_ERROR_12" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso&lt;/span&gt;, pero nunca lo hizo, siempre pasaba una cosa así:&lt;br /&gt;-Che, &lt;span id="SPELLING_ERROR_13" class="blsp-spelling-error"&gt;Albert&lt;/span&gt;…&lt;br /&gt;-No me digas más así, me llamo &lt;span id="SPELLING_ERROR_14" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;-&lt;span id="SPELLING_ERROR_15" class="blsp-spelling-error"&gt;Albert&lt;/span&gt;, ¿vos autorizaste está orden?&lt;br /&gt;-Te dije que soy &lt;span id="SPELLING_ERROR_16" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso&lt;/span&gt; a partir de ahora…&lt;br /&gt;-¿La autorizaste o no?&lt;br /&gt;-No, no la autoricé.&lt;br /&gt;Así que mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_17" class="blsp-spelling-error"&gt;berretín&lt;/span&gt; alquimista, por lo menos de nombre, no prosperó. Pero el miasma seguía mezclándose. Una mañana vino uno de los jefes y luego de descubrir que parte del hedor a carroña que teñía la oficina provenía de la boca del bidón, me ordenó, o sea, me &lt;span id="SPELLING_ERROR_18" class="blsp-spelling-error"&gt;or&lt;/span&gt;-de-&lt;span id="SPELLING_ERROR_19" class="blsp-spelling-error"&gt;nó&lt;/span&gt; que tirara el agua de ese bidón “…A LA MIERDA”. No me gustó la forma en que me lo dijo, pero no lo juzgué. Para entonces, yo pensaba que el experimento no había funcionado, por lo que descendí las escaleras y comencé a vaciar el bidón en una rejilla. Tras unos segundos, observé una masa gelatinosa revolverse al pie de la boca del bidón. Era un personaje singular. Me puse de cuclillas y lo toqué con el dedo índice. Una especie de babosa con &lt;span id="SPELLING_ERROR_20" class="blsp-spelling-error"&gt;extremidades&lt;/span&gt;. Casi un ser humano, pero parecía invertebrado, como esos viejos muñecos &lt;span id="SPELLING_ERROR_21" class="blsp-spelling-error"&gt;bendables&lt;/span&gt; de los ochenta, esos de goma, articulados con alambre. Se movía despacio, como atontado, y no era más grande que un &lt;span id="SPELLING_ERROR_22" class="blsp-spelling-error"&gt;gatito&lt;/span&gt; cachorro. Era lampiño y la cabeza la tenía como su papá, pelada. Me dieron ganas de darle un beso, pero me contuve por el tema de los virus. Nunca se sabe.&lt;br /&gt;Me lo puse en el bolsillo y subí las escaleras a los saltos.&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-7XFu2Na6aeg/Tdr9KogToeI/AAAAAAAACvk/b7Q--3zCT74/s1600/ANN_ALI-_%252811%2529.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 268px; FLOAT: right; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5610074644956815842" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-7XFu2Na6aeg/Tdr9KogToeI/AAAAAAAACvk/b7Q--3zCT74/s400/ANN_ALI-_%252811%2529.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-¡&lt;span id="SPELLING_ERROR_23" class="blsp-spelling-error"&gt;Mirá&lt;/span&gt;!&lt;br /&gt;Pero mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_24" class="blsp-spelling-error"&gt;compa&lt;/span&gt; no me miró. Seguía ensimismado en el &lt;span id="SPELLING_ERROR_25" class="blsp-spelling-error"&gt;chat&lt;/span&gt;, le pegaba al teclado con fuerza. Era una cosa increíble, yo sabía que era &lt;span id="SPELLING_ERROR_26" class="blsp-spelling-error"&gt;cuasianalfabeto&lt;/span&gt; y, sin embargo, podía pasarse horas y horas escribiendo. No sé si ensayaba una y otra vez la misma letra o inventaba una lengua, pero era insistente.&lt;br /&gt;Extendí el brazo y coloqué a mi hijo en la línea de sus ojos, mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_27" class="blsp-spelling-error"&gt;compa&lt;/span&gt; sofrenó sus manos y me miró con gesto consternado.&lt;br /&gt;-¿Viste? ¿Eh? Ahí &lt;span id="SPELLING_ERROR_28" class="blsp-spelling-error"&gt;tenés&lt;/span&gt;, &lt;span id="SPELLING_ERROR_29" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso&lt;/span&gt;, papá. Ramón &lt;span id="SPELLING_ERROR_30" class="blsp-spelling-error"&gt;Llul&lt;/span&gt;, el mago Fu-&lt;span id="SPELLING_ERROR_31" class="blsp-spelling-error"&gt;Man&lt;/span&gt;-&lt;span id="SPELLING_ERROR_32" class="blsp-spelling-error"&gt;Chú&lt;/span&gt;, el gato &lt;span id="SPELLING_ERROR_33" class="blsp-spelling-error"&gt;Chatrán&lt;/span&gt;… Todo eso y mucho más.&lt;br /&gt;-¿Habla?&lt;br /&gt;-Fuma cigarrillos de chocolates y sabe hacer cuentas con el ábaco.&lt;br /&gt;-¿Nada más?&lt;br /&gt;Me lo dijo decepcionado, no le impresionaba que yo fuera un gran alquimista. Con el dedo le apreté a mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_34" class="blsp-spelling-error"&gt;homunculus&lt;/span&gt; la &lt;span id="SPELLING_ERROR_35" class="blsp-spelling-error"&gt;pancita&lt;/span&gt; y el bicho abrió la boca como un &lt;span id="SPELLING_ERROR_36" class="blsp-spelling-error"&gt;pescadito&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;-Le voy a enseñar a chupar la &lt;span id="SPELLING_ERROR_37" class="blsp-spelling-error"&gt;pija&lt;/span&gt; con esa &lt;span id="SPELLING_ERROR_38" class="blsp-spelling-error"&gt;boquita&lt;/span&gt; chiquita que tiene.&lt;br /&gt;-¿Para?&lt;br /&gt;-Así nos chupa la &lt;span id="SPELLING_ERROR_39" class="blsp-spelling-error"&gt;pija&lt;/span&gt; mientras &lt;span id="SPELLING_ERROR_40" class="blsp-spelling-error"&gt;laburamos&lt;/span&gt;, ¿no da?&lt;br /&gt;-Estaría, estaría… -dijo con aire soñador, comenzaba a seducirlo mi idea.- Che, ¿tiene corazón?&lt;br /&gt;-No, es un desalmado. Un autómata. A vos te falta cultura. Este ser, tarde o temprano, va a ocasionar mi perdición, pero para entonces yo voy a ser célebre.&lt;br /&gt;-¿Qué come?&lt;br /&gt;-No sé… Tal vez migas de pan mojadas. &lt;span id="SPELLING_ERROR_41" class="blsp-spelling-error"&gt;Mirale&lt;/span&gt; la boca, tiene como un &lt;span id="SPELLING_ERROR_42" class="blsp-spelling-error"&gt;piquito&lt;/span&gt; duro, en vez de labios.&lt;br /&gt;-¿No nos lastimará cuando nos empiece a chupar? &lt;span id="SPELLING_ERROR_43" class="blsp-spelling-error"&gt;Mirá&lt;/span&gt; que yo tengo el problema ese…&lt;br /&gt;-¿Qué problema?&lt;br /&gt;-El problema ese, el hongo que me come la piel del glande. La tengo &lt;span id="SPELLING_ERROR_44" class="blsp-spelling-error"&gt;hipersensible&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;-Eso por &lt;span id="SPELLING_ERROR_45" class="blsp-spelling-error"&gt;encamarte&lt;/span&gt; con putas.&lt;br /&gt;-No, me pegué esto haciéndole el culo a un &lt;span id="SPELLING_ERROR_46" class="blsp-spelling-error"&gt;travesti&lt;/span&gt;. Pero era gratis, ¿&lt;span id="SPELLING_ERROR_47" class="blsp-spelling-error"&gt;entendés&lt;/span&gt;?&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;&lt;span id="SPELLING_ERROR_48" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso,&lt;/span&gt; &lt;span id="SPELLING_ERROR_49" class="blsp-spelling-error"&gt;jr&lt;/span&gt;. cerró los ojos.&lt;br /&gt;-¡¡SE ME MUERE!! &lt;span id="SPELLING_ERROR_50" class="blsp-spelling-error"&gt;Dame&lt;/span&gt; pan. &lt;span id="SPELLING_ERROR_51" class="blsp-spelling-error"&gt;Dame&lt;/span&gt; pan. No seas &lt;span id="SPELLING_ERROR_52" class="blsp-spelling-error"&gt;jodido&lt;/span&gt;, &lt;span id="SPELLING_ERROR_53" class="blsp-spelling-error"&gt;dame&lt;/span&gt; pan.&lt;br /&gt;-¡¡NO TENGO PAN!! –gritó mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_54" class="blsp-spelling-error"&gt;compa&lt;/span&gt; con no menos pánico que yo.&lt;br /&gt;-¿Qué hago?&lt;br /&gt;Antes de que pudiera dominarme, lloraba a mares. Los ojos se me llenaron de agua y empecé a balbucear &lt;span id="SPELLING_ERROR_55" class="blsp-spelling-error"&gt;boludeces&lt;/span&gt;, le confesé a mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_56" class="blsp-spelling-error"&gt;compa&lt;/span&gt;, porque sí, que una vez había chupado un pito y que me había gustado, pero que ahora no. Ahora no. Me pinché el dedo con un punzó y le puse un poco de sangre en la punta del pico, el homúnculo abrió la boca y empezó a mamar con avidez.&lt;br /&gt;-Al final no era pan.&lt;br /&gt;-Es un vampiro eléctrico. ¿Ves?&lt;br /&gt;Pero el &lt;span id="SPELLING_ERROR_57" class="blsp-spelling-error"&gt;homúculo&lt;/span&gt;, mi pequeño &lt;span id="SPELLING_ERROR_58" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso,&lt;/span&gt; &lt;span id="SPELLING_ERROR_59" class="blsp-spelling-error"&gt;jr&lt;/span&gt;. había dejado de ser novedoso para mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_60" class="blsp-spelling-error"&gt;compa&lt;/span&gt;. Volvió a su &lt;span id="SPELLING_ERROR_61" class="blsp-spelling-error"&gt;chat&lt;/span&gt; &lt;span id="SPELLING_ERROR_62" class="blsp-spelling-error"&gt;oligofrénico&lt;/span&gt; y no lo pude sacar de ahí.&lt;br /&gt;Le daba de beber sangre tres veces al día, como el &lt;span id="SPELLING_ERROR_63" class="blsp-spelling-error"&gt;bichito&lt;/span&gt; era pequeño, yo no corría riesgo de terminar famélico. Además comencé a comer carne roja con más frecuencia.&lt;br /&gt;Por las noches, antes de acostarlo en su cuna de mimbre, una simple panera, lo alzaba y lo metía adentro de la cama, sobre mi entrepierna, lo &lt;span id="SPELLING_ERROR_64" class="blsp-spelling-error"&gt;cacheteaba&lt;/span&gt; un poco con mi pito, como para que se fuera acostumbrando al olor. Después comencé a tentarlo, pero el muy guacho me mordía. Tuve que contenerme para no matar&lt;span id="SPELLING_ERROR_65" class="blsp-spelling-error"&gt;lo&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Pasaron tres meses sin éxito alguno. Cada vez que le acercaba la &lt;span id="SPELLING_ERROR_66" class="blsp-spelling-error"&gt;pija&lt;/span&gt; a la boca, ¡&lt;span id="SPELLING_ERROR_67" class="blsp-spelling-error"&gt;chack&lt;/span&gt;! Me clavaba su pico agudo. Una vez me masturbé mirando una &lt;span id="SPELLING_ERROR_68" class="blsp-spelling-error"&gt;peli&lt;/span&gt; de Olmedo y &lt;span id="SPELLING_ERROR_69" class="blsp-spelling-error"&gt;Porcel&lt;/span&gt; y lo bañé. Quedó como si lo hubiese embadurnado con glasé. Me silbó no sé que cosa y &lt;span id="SPELLING_ERROR_70" class="blsp-spelling-error"&gt;gruñó&lt;/span&gt; ofuscado. O sea, por la reacción, concluí científicamente que no le había gustado un &lt;span id="SPELLING_ERROR_71" class="blsp-spelling-error"&gt;carajo&lt;/span&gt;. A pesar de eso insistí y llevé a cabo el mismo baño casi quince veces, pensé que &lt;span id="SPELLING_ERROR_72" class="blsp-spelling-error"&gt;Paracelso,&lt;/span&gt; &lt;span id="SPELLING_ERROR_73" class="blsp-spelling-error"&gt;jr&lt;/span&gt;. acabaría comprendiendo la cosa y le tomaría gusto. Pero no.&lt;br /&gt;Se me escapaba, tenía que levantar la cama o buscarlo dentro de la alacena, corriendo el riesgo de que me hiriera con algún objeto punzante, cada vez que quería repetir mi experimento.&lt;br /&gt;Una noche me desperté con una erección portentosa, hacia casi dos días que no me masturbaba, lo agarré dormido en la panera, comenzó a silbar, a quejarse, pero no perdí tiempo ni me ablandó el corazón. Tomé cinta adhesiva y lo sujeté al tronco de mi &lt;span id="SPELLING_ERROR_74" class="blsp-spelling-error"&gt;pija&lt;/span&gt;, bien firme.&lt;br /&gt;Dispuesto a llevar mi experimento al final, acomodé la almohada, tanteé el agujero que había embadurnado con grasa y comencé mi acometidas. La cosa no me llevó mucho tiempo. Acabé adentro, porque, por más miasma que le eche, las almohadas no quedan embarazadas. Cuando saqué mi coso de adentro, el homúnculo ya no estaba. Por más que sacudí la almohada, nunca volví a encontrarlo.&lt;br /&gt;El tipo, nunca aprendió nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-6IP5iNsTF_c/Tdr8dDT4GzI/AAAAAAAACvU/Gz04cWNT7DQ/s1600/paracelso.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 250px; DISPLAY: block; HEIGHT: 319px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5610073861878455090" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-6IP5iNsTF_c/Tdr8dDT4GzI/AAAAAAAACvU/Gz04cWNT7DQ/s400/paracelso.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-5688972300166354715?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/5688972300166354715/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=5688972300166354715&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/5688972300166354715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/5688972300166354715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/05/paracelso-jr.html' title='Paracelso, jr.'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-MlYAHWHkNHQ/Tdr817zNQbI/AAAAAAAACvc/NPg7djUNtxs/s72-c/homunculo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-8149833891253410410</id><published>2011-05-17T09:25:00.005-03:00</published><updated>2011-05-17T09:40:18.335-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>El enervado  (viejo cuento nuevo)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-t6aDlhAUSP0/TdJpfUIQsMI/AAAAAAAACuk/t2b7I23oE-g/s1600/SpookyBela.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5607660472729907394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-t6aDlhAUSP0/TdJpfUIQsMI/AAAAAAAACuk/t2b7I23oE-g/s400/SpookyBela.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Francisco era, para decirlo sin rodeos: ¡un imbécil! Uno de esos tipos que cuando lo conocés te dan lástima, pero que al rato lo querés matar, por estúpido. Un inútil. Lo único que hace es ocupar lugar. Hay que matarlo, un acto ecológico, como quien dice.&lt;br /&gt;Pero lo más triste, lo más patético es que este Francisco se creía, se auto-proclamaba un soñador, ¿un poeta? ¡No! ¡Un soñador! Un loco lindo. ¡Un pelotudo! Un tipo que de tan positivo veía todo de color celeste, justificaba todas las aberraciones y crímenes -deslices, nomás- y redimía, él solito, a todos los pecadores. Además tenía el culo suficiente para que nunca le tocara una mala racha y uno así –pudiera agujerearle los tímpanos con un: “Viste, forro, viste que a vos también, gil”. Pero no, el soñador veía todo lindo y le salía todo lindo, mientras que uno tenía que remar contra la corriente; el boludón cagaba flores. Así como te lo digo.&lt;br /&gt;Pero lo más triste no era el soñador, era yo. Era esa extraña perversión que me unía a él. Para qué verlo, para que juntarme con semejante marrano que me repelía como un mazacote de gusanos. Tal vez era fe. Fe en que un día reventara. Fe en que un hermoso día el tren le arrancara la gamba y ya rengo, resentido como una hiena. Un mierda.&lt;br /&gt;Como yo.&lt;br /&gt;Una vez, lo admito, le encontré algo. De tanto verlo, de tanto buscarle el pelo en la leche, le encontré un día una cosa. Yo tengo una costumbre. No sé si llamarlo un tic. Una costumbre, mejor. Resulta que me faltan un par de muelas. Y no soy viejo, ¿eh? La mala vida. Se me da por succionar los cachetes y hacer como un chasquidito. Un chasquido. Nada. Pero si se repite un par de veces y de manera de sincronizada pero constante. Te aseguro que te pongo de punta hasta los pelos del culo. ¡Chack! ¡Chack!... ¡Chaaaaa-chack! Y me di cuenta, casi por accidente, q ue después de un par de veces que hacía esto frente a mi amigo se alteraba un poco. Como que se ponía ansioso. Como que el mundo ya no le parecía tan lindo o era mi presencia el que le nublaba un poco su querido planeta. ¡El chasquido! ¡Puta! ¡Que le cagaba todo!&lt;br /&gt;Creo que esta de más decir que usé y abusé de mi cualidad. Tanto que temí que Francisco se apartara de mí. Hasta que al final la deseché en su presencia, por ser un medio demasiado vano y artificial para que cupiera dentro de lo que yo idealizaba como justicia divina contra aquel pedazo de boludo.&lt;br /&gt;Y la cosa se presentaba así hasta que un día se dio. Y mi vida en ese momento cobró consistencia. Fue el día que Francisco el copado, el copado de Francisco, el pibe simpático, ¡el macanudo! ¡Desapareció! Se fue, se esfumó. ¿Y Francisco? ¡No sé! ¿No lo vio? ¡No sé! ¡Se fue! ¡Desapareció! Si te vi, no me acuerdo. Era la época de los secuestros, a uno se lo llevaban por nada. Por chaucha y palito. Pedían cualquier cosa a cambio de la vida de uno. Pero Francisco... Lo sabemos. No tenía valor. Lo habían raptado. Eso seguro. ¿Muerto? Muy dudoso. Mi pregunta era, ¿vería todo lindo ahora, el turro? Y si era así, ¿lo bancarían los raptores? Fueron las dos semanas más felices de mi vida. Dos semanas con y sin Francisco. No había día en que no me pasara por su casa para regodearme con el sufrimiento familiar. ¡La triste desdicha familiar! Y yo, falaz, me retiraba moqueando, gritando, digo más: clamando justicia. Fueron noches plácidas, sin sueños ni pesadillas. Francisco no había dejado de existir. Al pibe lo había tragado el inodoro, el torbellino de caca, y esa ausencia de certeza, esa posibilidad de sufrimiento y desdicha me reconfortaban como nunca pudo hacerlo ningún otro gozo de la vida. ¡Fueron días felices, caramba!&lt;br /&gt;Pero las cosas buenas de la vida duran poco. Porque la vida de este tarado, de este aborto, me deparaba una gran sorpresa. Después de esas dos semanas de placer, Francisco apareció. Y ¡Cómo! Cuando me llamó por teléfono la mamá de Francisco se me cayó la estantería, ya por el tono meloso de emoción desencadenada, adiviné lo que venía. ¡No! No iba a escuchar ningún: lo encontraron por partes, desmembrado... O encontraron la cabeza de Francisquito tirada en un baldío a medio devorar por las hormigas rojas y perros.&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;Lo habían encontrado tirado ¾eso sí¾ en Long Champs y, además, en bolas. Eso me gustó. En una de esas lo habían violado. Mejor que viviera entonces. Le dije: ¡Señora, voy para allá! Terminé la frase con unas palabras incomprensibles para que percibiera que la emoción del reencuentro me había ahogado en un mar de lagrimones y emociones inauditas. ¡Vieja puta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-NFxVk0SbYN0/TdJp6NDI2wI/AAAAAAAACu0/gEYmebBRtBM/s1600/illworld2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5607660934685842178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 269px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-NFxVk0SbYN0/TdJp6NDI2wI/AAAAAAAACu0/gEYmebBRtBM/s400/illworld2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Esa noche no me dejaron verlo ni tampoco los días siguientes. Se podrán imaginar la ansiedad que me provocó esta cruel decisión. Perderme los momentos más desdichados de la vida de este engendro. Tener que aguardar hasta que se recuperara, ¡era pedir demasiado! Llamaba varias veces al día a la casa. Es que llegué a temer por mi vida. Soy hipertenso y la ansiedad me estaba matando. Preguntaba:&lt;br /&gt;-¿Y Francisco?, señora.&lt;br /&gt;-Está cambiado -decía- Por ahora no puede ver a nadie, corazón...&lt;br /&gt;Pausa.&lt;br /&gt;Y yo le retrucaba siempre:&lt;br /&gt;-¿Por qué?... Digame: ¿Lo violaron? ¿Lo violaron, señora?&lt;br /&gt;Así todos los días. Le martillé el tímpano para que tenga.&lt;br /&gt;A los dos meses de todo esto, yo casi había perdido la esperanza y el interés por Francisco. Un caso cerrado. Era evidente que lo habían arruinado. Seamos sinceros, el trauma le había cagado la vida. De una forma u otra me había llevado los laureles. Al final, tenía razón. La vida es mierda. Y a lo que a Francisco no le entraba por adelanté, terminó por entrarle por atrás.&lt;br /&gt;Más claro, ponele agua.&lt;br /&gt;Pero la vida de este fatuo era una cajita de sorpresas. Al tiempo largo llaman a mi celular.&lt;br /&gt;La madre, que Francisco necesita verme. Obviamente no pude reservarme la clásica fracesita:&lt;br /&gt;-¿Se está muriendo? ¿Se pescó SIDA?&lt;br /&gt;-No, mi amor, no te asustés. Vení, solamente...&lt;br /&gt;Y para mi horror lo encontré cambiado. Aunque pareciera imposible, el muy turro parecía más feliz que antes. Era evidente que mierda no llovía en esa casa.&lt;br /&gt;-¡Francisco! -le grité y le arrojé un tendal de mocos en la espalda al abrazarlo.- ¡Te quiero mucho!&lt;br /&gt;- Y yo a vos -me dijo como si fuera el Papa.&lt;br /&gt;Estaba mansito como un cachorro y con una sonrisa mogólica de oreja a oreja. Daban ganas de abrirle el melón de un machetazo.&lt;br /&gt;-Sentate -dijo.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasó? Te violaron...-afirmé y le clavé la mirada.&lt;br /&gt;-No digas pavadas -hizo un gesto vago con la mano de bobo que tenía. Se daba aires. El muy puto se había inflado. -Te llamé para contarte todo. Lo que me pasó me cambió la vida. Ya no veo las cosas tan negras como antes. Estoy lleno de esperanzas...&lt;br /&gt;¿Y antes qué? ¿Me estaba sobrando este siome? No podía creer lo que escuchaba. Ya me estaba saliendo sangre por los tímpanos. Quería quebrarme. Hice fuerza.&lt;br /&gt;ñTuve una experiencia cósmica ñdijo.&lt;br /&gt;Con eso solo me atomizó. Me dejó abierta la boca como un sapo. Una experiencia cósmica...La cosa no tenía fin, viejo...&lt;br /&gt;-No sé si conocés el termino científico -continuó- pero fui abducido.&lt;br /&gt;-Te violaron, entonces...&lt;br /&gt;-No, papanatas... Abducido. Ab-du-ci-do. Es el terminó legal que se utiliza para los secuestros. Pero es utilizado vulgarmente por los ufológos. En una palabra, me llevaron los extraterrestres...&lt;br /&gt;La madre estaba pegada a la cama, se había tapado la boca con las dos manos. Tenía esa mirada vidriosa, de emoción o de locura, no sé. Yo le hice señas como que Francisco había pirado. La muy yegua me negó con la cabeza sin despegarle el ojo al enviado celestial. ¡Lo había santificado! Qué podía hacer, le seguí la corriente para ver donde terminaba toda esta porquería.&lt;br /&gt;-Y ¿cómo fue?&lt;br /&gt;Francisco me miró y después miró a la madre. Un buen rato, como dándome a entender que era muy groso lo que me iba a decir. El putazo este se había inflado como un globo, daban ganas se machucarle el balero a trompadas. Al tiempo, se dignó a mirarme y habló como un prócer. Postrado en la cama dirigiéndose a la humanidad toda.&lt;br /&gt;-Te cuento... Una noche, muy linda... Me acuerdo bien. Estaba estrellado y la luna recién había salido... Me acuerdo que salí a sacar la basura. Y me demoré afuera, porque había un perrito que había roto unas cuantas bolsas para sacar unos huesos. Me dio pena y me puse a revolver para sacarle otros huesos, cuando de la nada aparece un tipo alto. Tenía el pelo largo y blanco. Casi plateado. Me acuerdo que se acercó y me agarró el brazo bien fuerte y ahí sentí como un sacudón eléctrico. Y después de eso adiviná...&lt;br /&gt;-¿Qué...?&lt;br /&gt;-¡Adiviná!&lt;br /&gt;-¡¿Qué!?&lt;br /&gt;-Me despierto. Estaba acostado dentro de un caño. Se podía ver &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5607660675649509378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 314px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-xRWFpThfjws/TdJprIEEGAI/AAAAAAAACus/3sK7oIJNACk/s400/tumblr_le86oxI7UB1qz72v7o1_500.jpg" border="0" /&gt;apenas. Me sentí raro. Los brazos estaban flotando, como si estuviera adentro del agua. Pero no estaba. Y a mi alrededor había caca. Caca flotando por donde uno mirase. Me llamó la atención. Me dio la impresión que me había caído dentro de la cloaca. Pero después me di cuenta que no era caca...&lt;br /&gt;La madre le peinó la frente rápido. Casi no quería tocarlo. El totem sagrado...&lt;br /&gt;-Y ¿qué eran? ¿Pitos?&lt;br /&gt;-No, cabezota. Eran doctores. Estaban ahí para examinarme. Para ver si estaba sano, pero vos ya sabés como me cuida mi mamá. La verdad, no me podían reprochar nada de nada. Les dejé que hicieran lo suyo. No estaba asustado ni nada. Lo único que hice fue pedirle a mi abuelita que está en el cielo que me cuide. Y les dejé hacer lo suyo. Se colaron por todos lados, me examinaron a fondo. A conciencia. Y después de eso abrieron el tubo donde estaba y salí flotando. Las caquitas flotaban a mi alrededor y me seguían como patitos por el agua...&lt;br /&gt;De repente se calló. Otra vez. Miró de nuevo a la madre y le dijo:&lt;br /&gt;-¡Mamá! ¡Prendé la tele!&lt;br /&gt;Los miré sin entender. Francisco se quedó un rato con el control remoto en la mano cambiando canales, hasta que se detuvo en un programa de chimentos. Pasaron como veinte minutos en los que Francisco escuchó con atención lo que decían los conductores. Después me miró como si se sorprendiese de que yo estuviera ahí.&lt;br /&gt;- ¿Y? ¿Nada más?&lt;br /&gt;-¡Ah! ¡Sí! Esperá que escucho lo que dice este tipo y te sigo contando...&lt;br /&gt;Tuve que hacer fuerza para no mandarlo a la concha que lo parió. Después de un buen rato se digno a bajar el volumen y me siguió contando.&lt;br /&gt;-Ahhh... No sabés lo qué se sentía ahí. Fue una experiencia mística. Me di cuenta del valor real de la vida, de las cosas. De la creación. De que todo no es tan feo como lo creemos, la vida puede darte mucho...&lt;br /&gt;-¡Bueno, terminala! ¡Terminala, querés! ¡¡Terminala!! -les aullé. Se hizo uno de esos silencios incómodos. Por primera vez en toda la larga relación con mi némesis había pisado el palito. Dejé traslucir mi verdadera naturaleza pútrida. Es que era tanta la decepción de encontrarlo y además tener que escuchar que recién, tras esa experiencia ridícula, había conocido el lado positivo de la vida que me provocó nauseas. Ya no podía ser. Me había superado. Me miraron como a una cosa insólita y graciosa. Ahora resultaba que era una cosa graciosa. ¡Chirolita!&lt;br /&gt;-Mirá... pasó un ángel -dijo con la voz de la madre Teresa. La mamá volvió rozarlo. Quería tomar un poco de la divinidad.- No hace falta que te alteres. Estoy bien y estoy vivo. Comprendo tu angustia. Sos, simplemente, un ser humano. Común y corriente.&lt;br /&gt;La puta madre, ahora el muy sorete me trataba de ente ordinario. De mediocre. Cuando era eso -justamente- lo que tanto me repelía de su persona.&lt;br /&gt;-Te sigo contando... En un momento dejé de flotar. Así nomás. Me caí de cabeza contra la punta de una mesa. Ves el costurón -se levantó el flequillo de Carlitos Balá que tenía y me mostró una cicatriz que yo le conocía desde hace años- me curaron. Me puse a gritar como un bebé con hambre. Los soretitos clínicos habían desaparecido. Y yo me puse caprichoso. Por esas cosas tontas. Me había agarrado chucho. Como que había cobrado conciencia de mi situación y me agarró chucho. Chucho de no ver más a mis papás y al resto de mi familia. A mi alrededor no había muchas cosas. La mesa contra la que me di el golpe y algunas sillas volcadas. Sillas raras de estilo Luis XV. Y la mesa parecía las comunes de plástico que uno usa en los patios, pero era dura como una roca. Estaba en un cuarto circular y a parte de estos muebles no había nada más. El lugar era negro. En una de las paredes vi un puntito de luz que se comenzó a agrandar de manera circular. Hasta que al final tomó la forma de una puerta redonda de la que emergía una luz roja, muy tenebrosa...&lt;br /&gt;-Un cabarulo... -murmuré.&lt;br /&gt;-Al rato empezó a salir humo. Como en las películas de terror que te gustan a vos. Y adiviná que salió de ahí...&lt;br /&gt;-¿Darth Vader?&lt;br /&gt;-No, un extraterrestre. Tenía, lo admito, una figura atípica. Cabeza grandota, cuerpo gris y ojos negros. No. Era cabezón, sí. Pero el resto era como un típico ser humano, pero gracioso.&lt;br /&gt;-¿Cómo gracioso?&lt;br /&gt;-Gracioso...&lt;br /&gt;-¡¿Gracioso cómo?!&lt;br /&gt;-No sé... Así como los dibujos que hacés vos. Tenía una nariz larga y ganchuda. Una bocaza larga... muy orejón. Los ojitos diminutos. El cuerpo desproporcionado. Las manos grandes y además estaba vestido con traje y corbata...&lt;br /&gt;-Me estás jodiendo...&lt;br /&gt;-Te lo juro por la tumba de mi abuela... ¡Qué Dios me castigue! Era un tipo rarísimo. Me escupía todo el tiempo. Parecía una especie de idioma, porque al mismo tiempo que me escupía gesticulaba a lo loco. No sé. Pero me llenó todo de una saliva rara. Espesa como gelatina. Cómo... -bajó la voz para que la madre que estaba en la punta de la cama hipnotizada con la tele no lo escuchara-Parecía esperma... ¿me entendés? Esperma...&lt;br /&gt;-Mmmmm... ¡Qué raro!&lt;br /&gt;-Sí, eso ya no me gustó tanto, pero lo dejé hacer. Yo no paraba de hablar. Imaginate. Era el representante de la humanidad. Estaba en un OVNI o en otra dimensión, ¿no sé? Pero el lugar no estaba plantado en la Tierra, te juro. Le dije las cosas lindas que tenemos, le hablé del amor, de la paz... Hasta del dulce de leche, le hablé. Pero el tipo me escupió como un guanaco. Después de eso, siempre sonriendo, me acarició. Me frotó todo el escupitajo por el cuerpo. Ya no escupía. Chistaba como un loco: “¡¡Chssttt-chssttt-chssttt!!” Parecía un brujo. Digamos que no tenía mucho de alienígena la cosa. Hasta que paró con eso y me llevó a otra habitación. Mucho más chica. Estaba llena de carne. Pedazos de carne por todos lados. Igual que una carnicería, pero desordenado. Sucio. Volaban como unas mocas raras. Transparentes con las patas largas como los mosquitos y del tamaño de un abejorro. Hacían un zumbido molesto como el de un caño de escape y se te pegaban en la comisura de los labios. Yo me las sacaba, pero el ET se las dejaba hasta que se le colgaban tantas que parecía tener el bigote de un mexicano. El tipo hacía así con la mano. -Francisco hizo un gesto circular- todo el tiempo y chistaba. Parecía que me estaba contando cosas. Pero no le entendía nada. Además los dos hablábamos sin parar y no creo que ninguno de los dos hayamos comprendido alguna palabra del otro. Me tenía cansado y decepcionado con su cháchara y boludeo. Te digo la verdad. Y para serte sincero creo que él tampoco sacaba, lamentablemente, demasiado provecho de mis enseñanzas. Al final se puso serio y cerró la boca. Puso esa cara típica tuya que parece que estás harto de todo, pero que vos decís que estás cansado. Y me pegó fuerte en la cabeza. Yo le pegué también. Hasta que me caí en el piso y me pateó la cabeza... Cuando me desperté estaba tirado desnudo en una zanja. El resto ya lo conocés...&lt;br /&gt;Cuando dejó de hablar elevó la mirada al techo. Yo miré a ver qué estaba mirando y no. Era pose. El tarado se hacía el iluminado. Parecía una estampita. Qué podía decirle. Qué podía agregar a esa sarta de boludeces que no tenían gollete. Me levanté para irme. El turro me conocía más de lo que yo pensaba y me estaba tomando el pelo.&lt;br /&gt;-Esperá –me dijo- Mirá... -y retiró de un tirón la sábana. Lo primero que me impresionó es que estaba desnudo. Tenía un pito chiquito como un chizito. Y la piernas gordas y peludas. Y lo peor. Lo asombroso. Fue esa barriga. Plagada de estrías. Esa barriga como un huevo. Esa barriga de preñez; no de gordura. Fue algo impactante.&lt;br /&gt;-Estoy embarazado... ¾me dijo como al pasar. Y era verdad, no estaba gordo. Pero había algo terrible en todo eso, me acerqué para comprobar lo que decía y vi que alrededor del ombligo tenía unas manchas negras subcutáneas. Era algo así como la piel de un sapo. Toda la barriga amarilla, la piel tirante y esas manchas que tenían algo acuoso ¿Qué carajo sería?&lt;br /&gt;-¿Fuiste al médico?&lt;br /&gt;-Estoy embarazado -volvió a decirme y la madre chistó enojada y subió el volumen de la tele.&lt;br /&gt;-Sos varón, Francisco. Los hombres no se embarazan. Óvulos, trompas de falopio. Todo eso y más, te hace falta.&lt;br /&gt;-Es un embarazo cósmico. Es diferente.&lt;br /&gt;Tal vez sí... No me extrañaría nada que este Francisco fuera un hermafrodita. Tenía mucho de caracol.&lt;br /&gt;-Sos el filipino ese... Ahora...&lt;br /&gt;-¡Bah! ¡No digas sonseras! Esto es serio... No sé si ir al médico o qué. Mis papás no quieren que vaya. Tienen miedo que me abran como a un conejo. Dicen que la naturaleza es sabia, que todo tiene arreglo..&lt;br /&gt;Me di vuelta para mirar a la madre y decirle. Qué carajo pasaba. Qué mierda era ese boludeo del rapto y de que estaba embarazado. ¿No sería septicemia? ¡Qué sé yo! ¡Cualquier cosa! En alguna medida me dio lástima que este tipo fuera tan estúpido.&lt;br /&gt;-¡Dejate de joder, Francisco! No te das cuenta que no tenés concha... ¡Por dónde querés parir! ¡Decime! ¿Por dónde querés parir! ¿Por el culo? ¡¿Por el culo!? ¡¿Decime!?&lt;br /&gt;La madre se dio vuelta. Mis gritos habían roto su concentración y la habían escandalizado lo suficiente para salir de su hipnosis.&lt;br /&gt;-¡Señora! ¡Señora!&lt;br /&gt;Pero todo fue en vano así como vine me fui. Me rajaron de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces las cosas se dan así... -no sé muy bien porqué- pero a veces uno sabe cuando escucha una mentira y cuando escucha una verdad. Y para serles sincero, cuando me fui de lo de Francisco, sentí que no me había mentido. Es que era tan obtuso, que ni siquiera podía crear una historia tan absurda como la que me contó. Y además estaba la pancita de sapo. No quiero extenderme demasiado, es una historia que no deja de ser común y corriente. Había tanta vulgaridad en la historia de Francisco que podía emitirse por el canal Infinito entre otros raptos a manos de los hombrecitos grises. Aunque el de Francisco no tuviera mucho de gris ni de hombrecito. Tenía un punto de contacto primordial, los extraterrestres raptan personas comunes y corrientes. Es más, parecen tener predilección por los imbéciles.&lt;br /&gt;Una de dos o los ET son igual de imbéciles y buscan a sus iguales. Cosa probable, porque las leyes son universales y no me extrañaría nada que el cosmos estuviese poblado de entidades estúpidas. O consideran a los genios y mediocres igual de tarados. En fin, a la larga todo es lo mismo.&lt;br /&gt;Como era de esperar, no volví a ver a mi iluminado. La madre se había ofuscado de lo lindo. Se ve que el hecho de interrumpirle su novela favorita fue demasiada presión para permitir que sucediera de nuevo. Un día, mientras estaba comprando doscientos cincuenta gramos de bondiola en el almacén me enteré que: el pibe de la vuelta, el santo, había muerto. ¿Quién? El hijo de Miriam... Francisco... Me quedé boqueando y moviendo la cabeza como chirolita. Seguía dando gracia. Lo habían velado a cajón cerrado. Las malas lenguas contaban que le había estallado la barriga. Que la tenía inflada como un globo. ¡Y el olor! Llamaron a fumigaciones, los vecinos. Por el olor... Como a carne podrida. A la madre y al padre los vino a buscar un familiar del interior y se los llevó para allá después del entierro. Los vecinos, me contaron, dicen que escuchan voces dentro de la casa, como chistidos. Chistidos molestos, dicen... &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-8149833891253410410?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/8149833891253410410/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=8149833891253410410&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8149833891253410410'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8149833891253410410'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/05/el-enervado-viejo-cuento-nuevo.html' title='El enervado  (viejo cuento nuevo)'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-t6aDlhAUSP0/TdJpfUIQsMI/AAAAAAAACuk/t2b7I23oE-g/s72-c/SpookyBela.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-6934664561868531520</id><published>2011-04-13T09:33:00.001-03:00</published><updated>2011-04-13T09:33:39.379-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>Guay de los mansitos</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RnyLlR6NlFI/AAAAAAAAAEc/16McDUHjlzk/s1600-h/Black+Emperor.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5079087952346059858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RnyLlR6NlFI/AAAAAAAAAEc/16McDUHjlzk/s320/Black+Emperor.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;div&gt;Mansito. La nariz colorada. Caminaba despacito, como si anduviera por la cuerda floja. Un poco sucio, los pantalones los usaba rayados y el saco olía a hiena. Lo único objetable era esa pija colorada que le colgaba de la bragueta. Un cipote bestial, asesino de vírgenes. Había que señalarle la cosa, los mas osados se la metían adentro. La cabeza de un bahuino. Siempre me invitaba a tomar un vino mientras yo lo despedía por la puerta. De todos los que laburábamos yo era el único que lo trataba con mayores rasgos de humanidad. La mayoría lo llevaban a los pasillos técnicos para aflojarle el culo a patadas, pero no era necesario llegar a ese nivel. Si era mansito.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Tenía esa cosa mágica de los borrachos y de los cirujas. Se filtraba en el edificio sin que nadie lo viera. Siempre lo descubríamos adentro, tarde, despatarrado en una silla. Al lado, por supuesto, de una vieja paqueta que chillaba como un cochino degollado. El viejo para entonces estaba en coma, por completo inconsciente. Para salvar las apariencias lo llevábamos a los pasillos en sillas de ruedas, hasta que un día se cago y meó encima. La orina apestaba a vino. Era una botella rota. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Otro caso eran las nenas rumanas. Bajaban en patas por las escaleras mecánicas y le lloraban la carta a los turistas para que les compraran algo de comer o les tiraran unos dólares. También se ligaban sus palizas. Quebraban el universo de pompas de jabón de los turistas. Era una cosa en verdad terrible. Con estas criaturas no podía permitirme ser tan caritativo como con el borracho. Me insultaban, me señalaban la pelada y me escupían. Confieso que les tenía rencor, pero había que acordar una cosa. Eran hermosas. Salvajes amazonas de ocho añitos. La carne es débil y ante la carne tierna más. Ocho añitos. Ay, me gustaban tanto. Siempre las despachábamos por una escalera lateral que no la utilizaba la clientela por razones de comodidad. Por lo general las tomaba del brazo y les largaba toda una perorata flaca de lo mal que se portaban y que no debían volver. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-¿Vos sos policía?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Claro, soy policía.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Y, ¿por qué no te vestís como policía?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Estoy haciendo horas extras, nena. No me rompas las pelotas si no querés que te parta el culo a patadas. -la última frase la largaba despacio, casi mordiendo las palabras, mientras una sonrisa me ilumnaba el rostro. Los clientes no parecían vernos. A sus ojos éramos la misma lacra. Uno más fuerte que el otro, nada más. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Si me pegás te denuncio, vos no me podés pegar, te denuncio. No sos policía. No me agarrés...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La iba a llevar por la escalera, le iba a sacudir la cabeza, iba a pensar algunas cosas indecentes y la iba a largar por la puerta. Pero se me ocurrió una cosa. Abrí una puerta lateral que conducía al segundo subsuelo de Galerías, al verdadero vientre del Leviathan. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Adentro.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-No es por acá -me dijo la mayor, tenía la mirada dilatada. El cambio en la rutina, la irrupción de lo desconocido la había aterrorizado, por experiencia, sabía que todo lo que saliera de lo común, ponía en peligro su existencia y la de su hermanita sedada de cuatro años. Cuando cerré la puerta me apoyé para que no escaparan las cucarachas y me froté las manos dichoso de aquel momento.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-La salida no es por acá... ¡Por favor! ¡Dejenos salir, señor! ¡NO volvemos más! ¡Lo juro, señor! ¡Por favor!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Mi sadismo se elevó a un grado indecible. Me decía "señor" Era el viejo amo del desastre. El master blaster.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Yo les dije que no tenían que portarse mal, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Sí, por favor, señor, no vamos a volver... Por favor, SEÑOR...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La más chiquita, una criaturita, moqueaba de lo lindo, se había asustado. Para un nene era una situación límite y final la que vivía en aquel momento. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Pero no te asustés bebé... ¿Saben lo que vamos a hacer? Les voy a presentar a mi mejor amigo, ¿saben quién es mi mejor amigo?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Dijeron que no con la cabeza. Lloraban como regaderas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-SATANÁS...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-No, por favor, no por favor... -se agarraron a mis piernas suplicando compasión. La verdad; me partían el corazón. Salvajes, primitivas, supersticiosas. Creían en vampiros y brujas, provenían de un país hundido en el barbarismo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Vamos a hacer una cosa, no lloren más... ¡baaaasta! ¡BASTA!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Por favor... &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La más chiquita aspiraba con la boca los mocos que le caían de la nariz. Una catarata verde. Se había orinado la cochina.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Vamos a hacer una cosa... Yo no llamo a mi amigo si ustedes me hacen un favor. Pero tiene que ser un lindo favor, ¿se animan?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Y dijeron que sí con la cabeza. Que sí...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-6934664561868531520?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/6934664561868531520/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=6934664561868531520&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/6934664561868531520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/6934664561868531520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/04/guay-de-los-mansitos.html' title='Guay de los mansitos'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RnyLlR6NlFI/AAAAAAAAAEc/16McDUHjlzk/s72-c/Black+Emperor.gif' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2509372350964337520</id><published>2011-04-07T09:08:00.002-03:00</published><updated>2011-04-07T09:09:45.846-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>El niño dios saturnino</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/1600/950429/uschi02.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/1600/584985/mart_f.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/320/587573/mart_f.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La historia la voy a ir contando de a puchos, no toda junta, porque me da como cosita. Aunque no creo que me entiendan, me atajo de antes, por si las moscas. Es verdad que salí en bici, pero me tomé el tren a eso de las diez o diez y cinco para llegar un poquito antes de las once a Pueyrredón. Como decía, me bajé y miré el reloj, andaba con tiempo. Todavía no eran ni las diez y media. Me subí a la bici y paseando me fui hasta la plaza que queda antes del Isi. A esa hora no hay nadie. Tal vez uno o dos viejos sacando a pasear a los cuzcos, pero no joden. Lo que me gustaba hacer era sentar el culo en uno de esos bancos fríos y húmedos de piedra granulada y reflexionar un poco acerca de mi vida. Divagando entre lo que me deparaba el futuro y calculando, con precisa matemática, como había destruido las pocas oportunidades o las muchas que se me fueron dando. Pero siempre concluía lo mismo, pongámoslo de este modo, el desarrollo de la ecuación era el correcto, pero no podía entender el resultado. No veía cómo, cuándo ni dónde fue que había terminado de vigilador para una empresa pirata. ¡Yo! que tenía sobre mis espaldas la honra de pertenecer a una prestigiosa familia de artistas. Y yo sólo ensuciaba ese pulido prestigio. El vigilador, un laburo destinado a disminuidos mentales, desdentados, borrachines, eternos fracasados. De todo el ramaje genealógico –y esto incluyendo a mi rama paterna- el único desastre, el único aborto, era yo. Y pensar que alguna vez, durante el albor de mis mocedades, habían previsto un futuro provechoso para mí. ¡No! ¡Un fruto podrido! Me deleitaba escarbando muy hondo en estos delirios hasta que se hacía la hora de entrada y con verdadera sumisión y respeto ingresaba al trabajo. Me iba para arriba. Me cambiaba. Me ponía una camisa, una corbata –el que había jurado nunca usar una corbata- los pantalanos y los zapatos de obrero. Había algo cómico en todo esto. Mi dignidad, que no sé muy bien de dónde nacía, se sentía ofendida. En otras palabras, me sentía como un noble caído en desgracia. No podía creer tener que verme degradado hasta aquel punto. Y sin embargo, no encontraba otro camino. Fichaba con puntualidad. Saludaba al encargado. Un negro ignorante que consideraba su puesto como la gran oportunidad de su vida. Y cambiaba la guardia con la solemnidad de un granadero. &lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/1600/433534/tales19.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/320/191285/tales19.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Después salía a la intemperie acompañado por un vigilador borrachín, putañero y viejo. Nos quedábamos toda la noche afuera del Isi, como perros guardianes. ¿Y el baño? Los carritos que usaba la clientela para comprar las herramientas. Las puertas. Todo. Hacía una ronda cada hora. Y esto era religioso, como temiendo una reprimenda que nunca llegaría. Así lloviese a cántaros, así cayesen soretes de punta, yo iba igual a hacer esa ronda. Y era en esos momentos de absurda fidelidad cuando me daba cuenta que era lo que me diferencia del resto de mi familia. Que era lo que me hacía tan bajo. Carecía de aquellos pensamientos lo suficientemente grandes como para que obnubilaran con una nube de desidia y sinvergüenza la responsabilidad laboral que me daban. No había mucho más en mi cerebro y me dedicaba a cumplir fielmente mis órdenes. Mientras que los míos, en mi lugar, hubiesen mandado todo a la misma mierda y se hubiesen dedicado para lo que habían nacido así les costase sangre y uñas. A veces, quería aprovechar el tiempo muerto e intentaba leer o escribir algo, con la vana esperanza de salir poco a poco del pozo en que me encontraba. Pero no, el frío era tan intenso, el rocío tan cruel, que las manos se me entumecían y tenía que caminar para no quedarme congelado. Me metía en una garita destartalada y me envolvía en una sábana que llevaba siempre encima. Y a veces, no siempre, me hacía una cuca. Por eso, al final, cuando llegaba la hora de irse y veía que el sol salía por allá atrás, veía como la humedad se iba levantando del piso y sentía como se me metía bien hondo a través de la raya del culo, al final sentía ese vacío que me embargaba antes de entrar, ahí, en la plaza. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y dormitando en la garita, embargado en esos pensamientos tormentosos y suicidas, me despertaban las piñas que pegaban los muchachos sobre la casilla. -¡Vamos al contenedor! Dale, pelado! ¡Trae la linterna! En definitiva, yo, un ángel caído, me daba un poco por las pelotas eso de meterme en el contenedor de la basura para ver sí los amos del Isi habían tirado algo de valor. La mayoría de los días no rescatábamos más que una que otra lamparita quemada y, así y todo, estos chimpancés pensaban hacer negocio. "¡Se arregla" Te decían lo más campantes. Los edinsones… Salía con suma parsimonia de la garita, los puteaba un rato y me iba para el contendor, mientras el petiso de Urbani se lanzaba dentro del basural como si fuese una pileta olímpica. Ese día había otro más y Urbani estaba un poco loco, le había atacado la idea de que el calvo aquel tenía olfato para el tesoro. Había algo innegable. El pelado era un tipo decidido. En un segundo se sumergía en la basura y desaparecía. Era una experiencia profunda. El tipo se desvanecía por un buen rato, como un buceo de profundidad, algo admirable. Cada tanto se hundía una pila de basura y aparecía una mano con un pedazo de algo, con un destornillador, una tijera o un hallazgo que siempre despertaba el deseo de Urbani, menos decidido que el calvo. Yo, principalmente, me dedicaba a alumbrarle el camino, las cuevas por las que se habrían paso o aquella basura que sospechaban valiosa. No me interesaban aquellos tesoros. Nunca. Pero ellos, veían aquel trabajo con verdadero deleite. Se sentían privilegiados de poder realizar aquella rapiña. Yo me conformaba con observarlos, me divertía aquellas inmersiones en el detritus. A veces me ofrecían algo, la mayoría de las veces declinaba, pero otras aceptaba para que no albergaran en sus obtusas cabezas que yo intentara venderlos a sus responsables. Cada tanto me daban ganas de cagar, bien entrada la noche, cuando el beodo de Morales se tiraba una siesta. Rumbeaba para los contenedores. Buscaba algún tacho de pintura vacía, que nunca faltaba en el Isi y me ponía a hacer de las mías, con las bolas y el culo adentro de aquella improvisada chala. Está claro que no teníamos baño, lo dije antes y lo repito. Me limpiaba con alguna servilleta, la doblaba hasta convertirla en una estampilla y después. Rápido como un rayo, revoleaba tacho y contenido dentro de los contenedores que iban a revisar los compañeros de guardia. Una manía que tenía, no había maldad. Mi compañero no era gran cosa. Estaba acabado. La vida lo había pasado por encima hasta convertirlo en un despojo humano. Este trabajo, para él, era el no va más. ¡Lo máximo a lo que podía aspirar! Había dedicado muchos años de su vida a vender escobas en la calle. No se había echo rico, estaba claro. Vivía en una villa que estaba cerca de mi casa. Un auténtico marginal. No le guardaba rencor. Me entretenía aquel guacho, cantándome chamamés de los más rancios a eso de las dos o tres de la mañana durante las noches neblinosas y heladas. Yo no podía quejarme. A cambio, le bailaba como una odalisca, hechizado por el ulular atroz de su voz aguardentosa. Fue una de aquellas noches, cuando estaba haciendo la ronda por la parte de atrás del Isi. La zona lindante con los pabellones. Siempre llevaba conmigo el temible "resorte", el terror de Villa Pueyrredón. Un arma, un quiebra-cráneos. Los esgrimía con grácil habilidad y destreza. Era consciente de que los mallevados temían en mí este talento marcial. Y decía, que me fui a dar la vuelta, en parte para entrar en calor, en parte para ir a piyar y en parte para no aburrirme. Si tenía suerte, algún que otro negro desvelado de los pabellones me cascotearía. No me iba a achicar. Les hacía frente. Soy corajudo. Soy vigilador, no un pinche. ¿Un cagatintas? ¡Por favor! Todas las noches iba a poner el pecho por el Isi. Y por tres mangos, las horas extras ni las cobraba. Deporte, sí. Fue esa noche, cuando me acerqué a los pilares de ladrillos para dejar mi rastro de orina como una serpentina, sobre aquellos muros color naranja, que vi a la cosa. Me estaba metiendo, como hacía siempre, en la hendidura que quedaba entre ambos pilares cuando observé que salía un bicho raro de tamaño descomunal. Fue una cosa rara, salió como curioseando. Con la misma actitud de una vieja comprando fideos en un supermercado chino. Algo intrigante. Me quedé duro. Era muy cabezón, tanto que no se explicaba como se mantenía parado. El cuerpo era muy pequeño en comparación con el melón que tenía por cabeza. Al principio pensé que era algún subnormal que se coló de los pabellones. Era una zona con un porcentaje alto en disminuidos mentales. Pero no. Era peor. Voy a intentar darles una idea descriptiva de lo que vi aquella noche, para que juzguen mi valor. Su cabeza era más larga que ancha. De frente tenía un aspecto cadavérico, dos globos oculares muy pequeños justo en el medio y más arriba, donde comenzaba la frente, hacia los costados, otros dos enormes ojos negros similares a los de un cefalópedo. La nariz u hocico era apenas una larga ranura que dividía la cara por la mitad. Debajo de esto emergían unos largos colmillos. Y donde debería estar ubicado el maxilar inferior colgaba una especie de barba rala de consistencia vegetal. Poseía dos brazos retractiles con infinidad de dedos también tentaculares y retractiles. &lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/1600/998643/uschi02.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/320/48863/uschi02.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El torso y las piernas eran una masa agusanada, con pequeñas protuberancias que parecían servirle de pies y le ayudaban a arrastrarse con agilidad y gracia por el húmedo suelo. Tenía una coloración entre grisácea y verdosa. Respiraba mal, como un gordo después de correr un colectivo. Se me acercó con un movimiento vomitivo. Transmitía la misma repulsión que produce un insecto. —¡Ay-Ia! —dije bajito, como sorprendido. Pero no me moví. Puso su enorme rostro a unos centímetros del mío y me atravesó la mirada con aquellos ojos negros donde veía reflejado mi rostro como en un espejo satánico. En aquel momento lo olvidé todo. Mi deber con la empresa. Mis armas, porque además del resorte, aquella noche llevaba conmigo un pequeño cuchillo con mango de pata de ñandú que había comprado en Santa Teresita. El bicho me bufó en la cara. Me tiró su aliento fétido sobre el rostro y me sacudió en la cara dos tortazos tan bien puestos, que me puse rojo como un tomate en menos de un segundo. —¡Eh! ¡So'tarado! —no miento si digo que me acuerdo que se comió la "s" de sos. Aquel detalle se sello como plomo en mi memoria. Me chocaba escuchar a aquel pedazo de foca vegetal hablar en un porteño nítido. A esa altura ya no me extrañaba nada. Recuerden que trabajaba con seres que muy pocos tests calificarían como humanos y, sin embargo, hablaban una jerga muy similar a la nuestra y, además, ¡caminaban erguidos! Cuando volvió a dirigirme la palabra descubrí el mecanismo. Si bien me llenaba la cara de aquel aliento pútrido y me refregaba sus barbas de ensalada por toda la cara, no salía un solo sonido de aquel agujero diminuto que representaba la boca. Deduje que se estaba comunicando a través de la telepatía. Está claro que yo no era ningún improvisado en estos temas. Pongamos las cartas sobre la mesa, mi vida no giraba alrededor de la vigilancia. El creador había iluminado mi cerebro con muchísima curiosidad en el campo de lo desconocido y fue así que desde pequeño comencé a dilucidar y a atravesar solo el campo de las tinieblas del conocimiento humano. Con la seguridad de un adelantado. En mi cuarto se acumulaban los números ajados de la revistas Cuarta dimensión, Conozca Más y hasta algún que otro número especial de la Enciclopedia Popular. Años de lectura e investigación hicieron de mí un sabio en el campo de lo especulativo. Y eso que no había terminado segundo año. "Boludo" no me decían, justamente. —¡Ayuda, ayuda! ¡Las papas queman! ¡ayuda! —me parecía comprender que me decía. Sentía como si me agujerearan los tímpanos. Se ve que todavía no estaba canchero. Las palabras se le trababan en la cabeza y le salían algunas gansadas como eso de que se le estaban quemando las papas. ¿Qué papas? Me dieron ganas de reírme, pero el turro volvió a sacudirme una piña. Ahí fue cuando volví en mí y le frené el carro. —¡Pará, gil! ¡Rescatate! El bicho se me quedó mirando con esa mirada vacía que tenía. No sabía muy bien si me iba a atacar o qué carajo quería hacer. Me puse en guapo y le saqué el pecho. Total ya estaba jugado. Sabía que Morales estaba durmiendo la mona, allá adelante sobre unos cartones y que los otros estaban mateando dentro del conteiner y que jamás iban a escuchar mi último grito de agonía. Así que lo empujé como provocándolo a pelear. El bicho me sacaba como dos metros de altura. Pero yo tenía conmigo el quiebra-cráneos y la filosa. ¡Qué iba a arrugar! Se me vino encima como un tanque y después no recuerdo nada hasta que me desperté con un feroz dolor de nuca. Como en las películas cuando los tipos recobran las conciencia, lo primero que hice fue dar un vistazo a mi alrededor. Recuerdo que dije: "da un vistazo a tu alrededor"… Bueno, no en vano trabajaba en las fuerzas de seguridad. No estaba improvisando, tenía un sentido de observación más desarrollado de lo que es usual en cualquier otro tipo de ser humano. El primer punto que tuve en cuenta tras el examen que realicé, es que estaba flotando dentro de un cubículo de lo más mugriento. No era una cosa muy grande, parecía la parte trasera de un camión, lo que sin duda no era. Porque, a mi lado había una pequeña ventanilla redonda por donde podía espiar hacia el exterior. Afuera, lo vi yo, estaba el vacío. Un infinito espacio oscuro donde apenas se veían las estrellas y los planetas que flotan en aquella inmensidad sin principio ni fin. Estaba claro que habíamos atravesado la órbita de Marte, porque allá lejos observé al rojo planeta alejarse. Más lejos, aún se adivinaba la verdusca silueta del planeta Tierra y la gris circunferencia de la Luna. El espacio era tal cual lo había imaginado. Parecido al que se veía en las películas, pero más grande aún. No sé por qué no me asustó estar viajando en una nave sideral a billones de kilómetros por hora. Luego de contemplar el infinito, me puse a revisar mi prisión. Era un lugar pequeño. Lleno de porquerías, televisores viejos, revistas del año que le pidas: había ejemplares del Tony, Intervalo, Flash, Siete Días, Corin Tellado, pero todas sucias y rotas. Toda aquella polacada que flotaba a mi alrededor parecía que la hubiesen levantado de un basural. Flotaban pedazos sucios de pan, yerba y trozos no sé de qué. Hasta gusanitos y moscas verdes. De pronto se oyó un chirrido muy agudo y una fuerza magnética me atrajo junto con todos los detritus al piso de la nave. Alguien había activado un sistema de gravedad . Se abrió una puerta desde un lugar donde no había ninguna rendija y emergió una persona que me resultaba muy familiar. Era, para decirlo sin rodeos, Don Johnson, vestía un traje espacial que le calzaba de maravilla. Además llevaba en la cabeza un casco de cristal muy al estilo del cine de los años ´50. —¡Uh! ¿Qué hacés acá…? ¡Dame tu autográ… —pero me detuve en la mitad de la frase. Me sentí muy confundido. ¿Qué hacía Don Johnson en aquella nave? Amén de que no hablaba castellano y, sobre todo, era de lo más estúpido pedirle un autógrafo al viejo Don en aquel momento. —Me hago pasar por tu héroe favorito para no causarte rechazo y así podés hablar con más soltura. —dijo Don Jonson. —Pero a mí nunca me gustó Division Miami, yo era fana de He-Man. Te faltan las cadenas y pulseritas de oro. —¡Bueh! No te pongas pesado. Si no te gusta te mando de una patada afuera. —¡Puff! Hablás castellano Tuve un leve desliz y olvidé que Don Johnson era una entidad alienígena. Me había obsesionado con el tema de conseguir un autógrafo de aquel bufarrón. —¿Hablo a la pared? —¿Qué? —Digo, si estoy hablando con la pared… ¿No entendiste nada de lo que te dije? —¡Sí! Vos estabas en el Isi y me diste un palazo en la cabeza. Dejaste a Morales solo o ¿te lo comiste? —¿Perdón? —¿Qué? —la verdad que me daba un poco de canguelo que el ex-División Miami me estuviera cagando a pedos. Así que trataba de ganar tiempo como fuera y me hacía el lento para ver cómo podía zafar de ahí.— ¿Qué te trae por acá? —hice la pregunta pero me salió mal, me tembló un poco la voz. Se notaba que estaba pasando un mal rato. ¡Zas! ¡Zas! ¡Paf! Otra vez me dio una salsa, pero de la linda. —¡Pará, animal! ¡Pará que mi viejo me pega solamente! ¿Eh? ¿Qué me levantás la mano? ¿Qué me levantás? La mirada de Don Johnson era furiosa, primitiva. Le costaba hacerse entender. Además, no tenía paciencia. No te daba tiempo para pensar. Seamos sinceros. Me había raptado y ahora estaba viajando hacia el infinito. No era cosa de bajarse y tomarse el primer colectivo que pasaba. Los golpes me dolieron, pero me ayudaron a pensar con claridad. —¿Adónde vamos? —Al fin me hacés una pregunta como la gente. Dejame que me presente. Provengo de una de las lunas de Saturno, a la que ustedes llaman Titán y nosotros Klibha. Hace años que investigamos su planeta. Nos infiltramos entre ustedes y hemos aprendido mucho. Fundamos una empresa recolectora de basura para indagar sus secretos más recónditos. La empresa, como habrás adivinado se llama… —¡Cliba! —¡Exacto! Todos los muchachos son klibalianos y están ahí para aprender el comportamiento humano. —Ya me parecían que no eran seres humanos. Pero nunca hubiese imaginado que pertenecían a una especie evolucionada, capaz de atravesar la inmensidad helada del espacio exterior. —Hace siglos que aprendimos a construir estos enormes cohetes con los que conocimos todos los planetas que pueblan el sistema solar. —Nosotros también tenemos cohetes. Fuimos a la Luna. &lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/1600/422656/weird1.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/320/397674/weird1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; —¡Chamuyo! No fueron a ningún lado más que al desierto de Colorado. Todo chamuyo. No me extrañó aquella afirmación y más si venía de Don Johnson. —¡Bah! —Vení que te muestro la nave. Me dio la mano. Sentí un poco de asquito. No me gustaba ni un poco ir de la mano con aquella celebridad caída en desgracia. Me sentía un poco trolo. Pero el tipo estaba de lo más orgulloso. Me mostró todos los recovecos. No era la gran cosa. Era una mecánica sencilla. —Bueno, fue pensada para que la pueda maniobrar un tarado. —¿Ah, me dejás volar un rato? ¿Porfa? —No, nene. No estás a la altura. Ni siquiera cerca. Un tarado en mi especie es lo que un Einsten para la suya, aunque el viejo ese estuvo equivocado en casi todo lo que encaró. —¡Bah! Mandaparte. ¡Andá-cagar! —Dentro de unas horas llegamos a Klibha. Ponete el traje que ves tirado sobre la silla banqueta de mimbre. Te va a hacer falta. Yo voy a abandonar estar figura, así que no te asustés. La transformación fue asombrosa, una lluvia de purpurina y estrellitas lo cubrió desde la cabeza hasta los pies. Y adoptó su forma original como si una entidad invisible le hubiese arrancado un velo. Volvió a tener aquella apariencia horrenda de vegetal carnoso. No sé por qué tenía la manía de ponerse bien pegado al lado mío cuando me dirigía la palabra. Y a pesar de que su voz era por entero telepática, del agujero de su boca emergía un vaho a sopa vieja que volteaba. —¡Buff! ¡Sacame la ensalada de la cara, macho! ¡Qué asco que sos, viejo! —Bueno, vos no sos muy lindo, mono piojoso. Me hice el desentendido y me puse el traje. Era muy similar al que tenía Don Johnson. Me calzaba a las mil maravillas. Hasta tenía un cinturón con la cartuchera y su pistola de rayos dentro. —¿Es una pistola de rayos? —No va a hacer de agua, gil. —¡Fa! —Ponete el casco si no querés reventar como un tomate. Y ajustate el cinturón porque vamos a descender. El bicho se sentó dentro de una especie de palangana y empezó a tocar botones. No se veía nada. Deduje que estábamos dentro de la nariz de la nave. Busqué un asiento, pero no encontré nada. Al final me agarré bien fuerte de unas cintas que estaban atornilladas a unos chapones. La nave comenzó a sacudirse y poco después hizo contacto con el suelo. El bicho se levantó de la palangana, agarró unas bolsas del supermercado coto que tenía y abrió la compuerta. —No bajés hasta que no te diga. —Ta… Salió y cerró la compuerta, ni siquiera me dejó echar una mirada para afuera el muy turro. Las ventanillas por las que había espiado para el espacio exterior estaban en un compartimiento más abajo y me era imposible llegar hasta ahí, porque ahora el cohete había adoptado una posición vertical y no tenía escaleras la babosa esta. También me puse a pensar en las cosas que tenía que preguntarle. Me tenía que responder unas cuantas preguntas. La principal, era si su pueblo había construido las pirámides. Aunque no llevaba ningún reloj encima y además desconocía la diferencia horaria entre Titán y la Tierra; me di cuenta de que había pasado un buen rato entre el momento en que el choclo con patas salió del cohete y en el que yo me encontraba. Me empecé a poner ansioso. Y forcé la puerta. Soy un tipo con mucha fuerza. Así que apoyé mi pie sobre el marco y tiré con todo del picaporte con tanta mala leche que lo arranqué. Cosa rara, luego de esto me apoyé de casualidad sobre la puerta y está se vino abajo. Pero cayó como una hoja que se la lleva el viento. Me imaginé que la gravedad no era tan fuerte como en la Tierra, así que me asomé al exterior y me arrojé al suelo desde una altura superior a diez metros. Pero, como ya lo había supuesto, fue más un brinco que una caída. El cambio de gravedad me favorecía. La visión fue bastante asombrosa. El horizonte estaba prácticamente todo cubierto por la masa apoteótica de Saturno y su inmenso anillo. El resto del planeta parecía una masa árida muy similar al paisaje antártico. Aunque a lo lejos se podía adivinar el estallido de algunos géiseres. Tomé nota mental de este detalle. Miré a mi alrededor y no vi ni una huella de mi amigo Don. El muy turro me había dejado solo con el cohete. A la buena de Dios. Esas cosas, pensé, no se hacen. Tomé mi pistola de rayos y ensayé unos disparos. La decepción fue enorme cuando descubrí que efectivamente se trataba de una pistola de agua de las que se compran en un *Todo por dos pesos*. El agua se había congelado, deduje que la temperatura de aquella luna saturnina era muy baja. Mi traje, por el momento, me protegía lo más bien. No descubrí en mi espalda ningún sistema de oxígeno. Sobre mi pecho colgaba una esfera plateada con la que se conectaba la manguera de mi casco. Dentro de esta esfera había una pequeña plantita en una maceta. Y otra vez me enorgullecí de mi elevado intelecto. El bicho me había puesto una plantita para que reciclar una y otra vez el aire que utilizaba. No era una planta que uno pudiera comprar en un vivero o encontrar en las cumbres del Himalaya, aunque no estoy muy seguro de esto último. Me quedé un buen tiempo esperando alrededor de la nave. Hasta que me harté. O le había pasado algo al bicho o me había dejado en banda. Yo no estaba dispuesto a morirme de hambre al lado del cohete. Así que tomé la decisión de internarme en aquel planeta en busca de víveres y vida inteligente. Los papeles se habían invertido y pasé a ser el invasor alienígena. Comencé a dar saltos a lo canguro para desplazarme, en poco tiempo recorrí lo que supuse fueron unos cuantos kilómetros. Me asombró la aridez de aquel paisaje. No había nada de nada. Los boquetes donde escupía vapor aquel planeta helado y después poco más. Me entretuve examinando grandes parcelas de lo que parecía ser cultivos de una cosa extraña que se asemejaba a un hongo, alrededor del cinturón del sombrero colgaban unas borlas rojizas que al acariciarlas con el dedo rechinaban como unas campanillas. Cuando arranqué uno de ellos, todo el cultivo se estremeció y me pareció escuchar un grito ahogado. El hongo se marchitó en un instante sobre mi mano enguantada y en pocos segundos se transformó en polvo. Me invadió una extraña sensación de culpa, la misma que sentía de nene cuando torturaba los gatos de mis vecinos o quemaba caracoles con fósforos. Decidí apartarme lo más rápido de aquel lugar. Pero cuando comencé a tomar impulso para dar el salto. Descubrí que no estaba tan solo como pensaba. Allá lejos se acercaban lo que parecían ser unos hombrecillos negruzcos montados en unas bestias de lo más insólitas. Salieron de los géiseres. Algunos eran expulsados a grandes alturas por el vapor que los enganchaba antes que pudieran escapar del pozo y por lo que pude ver no salían muy ilesos del tortazo que se pegaban. En poco tiempo me rodearon y me apuntaron con unas raras lanzas flexibles que poco y nada podrían hacer contra la dureza de mi traje de cuero. Eran unos bichos simpáticos. Negritos como el carbón, lo dije, tenían tres ojitos rojos agrupados en forma de triángulo y una trompa dentada que parecía servirle de nariz y boca a la vez. Poseían unos brazos largos con unas manos fuertes de cuatro dedos gruesos y las patas eran peludas y cortas. La piel estaba repleta de protuberancias duras como granos de roca. Montaban unos animales del tamaño de un pony que tenían una lejana similitud con los brontosauros terrestres, nada más que la cabeza difería del todo. Era puro hocico, enorme y trompudo. A los laterales se agrupaban cuatro ojos prominentes de cada lado. Eran cuadrúpedos y tenían las piernas delanteras más altas que las traseras. Algunos andaban de manera bípeda como los osos. Parecían animales bastante ágiles. Lo único que se me ocurrió hacer fue levantar la mano derecha, enseñarle mi palma y decir: &lt;/div&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7460/3313/320/860220/fant2.jpg" border="0" /&gt; —¡Vengo en son de paz! —esto fue producto de un sinfín de horas catódicas de *sábados de super-acción*. La verdad no sé me ocurría cómo hacerme entender. Intenté recordar alguna enseñanza de Carl Sagan en la serie Cosmos. Pero no. Hubiese dado lo que no tengo en aquel momento para esgrimirle en sus hocicos el disco dorado del voyayer. Los bichitos, simpáticos, me empezaron a pegar con las lanzas. Pero rebotaban como goma en mi casco de plástico. La verdad que era un asunto bastante divertido, hasta que empezó a llenarse de esta gentecilla. Hasta ese momento me habían caído muy bien. Pero comenzaron a agolparse y a pegarme con verdadera saña. Es que no había modo de hacerse entender. Por más que porfié de lo lindo. —¡Bueno, no! ¡Paren! ¡no! ¡paren! ¡No! ¡Malo! Noooo… ¡Bicho, malo! ¡No! En ese me dieron tal palazo detrás de la rodilla que me dejaron tirado en el piso como rezando al divino. Después me arrancaron la manguera y me cubrieron las tinieblas. Cuando me desperté me habían cambiado el escenario. Lo principal y más notable de todo es que me habían colgado de cabeza. Habían algunos de estos enanos ajustando unas cañerías de las que emergía un vapor ardiente cada tanto. Se respiraba un aire viciado y candente. Noté que me habían sacado el traje espacial y que en su lugar me habían colocado una sotana. El detalle: todo estaba colgando para abajo. Intenté subirme la pollera para taparme las partes pudendas, pero me habían atado las muñecas . Todo esto lo fui notando a medida que recuperé el conocimiento. Me sacudí de lo lindo, pero no tuve éxito. Me acordé de Luke en el Imperio Contrataca cuando lo rapta el monstruo de las nieves y supe entonces cuánto teníamos en común. Ensayé a lo Houdini todo tipo de escapes sin lograr absolutamente nada. Al final llamé a uno de estos animalitos y le pedí que me soltara. —Hola-yo-ser-humano-tu-mono-carbón-soltame. Tu-amo-te-ordena. El animalito me miró fijo con eso tres ojos rojos que tenía y levantó la trompa como riéndose. Se hacía el payaso. —¡No te hagás el vivo! ¡Llamá a tu encargado! ¡Quiero hablar ya mismo con tu supervisor! —estaba canchero con el tema de los reclamos. Había trabajado en Isi un tiempo largo y sabía lo que hacía. Me fallaba el idioma. Y a medida que pasaba el tiempo, me empecé a poner nervioso. No sabía cómo carajo salir de aquel embrollo. Los carboncitos seguían dale que dale con los tornillos, como si se les fuera la vida en aquello. Aguantaban hasta que salía una pequeña fuga de vapor del tubo y ajustaban los tornillos a conciencia. No se los veía muy veloces de mente, la verdad. Fuera de eso, el resto lo adiviné. Parecía estar bajo tierra. El lugar se parecía a un túnel minero. Veía pasar más de estos seres en unos carritos muy curiosos que se parecían a los de los autos locos, ya que tenía un enorme motor con grandes tuberas donde echaban grandes bocanadas de humo que inundaban aquel estrecho pasaje con un vaho húmedo con olor a sopa o chancleta vieja. Adónde iban con tanto apremio, ¿quién sabe? Ya había perdido las esperanzas de salir con vida de aquel embrollo cuando escuché el chu-chú de una de sus maquinitas andantes que se acercaba. ¡Chu-chú! Se paró debajo con tanta mala leche que la boca de la chimenea comenzó a arrojarme todo ese humo asqueroso encima. Uno de los enanos se trepó hasta donde yo estaba colgado como un jamón y cortó las ligaduras de mis pies. Bajé como un misil y quedé encastrado dentro de aquel tubo ardiente. Mis alaridos de horror y espanto no se hicieron desear. Dentro de aquel infierno de vapor y calor surgió un enano negro que me empujó hacia afuera, parecía que aquel vapor ardiente no le hacía el menor daño. Salí en menos de un segundo, pero la estancia fue suficiente como para que mi cara comenzara a llenarse de llagas. Fue una situación de lo más incómoda y distaba muchísimo de lo que yo imaginé como el primer encuentro entre una raza alienígena y la humana. La cosa cambió como si se hubiese dado vuelta el bote. Los enanos me llenaron de caricias y acomodaron mis ropas, cortaron mis ligaduras y me hicieron reposar en un asiento muy mullido. El conductor de aquel armatoste a vapor condujo por aquel laberinto de tuberías y túneles. Los enanos a medida que me encontraban se sumaban a la comitiva y me seguían. Al final logré reunir una multitud de estos abortos. La idea me divertía bastante, por lo que comencé a saludarlos del mismo modo insípido en que lo hacen los reyes. Movía mi mano como si fuese una lengua sosa y desabrida. Este detalle pareció encantarles. A medida que avanzamos gritaban más y más incoherencias. Parecían muy excitados. El asunto comenzó a preocuparme, por lo que decidí dejar de agitar la mano para no continuar removiendo sus ánimos. Al final llegamos al centro de aquella ciudad de tuberías. Era un enorme recinto, un verdadero laberinto titánico de tuberías que salían y entraban por todos lados. El centro estaba despajdo y había ubicado una especie de palco. Descendimos por una rampa muy pronunciada, Me agarré a los apoyabrazos, porque me dio miedo de irme de boca si al anormal que conducía se le ocurría frenar de golpe el espanto móvil. Parece que la cosa no iba de improvisada, porque había una verdadera multitud de estas cucarachas saturninas. Elevé mi mano una vez más con desgano y fui aclamado por un sinfín de voces. La horda se abrió paso a las piñas y por fin llegamos al centro de aquella caverna tubular. Vaya asombro que me llevé cuando vi ahí parado a mi amigo, el doble de Don Johnson. Se había sacado el disfraz, andaba de paisano entre los suyos. Tenía un vestido de un material similar a las lentejuelas de un color morado brillante. Eran especies diferentes, pero me pareció entender que los enanos negros le rendían pleitesía a los hombres-barba-de-ensalada. Me bajé del carrito y enfrenté a aquel traidor con mi cara quemada como el fantasma de la ópera. —¡Flaco! ¡Me dejaste de garpe en el cohete! ¿Sos vivo vos? El cabezón me miró con aquellos ojos vacíos que poseía y me habló a través de su mente. Su voz fluyó como un manantial a través de las circunvoluciones sangrientas de mi cerebro. —¿Todavía no entendés cuál es tu misión en mi humilde mundo de vapores ardientes? Te traje para hacerme más poderoso de lo que cualquier otro jefe fue alguna vez en Klibha. Quiero que siembres la semilla religiosa en mi mundo, sos el hijo de Dios. —¡Eh! —dije mientras me saqué un moco de lo más horrendo. —Es un planeta que no tiene conceptos trascendentales o religiosos. Hasta el día de hoy no había nada más allá de la muerte. Hace días que profeticé tu llegada y envíe una comitiva a tu encuentro. Sos tan extraño para ellos que no es difícil que crean en tu divinidad. —¡Largá, loco! ¡Cortenla, cortenla! —cuando comencé a entender de qué se trataba toda esa murga me puse como loco. Mientras se agachaba para reverenciarme. Continuó con todo el jaleo enfermo. Levantaba la voz y hablaba con esa voz extraña que tenía, que sonaba a chapoteo en un charco sucio. Parecía que les hablaba de mí. Los negritos me miraban maravillados. Me acariciaban. Parecía que me pedían perdón por haberme torturado. Tenían miedo que me saliesen rayos del culo. ¿Y ahora? —Vos ‘tás en pedo, viejo —le dije— ¡Qué niño dios ni que mierda! No ves que no tengo cómo volverme… —me sentí muy confuso. No lograba entender el planteo que me hacía. No me gustaba un cuerno representar un papel divino frente a estas alimañas. Me provocó una rabia loca el tema. Sobre todo porque me estaban boludeando. Y esa es la palabra justa, el tipo este. Extraterrestre, saturnino, Don Jonhson o lo que carajo fuera, me estaba tomando el pelo. Se había tomado el trabajo de llevarme hasta ahí para que le representara la fantochada. ¡A él! ¡Que no lo debía nada! ¡Tomá de acá! ¡Esta! Agarré al primer enano que me estaba hurgando los dedos de los pies con pasión eclesiástica y lo revoleé como un muñeco. Tenía una bronca bárbara. La verdad que se rompían fáciles estos bichitos, era como aplastar chizitos. No me cabía duda que los honguitos rechinantes que había encontrado allá afuera eran los hombrecitos carbones en sus primeros días. Había una novela, una serie de novelas de unos tipitos que vivían en el planeta de los hongos. Bueno, esto era parecido, pero de verdad. Me puse goloso con la matanza. No podía parar. Me acordaba de los dibujos del capitán América que se carga como a sesenta tipos a la vez y me la creía, pero la verdad es que la tenía fácil. Era obvio que no iba a terminar bien, después de un rato, les empezó a dar por las pelotas que el niño dios se pusiera tan cabreado. Qué no era un tipo tan bueno como me habían pintado. Que acaba de matar a la abuelita, al papá, al nene. Al final ni barba de ensalada pudo frenarlos. Se me vinieron encima con unos tubos de hierro que pegaban lindo. Me reventaron el marulo. Los llené de sangre. Ni benditos ni mierda. Sangre pura. Y el cabezón también, pero ese echaba como unos fideos negros y espesos por la boca. Nos castigaron feo. La noche de san Bartolomé fue una caca al lado de esto. Así concluye la cosa. Hace unas horas que colgamos crucificados, el cabeza y yo. Morales y los pibes durmiendo la mona, allá lejos en la otra punta del universo. Yo acá, bendito, librando de los pecados a estos carbones. ¿Algo más? ¡Psshh! ¡Dentro de tres días te cuento! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2509372350964337520?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2509372350964337520/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2509372350964337520&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2509372350964337520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2509372350964337520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/04/el-nino-dios-saturnino.html' title='El niño dios saturnino'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-8180235973445587573</id><published>2011-02-16T09:23:00.001-03:00</published><updated>2011-02-16T09:23:56.670-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>Noches porno de luna llena</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ0jzBvmzI/AAAAAAAAA2k/kAenXVGspEs/s1600-h/lobison.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256391873436556082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ0jzBvmzI/AAAAAAAAA2k/kAenXVGspEs/s400/lobison.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasé sin llamar y le dije a mi jefe:&lt;br /&gt;-Me tomó los tres días, bah, los dos de franco y el que me debían. Ese que me debían.&lt;br /&gt;-No te debíamos nada.&lt;br /&gt;-Me deben la vida.&lt;br /&gt;-No te debíamos un franco.&lt;br /&gt;-La vida.&lt;br /&gt;-Un franco. ¿De cuándo?&lt;br /&gt;-Desde hace mil. Sí.&lt;br /&gt;-Bueno, tomatelo.&lt;br /&gt;-Bueno, porque me voy a la costa. A descansar. A descansar, que me lo gané, ¿o no?&lt;br /&gt;-¡Qué sé yo! ¿Te lo ganaste?&lt;br /&gt;-¡Me lo gané! ¡Claro qué sí, claro que guey!&lt;br /&gt;-Dale, rajá así no te veo la napia por un tiempo. Que sea largo, tratá.&lt;br /&gt;-Por mí...&lt;br /&gt;Empecemos con las explosiones, porque sino se cae. Es difícil que te sientes y leas mis memorias, las de un blogger, comprometido con lo que pasa hoy y con lo que sentís vos, que te masturbas frente a la pantalla del monitor y te secas el esperma con el rollo de cocina, para no dejar huellas, porque sí, no porque te creas Lupin o Sherlock Holmes.&lt;br /&gt;Tenía tres días para irme afuera. Lo primero que pensé fue pirarme para la isla Martín García, ahí tenía un contacto que por chaucha y palito me alquilaba un grupo, no muy numeroso, de nenitas que no alcanzaban los 12 años para hacer lo que se me antojara, que era mucho. La otra era ir a una estancia a comer asado hervido durante tres días y la última, de carpa a unos viveros que quedaban cerca de Necochea, pero lejos de todo. Me incliné por la última opción. La consideré audaz y fuera de lo común&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;Cuando me monté al ómnibus en Retiro me dio cargo de consciencia. El hecho de abandonar Buenos Aires, por tan pocos días, me parecía banal. Siempre existía la posibilidad de aprovechar el tiempo en otra cosa&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;. Eran tres días, en medio de la nada, para hacer vida de Robinson y convencerme que vivía una verdadera comunión con la naturaleza, yo: el asaltante de trenes, el bándalo del subte, el hombre gris de la oficina.&lt;br /&gt;La tesis que barajaba era desarrollar tres proyectos científicos:&lt;br /&gt;Punto uno:&lt;br /&gt;-Encender el fuego con el reflejo del sol sobre el vidrio de una lupa.&lt;br /&gt;Punto dos:&lt;br /&gt;-Encender fuego frotando dos varas de madera entre sí.&lt;br /&gt;Punto tres:&lt;br /&gt;-Confeccionar un cuchillo primitivo a golpes de piedra. Bañarme desnudo en el mar, sacarme fotos obscenas en lo más profundo del vivero, bajo la sombra de los pinos.&lt;br /&gt;Me propuse retroceder algunos miles de años en la evolución, porque siempre fui amigo de la paranoia y me obsesionaba la idea de que el Apocalipsis me sorprendiera en bolas.&lt;br /&gt;Quería estar preparado. Por eso era urgente aprender los vericuetos de la sobrevivencia cuanto antes&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;El viaje se hizo largo, interminable. Arriba del micro, el tiempo pasaba a cuentagotas, la tele estaba rota, pero me aclararon que la video no. La video andaba. “Gracias, gracias”. Y a medida que la aguja evolucionaba en el reloj mi vejiga se hinchaba hasta un grado alarmante. De capricho, nomás, me aguanté las ganas de piyar. No podía soportar la certeza de ir al baño del ómnibus y toparme con la puerta cerrada. Era esa clase de experiencias a las que no sobrevivía. La sola idea de contemplar el rostro abotagado de la gente que se tienden en el asiento del micro, como en la cama de sus casas, que se sacan sus zapatos y se cubren con sábanas pesadas y húmedas, como digo, la idea de enfrentarme a esos ojos de mirada vacua que juzgan y condenan mi escaso talento telepático para sorprender el baño desocupado como si fuese el más bajo de los imbéciles; me resultaba insoportable.&lt;br /&gt;Así que bueno, me contuve y ensayé mentalmente miles de formas de orinar desde mi asiento sin que me sorprendieran. Concluí que el pañal para adultos era una forma elegante de piyarse encima, que elude con elegancia las miradas curiosas.&lt;br /&gt;Llegué a Mar del sur a la madrugara, me puse la mochila al hombro y me largué a caminar, me quedaban casi treinta kilómetros hasta el vivero, comenzaba la vida de salvaje. Saludé al último bastión de la civilización y me alejé por un camino de tosca que sólo transitaban los teros y algunas vacas perdidas&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;[4]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;A las nueve de la mañana, el sol ardía en lo alto del cielo y me despellejaba la piel de mi cabeza afeitada como si fuese una naranja. Tomé una remera del bolso y comencé mi curso de &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ1s-0fQAI/AAAAAAAAA2s/I_hckOroxvI/s1600-h/NaschyM-MarcaHombre01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256393130732634114" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ1s-0fQAI/AAAAAAAAA2s/I_hckOroxvI/s400/NaschyM-MarcaHombre01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;sobrevivencia. Para no gastar agua al cuete, arrojé el trozo de tela al piso y oriné sobre ella. La escurrí un poco y me la enrrollé en la cabeza como si fuese un turbante. A la media hora de cocerse bajo el sol, la remera comenzó a desprender un aroma fétido y un manto de vapor comenzó a obnubilar mi visión de lince. Cuando el sudor que caía de mi cabeza se mezcló con el sabor agrio de la orina, sentí que era demasiado y me quité el trapo, gasté casi una botella entera de agua en refrescarme la nuca y quitarme el olor a basural que se formó en mi coronilla. Algo decepcionado, hice un alto y me senté sobre la mochila que comenzaba a despellejarme los hombros. Tenía la espalda empapada de sudor. Me desaté las zapatillas, me quité las medias que arrojé entre unos cardos. Me puse unas alpargatas que estrené en ese momento. Más que nada para darme aires de paisano. Rebusqué entre los trapos que llevaba dentro de la mochila, saqué una botella de jugo que ardía y bebí un trago. El líquido atravesó mi garganta como se tratase de un manojo de vidrios.&lt;br /&gt;-Ah, mierda...&lt;br /&gt;La vida en la naturaleza, que había empezado apenas tres horas antes, comenzaba a tornarse insoportable. Un blogger como yo, no estaba hecho de madera de héroe, era tiempo de que lo entendiera.&lt;br /&gt;Hice una visera sobre mi frente y miré el camino que se perdía entre dunas cubiertas por pasto y vegetación costera. Las gaviotas chillaban en el cielo y soplaba un viento cálido que no refrescaba nada. Me pregunté si llegaría al vivero antes de que anocheciera. Me puse de pie y seguí caminando.&lt;br /&gt;Además de mis bufidos graves, los únicos sonidos que rompían el silencio era el de las olas al estrellarse contra el desfiladero y el del viento que chiflaba en mi oído. Acostumbrado al bramido urbano, la quietud tenía mucho de sobrenatural. Nada interrumpía la paz. Al mediodía comenzó a asaltarme una modorra devastadora. Venía mal dormido y necesitaba recuperar energía. Me tiré sobre una duna y abría la mochila. Saqué las provisiones, un paquete de galletitas criollitas que devoré en escasos segundos y como postre: diez caramelos media hora. Los carbohidratos me proporcionarían energía suficiente como para mantenerme de pie, la proteína que necesitaba para llenar de sangre mis músculos pensaba extraerla del coto de caza que encontraría dentro del vivero.&lt;br /&gt;Luego de una breve siesta me puse de pie y me largué a escape. Caminé hasta que las alpargatas se deshilacharon. El sol comenzaba a caer sobre el horizonte marino y todo el campo se tiñó de un manto anaranjado&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;[5]&lt;/a&gt;. A lo lejos vi las primeras formaciones boscosas que se alzaban entre las lomadas.&lt;br /&gt;Llegué al vivero de noche. Me serví de una linterna a dínamo y con no poco esfuerzo armé la carpa. A la mañana siguiente pondría a pruebas mis proyectos científicos.&lt;br /&gt;Me colé dentro de la carpa y encendí el pequeño farolito o sol de noche que traje en mi mochila todo terreno. Abrí una lata de sardinas, nunca me gustaron las sardinas, pero como leí por ahí que uno debe comer alimentos envasados cuando se atraviesa una situación límite, me incliné por ese pescado nauseabundo. Las acompañé con un poco de pan recubierto por una capa de arenisca. Al terminar mi cena de anacoreta, me sequé las manos sobre la manta que extendí en el piso y me recosté. La carpa era tan chica que tuve que sacar mis pies por afuera de la abertura. Por un momento, temí que me devoraran los perros cimarrones, que abundaban en los viveros, pero supuse que el hedor a macho alfa que desprendía mi cuerpo sería suficiente para ahuyentarlos. Me cubrí bien con un mantel, puse la alarma del celular a la mañana -bien temprano- y apagué la luz.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ2TsIzbkI/AAAAAAAAA20/W51FV1Z1sRs/s1600-h/lobison2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256393795732467266" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ2TsIzbkI/AAAAAAAAA20/W51FV1Z1sRs/s400/lobison2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cerré los ojos y me adormecí con el sonido vaporoso de las olas que rompían sobre la playa. Una ventisca álgida penetraba la carpa, pero no lo suficiente fría como para quitarme el sueño.&lt;br /&gt;A la mitad de la noche abrí los ojos y permanecí un largo instante –algo así como un extenso espacio de tiempo sin contabilizar- suspendido en un estado de duerme vela. Sin saber si mis sentidos se embebían de los fenómenos externos o de lo que acontecía dentro de mi cabeza. Afiné mi oído y presté atención, un chirrido molesto, como un gruñido animal resonaba que alrededor de mí. A ciegas, tanteé en el piso, buscando mi linterna. Como todas las herramientas útiles, estaba fuera de mi alcance, escondida hasta que ya no necesitara utilizarla. Bufé y volví a cerrar los ojos, como si mi acción diluyera por sí sola la presencia externa que me desvelaba.&lt;br /&gt;El sonido continuó y elevó su volumen como si se acercara. En un primer momento pensé en los perros cimarrones, pero lo descarté. Era una voz carrasposa y brutal, una especie de bramido simiesco. Algo que no tenía parangón con la especie canina. La proximidad del peligro me puso alerta y me desperté. Permanecí de cuclillas dentro de la carpa, buscaba con urgencia la linterna, que no podía encontrarla entre el manojo de basura que se apilaba a un costado, entre mis ropas y los restos de comida de la cena nocturna. Concentrado en mi búsqueda, me sorprendí cuando la carpa se me vino encima y luego fue arrancada de cuajo, me enredé un segundo con las telas y las varillas de la carpa y luego rodé al descampado. Cayeron sobre mí todas las provisiones que apilé dentro de mi refugio. Tan asustado como sorprendido, no pude evitar mirar hacia arriba, la noche era cerrada y la oscuridad me dejó distinguir muy poco. Lo único que llegué a entrever fue mi carpa perderse entre las nubes, prendida a un animal que no tenía lugar en este mundo repleto de intrascendencias.&lt;br /&gt;Fruncí el entrecejo, la situación me superaba, el ave que me arrebató la tienda para ser chimango era grande. Me dejó preocupado, no contaba con esa clase de contratiempo. Me agaché y reuní mis pertenencias en una pila. El rugido continuaba con toda su fuerza, parecía ser que los dos fenómenos no estaban emparentados como sospeché en un principio. Me sentí indefenso como las damiselas que antaño aullaban en lo alto de las atalayas. Me acurruqué sobre los trapos que me quedaban y me pregunté quién me mandó a hacerme el boyscout, con treinta y pico de pirulos encima y pelado como una rodilla.&lt;br /&gt;-EeeeuuUUUUEAAAHHHHEUUUhhhheeeuuuuuuuuuu –aullaba un monstruo que imaginé como un Leviathan enfurecido. Sorprendido, di un respingo y descubrí dos esferas púrpuras suspendidas en el muro de oscuridad que se interponía frente a mí, los ojos de la bestia transmitían una expresión perversa y recargada de cinismo. Como si se regodeara con el pánico que me despertó su cántico macabro.&lt;br /&gt;-¿Quién está ahí? ¡¡Toy armado!! ¡¡Toy armado!! ¡¡Ojo!!&lt;br /&gt;Se escuchó una risa sofocada. Ni siquiera podían tomarme en serio. De algún modo, el sonido de la risa me relajó un poco, entendí que no me enfrentaba a una bestia salvaje, sino a un animal racional. Mi abanico de armas se afianzaba.&lt;br /&gt;-Gilún... –una voz carrasposa me acusó desde el abismo boscoso.- ¡PAJERO!&lt;br /&gt;Tras escucharlo, me volvió a dominar el terror. La voz, de tono imperioso, me llenaba de espanto. No sabía cómo enfrentarlo, su sarcasmo, en medio de la nada, me desbarataba. Alcancé a susurrar:&lt;br /&gt;-Ojo, de verdad, sé algo de judo. –y en seguida me reproché detallar el alcance de mi técnica. Una brasa ardiente relumbró en las tinieblas y demarcó la presencia concreta de la bestia que me acechaba.- Y tengo un 22… cargado –agregué para darle polenta a mi discurso.&lt;br /&gt;Lo escuché reírse y observé el arco de luz que hizo el cigarrillo cuando lo arrojó lejos de sí. Escuché quebrarse las ramas que yacían en el suelo y a los arbustos que me redoeaban, removerse. No era el viento. Mi cuerpo se tensó y quedé tieso como si me fuese a chocar una máquina diesel. Un vaho fétido se coló por mis fosas nasales y me removió el estómago. El hedor era rancio como el que nos afecta cuando atravesamos, sin percatarnos, la guarida de un ciruja, un pequeño rectángulo recargado de cartones con un fuerte olor a orina estancada y a heces putrefactas. Delineado entre las sombras de los árboles entreví la figura de un ser de apariencia simiesca. Sus ojos pálidos, de color naranja, brillaban sin vida y me observaban con ansiedad. Retrocedí unos pasos y tropecé con un manojo de ramas, caí de espaldas y solté un grito afeminado, que por su tono y débil templaza, transmitía un pedido desesperado de piedad. El animal se precipitó sobre mí y me abrazó, el contacto con su cuerpo piloso, de cabellos crespos, endurecidos y húmedos, me repugnó. Su aliento fétido y vaporoso me obligó a contener la respiración, por un momento recordé mi viaje diario en tren, sometido a la turba humana y a su sangre ardiente. Se hizo un claro entre las hojas de los árboles, la luna lanzó sus rayos y me permitió vislumbrar el rostro de mi atacante. Poco tenía de humano, el maldito. Su cara, de rasgos contenidos, como achicharrados por un escultor maníaco, se asemejaban a los de Valdemar Danisky en sus horrorosas noches lobisonas. El animal, sumido por una fiebre guerrera, gemía e intentaba girar mi cuerpo para ponerme de espalda y así quedar indefenso. Mis duros entrenamientos en la escuela del hierro me permitieron resistir el embate del monstruo. Alarmado, sentí el golpe prodigioso de su bálano sobre mi entrepierna. El hijo de puta estaba en celo y, además, le gustaban los monos depilados como yo. No, si para mala leche estaba mandado a hacer. Le decía bajito: “para, para, para, para, para…” ¡Y una mierda!. ¿Qué bola podía darme? En medio de la nada, en su territorio y yo limpito, listo para que me rompieran la telita. Lo que no pudo aquella vez Ñogui, lo que intentaron en vano los doppelgängers, lo lograría el lobisón del vivero. Sus manos carnosas recorrieron mi pantalón y lo desgarraron de un manotazo. Grité como una niña cuando sentí que sus garras me arañaban la pierna. La bestia me lanzó su aliento y arrebatado por una furia amorosa, me babeó la cara mientras me cubría el rostro de besos&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn6" name="_ftnref6"&gt;[6]&lt;/a&gt;. Gemí en vano. Sentí como se estrujaban mis testículos cuando la gema ardorosa del monstruo tanteó mi boca oscura y embistió.&lt;br /&gt;Mi aullido fue tan desgarrador como el trozo de piel que se me abrió debajo. Sentía que un brazo vascularizado recorría mis entrañas, una larva de hierro que dividía en dos mis intestinos. La bestia duró poco, mi ano desbordó un líquido pegajoso y el lobisón intentó retirar su pijote, pero no pudo. Como les ocurre a los canes, el pene del lobisón se hinchó durante su acto y le era &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ4YJMOohI/AAAAAAAAA28/5aiHK3rXV6k/s1600-h/JOAN_supersize_01w.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256396071274193426" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ4YJMOohI/AAAAAAAAA28/5aiHK3rXV6k/s400/JOAN_supersize_01w.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;imposible extraerlo. El monstruo consternado, se puso violento y descargó sus nudillos sobre mi espalda desnuda. Evacuó su furia del mismo modo que lo hizo con su líquido seminoso. Después de un rato se contuvo, dejó caer su cuerpo brutal sobre mi anatomía abusada y se echó una siesta, mientras su cipote latía dentro de mi cavidad intestinal. Recordé el episodio del librero y lloré. Me prometí silenciar esta aventura, que nada tenía de dichosa y mucho de trágica. En el cielo comenzaba a brillar los primeros rayos diurnos. Unas aves gigantescas atravesaron el firmamento en un vuelo pausado. El monstruo quitó su mástil de carne, pasó su mano sobre su pecho y espalda para desprenderse el manojo de tierra que se prendía a su pelo crespo, me miró y sonrió.&lt;br /&gt;-Sea varón o sea nena, no me hago cargo, mamita linda.&lt;br /&gt;Mientras el monstruo hablaba, sentí deslizarse un líquido gelatinoso bajo el arco de mi entrepierna. Me pasé una hoja por la raya del culo casi como un movimiento mecánico para sacarme la chanchada. El lobisón sacó un paquete de cigarrillos del pantalón de jeans que dejó tirado a un lado del campamento y me miró.&lt;br /&gt;-¿Vos usás colonia?&lt;br /&gt;-Sí, “Pibes”…&lt;br /&gt;-Te vendió, flaquito. Si no fuera por eso, no te hubiese olido. Ando resfriado. Te metiste solo en la cueva del lobo. Pero tranquilo, que no pasa naranja. Yo me tengo que ir que le tengo canguelo a los avechuchos que dan vuelta por acá. –señaló el cielo con el mentón mientras se ajustaba los pantalones y se calzaba unas alpargatas roñosas. Antes de irse, me tomó por el mentón y me dio un beso en la boca. Los pelos de su cara me lastimaron, pero no dije nada. Era un buen amante&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn7" name="_ftnref7"&gt;[7]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Vamos unos pocos párrafos y se pone insoportable. La aventura que se perfila es chata como un fatay árabe y no promete nada. Al costado tienen una gama de vínculos que puede ser que despierten sus intereres.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; ¿Cómo se puede aprovechar el tiempo en otra cosa? Primero, no leyendo una línea más de esto. Segundo, dedicarse por entero a lo que dicta el instinto. Los asesinos seriales lo hacen y no les va mal.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Esto es todo, eh. No esperen mucho más. La historia termina cuando me coge por el culo un lobisón, si quieren seguir sigan. Pero, como dije. no hay mucho más.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref4" name="_ftn4"&gt;[4]&lt;/a&gt; Es una cosa intolerable. Hasta esta nota lo es.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref5" name="_ftn5"&gt;[5]&lt;/a&gt; Todo esto es poesía, así, en carne cruda. Eh, puto.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref6" name="_ftn6"&gt;[6]&lt;/a&gt; Esto me dio más miedo que la violación en sí, la perspectiva de un noviazgo no me alentaba.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref7" name="_ftn7"&gt;[7]&lt;/a&gt; Y eso es todo, fin. Nunca más. Cuando la empecé iba a ser un cuento bien borgeano sobre animales prehistóricos y esas cosas y al final dije: “má sí que me hagan el orto”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-8180235973445587573?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/8180235973445587573/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=8180235973445587573&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8180235973445587573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8180235973445587573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/02/noches-porno-de-luna-llena.html' title='Noches porno de luna llena'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ0jzBvmzI/AAAAAAAAA2k/kAenXVGspEs/s72-c/lobison.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2387733372620317755</id><published>2011-01-11T09:49:00.001-03:00</published><updated>2011-01-11T09:49:28.257-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hijos de Yaveh'/><title type='text'>¡Por un bigote de nada!</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RqYOtijN01I/AAAAAAAAAE4/t14mqmP9hgI/s1600-h/ji.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090772604320338770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RqYOtijN01I/AAAAAAAAAE4/t14mqmP9hgI/s320/ji.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Lo que hice fue esto, me dejé el bigote. No era una cosa "¡Guay, qué bien que me queda! Pero zafaba. El problema con estar pelado es que uno aburre muy rápido. Un rostro, sin cabellos en la capocha se hace díficil de tragar en el día a día. Su visión es degastante. Si uno está pelado, es el mismo tipo todos los años. La cara tal vez se derrita un poco, los ojos tal vez esten cada día más abajo, los labios pendan como gajos de frutos podridos y las bolsas bajo los ojos se hinchen como medusas en una roca ardiente; pero fuera de eso todo sigue igual.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El hecho fue que me puse tegobi, con forma de U invertida, para darme aire de macho. Era conciente que atravesaba una delgada línea entre la homosexualidad y la masculinidad. Los extremos se tocan y, en mi caso, una forma exagerada de masculinidad puede dar a entender todo lo contrario: una forma explícita de expresar adoración por personas de mi propio sexo. Pero esto no es más que un devaneo. El problema no era sexual; el problema era la imagen. El bigote se encuentra tácitamente prohibido en las fuerzas del orden, a pesar de ser la máxima expresión del poder cohercitivo en nuestra historia nacional. O tal vez por eso mismo, los popes judíos no querían que diéramos a entender que ellos estaban de acuerdo con un sistema de terror y dominación que apoyaron con sus fondos pecuniarios décadas atrás. Porque el sistema del imaginario nazi no está en contradicción con la gran conjura sionista. La máscara farisea es la ley a seguir. La imagen de nuestra fuerza de seguridad es la debilidad, la inocencia que, como muchos intuyen, es sólo vapor de ducha que oculta a un poderoso guerrero berserker dispuesto a todo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El primer indicio del disgusto lo tuve con las bromas que me hacían mis superiores inmediatos, me tildaban de D' Artagnan, como si aquel legendario capitán de mosqueteros pudiese equiparar sus sosos logros de borrachín de taberna con la gloria y vastedad de mis hazañas. O concluían que el pelo crecía con fuerza en mis labios para no hacerlo sobre mi mollera, en un verdadero arrebato de ingenio. La prueba más clara la obtuve cuando uno de los máximos líderes hebreo del yopin clavó su mirada porcina sobre mi porción pilosa. Su rostro se desfiguró en un visaje despreciable, recargado de repulsión y rechazo, pude leer en sus ojos el pavor que le provocaba la visión de aquella porción de pelos en U sobre mis labios. La imagen y el concepto mítico de Galerías se derrumbaba con aquellos bigotes. Yo tenía en mis labios el cohete v-2 que podía acabar con el sueño de estos herodes. La gema de poder y destrucción por un momento obnubiló mi entendimiento, el abismo que se abrió bajo mis pies me produjo vértigo. Fui poseso por un incontrolable climax sexual y percibí mi antigua reencarnación asolando hordas de esclavos bajo el yugo desgarrador de un látigo de cuero crudo empuñado por mi muñeca. Vislumbré las gajos de carne de aquel porcino hambreado, presa de convulsiones violentas por la diarrea involuntaria que le despellejaban los muslos por la continua catarata amarronada que emergía de su oscuro ano. Me di cuenta de que el destino no se había ensañado con la venganza y si bien había colocado a mi esclavo en una posición superior a la que me encontraba yo en aquel entonces, no tenía mi nuca bajo su zapato. Eso era bastante y además él no lo sabía. Lo único que se estremecía ante mi presencia era la porción reptiliana de su cerebro que intuía nuestro pasado violento.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ese mismo día, cuando llegué a mi casa, bajo la bandera de un partido prohibido, quemé mis bigotes con un encendedor y aspiré el rancio aroma de pelo quemado. Hedor que mi inconciente asociaba con toneladas de cenizas que se esparcían en el cielo difuso del tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2387733372620317755?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2387733372620317755/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2387733372620317755&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2387733372620317755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2387733372620317755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2011/01/por-un-bigote-de-nada.html' title='¡Por un bigote de nada!'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RqYOtijN01I/AAAAAAAAAE4/t14mqmP9hgI/s72-c/ji.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-1710837486047230826</id><published>2010-12-28T10:07:00.001-03:00</published><updated>2010-12-28T10:07:36.573-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>El día que metí la gamba</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R2vkQS9tZCI/AAAAAAAAALM/ZAv0VH9OKB4/s1600-h/crum.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5146457967820629026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R2vkQS9tZCI/AAAAAAAAALM/ZAv0VH9OKB4/s400/crum.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Bueeeennnn díiiiiiaaaaa, señoooooooooorrrrrr, ¿Cóoooommmmooo leeee vvvvaaaaaaa? –me dijo Nogui, un auténtico subnormal que me embaucaba las mañanas con su cara de enano, prisionera en un cuerpo de gigante. Medía unos muy mal llevados dos metros y moneditas. Tenía más cadera que hombros y sus ojos, feos por naturaleza, se deformaban detrás de unas gafas con lentes culo de botella. Los dientes escapaban de sus labios –podría decir belfos- y sus manos parecían las garras de un buitre. Siempre estaba encorvado y sonreía feliz de la vida, tan estúpida como suele serlo, que le tocó en suerte.&lt;br /&gt;Ñogui –el significado y la raíz de ese sustantivo que no puede denominarse “nombre” siempre me fue ajeno- sentía debilidad por mi persona, la posición favorecida en el trabajo que ocupo, parecía intrigarlo y tal vez su seso marchito intuía que podría escalar hacia horizontes más favorable si ganaba mi favor. Pero todo eso, ya lo saben, me repugnaba. No me interesaba que ese cuerpo de fenómeno circense pudiese contener el alma impoluta del último cristiano, que además no era el caso; me bastaba con observar esa cara fruncida por la felicidad permanente, la dicha constante que sólo poseen los imbéciles en este mundo de desgracias. Otro punto en contra era que nunca me tuteaba, siempre me trataba de usted, intuyo que ese trato seudo-formal, seudo-irónico, era el no va más de la gracia para Ñogui.&lt;br /&gt;El hecho de que no fuera de mi agrado no podía asombrarme, porque son pocos los que ganan mi gracia, pero descubrí, a través de diálogos accidentales con otros miembros del trabajo, que el muchacho envilecía el ánimo de todos. Nadie podía soportar su eterna sonrisa, su alegría continúa. Ñogui causaba náuseas en el ánimo de todos.&lt;br /&gt;Cuando se me daba por almorzar en el vestuario, lo encontraba atravesado entre silla y silla. Era tan largo que ocupaba todo el pasillo al descansar sus piernas de flamenco sobre un banco.&lt;br /&gt;Ese día me recibió con su frasecita de cabecera:&lt;br /&gt;-¡¡¡Buuuuuueeeennnnnn díiiiiiiaaaaaaa, señoooooorrrrrrr!!! ¡¡¡Buuuuueeennnnnn proooooveeeechhhhooooo!!!&lt;br /&gt;Gruñí como un gorila en celo y abrí el loker de un golpe. Me quedé mirando los cuellos sucios de mis camisas mientras decidía a comer ahí, en presencia del monstruo o salir a pasear un rato y descargar mi resentimiento hombreando transeúntes en la calle Flor Herida.&lt;br /&gt;-Voy a comer algo... ¡VOY A COMER ALGO! No... No, me rompás las pelotas... ¿Eh? –le dije o grité entre trabucado y nervioso por la furia que me desbordaba.&lt;br /&gt;Me senté de golpe sobre una silla de plástico cuarteado por el uso. La cabeza gacha, mirando las baldosas sucias con restos de comidas y de chanchadas varias.&lt;br /&gt;-Paaaaareeeeceee queeee annnndddaaamoooss nervvviooossssoooosss... ¿Leee viiiinoooo el aaannnnddreeeesssss, seeeñoooorr?&lt;br /&gt;Le clavé una mirada obesa de locura. Y le hice una tijera con los dedos. Me miró y se rió, feliz, satisfecho de su ingenio de niño especial.&lt;br /&gt;Después de eso comí dos sandwiches de hamburguesa de pollo y, como todos, entré en un estado de enajenación primitivo, mientras mi cerebro dedicaba todo su esfuerzo a mover la mandíbula el suficiente número de veces para no morir atragantado por un trozo de comida.&lt;br /&gt;Cuando terminé, me levanté y me dirigí al lavatori. Salté esa barrera de carne blanca y mortecina que eran las dos piernas del energúmeno. Dormía a pierna suelta, roncaba con la boca abierta y babeante. Arrojé los restos de comida dentro del tacho. Me eché una meadita apresurada y, recuerdo, no la sacudí bien, porque un lamparón húmedo de meo me traspasó los calzones hasta los pantalones, lo que me provocó una vaga sensación de incomodidad que no me abandonó.&lt;br /&gt;Cuando volví a saltear al monstruo, se me trabó el tobillo en una de sus piernas, tropecé y caí con las muñecas, fue una caída triste, parecía una nena. Permanecí unos segundos en el suelo, debatiéndome como una larva. Lo suficiente para que el ogro abriera los ojos y descubriera mi desgracia. Me señaló con uno de sus dedos largos y comenzó a reírse con esa gracia nasal, antipática. Me puse de pie y le di un golpe en la punta de las orejas para que la cortara con la gracia. Todo lo sabemos, me pude haber matado. Pero el Huno de la Boca, continuó con su risa, no podía contenerse y sabía apretar la clavija hasta sacarme de mis cabales. Me puse serio y aguardé, tenía que parar con la risa, pero era un increscendo infernal, comenzó a golpearse las piernas y a llorar. Se tomaba el estómago y gemía angustiado por el dolor. Decidí acabar con esa farsa de inmediato. La idea de la violencia me puso ansioso, no pude evitar un temblor histérico en mi pierna derecha y que mi mirada se obnubilara de furia. Le grité algo, no sé qué fue. Recuerdo que me callé de pronto porque me salió un grito agudo, un chillido de vizcacha que me avergonzó y redobló la burla del gigante. No aguanté más y le pegué con la mano abierta. Pero no tuve suerte, estaba tan nervioso que no calculé el golpe, lo que pensé que iba a ser un impacto fulminante no pasó del cariño. Ñogui, abrió la boca y lanzó un sonido grave, no sé qué quiso significar, pero me asustó. Me quedé quieto como una liebre encandilada por los focos de un camión y supe que me venía encima todo el acoplado. Intenté huir, pero cuando di tres pasos hacia la puerta, sentí que las garras gigantes hicieron presa sobre mis hombros y me expulsaron hacia atrás. Una de sus manos me presionó la cabeza y me doblegó. Fue una cosa rápida y brutal. No entendí muy bien qué pasó, la mano presionó mi nuca y no me permitió levantarme. Pleitesía obligada al gigante deforme. Supe que la cosa venía mal cuando mi olfato fue dominado por un intenso olor a queso rancio, alcé las cejas para observar el panorama y descubrí a menos de dos centímetros de mi rostro la gema violeta de lo que era el enorme cipote de Ñogui que se agitaba como una serpiente cascabel. Intenté desprenderme de la mano que me apresaba, pero Ñogui perforó la carne de mi nuca con sus filosas uñas y con su otra mano me hundió tres dedos adentro del ano, para eso me coló dentro del boquete, el calzón y mi pantalón, ese, el que había orinado. Intenté mover el cuello o las piernas, pero la presión me obligó a arrodillarme. Aullé como un loco, desesperado. La gema carmesí palpitaba y rozaba mis mejillas como buscando el momento adecuado para penetrar la boca. Me embargó una sensación de impotencia tan grande que lloré como un nene y moqueé a lo pavote, mientras su pija, esa mascota gorda, venosa y violeta, recorría como un caramelo todo mi rostro. Cuando el absurdo, el miedo y la sensación de vacío llenó de mierda mi espíritu, me quedé quieto y aguanté el sifonaso de virilidad de Ñogui sobre mis labios. Después de eso, me pegó una trompada en la nuca que me dejó grogui sobre el piso, escuché que se subía la bragueta y que se iba.&lt;br /&gt;Todavía soporto que me traté de usted y que me diga... que me diga: “vos sos mi nena... Mi neeeee-naaaaa”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-1710837486047230826?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/1710837486047230826/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=1710837486047230826&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1710837486047230826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1710837486047230826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/12/el-dia-que-meti-la-gamba.html' title='El día que metí la gamba'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R2vkQS9tZCI/AAAAAAAAALM/ZAv0VH9OKB4/s72-c/crum.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2308329001284063355</id><published>2010-12-21T09:52:00.001-03:00</published><updated>2010-12-21T09:52:20.642-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>Proezas futuras</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R6m6f6NXI1I/AAAAAAAAAV0/gNxcNMMdgXM/s1600-h/phantom_empire_poster_2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5163863505120994130" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R6m6f6NXI1I/AAAAAAAAAV0/gNxcNMMdgXM/s400/phantom_empire_poster_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-Te digo una cosa... Yo acá estoy hace más de treinta años y nadie y cuando digo nadie...¡Qué hacés cabeza de choclo! ¿Todo correcto? Te presento a Eusebio, un pibe nuevo, empieza hoy...&lt;br /&gt;-Un gusto...&lt;br /&gt;-Un gusto –respondí.&lt;br /&gt;-Vamos, sigamos o no terminamos más... –me dijo el viejo pelado que me iniciaba en los secretos del trabajo de vigilancia- Ése que ves ahí es el jefe de limpieza, el supremo, un pelotudo. Dicen que era hijo de negros... ya no hay más de eso, Dios me libre... Vos sos pibe, pero en mi época estaba atestado de negros, una cosa infernal.&lt;br /&gt;-¿Ah, sí?&lt;br /&gt;-¡VOS NO HABLÉS! Quedate mosca, hay micrófonos por todos lados –se inclinó y me susurró al oído como un conjurado- Nos tienen vigilados... -luego infló su pecho raquítico y se lanzó con otra mentira, mientras divagaba, le miraba la pelada lustrosa que iluminaba su cabeza- Hasta hay un programa en la tele, en el canal 128, ¿nunca lo viste? Lo hace un pibe de acá, también de limpieza. Tiene una pija de veinticinco centímetros, es un burro. Está bueno, ¡bah, zafa! Y esta parte es donde la gente se compra la ropa y todas las boludeces esas, ahora están refaccionando. Hace treinta años era una locura, nada que ver con esto. Lo que queda es cartón pintado, pero viste como es esto, la marca, la marca vende. Y acá si hacés buena letra podés estar toda la vida. ¿Vos sos marciano, no?&lt;br /&gt;-Nací en Marte, pero mis viejos son de acá.&lt;br /&gt;-¿Qué edad tenés?&lt;br /&gt;-27...&lt;br /&gt;-Ufff... Yo a tu edad entré acá. No sabés, no dejaba títere con cabeza, me las volteé a todas. ¡Claro, hay que entender que en ese entonces eran muy putas! La Internet recién empezaba, una locura. Sabés cómo me quedó la pija, la boa negra me decían –se inclinó y me susurró en el oído- hasta me cogí un pibe de limpieza... ¡Ja! Era un loco, pero siempre laburador. ¡Eso sí! No falté nunca. ¡MIENTO! Una sola vez, cuando me cortó la gamba el tren. Y los hijos de puta no me lo justificaron. Me operaron en Ucrania, ahí tienen unas marionetas bárbaras y después de la guerra Ruso-Alemana se dedicaron a la venta de prótesis mecánicas, son baratas, pero duran. Ya no se hacen más. En Marte te cobran una barbaridad, ¿o no? ¿Y vos cómo viniste a parar acá? ¿Tenés ciudadanía cosmopolita? Sí, ¿no? Además con esa cabeza, ¡es enorme! ¡Qué melón que tenés! ¿Tu vieja o tu viejo eran Cymbop0o? ¿Quién era? &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R6m6pKNXI2I/AAAAAAAAAV8/Auytj8s9GSA/s1600-h/Astounding1.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5163863664034784098" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R6m6pKNXI2I/AAAAAAAAAV8/Auytj8s9GSA/s400/Astounding1.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-No, nadie, los dos eran argentinos. Se fueron a laburar una temporada allá y nací de casualidad. Tengo la cabeza así, porque padezco hidrocefalia y por la discapacidad...&lt;br /&gt;-Hidrocefalia... Hace mil que no escucho esa palabra...&lt;br /&gt;-Y por la discapacidad no me dieron la cosmopolita. No estaría acá.&lt;br /&gt;-No seas boludo, acá vas a crecer mucho, mirame a mí, treinta años hace que estoy y mirá: como un pibe –y se puso a hacer ejercicios sin importale la multitud que se nos echaba encima. El tipo flexionaba las piernas y daba saltitos y después estiraba un brazo y flexionaba el otro.&lt;br /&gt;-Isotensión o tensión dinámica. Por eso tengo este lomo... Acá, la calidad física cuenta, aunque no me creas. ¡Ay! ¡Me cago! ¡Acompañame y de paso te muestro los baños! ¡Están abajo de todo!&lt;br /&gt;Nos dirigimos a un metro ascensor y descendimos unos sesenta pisos hasta los sótanos de la Galería.&lt;br /&gt;-Cuando empecé, esto tenía un solo piso. No estaba el puerto de cohetes en la terraza, todo eso no existía. No me vas a creer, pero una vez encontré un paso hacia Agharta, escribí un libro. Quería ser escritor. &lt;em&gt;Salvajes aventuras en el pozo ciego&lt;/em&gt;, se llamaba.&lt;br /&gt;-Un título de puta madre.&lt;br /&gt;-Una cosa genial, sí, pero no me lo publicó nadie. Me decían que en Internet estaba lleno de boludos como yo. Al final lo publiqué con mi guita en Dunken y les dije a mis amigos que me lo publicaron de onda. No vendí un puto ejemplar y quedé endeudado durante años. Disculpame, me cagué mal...&lt;br /&gt;Hedía a pañal de viejo. Tuve que taparme la nariz y aguantar el descenso. El metro-ascensor iba lento, era una porquería vieja, se quedó parado un rato en el piso treinta y uno y después siguió derecho hasta abajo.&lt;br /&gt;Vagamos por unos pasillos sórdidos y mal iluminados. Descendimos por unas escaleras desgastadas y entramos a un vestuario iluminado con viejas lámparas eléctricas.&lt;br /&gt;-Bancame, bancame –me dijo el viejo y se metió al baño dando un portazo.&lt;br /&gt;Me puse a investigar el vestuario y lo consideré una reliquia, los dueños del predio no habían modernizado nada y tampoco le dedicaron el menor mantenimiento, se asemejaba a un refugio subatómico venido abajo.&lt;br /&gt;-¿Tás ahí, tás ahí? –me gritó desde el inodoro.&lt;br /&gt;-Sí...&lt;br /&gt;-No se te ocurra salir que los hormigas-gorilas hicieron el otro día un hueco en uno de los pasillos y ya se llevaron a varios, quedate acá adentro. ¿Tus viejos son judìos?&lt;br /&gt;-No, argentinos...&lt;br /&gt;-¿Pero no tenés parientes judíos?&lt;br /&gt;-No...&lt;br /&gt;-Porque los dueños de este edificio son judíos y la levantan con pala. ¡SON UNOS HIJO DE RE MIL PUTA! Unos miserables de mierda... Jamás me dieron un mango de más. ¡NI UN PESO! Pero no me puedo quejar, no me puedo quejar, nunca me faltó nada. Hay gente que está peor. ¿O miento? –su voz sonaba cavernosa desde el inodoro. La voz de la cloaca, la que nunca oímos.- Vení, vení, quedate al lado de la puerta que no te escucho. Soy medio sordo, pero no ahora. Desde siempre, desde que tenía tu edad. ¡DIOS! ¡No sale! ¡No sale! ¡Me cago en la mierda! ¡Ay diosito ayudame! ¡AYUDAME!&lt;br /&gt;-Te pasa algo...-susurré a través de la puerta, pero el tipo seguía en sus cincos, comenzó a aullar como un descosido, tanto que se me puso la piel de gallina.&lt;br /&gt;-¡AYYYYY! ¡No sale! ¡LA CONCHA PUTA DE LA LORA! ¡Andá, llamá al enfermero, tengo un bolo fecal atravesado! ¡Qué dolor! ¡LLAMALO! ¡No, pará! ¡No llames! ¡Pará! ¡Pará que meto garfio! ¡Ay! ¡Hijo de puta! ¡Ahí va... ahí va... ahí, sí... ah-ah-ah, qué lindo, sí! ¡AHÍ SALIÓ!&lt;br /&gt;Después de eso escuché el sonido del sinfón y nada más. Aguardé alrededor de media hora hasta que lo vi salir del baño, estaba sudado desde la cabeza hasta los pies.&lt;br /&gt;-Es como cagar una momia por el orto –confesó- y después de eso, quedo mal, de verdad. Me queda el culo a la miseria. Me tengo que hacer una paja para sentirme bien. No sé por qué, no me preguntes. Yo antes no era vigi, era administrativo, sabés lo bien que laburaba. Me las sabía todas, pero los judíos quisieron poner a un sobrino de ellos y me cagaron el puesto, en el quince más o menos fue eso. Después lo hicieron cagar, tres años después, cuando le metieron la bomba. Por hijo de puta. Aunque no tenía la culpa, era judío, nada más. ¿Vamos?&lt;br /&gt;-Vamos...&lt;br /&gt;-Ahí a la vuelta, donde están los lokers un compañero mío, que era un ogro, me hizo chuparle la pija...&lt;br /&gt;-¿Cómo?&lt;br /&gt;-Hace mucho...&lt;br /&gt;-Sí, ¿no? –estaba tan confundido que no supe qué responder.&lt;br /&gt;-¿No querés que te chupe la pija?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo día presente mi renuncia y volví a Marte como un paria, pero así y todo me sentí agradecido de estar lejos, bien lejos de la Tierra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2308329001284063355?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2308329001284063355/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2308329001284063355&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2308329001284063355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2308329001284063355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/12/proezas-futuras.html' title='Proezas futuras'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R6m6f6NXI1I/AAAAAAAAAV0/gNxcNMMdgXM/s72-c/phantom_empire_poster_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-9136999778486047671</id><published>2010-12-13T09:25:00.001-03:00</published><updated>2010-12-13T09:27:36.495-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hordas salvajes'/><title type='text'>En las entrañas de Chila la Berta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-_rM5oJ9zI/AAAAAAAAAgY/6YzEe8Ojg2Y/s1600-h/enanos%252Bnazis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183620302986934066" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-_rM5oJ9zI/AAAAAAAAAgY/6YzEe8Ojg2Y/s400/enanos%252Bnazis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Fue un sábado... De marzo... Me acuerdo, porque lo que pasó después dejó una marca indeleble en mis recuerdos. No hacía gran cosa, leía una novelita de Curtis Garland, &lt;em&gt;Las lunas de Thongar.&lt;/em&gt; Un librito no mayor que la palma de mi mano, se les llama &lt;em&gt;bolsilibros&lt;/em&gt; y constituyen mi única ventana al mundo de la alta cultura. Sí, a veces me doy aires de gran señor. Entiendan que una persona de mi calibre, que trabaja en un ambiente compuesto por seres de orden inferior, mis talentos me hacen acreedor de un aura insólito entre los míos.&lt;br /&gt;El caso es que los sábados no trabajo, otros de mis beneficios que se imponen sobre el resto de mis compañeros, y ese día mi mujer interrumpió mi lectura –que siempre la hago en un murmullo hueco para no perder el hilo de lo que leo, porque me distraigo muy fácil- y me pidió que la acompañara a una feria en la plaza de Chila de Berta...&lt;br /&gt;-¿Feria de qué?&lt;br /&gt;-La feria de las colectividades... Si no querés no vengas... Voy sola... Dejá, no vengas...&lt;br /&gt;-¿En una plaza?&lt;br /&gt;-Sí, la feria de las colectividades en una plaza... ¡Mirá, mejor no vengas! ¡Dejá!&lt;br /&gt;-No, ahora voy... Pará que me pongo un calzoncillo.&lt;br /&gt;Luego de acicalarme las axilas y depilarme las fosas nasales me fui con mi mujer a la feria de las naciones. Una kermese de cuarto nivel, donde se daban cita la quinta o sexta generación de inmigrantes hambrientos para vender bajo condiciones bromatológicas ilegales comidas regionales poco tentadoras al paladar argentino. Pero el hecho de ir a visitar un lugar donde casi todo el pueblo se daba cita era una oportunidad que uno no podía dejar perder, con suerte comería una manzana acaramelada, medio podrida, con pochoclos viejos y resblandecidos.&lt;br /&gt;Una cuadra antes de llegar a la plaza, justo en frente del cuartel de bomberos, observé el cúmulo de hacinados sociales. Millares de nenes saltando y trotando por todos los recovecos de la plaza, atravesaban los stands y aullaban de dicha. Los viejos se acumulaban como enjambres de moscas en las esquinas, para detener el ritmo del paseo y enervar los nervios de los impacientes. Mi mujer me tomó de la mano y comenzó a analizar en detalle cada puesto y a señalarme nimiedades, se detenía en un puesto de salamines rumanos de colores verdosos y me llamaba la atención sobre esto y aquello. Yo observaba a la gente, a las viejas de barrios que forzaban sus culos en los pasillos de carne y manoseaban las comidas regionales con ojos ávidos de depredador.&lt;br /&gt;-Bueno, yo me voy a dar una vuelta... Quiero ver si venden bolsilibros por ahí... Algo de Clark Carrados... No sé...&lt;br /&gt;-Hacé lo que quieras –me dijo mi chica, tajante. No le gustaba ni medio que la dejara en banda, pero como conocía mi fobia por las multitudes, era comprensiva y me daba soga para que no me pusiera molesto. En fin, como los perros.&lt;br /&gt;Me entretuve un rato observando al pasar pequeñas púberes de pechos prominentes que se lucían con inocencia, ajenas a la mirada lobuna que yo y otros conmigo le echábamos encima. Babeantes, onanistas apremiados. Al final, me mezclé con la turba, con los negros que hacían sonar sus celulares y me regalaban las odas infernales de su música tribal. Todo el pueblo de las tolderías aledañas se dio cita en la feria, hambriento de espectáculos gratuitos y sopesando la posibilidad de un saqueo. Atravesé un pasillo reducido. Apoyé a un niño de trece años y me detuvo un chistido. Al principio me hice el distraído, no me gustaba ni medio que me chistaran y menos que acompañaran el llamado de lechuza con la frase: “¡Eh, pelado!” Me hice el sordo y miré a mi alrededor. Detuve mi examen sobre un stand que vendían comidas alemanas, sobre el techo de caña pendía un cartel tallado en madera que decía: &lt;em&gt;Schwäbische Wurstsalat&lt;/em&gt;, donde se daba cita lo mejor de la comida alemana, el mostrador entre sus salsas y salchichas me recordaba la barriga abierta de un tajo de un gigante. La visión me quitó las ganas de comer mi manzana acaramelada. Una jovencita rubia con cara de pie atendía el puesto, la miré un instante, pero demostró tanta indiferencia que supe que no me había chistado, entonces mis ojos se posaron sobre un grupo de tres o cuatro &lt;em&gt;doppelgängers&lt;/em&gt; que me hacían morisquetas, agazapados detrás de la muchachita. ¡Uh, eran unos graciosos bárbaros!.&lt;br /&gt;-Ta... Bueno... ¿Qué quieren los muppets, ahora?&lt;br /&gt;Me hablaron en alemán con un tono revulsivo, no sé qué me decían, no entendía esa lengua gutural de &lt;em&gt;trolls&lt;/em&gt; y de &lt;em&gt;kodbolds&lt;/em&gt;. Miré a la piba y le señalé a los abortos, pero no se dio por aludida, se moría por venderme unas salchichas, hasta me ofreció un copetín. Qué comiera... Pero no quise distraerme e intenté indagar a los enanos sobre su presencia en el departamento del microcentro la noche del hombre de plutón. Renuentes al interrogatorio, me hacen un corte de mangas y aprovechando mi estupor se mezclaron entre las gambas, torsos y deformidades que se agrupaban en los pasillos de los puestos. Me lancé en su persecución, obnubilado por una furia infantil y sin sentido, durante mi carrera me topé con mi mujer que intentó mostrarme las cualidades de un poncho boliviano, la hice a un lado y le dije:&lt;br /&gt;-¡Pará, gorda... después...!&lt;br /&gt;-Andá a la mierda...&lt;br /&gt;Seguí el rastro que dejaban los enanos que despertaban la hilaridad de la gente al verlos pasearse con sus cabezas gíbaras de Hitler y sus ropas tirolesas de muñeco, un borracho los bañó en cerveza y un negrito intentó enroscarlos sin éxito en un paso de baile cumbianchero. Se lanzaron a escape por la calle empedrada y me volvieron a enviar sus saludos obscenos. No podían escaparse, tenían las piernas demasiados cortas para correr ligero y yo ya los tenía a tiro. Pero lo guachos tenían un as en la manga con el que no contaba. Se acercaron al cordón y se deslizaron sin dudar dentro de una boca de tormenta. Ah, eso me desesperó, sabía, era consciente que me faltaban huevos para colarme dentro de la cloaca, no podía enfrentarlo. Me quedé un instante parado frente a la boca de tormenta, mientras los enanos me arrojaban las péndulas o frutos de los plátanos que crecían sobre el cordón. Tomé distancia para evitar que me reventaran un ojo con sus agresiones infantiles, me arrojé al piso y los espié al ras. Entonces escuché un bocinazo fuerte, miré hacia delante y observé paralizado como se me venía encima una comitiva de carrozas de bomberos, rodé por el piso y caí dentro de la boca de tormenta sin proponérmelo, quedé tendido sobre un escalón grasoso. Los gnomos arios se asustaron y retrocedieron dentro de la cañería. Me quedé un instante basureando al mundo y a mi destino siempre desdichado. Y por lo bajo maldije a mi mujer y su capricho de la feria de las colectividades.&lt;br /&gt;-Esto me pasa por laburar de cualquier cosa... Por vigilador de mierda... Por eso me pasa... –dije entre pucheros. Los enanos se reían y me señalaban. Uno de ellos tenía una antorcha y me pidió que lo siguiera, pero yo ya estaba esforzándome por atravesar el hueco que me separaba del aire libre. Sentí la presión helada del acero sobre mis riñones y me di vuelta. Uno adolfito, más petiso que el resto, apoyó el caño de una vieja pistola lüger sobre mi espalda baja. Sus ojos transmitían un goce perverso que me heló la sangre de horror. Levanté mis manos y asentí por nada, por miedo o cagazo. En total eran tres, si hubo un cuarto, se perdió de vista. El de la antorcha me hizo señas para que lo siguiera. El de la lüger se ubicó a mi espalda y los otros dos abrían el camino, no me quedó otra opción que seguirles la corriente por ese laberinto de tuberías y podredumbre. De graciosos, los enanos, no tenían ni los bigotes.&lt;br /&gt;Los gnomos infernales caminaban ligeros, no les costaba esquivar los obstáculos que surgían en el camino, pero a mí me pasaba otra cosa, me daba de cabeza contra paredes bajas y me llevaba puestas las cañerías sumergidas...&lt;br /&gt;Los tipos se conocían el camino al dedillo. Yo, la verdad, tenía miedo que me llevaran a las profundidades, me refiero a ese submundo que lleva el título pomposo de Agharta, donde reinan los excluidos del mundo, los vencidos. Pero mientras nos mantuviéramos dentro de las cañerías, de ese río de soretes y desperdicios intestinales, estaba a salvo de la gran garra. Cuando comencé a sentir que mis piernas flaqueaban agotadas por esa lucha continúa con el arroyo que atravesaba la cloaca, llegamos a una galería enorme donde desembocaban las cañerías que se enredaban por debajo de todo el partido. El aroma, no hace falta aclararlo, no era a rosas. En el centro de la bóveda se elevaba una montaña de basura y desperdicios y en la cúspide de ese monumento al desastre y al abandono se ubicaba un viejo, sentado sobre una silla de mimbre desvencijada. Aunque ya son pocas las cosas que me escandalizan, encontrarme con un anciano desnudo y sibarita, descansando su ano en el centro arquitectónico de una cloaca barrial fue suficiente para mí. Daba asco.&lt;br /&gt;-¿Qué tal la feria, eh? ¿Bien? ¿Bien? –me preguntó mientras se limpiaba la saliva de su dentadura postiza. Intenté mirarlo a los ojos, pero el hecho de que estuviese en pelotas me confundía, no colaboraba con mi cordura.&lt;br /&gt;-No, una garcha. Una garcha, no es de colectividades, es de vecinos, de hijos de inmigrantes de cuarta, de pastafloras de mierda... Una feria de cuarta, para un barrio de cuarta...&lt;br /&gt;-¿Comiste choripán?&lt;br /&gt;-No...&lt;br /&gt;-¿Y chucrut?&lt;br /&gt;-Menos...&lt;br /&gt;-Bueno... No es para tanto, yo me crié acá cuando Perón me brindó asilo... Hace tanto de esto, &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-_rVJoJ90I/AAAAAAAAAgg/XptDu-f5iRs/s1600-h/phantom_opera%25201925.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183620444720854850" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-_rVJoJ90I/AAAAAAAAAgg/XptDu-f5iRs/s400/phantom_opera%25201925.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;mirá, ya ni me acuerdo... Toda mi familia nació acá, mis bisnietas ni siquiera hablan alemán...&lt;br /&gt;Cuando el tipo se lanzó con su cháchara me agarró canguelo de que se pusiera pesado, no era la primera vez y yo estaba en una situación de cuidado. Quería salir cuanto antes de ese nido de arañas.&lt;br /&gt;-¿Qué necesitás?&lt;br /&gt;-Apa... El señor está apurado... –dijo el viejo, luego de removerse los testículos, frotó su cabeza afeitada con la palma de su mano, tras lo cual olió sus dedos con un gesto que no eludía la suspicacia- Está apurado... Escuchame, flaco... El otro día te enviamos un tipo que te entregó un volante... ¿Te acordás?&lt;br /&gt;-Me acuerdo –se refería a mi encuentro con el hombre de Plutón.&lt;br /&gt;-No fue una cosa casual, ¿te das cuenta, no?&lt;br /&gt;-Me doy cuenta...&lt;br /&gt;-Hiciste un trabajito de espía, gratarola... Después de lo que pasaste abajo, no podíamos confiar en otra persona –yo pensaba estar libre, pero después de tanto tiempo estos tipos, las larvas del infierno, seguían persiguiéndome.- Y te portaste lindo... ¿Sabés quién era el gusano frizado que te cargaste el otro día? ¿Sabés? ¿Sabés quién era?&lt;br /&gt;-Nop...&lt;br /&gt;-Un parásito sinoista... Un mierda... &lt;em&gt;Der schwachkopf&lt;/em&gt;! El turro dijo que venía de Plutón... ¿O no? Dijo que venía de Plutón...&lt;em&gt; Das ist eine elende lüge&lt;/em&gt;! Un farsante de cuarta... Quieren coronar el paráclito del infierno... ¡Eso se proponen! Ah, pero no contaban con nosotros y con nuestro accionar. Le echaste la heladera encima... Y yo le lancé mi horda de adolfitos, para que se hiciera a la idea de que acá no pintamos acuarelas ni nos chupamos el dedo gordo. Les mostré lo que tengo, mi propio ejército de &lt;em&gt;blitzknirps&lt;/em&gt;: los enanos relámpagos. Una horda de simios o subhumanos con la sangre de nuestro gran conductor en sus venas.&lt;br /&gt;-¿No me digas que estas cosas son clones del &lt;em&gt;führer&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Nien&lt;/em&gt;! Son abortos... Experimentos fallidos... Nunca alcanzamos la cima en ese punto, Menguele se fue al Paraguay a plantar naranjas y nos dejó la gran obra inconclusa. Esto, que vez acá, es lo que sacamos de la probeta. La máxima aspiración de un adolfito es la salchicha de carne que tenemos debajo de la braguerta. Es triste, pero es verdad.. Pero su presencia, la estampa, la visión de estos seres no deja de ser impresionante. Con ellos voy a responder al ataque sideral de las larvas estelares. Y vos me vas a servir de embajador, porque en ese templo del pecado y del consumo donde trabajás es donde va a tener lugar la gran confrontación, el gran seso de Thusom está pendiente de la llegada de esa larva que devolviste a las estrellas. El gran seso se propone volcar todas sus piezas en el tablero y toda su malignidad cabalísitica. Vos conocés nuestro estado y sos consciente que no podemos enfrentar todavía una amenaza de ese calibre con sólo un &lt;em&gt;doppelgänger&lt;/em&gt; por líder&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;-Yo me abro, papá –le dije y di media vuelta. Sentí chillar a los enanos y resonaron unos disparos que me obligaron a respirar por el culo. Caprichosos como ellos solos.- ¿Bueno, qué pasa...?&lt;br /&gt;-No vas a ningún lado. Hoy hay fiesta arriba y abajo. –dijo el viejo chapoteando las palabras entre pelotas de saliva. Señaló a los gnomos y se palmeó los muslos. Los enanos se apresuraron a quitarse la ropa y comenzaron a zapatear en el agua excitados. Lo voy a decir, tenían un herramienta provechosa que pendulaba entre las piernas. Y la visión de ese grupo de demonios me intranquilizó. Desnudos, nazis y armados con doble pistola. Demasiado para mí. El viejo, arriba, movía los brazos como si escuchara una obertura wagneriana. Pensaba que ese grupo de tullidos eran valquirias y sigfridos, la mitología nórdica desencadenada en las cloacas de Chila la Berta, el último reducto del nacionalsocialismo esotérico. Un enano se colocó un pequeño kepi en la cabeza y tomó un pedazo de caña que flotaba en el arroyo. Señaló a dos de sus compañeros y los dirigió a una superficie escalonada como si se tratasen de dos bestias circenses. Con la fusta golpeó el culo de uno que se echó de espaldas al piso y quedó tendido con las piernas levantadas, me asombró descubrir que debajo de su bolsa testicular se abría una raja o zanja vaginal y más arriba el ano, un hermafrodita hecho y derecho. El otro gnomo dominado, se escupió la mano como un actor porno consumado, se peinó el bigote con saliva y aceitó el pene que latía como una vara ardiente. De un solo embate penetró a su compañero, mientras el general palmeaba el musculado trasero del fornicador con el mango de la fusta, incentivando con esto la generación de espermatozoides. La cosa no duró mucho, el pequeño &lt;em&gt;doppelgänger&lt;/em&gt; gimió un instante y exprimió el contenido de su cipote dentro de la vagina de su compañero de juegos. En un acto recargado de solemnidad, el general colocó la fusta vertical a su bigote y luego saludó con el brazo extendido a la bolsa de huesos que descansaba en lo alto de la montaña de detritus.&lt;br /&gt;El sonido hueco de las palmas del viejo devolvieron mi atención al presente.&lt;br /&gt;-Bien... Bien... Son unos ases... Bien... –dijo el amo de la cloaca- a este paso, en diez años conquistamos la superficie.&lt;br /&gt;-¿Ah, encima tienen hijos? –dije y no pude evitar darle un tono recargado de indignación a mis palabras.&lt;br /&gt;-No, hijos no. Pichones...&lt;br /&gt;-¿Eh?&lt;br /&gt;-Ponen huevos, es más práctico. Tienen genes marcianos. Los trajimos de Marte hace más de treinta años... Vos sabés de qué hablo, estuviste ahí. ¿Eh... dolape...?&lt;br /&gt;La palabra final de su discurso delirante, absurdo, me distrajo y no pude prever el golpe falaz que me dieron en la cabeza. Sentí un: “¡Ñac!”, el gruñido de un enano al reventarme la cabeza de un garrotazo y después las tinieblas se apoderaron de mi persona.&lt;br /&gt;Desperté tirado debajo de un carro de cartones, me despabiló un río de orina que se coló por mi boca babeante. El cartonero estaba evacuando su vejiga, apuntó su aparato contra mí y tenía puntería. Me puse en cuatro patas, la cabeza se me iba, tenía vahídos y no me sentía bien. No comprendía que el líquido era pis y que me habían reventado la piojera de un palazo. Salí rodando, escuché al negro gemir algunas incoherencias, pero no le presté atención.&lt;br /&gt;El lunes volví con puntualidad al trabajo, pasé por al lado del portón donde sé que anida el gran cerebro de Thusom, en una olla portentosa, repleta de cables, sangre licuada y aceites vivificantes. El conocimiento de sus intenciones megalómanas a través de la imposición de un dictador interestelar, el infamante hombre plutoniano, me tentó a dinamitar el lugar y a abrir las puertas del averno para que los enanos del infierno terminaran lo que habían empezado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;El autor hace referencia a una obra inédita donde se relatan las aventuras del protagonista en el centro de la Tierra o Agharta. Allí el condor plateado se enfrenta con hordas de diferentes especies, gigantes, larvas, enanos y la cabeza volante del doppelgänger&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-9136999778486047671?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/9136999778486047671/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=9136999778486047671&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/9136999778486047671'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/9136999778486047671'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/12/en-las-entranas-de-chila-la-berta.html' title='En las entrañas de Chila la Berta'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-_rM5oJ9zI/AAAAAAAAAgY/6YzEe8Ojg2Y/s72-c/enanos%252Bnazis.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2455834939048443953</id><published>2010-12-06T09:44:00.001-03:00</published><updated>2010-12-06T09:44:51.017-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>El ilegal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QS1JoJ9VI/AAAAAAAAAck/T93FUQQv6ME/s1600-h/OperationOuterSpace1957.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5180286175709623634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QS1JoJ9VI/AAAAAAAAAck/T93FUQQv6ME/s400/OperationOuterSpace1957.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El más petiso entre mi compañeros, el que tenía cara de dedo gordo, se acercó y me entregó un volante, un anuncio en un papel, me hizo el patito con la mano y me guiñó un ojo. Quería que lo leyera en silencio, en fin, que no levantara la perdiz. Le pegué una ojeada. Un aviso amateur hecho con fotocopia y escrito con fibra. Decía así:&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;CONFERENCIA EXTRAORDINARIA DE HOMBRE DE PLUTÓN&lt;br /&gt;HOY ÚNICAMENTE&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Luego especificaba la dirección que era en algún sucucho del microcentro. Lo miré intrigado, pero como estaba de rondín, me dio la espalda y siguió su camino. Cuando salí del trabajo, hurgué en mis pantalones para sacar la billetera y volví a encontrarme con el aviso, una bolita estrujada. Lo desenvolví y releí, curioso. A pesar de lo insólito, no dejaba de ser entretenido. Recapacité un segundo en mis ocupaciones post-laborales, me convencí que el gimnasio podía ser reemplazado con algunos ejercicios de isotensión y decidí asistir a la conferencia. Caminé algunas cuadras bajó una garúa molesta y eludí a las personas que se hacinaban en la vereda. Los colectivos amenazaban con aplastarme pero supe esquivarlos a tiempo. Entré a un edificio gris con olor a moho. Me detuve un instante en el recibidor, alerta al portero. Pero estaba vacío. Me decidí por el ascensor, luego de buscar las escaleras en vano. Apreté un botón grasiento donde se encendió una luz débil y amarillenta. Escuché el chirrido macabro de los cables y de las pesas de la vieja maquinaria acercarse. Cuando se detuvo en la planta baja, el chirrido que produjo la puerta al abrirla me rebanó los nervios. Volví a observar el recibidor, pero seguía tan vacío como antes y afuera se largó a llover a cántaros. &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-R9s5oJ9YI/AAAAAAAAAc8/TkRDkURnh2A/s1600-h/ministerio.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5180403681719874946" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-R9s5oJ9YI/AAAAAAAAAc8/TkRDkURnh2A/s320/ministerio.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Algunos oficinistas de trajes baratos e insulsos corrían desesperados por la vereda. Entré el ascensor, era tan pequeño que con suerte cabían dos personas dentro. Subí hasta el piso 13 y luego caminé por un pasillo a oscuras buscando el departamento X. Cuando lo encontré, detuve mi dedo sobre el timbre y un torbellino asombroso de imágenes perversas atravesaron mi imaginación. Existía la posibilidad de que me violaran y despellejaran a voluntad, di un paso atrás y examiné el pasillo. El agua corría por las paredes y las cucarachas se apretujaban en una orgía crujiente en los rincones. Descubrí una puerta entreabierta y la silueta de una persona –puedo decir: cosa- espiando. Al advertirse descubierto cerró de un portazo, lo que me provocó un respingo que me hizo apretar el timbre del dpto X sin proponérmelo.&lt;br /&gt;Silencio.&lt;br /&gt;Sentí unos pasos arrastrados y fofos que se acercaban desde el interior, retrocedí. Se abrió la puerta. La luz anaranjada que se coló desde el interior del departamento iluminó el sórdido pasillo. El marco de la puerta estaba cubierto por un enjambre de babosas. El ser que sostenía el pomo de la puerta era un viejo jorobado de cuello retorcido que me observaba con aire patibulario. Yo estaba arrepentido hasta de estar vivo. El tullido extendió la mano y flexionó las falanges de sus dedos como exigiéndome algo. Lo único que tenía en la mano era el volante. Se lo entregué. Ni siquiera lo miró, lo estrujó y lo arrojó a un lado. Luego me hizo señas de que pasara. Cuando atravesé ese arco maldito que era la puerta, sentí desde el exterior el estruendo de un trueno tan poderoso que hizo retemblar todas las paredes del ruinoso edificio.&lt;br /&gt;El departamento parecía abandonado. Las paredes estaban cubiertas por un empapelado plagado de hongos negros que hacían invisibles los dibujos que alguna vez lo adornaron. La arquitectura en general parecía propia del año treinta, con esos típicos ángulos cortantes con aires futuristas. Atravesé un pasillo inundado y desemboqué en una habitación donde me encontré con cuatro personas sentadas en un círculo, alrededor de una pequeña tarima de fórmica. El agua del piso comenzaba a hacer estragos sobre el estrado y las paredes parecían doblarse por el mismo peso del agua que embebía. Eran cuatro viejos cachuzos que cabeceaban adormilados en sus asientos de mimbre desvencijado. Me quedé en la entrada de la habitación, indeciso, sin saber muy bien cómo retroceder. Flotaba en el ambiente un vaho a caca que me descomponía.&lt;br /&gt;-Puta madre –dije bajito. Y en eso el amigo joroba me empuja. Volteo indignado y me apura con la palma de la mano para que ingrese al círculo. Como no tenía dónde sentarme, me quedé parado al lado de una vieja que olía a florero.&lt;br /&gt;El jorobado se metió en un cuarto oscuro y luego de hurgar en la oscuridad me pidió que lo ayudara. Me acerqué. El olor a churrasco y grasa fría que imprimía la atmósfera me descompuso más que el perfume a nicho de la habitación de al lado. Intuí que estaba en la cocina. &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QTA5oJ9WI/AAAAAAAAAcs/EmNhHblUd6o/s1600-h/FlyingSaucers1952.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5180286377573086562" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QTA5oJ9WI/AAAAAAAAAcs/EmNhHblUd6o/s320/FlyingSaucers1952.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El jorobado me hizo señas para que lo ayudara a correr una heladera &lt;em&gt;electroluz&lt;/em&gt; que perdía agua por el motor. Yo ya no era el muchacho musculoso y atlético de años anteriores, el hambre y las preocupaciones barrieron lo que fue un físico de excepción y me transformaron en un despojo de humanidad. Sufrí y sudé la gota gorda arrastrando la heladera hasta la habitación del entarimado. Para eso nos vimos forzados a rayar todo el piso. Al jorobado no pareció preocuparle y a mí, menos. Algunos viejos prestaron un poco de atención a nuestra tarea, dos de ellos murmuraron no sé qué incoherencia, siempre tan sabios. Yo le hice mi clásica tijera con los dedos.&lt;br /&gt;-Chito, viejo, que usted acá no corta ni pincha –le dije asqueado a uno, que no dijo ni pío y tampoco pareció advertir mi reproche. Me gustaba aprovecharme de los malditos.&lt;br /&gt;El jorobado subió a la plataforma y puso dos tablas paralelas al piso para formar una rampa. Lo miré intrigado y le dije:&lt;br /&gt;-¿Vos estás loco? ¿No se te ocurrirá subir la heladera ahí arriba? Mirá que no te ayudo ni en pedo... –hice una pausa larga y agregué- ¡Ni en pedo! –intenté sacarle provecho a mis palabras por lo que sacudí a una vieja que estaba sentada para arrancarle la silla, se quedó oscilando en el aire, con la columna doblada. Tomé la silla y me senté. La vieja se fue de cara al piso.&lt;br /&gt;Y ahí quedó.&lt;br /&gt;Me crucé de brazos y miré el piso ofuscado. Me llamó la atención el cansino movimiento de un viejo. Se tomó sus quince minutos para ponerse de pie y luego dirigirse hasta la rampa. Una momia bastante activa. La vieja del piso giró la cintura y quedó boca arriba, los pocos pelos canosos que tenía en la cabeza se revolvían como anguilas en el charco. La verdad, me dio pena. Pero no estaba en mis planes devolverle la comodidad del asiento. En toda su larga vida, esa vieja tuvo innumerables oportunidades de apoyar su huesudo culo en una silla; muchas, muchas más que yo.&lt;br /&gt;Giré el cogote y observé al viejo que intentaba mover la heladera para y subirla por la rampa, el jorobado se limitaba a soplar un silbato de plástico para alentarlo. Las venas verdosas y azuladas del cuello y de la cabeza se hincharon como larvas ahítas de carne. En el esfuerzo sobrehumano que realizaba se le salió la dentadura que asomaba casi entera sobre los gajosos labios.&lt;br /&gt;Me mordí la boca para despreciar el esfuerzo del Sansón decrépito y le hice señas a las otras momias para que lo observaran. Al final, sentí un vaho a mierda que me provocó náuseas, intuí que se cagó encima. Tanta inutilidad me sacó de las casillas, me puse de pie, alcé a la vieja como si fuese una muñeca desarticulada, la arrojé en la silla –me hizo sentir como Chasman cuando abusaba en noches de soledad y templanza de Chirolita-, hice a un lado al desperdicio de arrugas y en un esfuerzo sobrehumano, dominado por una ola de locura y psicosis, alcé la heladera sobre la tarima y la corrí hasta el centro, mientras el cuasimodo me partía los tímpanos con el chillido agudo del pito de topolino, que arrojaba más saliva que sonido.&lt;br /&gt;Bufé asqueado y me coloqué detrás de un viejo que se puso de pie como un resorte. Aproveché la ocasión y me senté. Quien se fue a Sevilla...&lt;br /&gt;-Bueno... Tengo... Tengo el agrado de presentar a la sociedad teosófica de Boedo, representantes de la sociedad pro-culturas ocultas, cuya... Ehh... Sede central... Está en Alemania... –dijo el viejo y se quedó callado. Clavó sus ojos acuosos, que parecían caramelos media hora, en el suelo y caviló un rato, el resto de la necropólis no pareció advertir sus palabras, eso me hacía un espectador atento y agradecido.- ¡Bueno! –la sangre volvía a alimentar las embalsamadas circunvalaciones del cerebro- ¿Para que estamos acá...? –dudaba, el muy choto no sabía ni dónde estaba, me propuse ayudarlo, guiarlo en la senda tenebrosa. No soy mal tipo...&lt;br /&gt;-¡EL HOMBRE DE PLUTÓN! –grité a pleno pulmón. El viejo dio un respingo. El resto siguió en su sueño de muerte. La vieja a la que le sustraje la silla tenía las piernas abiertas como una bailarina y me mostraba su chocho caído e inflamado de perra sarnosa.&lt;br /&gt;-Claro... Estamos aquí para recibir al hombre de Plutón... Josecito... A ver, Josecito, a ver... si sos tan amable... a ver... –era evidente que se dirigía al subnormal de la mochila de carne, éste siguió con el chifle del pito, pero saltó sobre la tarima y abrió la puerta de la heladera, se vertió sobre el piso otra cascada de agua y cubitos esféricos, seguro de marca &lt;em&gt;Rolito&lt;/em&gt;. El ángulo no me era favorable, lamenté abandonar la comodidad de mi asiento, pero la curiosidad era más fuerte. Me acerqué hasta el borde de la plataforma y espié el interior de la heladera. Imaginaba encontrar un nene despedazado, la cosa era tan rara que en ese entonces no me hubiese sorprendido que aquellos viejos fuesen caníbales de púberes. Pero no, adentro había un ser extraño, más similar a un pulpo que a un ser humano. Infinidad de tentáculos se derramaban por debajo de su torso y la cabeza latía con vida propia. Un ser pálido, de tres ojos oscuros, sin nariz y con una ranura por boca, buscaba refugio en un balde cubierto de hielo. No sabía qué era, pero se lo veía moribundo. No era más grande que un gato. Me embargó esa sensación ambigüa que nos domina cuando nos enfrentamos a lo desconocido, a todo eso que no forma parte de nuestro acervo colectivo. Dije una tontería de este estilo:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QTNJoJ9XI/AAAAAAAAAc0/6vWEdXgD908/s1600-h/ManOMars01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5180286588026484082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QTNJoJ9XI/AAAAAAAAAc0/6vWEdXgD908/s320/ManOMars01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-¿Vamos a comer calamares... a comer calamares, vamos?&lt;br /&gt;-Correligionarios... Compañeros... amigos... cofrades... –el viejo utilizaba la entonación de un androide- estamos reunidos aquí para darle la bienvenida a un gran amigo que proviene del planeta más lejano del sistema solar... Al hombre de plutón...&lt;br /&gt;Los viejos no se dieron por aludidos. Yo volví a espiar al calamar que bailana dentro del balde. Agitó sus apéndices y con uno de ellos tomó una manguera oscura que acercó a su boca, luego de soplar dos o tres veces, dijo en un tono apagado de babosa:&lt;br /&gt;-(Suspiro largo)... Tras un viaje agotador... Después de atravesar durante casi cien años terrestres la inmensidad del espacio y del sistema planetario, pude dar con ustedes –larga pausa, seguida del suspiro plutoniano y el pedo acuoso de uno de los viejos- terrícolas. Como representante y diplomático de mi planeta quiero ofrecerles a ustedes... Bla, bla, bla...&lt;br /&gt;Me acerqué al monstruo mientras hablaba y observé en el piso de la heladera una caja marrón, parecía de cartón, con tres lamparitas de color verde, rojo y azul que se apagaban y prendían. Deduje que era la caja lingüística, desarmaba los fonemas degenerados de la lengua plutoniana y los traducía a nuestro idioma. Cuando no acercaba demasiado la manguera a su boca podía adivinar la forma real del idioma, una especie de gemido suave que no estaba nada mal. La verdad que el bicho me decepcionó, no tenía nada de impresionante y era tan entretenido como una reunión de viejas de feria. Levanté la mano y lo interrumpí:&lt;br /&gt;-Vamos a empezar de nuevo... ¿Te parece? –el jorobado tocó el silbato, hacía de árbitro- Plutón no es un planeta y vos llegaste a la Tierra por izquierda, ¿Miento?&lt;br /&gt;¡ZAS! Cerré la puerta de la heladera de un portazo, tres tentáculos quedaron afuera, hinchados y rojos por la presión. El gemido sufrido del monstruo me puso cachondo. Salté sobre la tarima y empujé la heladera, osciló un instante sobre el borde de la tarima y cayó hacia atrás. Algunos viejos abrieron los ojos legañosos cuando el electrodoméstico se estrelló contra el piso. Alcé y agité mis brazos (concluyo: evidente demostración primitiva de mi expansión animal ante manifestaciones de espíritu bárbaro).&lt;br /&gt;El viejo... el viejo... ¡Uh! ¡EL VIEJO! Claro, me había olvidado. Nunca tuve buena leche. Se veían las patitas debajo de la heladera, parecía la bruja del oeste. El resto de la legión geriátrica dormía el sueño del hurón sobre las sillas de mimbre. Abrí de nuevo la puerta de la heladera y me hice a un lado. El hombre de plutón saltó de la cubetera y quedó un instante suspendido sobre el farolito de 25 wats que iluminaba la vizcachera. Me cubrí la cabeza y escapé hacia la cocina. El hombre de plutón se dejó caer como un trozo de bofe sobre suelo húmedo y se desplazó como una serpiente buscando la protección que le ofrecía la cubierta de una silla. Tanteé en la oscuridad, tomé una escoba de mimbre y salí de la cocina, con el instrumento bamboleando encima de mi cráneo, grite presa de un pánico casi homosexual:&lt;br /&gt;-¡TE-VOOOY-AAAA-MAAATAAARRRR!&lt;br /&gt;Me acerqué hasta la silla, corrí un viejo de un empujón y revoleé el asiento de una patada. El hombre de plutón se enroscó sobre sí. Quedé frío, algo detuvo mi brazo asesino. La idea de reventar al bicho me repugnó. No podía vivir con la certeza de ver todas las vísceras interplanetarias desperdigadas en ese asilo de ancianos depravados. El plutoniano me miró con sus ojitos de confites y me ganó con su ternura. Dejé la escoba a un lado y salí por la puerta. Escuché a los viejos hablar del otro lado, las momias resucitaron tras mi partida. Era un escándalo de cotorras cachuzas. El silbato sonaba a toda máquina. ¡Qué sé yo! Sabía que tenía razón, el tipo no venía de un planeta. Era un planetoide que tuvo aires de planeta por más de 70 años, demasiado para mi carácter intolerante.&lt;br /&gt;Para bajar me decidí por las escaleras. Fue un camino sórdido, encontré dos muchachos lamiendo chupetines de carne en el hueco de un escobero, pero no les presté atención. Cuando llegué a la planta baja, me detuve circunspecto, porque enfrente, espiando por el hueco del ascensor estaban dos enanos, los mismos &lt;em&gt;doppelgängers&lt;/em&gt; del gran conductor germano que habían atacado Galerías días atrás. Cuchicheaban no sé qué barbaridad en su lengua goda cuando se hicieron a un lado, el estruendo y el vapor lo cubrió todo en un segundo. Me arrojé al piso, horrorizado y un poco escandalizado de mi propio terror. Espié hacia el hueco del ascensor, un cohete no más alto que un dispenser de agua ascendía hacia el infinito. El hombre de plutón regresaba a su planetoide. El &lt;em&gt;Tyco-Bass&lt;/em&gt; del culo... Cuando se disipó el humo no encontré rastros de los &lt;em&gt;doppelgängers&lt;/em&gt;, un sabor amargo me quedó en el estómago, ¿que se proponían los duendes del Hitler?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2455834939048443953?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2455834939048443953/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2455834939048443953&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2455834939048443953'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2455834939048443953'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/12/el-ilegal.html' title='El ilegal'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R-QS1JoJ9VI/AAAAAAAAAck/T93FUQQv6ME/s72-c/OperationOuterSpace1957.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-8837975266543990633</id><published>2010-11-29T09:42:00.001-03:00</published><updated>2010-11-29T09:42:50.258-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hordas salvajes'/><title type='text'>El tap del doppelgänger</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R9VSwLbc3SI/AAAAAAAAAb4/E9nJIPluSqk/s1600-h/hitler1926.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5176134334387379490" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R9VSwLbc3SI/AAAAAAAAAb4/E9nJIPluSqk/s400/hitler1926.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-¿Eh?&lt;br /&gt;-¿Vamos? ¿Vamos? -me dijo justo cuando tenía mi mano dentro del pantalón hurgando mi fungoso pene.&lt;br /&gt;-¡No! ¡Ahora no puedo! Estoy ocupado...&lt;br /&gt;-¿Qué hacés con la mano ahí?&lt;br /&gt;-Nada... Nada... Ahora no te puedo acompañar, si vas mañana, si voy –le dije para cambiar de tema.&lt;br /&gt;-No, qué hacés con la mano ahí. ¿Te estás masturbando adelante de la gente? –volvió a arremeter.&lt;br /&gt;-No... No... –no pude evitar sonrojarme- Bueno, es que se me pegan los huevitos...&lt;br /&gt;-¿Se te pegan los huevos? ¿Qué? ¡Jua!&lt;br /&gt;-¡Qué sé yo! ¡Sí, se me pegan los huevos! ¡Así como lo oís!&lt;br /&gt;-Mañana no voy... Voy ahora –me dijo mi compañero de laburo y se fue. Me quedé solo sobre el balcón del primer piso de Galerías, entretuve un rato mi vista observando la marcha pesada de las gordas y el paso etéreo de las viejas sobre las baldosas lustrosas del edificio. Me limité a fruncir el entrecejo y hacer de cuenta que vigilaba, que velaba por el bien de todos. La farsa de siempre, me funcionaba a mí y a todos los demás.&lt;br /&gt;Aunque ya no era mi tarea principal, la de velar por los corderos capitalistas, me hacía sentir bien creer eso y de ahí que cada tanto me diera una vuelta por el yopin para hacerme el entendido en seguridad y atención al cliente.&lt;br /&gt;Mi compañero me invitaba a que lo acompañara al vestuario, pero desde el episodio con el Ñogui me había quedado un verdadero sabor amargo en la boca y prefería evitar en lo posible mis excursiones subterráneas. Fue en ese momento que escuché por el jandi que por la puerta de la calle Flor Herida ingresaba una comitiva liliputiense. ¡Ah, no podía perderme un evento de ese calibre! Corrí por los puentes hasta ubicarme por encima de lo que era el llamado pasillo o cañón de la Flor Herida. Me quedé balconeando, como se dice vulgarmente. Pero sin suerte. No veía ninguna comitiva y menos que menos de pigmeos. Le hice señas al vigilador que estaba en la puerta, pero se limitaba a saludar y hacer gestos obscenos. Era usual ese tipo de arrebatos lúdicos entre la tropa. Le hice el gesto universal de “chiquitito” acercando mi pulgar con mi dedo anular y el muy boludo me señaló a mí y me dio a entender que yo la tenía chiquita. De la comitiva ni noticias. Al final, al gil que estaba en la puerta le llegó el reemplazo, cuando se iba, el que lo sustituía en el puesto le lanzó un moco en la cabeza. No se querían.&lt;br /&gt;Intrigado, descendí a planta baja y me puse a buscar la comitiva, una cosa así no sucedía todos los días. Esquivé gordas y brasileros sudados de abultadas billeteras. Alemanes desgarbados y tan altos como eucaliptos; yanquis entretenidos en lo que ellos creen que es un país tropical donde se habla portugués y se bebe caipiriña día y noche. Me detuve cuando observé dos enanos de circo que hacían aspavientos a la gente para que abrieran paso, gritaban y soplaban unas delgadas trompetillas que escupían un sonido sordo y vacío. Escuchaba por los &lt;em&gt;jandys&lt;/em&gt; aullar indignados a los protohumanos acerca de las trompetas que perturbaban la paz beatífica de los clientes. No entendían el sustrato de todo eso, se trataba de una comitiva y liliputiense. Me acerqué a los enanos y me presenté como el encargado de seguridad, me gusta mentir en ocasiones solemnes.&lt;br /&gt;-¿Ustedes dos son la comitiva liliputiense? –le pregunté al más feo, tenía ojos de caniche, para afuera. Pareció no entender lo que decía, repetí más despacio mi pregunta y me contestó en un castellano corrupto que me revolvió un poco el estómago.&lt;br /&gt;-No, flaco, la comitiva viene atrás, abrí cancha para que pasen que es un vagón de gente –me hizo a un lado y sonó la corneta. Intrigado y algo desconcertado por sus palabras examiné el piso y no vi nada que me llamara la atención. Los enanos guardaban la distancia de un brazo –en este caso muy corto- entre ellos. Volví a interrogarlo.&lt;br /&gt;-Perá... ¿Dónde? ¿Dónde decís que están? ¿No veo un cuerno?&lt;br /&gt;-Acá atrás... ¿Pero vos sos boludo? ¡Correte que tenemos cosas que hacer! ¡Dejá pasar!&lt;br /&gt;Entonces los engranajes de mi mollera comenzaron a aceitarse, la comitiva no era aquellos dos enanos malditos, simples heraldos, la comitiva estaba ahí, invisible, pero tangible. Vagando por los granos gigantescos de las baldosas, en un microuniverso invisible a mis ojos. Los enanos marchaban a paso de tortuga y hacían sonar las cornetas cuando alguien daba un paso peligroso para la vida de los inaprensibles liliputienses.&lt;br /&gt;Y entonces entraron los de las bermudas con tiradores, al menos diez, después fueron más. Más tarde me contaron que entraron por Vía del Monte. Yo no les escuché. Me quedé hablando con un locatario de los liliputienses cuando el clarín sonando con una aprensión inusual me alarmó. Como una oleada de pavor me helaron de espanto los alaridos de los turistas, tan ajenos a expresiones de horror. Me lancé corriendo hacia donde sonaban los gritos y descubrí a un grupo populoso de pequeñas personas disfrazados de tiroleses. Se lanzaban contra los dos heraldos con furia violenta y homicida. Los enanos resistían atrincherados en un cordón de un balcón, supongo que defendiendo a los invisibles liliputienses contra la asesina horda tirolesa. Ésta vestía su típica ropa folklórica, con bermudas ajustadas a sus cadera anchas, tiradores, camisas con adornos floreados y gruesos botines alpinistas. Más allá del vestuario, los tiroleses compartían un rasgo siniestro: sobre el labio superior todos llevaban un pequeño bigote recortado a lo Carlitos Chaplin pero que en el presente caso se ajustaba más al viejo demonio alemán que al cómico judío. Un turista nepalés me comentó al oído que era un grupo de doppelgängers empecinados en destruir y borrar del mapa amenazas invisibles, en este caso la liliputiense. El estado de los heraldos era alarmante. Un doppelgänger en un acceso de furia glorioso logró retorcer la corneta en el cuello de uno de los enanos, lo alzó sobre sus hombros y los arrojó al subsuelo, donde el pobre bicho se retorció como una lombriz mutilada hasta fenecer. El último que quedaba dio lo mejor de sí, pero no pudo contra tantos. Era un espectáculo portentoso aquella batalla entre enanos. Luego de eliminar a los dos aguerridos guardianes los imitadores del gran conductor comenzaron a zapatear una danza extraña con visos obscenos sobre la superficie donde vagaba la comitiva de Liliputh, presas de un rencor tan violento que nos dejó sin habla. La idea de esa multitud aplastada por los filosos clavos de los botines alpinistas tiroleses me hizo sudar frío. Pedí refuerzos, pero desde la administración del yopin nos pidieron contención y que dejáramos en libertad de acción a los demonios, a los doppelgängers del infierno.&lt;br /&gt;Luego de finalizar su acción espuria, los monstruos tiroleses peinaron sus cabellos oscuros en una prolija y delicada raya al costado, se atusaron los bigotes, bajaron al patio de comida a beber cerveza bien fría y se retiraron por donde vinieron.&lt;br /&gt;No sé por qué, ese día, tuve una erección más poderosa de lo usual.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-8837975266543990633?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/8837975266543990633/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=8837975266543990633&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8837975266543990633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/8837975266543990633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/11/el-tap-del-doppelganger.html' title='El tap del doppelgänger'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R9VSwLbc3SI/AAAAAAAAAb4/E9nJIPluSqk/s72-c/hitler1926.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-7367111360298197406</id><published>2010-11-22T09:53:00.001-03:00</published><updated>2010-11-22T09:54:36.685-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>Odi profanum vulgus</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RzRmkUK-SNI/AAAAAAAAAIQ/XTYrFJ_KGfU/s1600-h/TEY0010000966.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5130838649557895378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RzRmkUK-SNI/AAAAAAAAAIQ/XTYrFJ_KGfU/s320/TEY0010000966.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Qué más... Qué más... No me sentía muy bien... No creo ser el único. Es que cuando estamos en el trabajo, no sé el resto, pero yo... Yo siento una piedra en el estómago, una roca que me hunde, me aplasta más que la gravedad y que la horda en el tren. El peso del trabajo, el horror de poner el culo. ¡El único que tenemos! ¡Y tan herido! Abrir las cachas con las palmas como tenazas, así eh... Bien abierto, que entre aire, polvo, arena, barro...&lt;br /&gt;Tengo mis costumbres, a medida que nos afianzamos en los deberes laborales ganamos en rutina, es algo que se sabe. No me asombra. Conozco mis mañas. A las doce del mediodía, exactamente 11:56/57 salgo a almorzar. Por lo general, dos sandwiches de hamburguesas de pollo en pan negro con una rodaja de queso cremoso. Todos los días. Es una manía, un gusto que nos permite el sistema para hacernos creer que somos libres, que aún podemos elegir. Una hora o cuarenta minutos esforzándonos para apartar del balero la idea de que somos prisioneros. De que el viaje no llegará nunca, de que la gran plata tampoco y la gloria... ¿La gloria? ¡Menos! Una hora de enajenación dominados por una abotagamiento feroz, que nos aborta el raciocinio. Tan relajado y estúpido por un cansancio etéreo, por el peso de las generaciones, de la mediocridad del atómo..&lt;br /&gt;Subo los pies sobre una silla de mimbre deshecha y engaño el entendimiento. Cada tanto escucho la puerta del vestuario abrirse, siento unos pasos apresurados que corren hacia los inodoros, el tronar de la puerta al cerrarse y la comparsa de los pedos que anuncian la gran cagada. No niego que eso me arranca una sonrisa, siempre me pudo la debilidad humana. Y después la cascada de agua que arranca toda esa mierda cálida de la porcelana -¡si fuera porcelana!- Al rato se acerca el evacuado y me sonríe al pasar, piensa que fui ajeno a ese escándalo cloacal, sumergido en la música de mi mp3. Así que le digo como al pasar:&lt;br /&gt;-¿Y? ¿Lanzaste todo...?&lt;br /&gt;Silencio y después de una risa breve y metálica me contesta con un "siiii" arrastrado y pesado como una pelota de plomo.&lt;br /&gt;Los minutos corren diferentes. Tienen otro valor, el valor de lo auténtico. Cada minuto que se va, es un triunfo de los Ellos. No los invasores, los de la Nevada, sino de los verdaderos, los que nos dominan... Los esclavistas del sistema. Así que miró mi reloj, 12:20... Comienzo a leer alguna novela de ocasión, intento sentirla. Qué es la Obra... Es lo que me separa de la lacra. Pero no me engaño... La bosta se reparte con equidad, el mismo rancho para todos.&lt;br /&gt;Y vuelven los pedos allá en el baño. La tos fuerte del mierdero que intenta acallar los gemidos intestinales. Otro que entra, se pone a hacer bochinche con su loker. A sacar bolsas, bolsas con publicidades de tiendas barriales. Imagino las camperas de cuarta que se compró, la ropa de fea para su esposa gorda de vagina rendida. Y carraspeo para matar la idea venenosa. El tipo me habla... Me dice boludeces... Lo de siempre: “¡Y todo bien...! ¡Todo bien...! ¡En la lucha...! ¡Mirá... Yo mejor no puedo estar... Ando esquivando éxitos!” Y lo acompaña el coro de un recién llegado, una bestia desgarbada, grasosa y estúpida con su descomunal gracia de putear al vacío: “HIJO DE MIL PUTA... ME VOY A COGER A TU HERMANA!!!” Nadie le presta atención... Alguno lo mira y lo putea, pero no obtiene respuesta. El zángano se baja los pantalones, hasta los tobillos, a menos de un metro de donde estoy y me muestra la pistola coronada por una mata negra de pelos tan tupida como el amazonas. Se revolea la verga un rato, la airea y después se vuelve a subir los pantalones. El rito primitivo de superación está completo, pudo deslumbrar a la muchachada con su bamboleante pedazo de carne. Se da vuelta para sacar un cepillo de dientes del armario y se tira un pedo largo y quisquilloso. Nadie lo festeja. Uno de los muchachos tiene la vista fija en el piso, un muerto vivo, se saca un moco con aire ausente. Intento terminar la página de la gran novela, la que me va a salvar, la que me separa del resto... Pero no puedo. Ahí adelante uno le refriege el culo a otro y le dice: Ah-ah-ah-ah. Y el ogro grasoso, el del ritual, se suelta con una de las suyas: ¡¡¡PERO QUE PUTO DE MIERDA.... MIRAÁÁ QUÉ PUTOOOOO!!! Me observa y concluye: ¡¡Y TE VOY A COGER A TU HERMANA!!!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-7367111360298197406?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/7367111360298197406/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=7367111360298197406&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7367111360298197406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7367111360298197406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/11/odi-profanum-vulgus.html' title='Odi profanum vulgus'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/RzRmkUK-SNI/AAAAAAAAAIQ/XTYrFJ_KGfU/s72-c/TEY0010000966.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-935109848946115591</id><published>2010-11-15T09:49:00.001-03:00</published><updated>2010-11-15T09:49:50.738-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Interplanetario'/><title type='text'>El trono marciano</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R4-FMy9tZwI/AAAAAAAAAQ8/iF6RRXemELo/s1600-h/rocketsNowhere.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5156486553248032514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R4-FMy9tZwI/AAAAAAAAAQ8/iF6RRXemELo/s320/rocketsNowhere.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Después de esa terrible pesadilla que significó mi viaje y prisión en el inframundo, no quise volver a indagar los pasillos subterráneos de Galerías, por temor a encontrarme con esa puerta que me condujo a Agartha y destruyó mi integridad. Para los que aún no conocen esta historia, recomiendo la lectura del volumen primero de “Salvajes aventuras en el pozo ciego”.&lt;br /&gt;Pero en la vida, por lo menos para los desahuciados, nada es gratis. Y bajé la guardia pensando que me libré de mis excéntricos amigos, pero me equivoqué. Y hoy quiero contarles esta historia. La del sátiro de Palomar o como me cargué a un marciano.&lt;br /&gt;Luego de tres días de ausencia, que no pude justificar (y que representaron, en otro plano de la dimensión paralela, donde estuve prisionero, casi un año de suplicios y desventuras de todo tipo), volví a reintegrarme al trabajo. Para mi desgracia eso significó la pérdida del presentismo, casi doscientos pesos menos, que para un protohumano como yo, significa mucho dinero...&lt;br /&gt;Así que regresé a mi entorno, a esa maquinaria social que nos exprime la vida a cambio de una suma irrisoria de dinero que nos mantiene vivos. Fue un retorno al hartazgo o al spleen de la vida, como decían los simbolistas franceses.&lt;br /&gt;Como los días laborales son todos iguales, no recuerdo cuándo me encontré con ese tipo de cabeza ovoide que me hacía señas con la mano. Yo estaba piyando en el mingitorio y miraba hacia el inodoro que se ubicaba a mi izquierda, me llamaba la atención un tipo: un hidrocéfalo que cagaba con la puerta abierta y me saludaba con la misma emoción que un chino de supermercado. Levanté el mentón, me dominaba un sentimiento confuso, por un lado de indignación: ¿cómo podía estar cagando a la vista de todos, en un baño público y saludándome a mí que era parte de las fuerzas de seguridad? Y por otro, de simpatía inconsciente por ese tipo que estaba ajeno a los pruritos sociales, que nunca me parecieron tan necesarios. El sujeto siguió con el saludo hasta que se puso de pie, le colgaba un salmón ahí abajo, y se acercó hacia mi arrastrando los pies, enredándose con sus pantalones. Me ofreció su mano que apreté sin meditar. De inmediato la retiré, miré a la gente que observaba a ese caso médico y le dije con un tono cansino, pero firme:&lt;br /&gt;-A ver si nos subimos los pantalones, que esto es un baño público... ¿Eh? No me hagas un escándalo que soy de seguridad; de seguridad, soy, ¿eh?&lt;br /&gt;-Sí, claro, sí, disculpe... Pero, ¿cómo le va...? –me saludó mientras se subía los pantalones, no pude dejar de volver a mirar esa cosa que colgaba como un homúnculo condenado al patíbulo entre sus piernas. Se abrochó el pantalón y volvió a extenderme la mano. No pude soportarlo:&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? ¿Qué? ¿Qué querés? ¡Soy seguridad!&lt;br /&gt;-Nada, quería presentarme... Yo a vos te conozco... Vos sos de seguridad... Tenemos que hablar –me dijo, al tiempo que miró a los curiosos y me guiñó un ojo cómplice.&lt;br /&gt;-No, yo no te conozco y ahora estoy laburando. Seguí tu camino y no me hagás volver por vos, ¿tamos?&lt;br /&gt;-No, vení. Escuchame –dijo y rodeó su brazo con el mío, me condujo fuera del baño, a lo que accedí, porque las miradas de los curiosos me pusieron nervioso. Lo llevé hasta la puerta de un pasillo técnico, lejos de las miradas curiosas y las cámaras.&lt;br /&gt;-Escuchame, me tenés que ayudar –comenzó a confesarse, su rostro lo tenía a menos de cinco centímetros del mío y como yo me había ubicado detrás de una pared, no podía eludirlo, el aliento fétido que despedía su oscura boca de pulpo me provocó náuseas.- ¿Vos no sabés la que se viene? Está así... Mirá... Así de que todo se vaya a la gran flauta... Mirá... No se va, porque... ¡No sé! ¡Porque Dios es grande! ¡Si no! ¡No sé! Desde el 61 que estamos con el culo en la mano... Desde el 61... –hizo una pausa teatral.&lt;br /&gt;La cosa comenzó a superar mi paciencia, así que agarré el handy para modular el famoso código 22 y que se llevaran al maldito al deshuesadero de cartones para darle una tundita componedora... Pero me intrigó lo del 61 y como a mí me gusta eso de archivar historias para futuros cuentos, lo dejé hablar y no me equivoqué...&lt;br /&gt;-¿Y qué pasa con el 61?&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? ¿Qué pasa con el 61, eh?&lt;br /&gt;-No sé, ¿qué pasa?&lt;br /&gt;-Mataron a John Ficheral... ¿Soy boludo? ¡Mataron a Kennedy, papá! ¿No entendés?&lt;br /&gt;No pude contener un reflejo que arrastran mis genes más primitivos, los de reptil, que es rascarme la cabeza cuando una cosa supera mi capacidad intelectual o mi paciencia. Y éste era un caso ejemplar. Mataron al cabezón de Kennedy en el 61 y a mí qué carajo podía importarme aquello.&lt;br /&gt;-Ta... Bueno, lo invito a retirarse, por favor, si me acompaña. Sin... sin escándalo, por favor...&lt;br /&gt;-No, no puede ser. Vos no entendés. ¿No entendés? Lo mataron... ¿No entendés?&lt;br /&gt;-Qué querés que entienda –le dije mientras lo tomaba del brazo y abría la puerta que conducía a un pasillo interno que desembocaba en la calle Vía del Monte.- No me rompás las pelotas, ¿eh? Cortala con eso... Dale, dale, caminá...&lt;br /&gt;-¡No! ¡Pará! ¡Es importante!&lt;br /&gt;-Me lo paso por las pelotas, caminá... ¡Caminá! –le grité mientras lo forzaba a atravesar la puerta, pero clavo sus uñas sobre una columna cual una lapa y me costaba desprenderlo. Aflojé el tirón, me acerqué y con la mano abierta le pegué en los dedos para que se soltara, pero empezó a chillar como un chancho. Estaba armando un escándalo. Así que me decidí por lo más práctico, seguirle la corriente.&lt;br /&gt;-Cortala... A ver... ¿Qué tiene de especial que mataran a Kennedy en el 61?&lt;br /&gt;La atención que le dediqué lo calmó y dejó de pegar gritos. Me sonrió satisfecho, se acomodó la ropa y comenzó con su cháchara:&lt;br /&gt;-En el 61 mataron a Kennedy, porque en el 62 tenían que viajar a Marte y dejar todo listo. El viaje del 62... No la farsa del 69 a la Luna. Todo esto es mucho antes. Fue un ataque de las dos potencias contra los marcianos. No te lo dijo el alemán cuando estuviste en Marte... ¿No te dijo nada? La alternativa tres...&lt;br /&gt;-Y vos ¿cómo sabés lo de Marte?&lt;br /&gt;-Tengo mis contactos... Viajaron a Marte y se tenían que sacar de encima al cabezón... Kennedy era una marciano. Lo pusieron los ete en el gobierno, para dominar al mundo. Pero los yanquis y los rusos no se iban a dejar tocar el culo de ese modo, los dejaron hacer, que elevaran a su gran duque marciano en al palco americano, pero lo hicieron cagar y después se fueron a Marte... Donde se armó la gorda. ¿No te contó el alemán?&lt;br /&gt;Lo miré con el ceño fruncido, una somnolencia asquerosa me mecía de un lado a otro y no creía que estuviese escuchando con corrección lo que me decía ese bicho.&lt;br /&gt;-Buenísimo y con eso qué...&lt;br /&gt;-Que yo sé todo y tengo que recurrir a vos para que me salvés... Yo sé que los yanquis quisieron poner a un ete cabezón en la silla de Lincoln, necesito que me salves, vos sos el único tipo que sabe como viene la cosa... No hay otro que sepa lo que vos..&lt;br /&gt;-¿Leiste mi blog...?&lt;br /&gt;-Claro... De ahí deduje quién eras, me llevó meses encontrarte, dar con tu perfil y menos mal que subiste unas fotitos, sino cagaba fuego... No te encontraba más...&lt;br /&gt;-Entendé que es todo verso... Lo inventé, no seas pelotudo, te creíste el cuento. Es todo mentira. Lo máximo que me pasa acá adentro son las rotaciones que hago cada media hora. Lo demás es verso... ¿Me entendés? –y como el maldito me hizo recordar la llaneza de mi vida me enfureció y grité- ¡Lo demás es mierda como tu vida... Tomatela, payaso... Tomatela!&lt;br /&gt;El tipo se quedó con las manos retraídas sobre el pecho como un tyranosaurio. Le temblaba la boca y se lo veía tan angustiado que no se animaba a decir. mu.&lt;br /&gt;-Pero si lo dijiste en el blog... Tenía lógica, yo conozco los hechos, es todo verdad.&lt;br /&gt;-Lo afané de internet y vos también. Chau, puto. –le dije mientras le golpeaba la nuca con la mano abierta.&lt;br /&gt;-Aguantá... Mirá... Mirá... –se exasperó y sacó unas cosas arrugadas del bolsillo. Me incliné para ver que tenía y reculé espantado. Parecían fundas de piel recubiertas de costras sangrientas.&lt;br /&gt;-Mierda... ¿¡Qué es eso!?&lt;br /&gt;El tipo se miró la mano y volvió a meter los objetos presa de una confusión infinita...&lt;br /&gt;-Ay, no te quería mostrar esto... No me malinterpretes, tengo un hobby, colecciono pitos... Pero nada que ver... De verdad... ¡Mirá! Acá está -y extrajó un papel doblado en mil pedazos que desplegó ante mis ojos. Estaba tan dañado y amarillento que me costó leer el titular de la hoja, decía así: “Vinculan a familia Kennedy con extraterrestres”. Observé la cabecera de la hoja y leí: Semanario insólito, año 1985. Le palmeé la espalda y repetí:&lt;br /&gt;-Dale... Dale, tomatela.&lt;br /&gt;-A ver... Creo que estamos en pelotudos... Acá lo dice... Salió en las noticias, que le echaron tierra encima, está bien, le echaron tierra encima. Pero es posta, es un periodista serio el que escribe. Tomá, leelo. Mirá lo que dice... Los Kennedy eran parte de una avanzada diplomática marciana, llegaron a la Tierra para dominarnos...&lt;br /&gt;-Escuchame, flaco... Estoy laburando... Pasate otro día y hablamos...&lt;br /&gt;-Dale... Otro día... –y entonces metió la mano en el bolsillo, hurgó un poco, como buscando una cosa, sacó el puño crispado y cerrado, lo acercó a mi cara, abrió la mano y sopló un polvo de color rosado fosforescente que flotaba sobre su palma. Y como sucede en las películas, aunque suene a cliché, luego de eso no recuerdo nada hasta que me desperté.&lt;br /&gt;Sentí un dolor agudo en la zona lumbar y no tardé en descubrir la causa, me habían arrojado sobre el césped de un descampado... desnudo. Y como sufro de lordosis, el rocío nocturno me afecto de inmediato. Tuve que girar para ponerme de pie con un dolor infernal que me recorría toda la cintura, intenté deducir dónde me encontraba, pero mi posición encorvada no ayudaba. Era un descampado con algunos eucaliptos aquí y allá. Mi ropa no estaba en ningún lado y lo único que me llamó la atención fue el gigantesco cohete que se alzaba a menos de diez metros de donde estaba. Era una noche sin luna y las luces de una ciudad lejana, tal vez Ezeiza, iluminaban el paisaje. Hice algunos estiramientos que amenguaron algo mi suplicio y me acerqué al cohete. Una estructura tubular de aluminio que se alzaba del piso unos diez metros. No tenía a la vista ventanas o compuertas. Parecía un consolador titánico.&lt;br /&gt;-¿Y? Cabezón... –dijo una voz detrás de mi nuca que me tomó desprevenido, di un respingo y emití un grito de maricona.- Nos vamos para Marte...&lt;br /&gt;-Mmmm... ¿Qué? ¿Dónde estamos?&lt;br /&gt;-En Palomar. Dejé el cohete escondido detrás de la arboleda, para que no me rompieran los quinotos. Tenés que venirte con nosotros, vos no vas a ayudar a reinstaurar a los Kennedy en el trono de Lincoln. Porque, vamos a ser sinceros, en Marte no queda mucho donde revolver, estamos en la miseria... Dos siglos más como mucho y no queda nadie que cuente el cuento. ¿O miento?&lt;br /&gt;Observé su cabeza ovoide, sus ojos de subnormal, sus manos enormes, su cuerpo delgado y su corta estatura. Sí, tal vez fuera un marciano; pero también podía ser un loco, un obseso que se vio reflejado en mis delirios, elaboró un cuento y ahora quería que él y yo lo viviéramos.&lt;br /&gt;-¿Y qué combustible propulsa el cohete? ¿Magnetón o carborita?&lt;br /&gt;-¿Eh? ¡No! ¡Querosén! Es más barato...&lt;br /&gt;-¿Eso está lleno de querosén...?&lt;br /&gt;-Hasta el techo... Asalté un camión cisterna, me tuve que comer al tipo para no dejar rastros.&lt;br /&gt;-Yo no me subo...&lt;br /&gt;-Vos te subís –dijo y extrajo de su axila una pistola aspaventosa, enorme, con un cuello gordo y una esfera de cristal sobre el gatillo.- o te reviento acá con la pistola de rayos. –y para que no me quedara duda de sus intenciones belicistas pegó un tiró al aire. Un rayo verdoso voló hacia el cielo hasta que se desintegró.&lt;br /&gt;Nos acercamos al cohete y me señaló con la pistola que subiera, que no demorara más el asunto. Me alcé de hombros y comencé a trepar por la escalerilla que conducía a la compuerta de la sala de mandos. Yo esperaba mi oportunidad para sorprenderlo y escapar de ese termo mortuorio, porque íbamos a estallar como un petardo. Abrí la puerta, adentro reinaba un desorden asqueroso. Sólo había dos asientos y el piso estaba cubierto de desperdicios. Cuando vi que el marciano clavaba sus dos manos en la abertura, cerré la puerta de un golpe. Lo escuché gritar y luego volví a abrir la puerta. El bicho se cayó de espaldas, tres metros de caída libre sobre el suelo terroso. Escuché el golpe seco del cuerpo al impactar contra la tierra. Me dio un poco de gracia, se le escapó un: ¡Ufff!&lt;br /&gt;Antes de salir de la nave observé un plano de Marte, donde estaban trazados todos los canales y las ciudades marcianas, con una X estaba marcada una ciudad que se llamaba: Vatirium.&lt;br /&gt;Descendí con presteza y me ubiqué al lado del extraterrestre. Estaba tendido en el piso con la cara fruncida y boqueando dolorido. Hurgué en su ropa, lo manoseé un poco y extraje un encendedor imitación zipo, eso que venden en los trenes. Cumplía la misma función. Lo encendí y lo ubiqué debajo del cohete. Luego me despedí del muchacho, le pateé la cabeza hasta que quedó como una mermelada de ciruela. Tomé la pistola, me alejé unos cien metros y disparé. Me llevó cinco minutos acertarle al cohete. Cuando me iluminaron las llamas recordé que estaba desnudo, desde entonces algunos testigos casuales me recuerdan como el sátiro del Palomar. Del marciano y de la invasión sólo quedaron cenizas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-935109848946115591?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/935109848946115591/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=935109848946115591&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/935109848946115591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/935109848946115591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/11/el-trono-marciano.html' title='El trono marciano'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/R4-FMy9tZwI/AAAAAAAAAQ8/iF6RRXemELo/s72-c/rocketsNowhere.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-4400039504071679873</id><published>2010-11-08T13:08:00.000-03:00</published><updated>2010-11-08T13:09:16.197-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>El espejo del estrellero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3uAFz2rAI/AAAAAAAAAkA/JfeZAQ5Lsxk/s1600-h/flammarion.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192067630755130370" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3uAFz2rAI/AAAAAAAAAkA/JfeZAQ5Lsxk/s320/flammarion.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Después del episodio con los &lt;em&gt;doppelgängers&lt;/em&gt; quedé como atacado, como si sufriera un brote de hemorroides, pero de los fuertes. Una mandrágora en el culo. Caminaba y veía a los enanos en todas partes. Me obsesioné, pensaba que iba a sonar la trompeta de la gran final en cualquier momento. Es que Fito era un tipo de cuidado, no se andaba con medias tintas, iba por todo. No le faltaba decisión. A medida que volví a la rutina del trabajo, me fui tranquilizando. El día a día, la nulidad diaria, la monotonía. Todo ese devenir diario le prestó tintes fantásticos a mi vivencia y al mes no sabía si sufrí una alucinación o si era historia cierta. Me apresuré a volcarla por escrito y luego de eso, olvidarla.&lt;br /&gt;Como tantas otras veces, salí a deambular por el yopin. Me gustaba estar del otro lado, observar a los vigiladores que la sufren en las puertas, con el vaivén del abre y cierra, el infaltable buen día, soso y arrastrado, y otras boludeces que están obligados a responder. Yo me lucía paseando a discreción, hasta con las manos en los bolsillos, para que supieran, los monos, lo que es tener coronita. No es que los odiara, pero cada tanto me hacían pasar la de Caín, por eso tenía que apedrearles un poco su moral, bajarlos de la rama, para que supieran, para que supieran que ahí estaba yo. ¡Y con las manos en los bolsillos!&lt;br /&gt;Acababa de atravesar el puente del primer piso del cañón de la Flor Herida cuando me topé con un tipo que me llamó la atención. Al principio dije: “Uy, otro boludo como Martín Casparrós…” Pero no, iba en serio. Un monigote del siglo XIX, pero hecho y derecho. Quiero decir, un traje con moñito chiquito, cuello almidonado, traje cortado a medida, pero barato, los pelos un revoltijo inmundo y la barba dividida en el mentón con dos cuernos. Un daguerrotipo en carne viva. Parecía una personalidad famosa que acostumbramos a ver en grabados y cuando descubrimos una foto antigua de la misma persona, nos deslumbra su humanidad, salvaje y sujeta al instante histórico. Los detalles sucios, el pelo desprolijo, la cara cansada, el traje no tan limpio ni tan planchado como creíamos. Digo que me llamó la atención, pero no pasó de ahí, porque intuí que se trataba de alguno de esos payasos que pueblan la peatonal, mendigando monedas por quedarse quietos el tiempo que dure la atención de turistas descerebrados. Iba a seguir mi paseo cuando escuché que le preguntaba una cosa a un vigilador que estaba unos pasos detrás de mí y lo hizo en francés. Si bien no hablo ninguna lengua –otro de los motivos por lo que soy seguridad- cacé al vuelo el significado de las palabras este fatuo. Retrocedí y le indiqué al muchacho, casi con un gesto obsceno, que desapareciera, que para eso estaba yo, un tipo de mundo:&lt;br /&gt;-¿Puedo ayudarlo en algo?&lt;br /&gt;-Sí es tan amable… -respondió en un castellano algo afrancesado, pero no por eso menos perfecto.&lt;br /&gt;Mi cabeza osciló en un eterno sí-sí-sí-sí… Hasta que el tipo hizo un gesto abarcador con el brazo, como enseñándome las maravillas de la bóveda celeste. Insistí:&lt;br /&gt;-Y, ¿en qué lo puedo ayudar?&lt;br /&gt;Acercó su cabeza barbuda hasta ponerse a dos centímetros de mi rostro, tuve que retorcer mi voluntad para no poner distancia entre su cara y la mía, olía a queso rancio, cuando abrió la boca creí que el averno soltaba todos los culos y pijas de Sodoma y Gomorra. Exhalé con fuerza para no lanzar las dos hamburguesas de pollo que almorcé una hora atrás.&lt;br /&gt;-Me dijeron que acá hay unas nenas que están &lt;em&gt;très bien-très bien&lt;/em&gt;… -se pasó el antebrazo por la boca para secar un chorro espeso de saliva que se derramó de su boca.&lt;br /&gt;-Y algo hay, algo hay... –me hice el interesante. Tampoco podía pelar el salame así de entrada. No lo conocía al tipo y podía ser para quilombo.&lt;br /&gt;-Mirá, yo tengo mucho dinero. A mi no me sale nada. Nada, pero traeme dos o tres nenas y vamos pasarla bomba.&lt;br /&gt;-¿Y vos quién sos? –cuando se puso insistente, me dio por el quinto forro. Es mi deber, como personal de seguridad, sospechar de todos. - ¿Vos quién sos? Mirá que no te conozco, no te hagás el guapo o te hago cagar, ahora. Mirá, ahora.-me le fui un poco al humo, con el cuello un poco ladeado hacia la izquierda, es que hedía a lobo, el hijo de puta.&lt;br /&gt;-Yo soy Camille Flammarion, para lo que guste mandar. Astrónomo, poeta estrellero y escritor sideral.&lt;br /&gt;Me quedé un segundo babeando la idea. No me era desconocido. El tipo me sonaba. Es que todavía tenía resabios de cultura en mi cerebro. No gran cosa, nunca me empapé demasiado, pero me quedaron chispazos de mis buenas épocas y la verdad que el tipo me sonaba. Me vino a la cabeza la revista &lt;em&gt;Cuarta Dimensón&lt;/em&gt; y después otra, una peor, recordé una nota, un artículo, sobre este tipo, el mismo. El primero que habló sobre la pluralidad de mundos, un delirante completo del siglo XIX, pero había robado lo suyo con su teoría. La pluralidad de mundos. Un francés, estrellero. Pero hacía bocha de eso, no podía ser.&lt;br /&gt;-Vos sos un ladri, Flammarion la palmó hace más de un siglo, a mí no me pasés por encima porque no como mocos, ¿entendés? –le clavé un dedo en el pecho para que supiera que si insistía, le caía la golpiza. Esto de yapa.&lt;br /&gt;-Pará... –dijo y alzó las palmas amarillentas, casi de mono, de sus manos. Como para indicarme que hablaba con la verdad- Dejame que te ponga un poco en tema... No soy un apache cualquiera, soy un tipo de cuidado. Un científico.&lt;br /&gt;-Mirá, flaco, estoy laburando. Aunque pienses que no, que me estoy rascando los piojos de la chota, no. Estoy laburando, así que seguí tu camino y yo sigo el mío. ¿Te parece?&lt;br /&gt;-Ma'sí, olvidate que dije que soy Flammarion, vamos a lo importante. Conseguime una de esas nenitas, ¿cuánto querés...? ¿Una fortuna? Yo te doy.¡Te doy!&lt;br /&gt;En seguida, como para decidirme, extrajo una billetera enorme que tenía en el bolsillo de su saco y se puso a contar un manojo de billetes de cien pesos. Era una oportunidad sabrosa.&lt;br /&gt;-Salgo en una horita. Esperame en la calle Vía del Monte y vemos... No te prometo nada y si veo que la cosa no camina, te mando en naca.&lt;br /&gt;-Tamo’, tamo’... Nos vemos entonces...&lt;br /&gt;-Da...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salí, lo encontré parado enfrente. Con su pilcha de museo y la cara de linyera. Todo un ejemplar. Levanté la mano para llamarle la atención y le grité:&lt;br /&gt;-Flammarion... –me daba risa llamarlo así, como el estrellero. El tipo era un caso. Además, un degenerado de cuidado. Cruzó, por poco lo pisa un bondi que venía a toda máquina.- Tené cuidado, a ver si te revientan.&lt;br /&gt;-No me puedo acostumbrar, pasa un siglo y el mundo es un loquero. ¿Vamos? &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3tVFz2q9I/AAAAAAAAAjo/JRpsn18ZDCk/s1600-h/camille+flammarion1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192066892020755410" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3tVFz2q9I/AAAAAAAAAjo/JRpsn18ZDCk/s320/camille+flammarion1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-Venite, pero quedate un poco atrás que tengo que arreglar con la vieja a ver si suelta. ¿Cuánto tenés?&lt;br /&gt;-Cien mangos.&lt;br /&gt;-Dame cincuenta que son para mí y a la vieja veo con qué la arreglo.&lt;br /&gt;Me acerqué a la puerta del banco &lt;em&gt;CountryBank&lt;/em&gt; y me puse a chamuyar con la rumana. Parecía un bidón de damajuana, qué digo, un balde con querosén. Me miraba con sus ojos colorados de vampiro. Le decía que me soltara a las dos crías, las chiquititas. Que me las llevaba para el barguer, para darle de morfar. “Dale que le doy de morfar, un ratito y te las traigo” Y la vieja con el “no, no, no”. De puta, nomás, quería que le soltara la pasta. Miré para atrás y vi al boludo del franchute parado detrás de mí, le hice señas con el brazo para que reculara, el pelotudo me quemó. Le tiré veinte mangos a la borracha y me llevé a las pibas. “Las llevo al barguer y te las traigo...” Las nenas, mansitas, me agarraban de la mano. Y eso que adentro eran unos demonios. Querían un combo agrandado. Así se los iba a dar, agrandado y por el orto. A las rumanitas.&lt;br /&gt;-Vamos para la reserva. –me dijo el poeta. Se acomodó el moño y le retorció las mejillas a las dos nenas.- ¿Quieren venir con el tío Camila, eh? ¿Tienen hambre las dos muñecas, eh? ¿Vamos a comer algo, eh?&lt;br /&gt;-Che, yo te dejo, tengo que volver.&lt;br /&gt;El tipo siguió caminando con las dos nenas. No me escuchó.&lt;br /&gt;-¡Te dejo, me voy a casa!&lt;br /&gt;Entonces me escuchó, se frenó y me espetó:&lt;br /&gt;-¿Cómo te vas? ¡No! ¡No! ¡No, venite, acompañame! ¡No! ¡Venite que no sabés lo que tengo para vos! Vos sos un tipo especial, sos el primero que me reconoce. Yo pensaba que era un tipo sin legado y me equivoqué, el mundo me recuerda. Tenemos que festejarlo, además, son dos. ¿No te vas a ir ahora?&lt;br /&gt;-No me interesa. Además andá a saber...&lt;br /&gt;-¿Qué? –me dijo mientras levantaba los hombros intrigado, las nenas pendían de una pierna con sus caras de momias, tantas pastillas y drogas las tenían mononas.&lt;br /&gt;-Cualquier cosa deben tener. Viven en la calle como cucarachas.&lt;br /&gt;-Ah, bueno. No te preocupés. Vos no te preocupés. Acompañame un par de cuadras, te quiero contar algo. Estoy feliz, dame un beso.&lt;br /&gt;Me acerqué y le di un beso en la boca. El tipo se pasó el antebrazo por los labios y escupió al suelo.&lt;br /&gt;-Pero en la boca, no. ¿Sos puto?&lt;br /&gt;-No, pero dijiste...&lt;br /&gt;-En la mejilla, doble beso como hacen mis compatriotas.&lt;br /&gt;-Dejá y dale, seguí caminando que acá es un quemo y nos están mirando.&lt;br /&gt;Una de las nenas comenzó a tener convulsiones y a largar espumarajos amarillos por la boca. La alcé y dejé que lanzara toda la cascada sobre la curva de mi espalda. No era una cosa agradable, pero peor era ir a la jaula. Después de eso, le compré unas mentitas y se reanimó. Lanzó la farmacia que le echó encima la bruja de la madre o la que la alquilaba, no sé, estaba mejor. Hasta sonreía. El francés, chocho. El tipo comenzó a hablar como un loro, revoleaba a las nenas de acá para allá con sus ademanes y aspavientos, yo lo seguía más que nada para ver si podía sacarle otros cien manguitos. Se daba aires de duque, que era toda una celebridad en su tiempo que estuvo en la feria mundial y qué sé yo que otras boludeces. Yo le conté lo mío, para que no se inflara como un globo. Le hablé de mi viaje a Marte, mi viaje al inframundo, mi lucha contra toda clase de monstruos y de magias. Yo era el epítome del aventurero. El verdadero, él no era otra cosa más que un poetita de cuarta, una estatua de plaza.&lt;br /&gt;-Vos tenés un raye importante. –me dijo cuando terminé de relatarle mis hazañas, las mismas que volqué por escrito en este espacio, no exageraba- Estás más detonado que Jules Verne. ¿Lo leíste? Yo lo conozco personalmente, es un tipo insufrible, se la pasa leyendo enciclopedias y boletines científicos. La familia no lo soporta. Ojo, lindo tipo.&lt;br /&gt;Y así, como quien no quiere la cosa, llegamos a la reserva. Ese día, no sé por qué, había más putos que de costumbre. Una reserva de sodomitas.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3tm1z2q-I/AAAAAAAAAjw/ztx6VV69GjA/s1600-h/camille+flammarion.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192067196963433442" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3tm1z2q-I/AAAAAAAAAjw/ztx6VV69GjA/s320/camille+flammarion.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-Vengan, por acá. Teneme a las nenas. ¡SON DOS PRECIOSURAS! –gritó de pronto al entregármelas.&lt;br /&gt;-¡Shhh! ¡Callate, boludo! ¡No hagás bardo a ver si alguno sospecha! –no quería llamar la atención. Las nenas estaban tan sucias y abandonadas que no podían pasar por hijas de alguno de nosotros. Era para sospechar y además en la reserva, esa leonera de depravados- Mirá que te las dejo y me doy el pire. Arreglate solo.&lt;br /&gt;Camila se detuvo. Se tomó la barba con los puños cerrados y la estiró a hacia los costados. Después se hurgó la cabeza con sus dedos de chorizos –tan poco poéticos- y se arrancó un piojo que reventó apoyándolo sobre la punta de la uña del dedo gordo. Las nenas estaban más despiertas, los efectos de la droga se disipaban. Corrían como liebres por entre los pastizales. Las dejábamos hacer, que se curtieran con las sierpes.&lt;br /&gt;-¡Che, ojo las víboras! ¡Y hay cuises! ¡Hay cuises! –a pesar de mi advertencia siguieron con lo suyo, el parque, el aire libre y la ilusión de libertad era más fuerte.&lt;br /&gt;-Mirá, parecen hormigas coloradas. Dejalas que jodan, que se casen un poco. Acompañame.&lt;br /&gt;El francés se internó en la espesura cobriza de los pastizales, lo seguí. Cuidando de no pisar una rata o una culebra, que abundaban en ese potrero gigantesco que llamaban reserva. Las nenas nos seguían y a veces pasaban corriendo por al lado como pecaríes. Gritaban hasta romperte los tímpanos. El estrellero ni cargo se hacía.&lt;br /&gt;-A ver si pisamos un puto. La cantidad que hay acá. Son plaga. No tienen moral.&lt;br /&gt;Pero no me escuchaba, caminaba con paso firme, sabía adonde se dirigía. Me di vuelta y observé que sería difícil desandar el camino, los pastos volvían a su posición original y de las pibas ni noticia. Me agarró cagazo ¿y si era un degenerado?. No sería el primero. Uy, ¿y si me reventaba? Busqué un arma con desesperación y me agaché para tomar un trozo de rama. Apenas la levanté, la revoleé en el aire espantado. Enredada, como si fuese el símbolo hipocrático, había una culebra verdosa que me horrorizó. Pegué un gritó de mujer. El francés desapareció detrás de unos árboles, me apresuré a seguirlo.&lt;br /&gt;El tipo estaba de la cintura para abajo en bolas.&lt;br /&gt;-Rasputín tenía un pijote enorme. Pero enorme. Yo tengo lo mío. Mirá. –se dio vuelta y se agachó. Me mostró la boca negra del pecado que era su ano, aunque no sé si fue intencional. En realidad estaba levantando el marco que sostenía un espejo inmenso.- Ponete ahí, de costado al espejo. No mires de frente. Ves que el reflejo es negro.&lt;br /&gt;-Sí. –el tipo apoyó el espejo sobre el tronco de un sauce llorón. El cipote asomaba con carpa debajo de la camisa.&lt;br /&gt;-Esto me trajo acá. El espejo de John Done. Me lo regaló la reina madre. Buena gente. Me dijo que dejaba uno falso en el museo y que me deba el original a mí en reconocimiento a mi genio científico. Lo que es ser famoso, ¿no? Ah... No doy más. Vos quedate acá que yo voy a buscar a las pibitas.&lt;br /&gt;-Se puede viajar en el tiempo con esta cosa.&lt;br /&gt;-¿Qué ves?&lt;br /&gt;-Una mancha negra.&lt;br /&gt;-Ponete más de costado.&lt;br /&gt;-A ver...&lt;br /&gt;-¿Y ahora?&lt;br /&gt;-Te veo a vos, en bolas, sentado sobre una silla de mimbre, los pelos electrizados y la mirada fija en el infinito.&lt;br /&gt;-Ese es mi verdadero yo, el que se quedó en casa y éste que ves acá es el yo astral, el que viaja por el infinito.&lt;br /&gt;-Como el eternauta.&lt;br /&gt;-No, eso es fruta.&lt;br /&gt;-¿Conocés el eternauta?&lt;br /&gt;-Tengo un ingenio para viajar en el tiempo, ¿no? Conozco todo. Soy el amo del tiempo.&lt;br /&gt;-A ver... Prestámelo para ir al pasado. Me gustaría corregir algunas cosas. Mirá, me equivoqué. Viví equivocado. Yo tuve que estudiar para no terminar de vigilador. Dejame volver a los dieciocho años, tengo dos cosas que me quedaron atravesadas. Quiero ir a estudiar y consultar un dermatólogo, tal vez estaba a tiempo de no quedarme pelado.&lt;br /&gt;-Fruta... fruta... Además, negro, la verdad que lo lamento, pero no podés viajar en el tiempo, mientras yo esté usando el espejo. Vos haceme gamba hoy, haceme gamba con los dos caramelitos y te prometo una cosa...&lt;br /&gt;-Qué...&lt;br /&gt;-Te la dejo en herencia... Ponele, pongo en el testamento que sea entregada a tal persona, tal año en tales condiciones y listo.&lt;br /&gt;-No la puedo usar ahora, entonces...&lt;br /&gt;-No, ahora no. Bancame con las nenas, dale. Después hablamos. –no paraba de salivar como un sapo. Burbujas de gozo.&lt;br /&gt;Decepcionado, pero con la firme convicción de que todo se revertiría, le di una mano con las rumanitas. Era un tipo caprichoso. ¡Y qué gustos!&lt;br /&gt;Después de eso, de Camila, de sus estrellas, de su espejo de John Done, de sus manías rumanas y de sus promesas; no tuve ni noticias. Claro, el tipo me engrupió fácil. Si entendemos el tiempo como una línea recta, tuve que prever que en el momento en que sellaba su promesa nunca la había cumplido. La prueba era mi seborrea y mi puesto de vigilancia.&lt;br /&gt;Lo peor fue el momento en que intenté cambiar los cien mangos en el banco y me los retuvieron porque eran truchos.&lt;br /&gt;El otro día vi a una de las rumanitas, ¿qué tendrá? ¿Diez años? ¡Y preñada! ¿El culpable? Un chanta, viajero del tiempo, estrellero, poeta, cree en la pluralidad de mundos y vende pedos de colores. Tené cuidado…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-4400039504071679873?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/4400039504071679873/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=4400039504071679873&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/4400039504071679873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/4400039504071679873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2010/11/el-espejo-del-estrellero.html' title='El espejo del estrellero'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SA3uAFz2rAI/AAAAAAAAAkA/JfeZAQ5Lsxk/s72-c/flammarion.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-2385445479622629300</id><published>2010-11-04T09:00:00.000-03:00</published><updated>2010-11-04T09:06:13.205-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Abusos'/><title type='text'>Noches pornos de luna llena</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ0jzBvmzI/AAAAAAAAA2k/kAenXVGspEs/s1600-h/lobison.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256391873436556082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ0jzBvmzI/AAAAAAAAA2k/kAenXVGspEs/s400/lobison.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasé sin llamar y le dije a mi jefe:&lt;br /&gt;-Me tomó los tres días, bah, los dos de franco y el que me debían. Ese que me debían.&lt;br /&gt;-No te debíamos nada.&lt;br /&gt;-Me deben la vida.&lt;br /&gt;-No te debíamos un franco.&lt;br /&gt;-La vida.&lt;br /&gt;-Un franco. ¿De cuándo?&lt;br /&gt;-Desde hace mil. Sí.&lt;br /&gt;-Bueno, tomatelo.&lt;br /&gt;-Bueno, porque me voy a la costa. A descansar. A descansar, que me lo gané, ¿o no?&lt;br /&gt;-¡Qué sé yo! ¿Te lo ganaste?&lt;br /&gt;-¡Me lo gané! ¡Claro qué sí, claro que guey!&lt;br /&gt;-Dale, rajá así no te veo la napia por un tiempo. Que sea largo, tratá.&lt;br /&gt;-Por mí...&lt;br /&gt;Empecemos con las explosiones, porque sino se cae. Es difícil que te sientes y leas mis memorias, las de un blogger, comprometido con lo que pasa hoy y con lo que sentís vos, que te masturbas frente a la pantalla del monitor y te secas el esperma con el rollo de cocina, para no dejar huellas, porque sí, no porque te creas Lupin o Sherlock Holmes.&lt;br /&gt;Tenía tres días para irme afuera. Lo primero que pensé fue pirarme para la isla Martín García, ahí tenía un contacto que por chaucha y palito me alquilaba un grupo, no muy numeroso, de nenitas que no alcanzaban los 12 años para hacer lo que se me antojara, que era mucho. La otra era ir a una estancia a comer asado hervido durante tres días y la última, de carpa a unos viveros que quedaban cerca de Necochea, pero lejos de todo. Me incliné por la última opción. La consideré audaz y fuera de lo común&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;Cuando me monté al ómnibus en Retiro me dio cargo de consciencia. El hecho de abandonar Buenos Aires, por tan pocos días, me parecía banal. Siempre existía la posibilidad de aprovechar el tiempo en otra cosa&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;. Eran tres días, en medio de la nada, para hacer vida de Robinson y convencerme que vivía una verdadera comunión con la naturaleza, yo: el asaltante de trenes, el bándalo del subte, el hombre gris de la oficina.&lt;br /&gt;La tesis que barajaba era desarrollar tres proyectos científicos:&lt;br /&gt;Punto uno:&lt;br /&gt;-Encender el fuego con el reflejo del sol sobre el vidrio de una lupa.&lt;br /&gt;Punto dos:&lt;br /&gt;-Encender fuego frotando dos varas de madera entre sí.&lt;br /&gt;Punto tres:&lt;br /&gt;-Confeccionar un cuchillo primitivo a golpes de piedra. Bañarme desnudo en el mar, sacarme fotos obscenas en lo más profundo del vivero, bajo la sombra de los pinos.&lt;br /&gt;Me propuse retroceder algunos miles de años en la evolución, porque siempre fui amigo de la paranoia y me obsesionaba la idea de que el Apocalipsis me sorprendiera en bolas.&lt;br /&gt;Quería estar preparado. Por eso era urgente aprender los vericuetos de la sobrevivencia cuanto antes&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;El viaje se hizo largo, interminable. Arriba del micro, el tiempo pasaba a cuentagotas, la tele estaba rota, pero me aclararon que la video no. La video andaba. “Gracias, gracias”. Y a medida que la aguja evolucionaba en el reloj mi vejiga se hinchaba hasta un grado alarmante. De capricho, nomás, me aguanté las ganas de piyar. No podía soportar la certeza de ir al baño del ómnibus y toparme con la puerta cerrada. Era esa clase de experiencias a las que no sobrevivía. La sola idea de contemplar el rostro abotagado de la gente que se tienden en el asiento del micro, como en la cama de sus casas, que se sacan sus zapatos y se cubren con sábanas pesadas y húmedas, como digo, la idea de enfrentarme a esos ojos de mirada vacua que juzgan y condenan mi escaso talento telepático para sorprender el baño desocupado como si fuese el más bajo de los imbéciles; me resultaba insoportable.&lt;br /&gt;Así que bueno, me contuve y ensayé mentalmente miles de formas de orinar desde mi asiento sin que me sorprendieran. Concluí que el pañal para adultos era una forma elegante de piyarse encima, que elude con elegancia las miradas curiosas.&lt;br /&gt;Llegué a Mar del sur a la madrugara, me puse la mochila al hombro y me largué a caminar, me quedaban casi treinta kilómetros hasta el vivero, comenzaba la vida de salvaje. Saludé al último bastión de la civilización y me alejé por un camino de tosca que sólo transitaban los teros y algunas vacas perdidas&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;[4]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;A las nueve de la mañana, el sol ardía en lo alto del cielo y me despellejaba la piel de mi cabeza afeitada como si fuese una naranja. Tomé una remera del bolso y comencé mi curso de &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ1s-0fQAI/AAAAAAAAA2s/I_hckOroxvI/s1600-h/NaschyM-MarcaHombre01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256393130732634114" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ1s-0fQAI/AAAAAAAAA2s/I_hckOroxvI/s400/NaschyM-MarcaHombre01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;sobrevivencia. Para no gastar agua al cuete, arrojé el trozo de tela al piso y oriné sobre ella. La escurrí un poco y me la enrrollé en la cabeza como si fuese un turbante. A la media hora de cocerse bajo el sol, la remera comenzó a desprender un aroma fétido y un manto de vapor comenzó a obnubilar mi visión de lince. Cuando el sudor que caía de mi cabeza se mezcló con el sabor agrio de la orina, sentí que era demasiado y me quité el trapo, gasté casi una botella entera de agua en refrescarme la nuca y quitarme el olor a basural que se formó en mi coronilla. Algo decepcionado, hice un alto y me senté sobre la mochila que comenzaba a despellejarme los hombros. Tenía la espalda empapada de sudor. Me desaté las zapatillas, me quité las medias que arrojé entre unos cardos. Me puse unas alpargatas que estrené en ese momento. Más que nada para darme aires de paisano. Rebusqué entre los trapos que llevaba dentro de la mochila, saqué una botella de jugo que ardía y bebí un trago. El líquido atravesó mi garganta como se tratase de un manojo de vidrios.&lt;br /&gt;-Ah, mierda...&lt;br /&gt;La vida en la naturaleza, que había empezado apenas tres horas antes, comenzaba a tornarse insoportable. Un blogger como yo, no estaba hecho de madera de héroe, era tiempo de que lo entendiera.&lt;br /&gt;Hice una visera sobre mi frente y miré el camino que se perdía entre dunas cubiertas por pasto y vegetación costera. Las gaviotas chillaban en el cielo y soplaba un viento cálido que no refrescaba nada. Me pregunté si llegaría al vivero antes de que anocheciera. Me puse de pie y seguí caminando.&lt;br /&gt;Además de mis bufidos graves, los únicos sonidos que rompían el silencio era el de las olas al estrellarse contra el desfiladero y el del viento que chiflaba en mi oído. Acostumbrado al bramido urbano, la quietud tenía mucho de sobrenatural. Nada interrumpía la paz. Al mediodía comenzó a asaltarme una modorra devastadora. Venía mal dormido y necesitaba recuperar energía. Me tiré sobre una duna y abría la mochila. Saqué las provisiones, un paquete de galletitas criollitas que devoré en escasos segundos y como postre: diez caramelos media hora. Los carbohidratos me proporcionarían energía suficiente como para mantenerme de pie, la proteína que necesitaba para llenar de sangre mis músculos pensaba extraerla del coto de caza que encontraría dentro del vivero.&lt;br /&gt;Luego de una breve siesta me puse de pie y me largué a escape. Caminé hasta que las alpargatas se deshilacharon. El sol comenzaba a caer sobre el horizonte marino y todo el campo se tiñó de un manto anaranjado&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;[5]&lt;/a&gt;. A lo lejos vi las primeras formaciones boscosas que se alzaban entre las lomadas.&lt;br /&gt;Llegué al vivero de noche. Me serví de una linterna a dínamo y con no poco esfuerzo armé la carpa. A la mañana siguiente pondría a pruebas mis proyectos científicos.&lt;br /&gt;Me colé dentro de la carpa y encendí el pequeño farolito o sol de noche que traje en mi mochila todo terreno. Abrí una lata de sardinas, nunca me gustaron las sardinas, pero como leí por ahí que uno debe comer alimentos envasados cuando se atraviesa una situación límite, me incliné por ese pescado nauseabundo. Las acompañé con un poco de pan recubierto por una capa de arenisca. Al terminar mi cena de anacoreta, me sequé las manos sobre la manta que extendí en el piso y me recosté. La carpa era tan chica que tuve que sacar mis pies por afuera de la abertura. Por un momento, temí que me devoraran los perros cimarrones, que abundaban en los viveros, pero supuse que el hedor a macho alfa que desprendía mi cuerpo sería suficiente para ahuyentarlos. Me cubrí bien con un mantel, puse la alarma del celular a la mañana -bien temprano- y apagué la luz.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ2TsIzbkI/AAAAAAAAA20/W51FV1Z1sRs/s1600-h/lobison2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256393795732467266" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ2TsIzbkI/AAAAAAAAA20/W51FV1Z1sRs/s400/lobison2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cerré los ojos y me adormecí con el sonido vaporoso de las olas que rompían sobre la playa. Una ventisca álgida penetraba la carpa, pero no lo suficiente fría como para quitarme el sueño.&lt;br /&gt;A la mitad de la noche abrí los ojos y permanecí un largo instante –algo así como un extenso espacio de tiempo sin contabilizar- suspendido en un estado de duerme vela. Sin saber si mis sentidos se embebían de los fenómenos externos o de lo que acontecía dentro de mi cabeza. Afiné mi oído y presté atención, un chirrido molesto, como un gruñido animal resonaba que alrededor de mí. A ciegas, tanteé en el piso, buscando mi linterna. Como todas las herramientas útiles, estaba fuera de mi alcance, escondida hasta que ya no necesitara utilizarla. Bufé y volví a cerrar los ojos, como si mi acción diluyera por sí sola la presencia externa que me desvelaba.&lt;br /&gt;El sonido continuó y elevó su volumen como si se acercara. En un primer momento pensé en los perros cimarrones, pero lo descarté. Era una voz carrasposa y brutal, una especie de bramido simiesco. Algo que no tenía parangón con la especie canina. La proximidad del peligro me puso alerta y me desperté. Permanecí de cuclillas dentro de la carpa, buscaba con urgencia la linterna, que no podía encontrarla entre el manojo de basura que se apilaba a un costado, entre mis ropas y los restos de comida de la cena nocturna. Concentrado en mi búsqueda, me sorprendí cuando la carpa se me vino encima y luego fue arrancada de cuajo, me enredé un segundo con las telas y las varillas de la carpa y luego rodé al descampado. Cayeron sobre mí todas las provisiones que apilé dentro de mi refugio. Tan asustado como sorprendido, no pude evitar mirar hacia arriba, la noche era cerrada y la oscuridad me dejó distinguir muy poco. Lo único que llegué a entrever fue mi carpa perderse entre las nubes, prendida a un animal que no tenía lugar en este mundo repleto de intrascendencias.&lt;br /&gt;Fruncí el entrecejo, la situación me superaba, el ave que me arrebató la tienda para ser chimango era grande. Me dejó preocupado, no contaba con esa clase de contratiempo. Me agaché y reuní mis pertenencias en una pila. El rugido continuaba con toda su fuerza, parecía ser que los dos fenómenos no estaban emparentados como sospeché en un principio. Me sentí indefenso como las damiselas que antaño aullaban en lo alto de las atalayas. Me acurruqué sobre los trapos que me quedaban y me pregunté quién me mandó a hacerme el boyscout, con treinta y pico de pirulos encima y pelado como una rodilla.&lt;br /&gt;-EeeeuuUUUUEAAAHHHHEUUUhhhheeeuuuuuuuuuu –aullaba un monstruo que imaginé como un Leviathan enfurecido. Sorprendido, di un respingo y descubrí dos esferas púrpuras suspendidas en el muro de oscuridad que se interponía frente a mí, los ojos de la bestia transmitían una expresión perversa y recargada de cinismo. Como si se regodeara con el pánico que me despertó su cántico macabro.&lt;br /&gt;-¿Quién está ahí? ¡¡Toy armado!! ¡¡Toy armado!! ¡¡Ojo!!&lt;br /&gt;Se escuchó una risa sofocada. Ni siquiera podían tomarme en serio. De algún modo, el sonido de la risa me relajó un poco, entendí que no me enfrentaba a una bestia salvaje, sino a un animal racional. Mi abanico de armas se afianzaba.&lt;br /&gt;-Gilún... –una voz carrasposa me acusó desde el abismo boscoso.- ¡PAJERO!&lt;br /&gt;Tras escucharlo, me volvió a dominar el terror. La voz, de tono imperioso, me llenaba de espanto. No sabía cómo enfrentarlo, su sarcasmo, en medio de la nada, me desbarataba. Alcancé a susurrar:&lt;br /&gt;-Ojo, de verdad, sé algo de judo. –y en seguida me reproché detallar el alcance de mi técnica. Una brasa ardiente relumbró en las tinieblas y demarcó la presencia concreta de la bestia que me acechaba.- Y tengo un 22… cargado –agregué para darle polenta a mi discurso.&lt;br /&gt;Lo escuché reírse y observé el arco de luz que hizo el cigarrillo cuando lo arrojó lejos de sí. Escuché quebrarse las ramas que yacían en el suelo y a los arbustos que me redoeaban, removerse. No era el viento. Mi cuerpo se tensó y quedé tieso como si me fuese a chocar una máquina diesel. Un vaho fétido se coló por mis fosas nasales y me removió el estómago. El hedor era rancio como el que nos afecta cuando atravesamos, sin percatarnos, la guarida de un ciruja, un pequeño rectángulo recargado de cartones con un fuerte olor a orina estancada y a heces putrefactas. Delineado entre las sombras de los árboles entreví la figura de un ser de apariencia simiesca. Sus ojos pálidos, de color naranja, brillaban sin vida y me observaban con ansiedad. Retrocedí unos pasos y tropecé con un manojo de ramas, caí de espaldas y solté un grito afeminado, que por su tono y débil templaza, transmitía un pedido desesperado de piedad. El animal se precipitó sobre mí y me abrazó, el contacto con su cuerpo piloso, de cabellos crespos, endurecidos y húmedos, me repugnó. Su aliento fétido y vaporoso me obligó a contener la respiración, por un momento recordé mi viaje diario en tren, sometido a la turba humana y a su sangre ardiente. Se hizo un claro entre las hojas de los árboles, la luna lanzó sus rayos y me permitió vislumbrar el rostro de mi atacante. Poco tenía de humano, el maldito. Su cara, de rasgos contenidos, como achicharrados por un escultor maníaco, se asemejaban a los de Valdemar Danisky en sus horrorosas noches lobisonas. El animal, sumido por una fiebre guerrera, gemía e intentaba girar mi cuerpo para ponerme de espalda y así quedar indefenso. Mis duros entrenamientos en la escuela del hierro me permitieron resistir el embate del monstruo. Alarmado, sentí el golpe prodigioso de su bálano sobre mi entrepierna. El hijo de puta estaba en celo y, además, le gustaban los monos depilados como yo. No, si para mala leche estaba mandado a hacer. Le decía bajito: “para, para, para, para, para…” ¡Y una mierda!. ¿Qué bola podía darme? En medio de la nada, en su territorio y yo limpito, listo para que me rompieran la telita. Lo que no pudo aquella vez Ñogui, lo que intentaron en vano los doppelgängers, lo lograría el lobisón del vivero. Sus manos carnosas recorrieron mi pantalón y lo desgarraron de un manotazo. Grité como una niña cuando sentí que sus garras me arañaban la pierna. La bestia me lanzó su aliento y arrebatado por una furia amorosa, me babeó la cara mientras me cubría el rostro de besos&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn6" name="_ftnref6"&gt;[6]&lt;/a&gt;. Gemí en vano. Sentí como se estrujaban mis testículos cuando la gema ardorosa del monstruo tanteó mi boca oscura y embistió.&lt;br /&gt;Mi aullido fue tan desgarrador como el trozo de piel que se me abrió debajo. Sentía que un brazo vascularizado recorría mis entrañas, una larva de hierro que dividía en dos mis intestinos. La bestia duró poco, mi ano desbordó un líquido pegajoso y el lobisón intentó retirar su pijote, pero no pudo. Como les ocurre a los canes, el pene del lobisón se hinchó durante su acto y le era &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ4YJMOohI/AAAAAAAAA28/5aiHK3rXV6k/s1600-h/JOAN_supersize_01w.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256396071274193426" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ4YJMOohI/AAAAAAAAA28/5aiHK3rXV6k/s400/JOAN_supersize_01w.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;imposible extraerlo. El monstruo consternado, se puso violento y descargó sus nudillos sobre mi espalda desnuda. Evacuó su furia del mismo modo que lo hizo con su líquido seminoso. Después de un rato se contuvo, dejó caer su cuerpo brutal sobre mi anatomía abusada y se echó una siesta, mientras su cipote latía dentro de mi cavidad intestinal. Recordé el episodio del librero y lloré. Me prometí silenciar esta aventura, que nada tenía de dichosa y mucho de trágica. En el cielo comenzaba a brillar los primeros rayos diurnos. Unas aves gigantescas atravesaron el firmamento en un vuelo pausado. El monstruo quitó su mástil de carne, pasó su mano sobre su pecho y espalda para desprenderse el manojo de tierra que se prendía a su pelo crespo, me miró y sonrió.&lt;br /&gt;-Sea varón o sea nena, no me hago cargo, mamita linda.&lt;br /&gt;Mientras el monstruo hablaba, sentí deslizarse un líquido gelatinoso bajo el arco de mi entrepierna. Me pasé una hoja por la raya del culo casi como un movimiento mecánico para sacarme la chanchada. El lobisón sacó un paquete de cigarrillos del pantalón de jeans que dejó tirado a un lado del campamento y me miró.&lt;br /&gt;-¿Vos usás colonia?&lt;br /&gt;-Sí, “Pibes”…&lt;br /&gt;-Te vendió, flaquito. Si no fuera por eso, no te hubiese olido. Ando resfriado. Te metiste solo en la cueva del lobo. Pero tranquilo, que no pasa naranja. Yo me tengo que ir que le tengo canguelo a los avechuchos que dan vuelta por acá. –señaló el cielo con el mentón mientras se ajustaba los pantalones y se calzaba unas alpargatas roñosas. Antes de irse, me tomó por el mentón y me dio un beso en la boca. Los pelos de su cara me lastimaron, pero no dije nada. Era un buen amante&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftn7" name="_ftnref7"&gt;[7]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Vamos unos pocos párrafos y se pone insoportable. La aventura que se perfila es chata como un fatay árabe y no promete nada. Al costado tienen una gama de vínculos que puede ser que despierten sus intereres.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; ¿Cómo se puede aprovechar el tiempo en otra cosa? Primero, no leyendo una línea más de esto. Segundo, dedicarse por entero a lo que dicta el instinto. Los asesinos seriales lo hacen y no les va mal.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Esto es todo, eh. No esperen mucho más. La historia termina cuando me coge por el culo un lobisón, si quieren seguir sigan. Pero, como dije. no hay mucho más.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref4" name="_ftn4"&gt;[4]&lt;/a&gt; Es una cosa intolerable. Hasta esta nota lo es.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref5" name="_ftn5"&gt;[5]&lt;/a&gt; Todo esto es poesía, así, en carne cruda. Eh, puto.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref6" name="_ftn6"&gt;[6]&lt;/a&gt; Esto me dio más miedo que la violación en sí, la perspectiva de un noviazgo no me alentaba.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=30829758#_ftnref7" name="_ftn7"&gt;[7]&lt;/a&gt; Y eso es todo, fin. Nunca más. Cuando la empecé iba a ser un cuento bien borgeano sobre animales prehistóricos y esas cosas y al final dije: “má sí que me hagan el orto”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-2385445479622629300?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/2385445479622629300/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=2385445479622629300&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2385445479622629300'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/2385445479622629300'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2008/10/noches-pornos-de-luna-llena.html' title='Noches pornos de luna llena'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SPJ0jzBvmzI/AAAAAAAAA2k/kAenXVGspEs/s72-c/lobison.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-1072919531264688872</id><published>2009-11-27T13:18:00.002-03:00</published><updated>2009-11-27T13:26:36.785-03:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/Sw_8aCIZ9II/AAAAAAAAB30/D-T-EQhPYBI/s1600/13005-25-Sandro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5408819201674179714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/Sw_8aCIZ9II/AAAAAAAAB30/D-T-EQhPYBI/s400/13005-25-Sandro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Próximamente kiosko-remisería, vendo fondo de comercio bostaliterario...&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-1072919531264688872?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/1072919531264688872/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=1072919531264688872&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1072919531264688872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/1072919531264688872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2009/11/proximamente-kiosko-remiseria-vendo.html' title=''/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/Sw_8aCIZ9II/AAAAAAAAB30/D-T-EQhPYBI/s72-c/13005-25-Sandro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-6401064294921700064</id><published>2009-09-24T10:33:00.002-03:00</published><updated>2009-09-24T10:38:51.712-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><title type='text'>El pozo ciego, bolsilibro -capítulo 8-</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/Srt2LW9jDEI/AAAAAAAABvo/nU12rslyzkE/s1600-h/06+Snailfight_by_ken_wong.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5385027716965928002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 367px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/Srt2LW9jDEI/AAAAAAAABvo/nU12rslyzkE/s400/06+Snailfight_by_ken_wong.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;La fortaleza de saliva&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco dejé atrás el ramaje infernal y me interné en un paisaje más llano y desprendido. Comenzaron a surgir rocas aquí y allá. Me llamó la atención la fugacidad geológica que iba atravesando, me daba la impresión de que algún perverso taumaturgo se dedicaba a cambiar los escenarios a gusto y antojo como si yo fuese el títere de una obra de cuarta dirigida a niños mongoloides. Las nubes comenzaron a enredarse en círculos y remolinos sin que mediara por ello la acción del viento. Tras una pausa, tan estrecha como una vagina virgen, la lluvia se detuvo y las nubes se esfumaron. El cielo volvió a adquirir esa consistencia gelatinosa de color violáceo que para entonces había dejado de preocuparme. Es que hasta los más estúpidos maduran.&lt;br /&gt;Giré mi cogote para ver si me seguían los enanos, pero no había rastro de los perversos. Entre las rocas emergían unos enormes hongos de humedad que me hacían sentir como Gulliver en la tierra de los gigantes. Con el cambio de panorama y la curiosidad lúdica que me despertaba la visión de esos fungos titánicos, me interné en el bosque con la misma excitación de un niño que busca perderse dentro de un parque de diversiones de papel maché. El lugar estaba vacío o eso aparentaba, aunque pesaba sobre mi espalda esa especie de resquemor eléctrico que nos asola cuando presentimos que algo o alguien nos acecha. Y a pesar de que me daba vuelta cada dos minutos, no podía descubrir a los espías. No levanté la voz ni me di aires de héroe, porque no me interesaba. Me bastaba con atravesar el lugar y después que el destino me guiara. Ya hacía unas cuantas horas, según mi reloj biológico, que me había separado de mi amigo, el moscardón, y también de los caracoles. Esperaba encontrar muy pronto a los rojos. Pero hasta el momento nada.&lt;br /&gt;Mi mano enramada seguía igual que antes y no pude evitar poner las dos protuberancias sobre mi boca y chuparlas como si fuesen pirulines, en un acceso de antropofagia perverso.&lt;br /&gt;Ascendí por una diminuta colina, no más alta de las que son habituales en un green de golf. Y una vez arriba descubrí un castillo no mayor que una casa grande. Algo asombrado di marcha atrás tres pasos y el castillo se desvaneció. Volví sobre mis pasos y el castillo volvió a alzarse sobre el camino, escéptico estiré mi brazo y tanteé al dichoso monumento que era tan real como mi cuerpo. El embrujo residía en colocarse a menos de tres pasos para observarlo. Tenía toda la pinta de un castillo imaginario, era algo cómico y patético. Cumplía con creces todos los clisés que uno exige de una fortaleza del medioevo, pero le faltaba esa cuota de grandiosidad que tienen las cosas reales. No podía desprenderse de su halo teatral de feria de cuarta. Hice sonar la aldaba, profusamente trabajada. Los ecos resonaron vacíos y tétricos como era de esperarse. Escuché un susurro del otro lado de la puerta.&lt;br /&gt;-¡¿Qué!? -grité con fuerza. No alcancé a oír una sola palabra de lo que dijeron.&lt;br /&gt;-...¿Sí? -percibí que gritaron del otro lado del muro, pero fue una afirmación quejumbrosa, como si expidiera la vida en ese monosílabo. Iba a ensayar una carta de presentación cuando decidí que lo más prudente era decir lo primero que se me pasara por la cabeza.&lt;br /&gt;-¿Puedo pasar al baño? -dije con un tono recargado de drama y angustia. Que además era cierto, aunque el hecho de no contar hasta aquel momento con un inodoro, no me hubiese desvelado.&lt;br /&gt;-Mire que no anda la cadena... -esta vez las palabras sonaron claras, pero con un eco gomoso. Esperé otro rato y como vi que no me abrían agregué un:&lt;br /&gt;-Bueno.&lt;br /&gt;Estaba por volver a alzar la aldaba cuando la puerta se vino abajo y por poco me arranca la cabeza de cuajo.&lt;br /&gt;-¡Pará, puto! -grité indignado. El portón se derrumbó y levantó una espesa capa de polvo. Me llamó la atención el movimiento de unas manchas blanquecinas que se desperdigaron nerviosas por el piso tras la caída del portón. Me agaché y concentré mi visión en el suelo. Me asombró descubrir una vasta ciudad que se extendía por todo el terreno, los edificios no eran más altos que un alfiler y las dimensiones de las personas eran microscópicas, era muy poco lo que podía adivinar. Sin salir de mi asombro alcé los pies y observé la magnitud del desastre que armé con mi inocente ir y venir, con el breve paseo que tuve entre que golpeé la puerta y me hice a un lado, miles y miles de hectáreas en miniatura quedaron arrasadas y no podía medir el desastre que armó la puerta, si es que había población donde había caído. La verdad que toda aquella civilización microscópica, me desvelaba. Recordaba en un acceso de cultura —no confundir con culturismo— las divagaciones de Pascal cuando hablaba de sus microuniversos. Todo un adelantado, el tullido. Me provocó pánico realizar un solo movimiento, comenzó a pesar sobre mi conciencia la certeza del genocidio. Con un paso que diera hacia un lado acabaría con un millar de vidas. Sin moverme. Me incliné e intenté observar ese mundo que apenas podía entrever sin anteojos de aumento. Era una ciudad muy similar a las que uno imagina cuando piensa en la Alemania del romanticismo. Con sus catedrales, sus casitas de techo de paja y tejas de madera. La población era rara, aunque observaba todo con un matiz nublado, me pareció entrever que a cada poblador le nacía un par de alitas en la raíz de sus omoplatos. Pequeñas alitas de micropalomas que les permitía trasladarse de acá allá como semillas de panaderos. Los observé presas de una excitación enfebrecida, claro, los tres pasos que había dado sobre su ciudad, habían significado lo que una bomba atómica para un japonés, cuyos hijos radiados harían la patria en la Argentina post peronista trabajando de tintoreros y traficando bonsáis de mariguana. Intenté capturar a uno de los diminutos angelitos, pero devasté más de cinco manzanas en el intento. Sospecho que aniquilé niños, ancianos y vírgenes por mi capricho, así que volví a alzarme y di un salto —que se habrá llevado otro millar de vidas—, para ubicarme encima del portón que volvió a cerrarse catapultándome al corazón del castillo. Por un momento me arrepentí de mi presura por penetrar las fauces de la fortaleza, me dio vueltas en la cabeza el recuerdo del liliput arrasado por mi presencia titánica.&lt;br /&gt;Me fui de boca, no atiné a colocar mis manos por delante para amortiguar la caída. Esas mañas de mal-aprendido... El golpe me dolió bastante y me puse panza arriba como un gato, tomándome el mentón para amenguar un poco el dolor. Después de eso me quedé en babia observando el cielo plastificado. Descubrí al moscardón que pasaba volando por ahí arriba, alcé mi mano vegetal para llamarlo, pero siguió de largo. Si me vio; se hizo el fesa. Me recliné sobre el suelo y miré el rectángulo. No era nada del otro mundo y como otras cosas de esta ciudad, parecía de cartón pintado. Por un momento lamenté no tener los anteojos encima, nunca los llevaba conmigo por esas cosas de la vanidad violada que ni los más feos pueden sacarse de encima. Adiviné una silueta enorme, escondida bajo una de las arcadas de la fortaleza. Era un verdadero gigante, mitad del cuerpo lo tenía dentro y la otra mitad lo sacó afuera de la galería para observarme. Un bicho fuerte.&lt;br /&gt;—¡Eh!&lt;br /&gt;—Sí…&lt;br /&gt;—¿Tenías que ir al baño? Está acá adentro, acercate que te indico.&lt;br /&gt;Salió del ángulo y se puso de pie. La cabeza le llegaba a la altura de la atalaya. Es decir que medía casi tres pisos de altura. Era un portento. Tenía una boca enorme y con buena dentadura. Los ojos eran amarillos y la nariz apenas dos orificios perforados sobre la cara. El pelo negro y grasoso le caía hasta la cintura, con algunas trenzas mal hechas. Vestía un taparrabo de cuero viejo y sucio que apestaba a basural. Se colocó de cuclillas y me observó inclinando un poco la cabeza.&lt;br /&gt;—Por esto no te hicieron cagar ahí afuera…&lt;br /&gt;—¿Eh?&lt;br /&gt;—Los ángeles…&lt;br /&gt;—¿Quién?&lt;br /&gt;—Los turros que me sitiaron acá… Los mandan de arriba. Para cagarme. No me dejan salir.&lt;br /&gt;—Los… ¿Quiénes? —estaba por decir los “enanos” para referirme a los seres microscópicos que encontré allá afuera, pero lo hallé poco adecuado, amén que me sorprendió una náusea feroz cuando recibí el embate de su aliento pútrido sobre mi persona.— ¡Pufff! ¡Viejo! ¡Por Dios! ¿Comés mierda, vos? ¡Qué aliento a muerto!&lt;br /&gt;El monstruo se echó para atrás asombrado, hizo un hueco con su mano derecha y sopló y aspiró al mismo tiempo.&lt;br /&gt;—¿Tengo mal aliento? ¿En serio? ¿En serio?&lt;br /&gt;—¡Puff! ¡A ballena muerta!&lt;br /&gt;—¿En serio? No me digas eso… Me matás… —se dejó caer como anulado por la noticia.&lt;br /&gt;—¿Y por qué te tienen sitiado?&lt;br /&gt;—Bueno, es obvio, el día que se me dé por pasear por su ciudad voy a reventarlos a todos. Y como son gente prudente, no pueden permitirse ese riesgo, así que me tienen sitiado acá adentro hasta que reviente. Ya me comí a todos los caracoles que vivían en el castillo. ¡Pobres! ¿Vos sabés que también estaban sitiados? Mirá…&lt;br /&gt;Abrió la palma de su mano, cuyos dedos eran tan gruesos como un eucalipto de veinte años, y me mostró unos caparazones vacíos de color rojizo.&lt;br /&gt;—Pero… Son caracoles… Te comiste a los caracoles rojos…&lt;br /&gt;—Es que no había nada más. Vos no sabés lo que me costó… Eran tan buena gente. Hicieron todo por mí. Me atendieron así. Pero, ¿qué iba a hacer?&lt;br /&gt;—¿No sabías que estaban en guerra?&lt;br /&gt;—Sí, me contaron que estaban sitiados por otros caracoles, desde hacía milenios. Pero me los comí a todos. Tengo tanta hambre. Al principio lo hacía con carpa, un día un puñadito, pero después no aguanté más, no dejé ni a uno vivo. ¿Qué querés? Si no puedo salir…&lt;br /&gt;—Pero —intenté encontrarle lógica a aquel embrollo estúpido— hacé una cosa sencilla, salís como en tu casa y los reventás a todos a pisotones.&lt;br /&gt;—Sí, gustoso, pero explicame cómo salgo por esa puerta. Estoy encerrado. Es demasiado chica para poder escaparme.&lt;br /&gt;—¿Y cómo entraste?&lt;br /&gt;—No, no… Me quedé dormido y me cayó el castillo encima. Cuando me di cuenta ya era tarde.&lt;br /&gt;—Pero si podés salir tranquilo. Mirá, trepá ese muro, pasás tu pierna del otro lado y listo. ¡Estás afuera!&lt;br /&gt;—¡Nac! Hay un foso afuera. Un abismo horrendo que conduce al centro de la Tierra donde viven los yhudis…&lt;br /&gt;La verdad era que no había visto ningún foso allá afuera, pero mi principal preocupación en ese momento no era cómo lograr que el ogro escapara, sino cómo lograr que no me almorzara. Escuché un aleteo macabro y vi posarse sobre una de las torretas a dos seres con cuerpo humano y cabeza de buitre, como figurando mi destino.&lt;br /&gt;El ogro se hurgaba la nariz con la mirada vacía. No parecía tener mucha hambre, sus ojos transmitían toda la angustia que lo embargaba. Parecía un tigre enjaulado. Se lo veía con esa rara resignación que a veces demuestran las bestias en situaciones sin salida. Un poco cansado apoyó el culo y se cruzó de piernas. Sin mucho más que agregar comenzó a desprender la mugre que se alojaba entre los dedos de sus pies. Apoyaba la yema de su dedo y roía la suciedad que apestaba a queso rancio. Yo me interné en unas de las galerías e ingresé al castillo.&lt;br /&gt;Era un desastre, los muebles y las armaduras tiradas en el piso, una cosa impresentable. No podía asegurar qué pasó ahí dentro, ¿una batalla o una orgía? Los pisos, las paredes y el techo estaban embadurnados por una estela plateada de saliva seca. Señal característica de los caracoles que habitaban la fortaleza antes de mudarse al estómago del monstruo. Sobre las paredes colgaban unos tapices algo apolillados, retrataban la apoteosis del doppelgänger sobre el mundo. Un Hitler desnudo y atlético alzando el planeta, cual Atlas, sobre sus hombros y a sus pies dos figuras animales, vencidas. El cuero de un león viejo, con las fauces abiertas y la corona ladeada sobre su cabeza y un águila calva atravesada por una flecha con las patas apuntado hacia el firmamento.&lt;br /&gt;Enfrente de este tapiz había otro, algo desgarrado, que retrataba el futuro en que la raza elegida emergerá de los abismos de Agharta y reconquistará la superficie. Un cuadro de concepciones clásicas, ajeno a los impulsos modernos, se detenía en los detalles hermosos de la raza aria, iluminada por suaves tonos anaranjados de un sol crepuscular, luchando contra los oscuros y deformes seres del exterior que caían en los abismos que se abrían bajo sus pies. La verdad, siempre me agradaron los dibujos de corte realista con motivos épicos y me quedé un buen rato observando estas dos obras supremas.&lt;br /&gt;Tras empacharme con los tapices me acerqué a una abertura y espié a través de un estrecho ventanuco que se abría sobre la pared de la pieza. Descubrí a mi gigante cabeceando sobre el patio del castillo. La cabeza se ubicaba dos pisos por debajo de donde yo estaba. Me acerqué a la curva de una escalera, abandoné el recinto y continué mi ascenso. La escalera estaba construida con adoquines y era muy amplia, describía una curva pronunciada a medida que se elevaba porque llevaba a la torre más alta del castillo: la atalaya. Divagando me tropecé y volví a caer de boca. Pensé en jugar a la caída en la quiniela. Pero estaba muy lejos de una agencia y además nunca jugaba a nada. Por esa certeza que tenemos algunos de la línea que sigue nuestro destino. Un hombre-buitre se posó sobre una de las ventanas de la torre. Su cuerpo era delgado y algo plumoso. Tenía una apariencia enferma y su cabeza era demasiado pequeña para controlar su cuerpo de homínido. Me observó con sus ojos rojos y graznó alguna incoherencia. Palmeé con fuerza, el hombre ave se asustó y se arrojó al vacío. Cuando me asomé por la ventana para ver a dónde había volado, sumergí mis manos en una torta nauseabunda de mierda... del todo humana.&lt;br /&gt;—¡Uffffff! —aullé asqueado.&lt;br /&gt;Apoyé las palmas sobre la pared y realicé un movimiento descendente y brusco para quitarme la parte más gruesa de la inmundicia. Después me limpié sobre mis pantalones, era conciente de que los echaba a perder. Pero como, por contrato, en el trabajo me dan dos pantalones al año; todavía me quedaba uno indemne en casa. Y después me quité todo el resto que quedaba entre dedo y dedo. Las manos seguían húmedas y pastosas y no pude evitar acercarlas a mi nariz y testear qué tan mal hedían. A la primera aspiración casi largo todas las raíces que me desayuné en el pantanal. Apestaba a leche podrida. Fue suficiente.&lt;br /&gt;Llegué a lo más alto de la torre refregando con frenesí mis manos sobre los bolsillos traseros de mis pantalones. Era el lugar más adecuado. El hecho de tener dos dedos con forma de tallo no hacía más sencilla la tarea higiénica.&lt;br /&gt;Corrí una traba y penetré en la torreta. El aire era más frío ahí arriba. El panorama; bastante desolador. Las nubes se desplazaban a baja altura y tenían una coloración cobriza, fruto de una fuente de luz desconocida. Me asomé como un nene sobre la cornisa de la torre y miré hacia abajo. El gigante dormía. Volví a observar el horizonte, —aunque no existía tal cosa— y me llamó la atención las luces de unos reflectores que ascendían y traspasaban las nubes como rayos letales. Después de eso escuché un sonido grave como el de tambores de batalla y vislumbré una cabeza titánica que se alzaba suspendida en el cielo. Era la cabeza de Hitler o la de su inmundo doble. Un fantoche de cuarta. Gesticulaba como un mongólico, lo observé con una mezcla de fascinación y angustia. Hacía con la cara esos visajes que uno tiene cuando se aguanta un estornudo o cuando se aspira de improviso un pedo espantoso. Se escuchaba el rumor de su discurso. Palabras fuertes, en alemán, un idioma que me era ajeno. No podía saber si se trataba de un holograma o de una testa real. Intenté también dilucidar a qué distancia se encontraba, porque la ciudad de Agharta estaba donde residiera el doppelgänger. Pero no hubo caso, las distancias y los tiempos eran cosas difíciles de elucubrar y nunca me destaqué por ser una persona con muchas luces. El doble estaba ahí, dándose aires de gran señor, no sé lo que decía, pero ya iba para largo. Estaba inflado como una gallina enojada y se relamía el bigote de puro gusto. Se podía oler el ozono en el aire. Dos buitres humanoides salieron de una formación espesa de nubes. Revolotearon sobre mi cabeza y graznaron como condenados. Hacían un bochinche de no creer. Agité los brazos para que se fueran, porque tenía los huevos al plato de escucharlos.&lt;br /&gt;Nada.&lt;br /&gt;Eran caprichosos, bochincheros, lo repito. El doppelgänger -en realidad el nuevo Fito, porque de doble ya no tenía nada, si el original yacía quemado en Berlín- comenzó a mirar para mi lado, molesto, como asqueado por el zumbido de un mosquito que le estuviese trepanando los tímpanos. Intenté ocultarme detrás la cornisa. No quería que el bigotudo me clavara los ojos, me gusta mantener el perfil bajo. Los hombres buitres se posaron en el borde de la cornisa e intentaron picotearme la pelada con total desenfado y sinvergüenza.&lt;br /&gt;-¡Ehhh! ¡¿Tan locos?! -alcé las manos sobre mi cabeza y mantuve el cogote dentro de mis hombros. Me embargó un sentimiento pesado de desesperación e invoqué en mi memoria la figura de algún héroe literario, bien ficticio, que me ayudara a sortear el mal paso. Me acordé de Kiling, el asesino sexópata, empilchado con la calza de esqueleto y me empapé de coraje. Me puse de pie de un salto y estiré los brazos como si me estuviese desperezando, pero fue una cosa violenta que agarró desprevenidos a estos bípedos semi-implumes. Se quedaron aleteando en el aire, gimiendo con sus picos abiertos, eran pura indignación. La paciencia no era el fuerte de estas cosas. A uno alcancé a darle un cachetazo feo en la cabeza que lo dejó remolinando en el aire, en caída libre. Terminó sobre la cabeza del gigante que, huraño, lo aplastó como si se tratase de un insecto molesto. Me provocó un sentimiento hilarante observar aquel desenlace trágico. El compañero graznó espantado y me clavó una mirada llena de rencor. Yo me alcé de hombros y le arrojé un escupitajo cargado de moco que osciló sobre el pico. El bicho pegó media vuelta y se dio el raje. Me golpeé el pecho a lo Tarzán -confieso que lo hago muy bien- y pasé la palma de mi mano derecha sobre mi cabeza para significar el desprecio que me provocaba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-6401064294921700064?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/6401064294921700064/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=6401064294921700064&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/6401064294921700064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/6401064294921700064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2009/09/el-pozo-ciego-bolsilibro-capitulo-8.html' title='El pozo ciego, bolsilibro -capítulo 8-'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/Srt2LW9jDEI/AAAAAAAABvo/nU12rslyzkE/s72-c/06+Snailfight_by_ken_wong.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-7944046079323719582</id><published>2009-02-05T16:11:00.012-02:00</published><updated>2009-02-07T00:18:48.834-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><title type='text'>El pozo ciego, bolsilibro -capítulo 6-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Resumen del &lt;/em&gt;&lt;a href="http://elprotohumano.blogspot.com/2009/01/el-pozo-ciego-bolsilibro-captulo-5.html"&gt;&lt;em&gt;capítulo anterior&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;: Laiseca viaja al pasado para comprar cigarrillos, pero se arrepiente y busca trabajo en una curtiembre. Al tercer día, en un descuido imperdonable, sufre un accidente y una de las máquinas lo mutila . Nunca llega a escribir ningún libro y Los Sorias no pasa de ser un deseo inconexo. El mundo termina luego de una agonía de cincuenta y tres años.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo seis&lt;br /&gt;Una jornada con los gnomos del infierno&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstOazOqnI/AAAAAAAABVw/MGSNjY8f5jE/s1600-h/08_swordsb_stjohn.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299379112267131506" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 272px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstOazOqnI/AAAAAAAABVw/MGSNjY8f5jE/s400/08_swordsb_stjohn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El reloj, el casio, seguía ofreciéndome esa constelación infinita de horarios, terminé por no prestarle atención y guiarme por lo que mi cuerpo me sugería. Si me temblaban las piernas, me tiraba al piso y descansaba. Para comer siempre me arreglaba con raíces o con tubérculos que encontraba aquí y allá. El paisaje comenzó a espesarse a medida que avanzaba. Se elevaban del suelo pequeños árboles que eran todo raíces y obturaban bastante mi avance. Ahora, en vez de caminar, debía entretenerme tratando de evadir estas protuberancias que se presentaban de cualquier modo y amenazaban con arrancarme un pie en caso de un tropiezo accidental.&lt;br /&gt;A pesar del espeso aguacero que vomitaba el cielo y de la escasa luz que había, descubrí, acechando, a una serie de personajes de pinta poco amenazante. Eran, como la mayoría de los bichos que pueblan Agharta, cabezones y petisos, pero su originalidad residía en las pesadas armaduras que portaban con vana gallardía. Los pequeños gnomos del infierno me seguían el rastro, pero no se dejaban ver con libertad. Algunos me chistaban, otros se frotaban la armadura con grasa para que el agua no oxidara sus delicados cerrojos y componentes. Cuando me sentí cansado, dejé el mandoble sobre una de las raíces y me apoyé sobre otra. Los bichos se acercaron y me rodearon. Sus cabezas parecían bombitas de vidrio, sus ojos eran enormes y luminosos como antorchas, sus bocas eran una hendidura en el rostro y la nariz apenas dos agujeros en su cráneo etéreo. Tenían el cabello ralo, escaso y canoso. Sus delgados cuellos emergían del cogotero de sus armaduras y les prestaba un aire muy poco marcial. Portaban con orgullo un variado abanico de armas que iba del&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstdP_pEUI/AAAAAAAABV4/BIcEx76UET4/s1600-h/monstrii.JPG"&gt;&lt;/a&gt;hacha de combate, la espada al garrote. Los dejé acercarse con confianza hasta sentir su pútrido aliento ventilando los pelos de mi nariz. Me sentía seguro en aquel mundo de locura. Uno de ellos, el más pequeño, apartó mi mandoble con esfuerzo sobrehumano. El resto de los subhumanos me tomaron por sorpresa y me sujetaron los brazos y las piernas. Impidieron cualquier tipo de movimiento y plan de fuga. Cuando me vieron preso, se tentaron y los conjurados comenzaron a reírse de una broma que estaba más allá de mi comprensión. No ofrecí mayor resistencia, porque supuse que en aquella región subterránea del planeta las cosas se planteaban de otro modo. Me dejé hacer.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYzvekudKcI/AAAAAAAABWY/roO1jlYrT4U/s1600-h/a24.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299874170041870786" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 267px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYzvekudKcI/AAAAAAAABWY/roO1jlYrT4U/s400/a24.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ah, pero estaba errado.&lt;br /&gt;El más enano, el más miserable de aquel grupo, tomó su hacha, la elevó por encima de su cabeza y me rebanó de un golpe dos dedos de mi mano izquierda. Primero me asusté. Un acto violento tan repentino le quita el aire de los pulmones a cualquiera y aventuré un: ¡Ay! De esos que suenan angustiados. Después, y con esto digo, tres milésimas de segundos, el cuerpo se llenó de dolor, espanto, pérdida, angustia y aullé. Pensé que los bichos iban a largar la presa, pero no. Me tenían bien prendido y uno de ellos se había metido en la boca mi mano mutilada y se tragaba la sangre derramaba como si fuese si mis dedos fuesen el pico de una mamadera. Pero el miedo y la violencia son hermanos, y arrebatado por el espanto me encontré infundido de fuerzas sobrehumanas y tomé con mi mano derecha al que tenía más cerca, lo alcé y lo arrojé muy lejos. A otros dos les inutilicé sus mejores partes a fuerza de puntapiés. El único que seguía prendido a mí era esa sanguijuela asquerosa que mamaba de mi herida como una criatura hambrienta.&lt;br /&gt;-¡Si serás joputa! -tomé una pequeña hacha que tenía a mano y le hundí el cráneo de un golpe. Pero me equivoqué. La cabeza se hundió como una goma y volvió a adquirir su forma normal. La boca seguía tan adentro como siempre, algo me dijo que mirara sobre mi hombro. Lo hice y observé a uno de estos condenados elevar su espada con la firme intención de arrancarme una pierna de un golpe. Falaz, me di vuelta y lo empujé lejos de una patada. Al otro bicho le tapé los dos orificios olfativos con los dedos de mi mano derecha. Adquirió una coloración azulada y después boqueó como un pez fuera del agua, era la oportunidad que estaba esperando. Lo arrojé lejos. Se debatió un momento en el lodazal inmundo como un bebé caprichoso y luego su estómago comenzó a hincharse hasta que la pechera se desprendió como un pedazo de lata. Los salvajes lo rodearon y sin preguntar esta silla es mía, le hundieron sus afilados colmillos aquí y allá. La sangre, mi sangre, fluía como una cascada sobre el cuerpo de aquella garrapata condenada. Aproveché el momento para ensayar un torniquete para cerrar mi hemorragia, pero para entonces se había formado un cascarón sobre mi herida. Asombrado alcé la mano sobre mis ojos y observé una protuberancia que emergía del cascarón. Un poco asustado le negué importancia para acallar mi conciencia que me vaticinaba una muerte pronta y dolorosa. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstoSrt0nI/AAAAAAAABWA/JNdZsl3fXJw/s1600-h/12_rgk_tartwins_tarzan_waziri.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299379556764734066" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 270px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstoSrt0nI/AAAAAAAABWA/JNdZsl3fXJw/s400/12_rgk_tartwins_tarzan_waziri.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Enfurecido, intenté reventar a patadas a los enanos del infierno pero, más ligeros y veloces que yo, se mantuvieron a una distancia prudente. Me percaté de que observaban con aquellos ojos vidriosos la mano que tenía herida, en su mirada pude leer cierta dosis de ansiedad y locura que no colaboró con mi tranquilidad. Desde aquel momento siguieron mis pasos. Tomé mi mandoble y me puse en camino bajo el aguacero que no tenía pinta de amenguar. Mis pies se hundían hasta los tobillos en un suelo lodoso e anegado. Pasaron las horas y los enanos me seguían el paso, pero sin prestarme mucha atención. Hablaban en grupos y algunos se perdían allá adelante. El bosque seguía tan enredado como en un principio. Y entonces me topé con un culo.&lt;br /&gt;Enterrado en el barro, apuntaba hacia el cielo. Sólo el culo. La espalda y las piernas sumergidas en el barro y el culo afuera como una flor. El ano dilatado, boqueaba desesperado. Me detuve a contemplar ese espectáculo tan extraño y los petisos vampiros hicieron alto conmigo. Era todo un cultivo de anos. Acá y allá afloraban de la tierra como hongos. Si se le ponía atención al asunto se podía percibir el sexo de los desafortunados topos. Las bolas o la vagina asomaban con timidez de la superficie terrosa. Los gnomos tomaron unas ramas de rebordes afilados que flotaban en los charcos y se entretuvieron un rato enterrando el ramaje dentro de las aberturas que presentaban los inconsecuentes. Lo hacían con violencia, algunos extraían las entrañas al retirar el palo, otros destapaban cañerías, pero no escuché un grito ni vi ninguna persona que emergiera de la tierra. Al ser agredidos, como las anémonas, cerraban sus bocas intestinas y se sumergían en la tierra como lo harían en una superficie acuática. Era un espectáculo de lo más curioso. Al principio no pude evitar sonreír de la desgracia de estas cosas, pero después tuve esa empatía rara que tenemos a veces con los seres indefensos y me dio cosita. Cosita que un día yo tuviera ese destino y me enterraran un palo en el orto. Puse punto final a la picardía.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYst6TsXIrI/AAAAAAAABWI/2H6-QAkGuVM/s1600-h/37_amazing_1946_10_rgjones.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299379866273522354" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 284px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYst6TsXIrI/AAAAAAAABWI/2H6-QAkGuVM/s400/37_amazing_1946_10_rgjones.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-¡Chitttsss! ¡Euh! ¡Corténla!&lt;br /&gt;Los enanos estaban viciados y tuve que gritar muy fuerte para que me prestaran atención. Le tomaron manía y yo dejé de parecerles interesante. Uno de ellos levantó el cogote y después siguió en sus trece. Intercambió con sus compañeros una seña de complicidad y me dio a entender que yo era poca cosa como para importunarlos por nada. La suficiencia de estos petisos me puso un poco malo. Así que con el agua hasta las rodillas, decidí poner punto final a la impertinencia. Me acerqué arrastrando el mandoble, los bichos estaban sentados sobre un culo enorme. El enano más viejo, que poseía unos ojos saltones y oscuros como un sapo, cumplía el papel de macho alfa. Tenía el brazo enterrado dentro del ano del desgraciado. Los cofrades lo azuzaban para que continuara con su indagación anatómica. Cuando los tuve a tiro, alcé el mandoble sobre mis hombros y medio aguado por la tormenta y por la lluvia les grité:&lt;br /&gt;-¿La van a cortar?&lt;br /&gt;El indagante retiró el brazo y, al mismo tiempo, se coló por aquella enorme cavernosidad un pedo espantoso que tronó más fuerte que el temporal que me asfixiaba a baldazos. Los enanos se taparon la boca para aguantar la risa, pero les fue imposible. A pesar de mi entereza moral, no pude permanecer ajeno a tamaño eructo intestino. Me reí con ganas y me cambió el humor. Me sentí liberado. Como que no me importaba tanto el tema de perder el presentismo o, en última instancia, el laburo. Que los giles de allá arriba se quedaran con sus sueldos, su cafés, sus logros rengos y toda la bosta. A mí me gustaban estos deformes albinos.&lt;br /&gt;Giré la espada y rebané tres cabezas y la mitad de otra. Quedaron dos más a tiro que no atinaron a moverse. Después de eso, como colofón de mis hazañas, enterré hasta el mango la espada en aquel culo monstruoso. Los dos enanos se empecinaron en retirarla. Era una visión hermosa. Aquellas dos bestias, bajo los rayos y la lluvia, montados encima del culo y tomando por el pomo la espada enterrada hasta las entrañas. Ambos sumaron fuerzas, pero no tenían lo necesario. Por un momento me sentí tentado de retirar el mandoble de ahí, pero luego desistí ante las eventualidades nefastas que podría acarrearme esa acción.&lt;br /&gt;Los enanos estaban colgados al pomo, ajenos a cualquier cosa que no fuera arrancar la espada de ese ano aberrante. Presentí la inminencia de un terremoto, de una gran desgracia. Se me estrujó el estómago de espanto y las palmas de mi mano sudaron como las bolas de un mono. Di tres pasos hacia atrás, despacito, para que no se avivaran que estaba reculando. ¡Entre tantos culos! Me tropecé con un montículo de carne y caí de espaldas, mis pupilas se dilataron de horror. Ese espanto que nos provoca confrontarnos con el vacío. Pero fue un camino corto, al horror, le sumé la vergüenza y el rencor de verme en una posición tan patética. Los culos parecían gemir de alegría ante mi desgracia, sonaba una orquesta de gases y emergían de esos agujeros carnosos altísimas chorradas de líquidos internos. Me puse de pie y levanté los brazos como un espantapájaros, en esa pose típica que todos tenemos cuando somos víctimas de un accidente vergonzoso. Contemplé resignado el lodo y la mierda que cubría mi cuerpo. Me agaché y ahuequé la mano para tomar un poco del agua pútrida y estancada que cubría el pantano y enjuagué lo que pude de aquel desastre. Confiaba que la lluvia se encargaría de asearme con creces. Después de eso miré a los enanos, se habían aburrido de jugar con la espada, y estaban pegados a mis rodillas con la nuca tirada bien atrás mirándome desde la distancia.&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;-Pedro y Pablo -dijo el más feo.&lt;br /&gt;-Que nombres tan inspiradores. -me alejé para esquivar un golpe en los huevos que estaba seguro de recibir, entendía la mecánica de ese universo cruel. Pero me equivocaba. Se miraron entre sí y volvieron al ruedo. Me tomaron la mano izquierda y pensé que iban a volver con su manía vampírica, pero no. Me llevaron la mano a mis ojos y vi algo que derrumbó mi entereza. De mis dedos mochos nacían dos ramitas delgadas, se asemejaba a un poroto germinado. Dos brotes delgados que se movían al compás del agua y el viento. Estuve tentando de arrancarlos, pero los vi tan unidos a mi naturaleza que no me faltó el valor suficiente. Intentaron frotarme la mano sobre mi cara, pero de un tirón me deshice de ellos. &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstB-KcTAI/AAAAAAAABVo/1-b_nq0q28c/s1600-h/File0007.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299378898421435394" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 291px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstB-KcTAI/AAAAAAAABVo/1-b_nq0q28c/s400/File0007.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh! ¡Paren!&lt;br /&gt;Los enanos volvieron a clavar sus ojos en mi mano brotada y se distanciaron un poco de mí, pero no me perdieron de vista. Había algo en aquella cosa que me estaba saliendo en la mano que les fascinaba. Yo volví a fijar mis ojos en esa cosa y no pude determinar qué cuernos era, la verdad que parecía una germinación. Dos brotes de soja, algo repulsivo. Por un momento barajé la posibilidad de que me estuvieran naciendo dos dedos nuevos, pero deseché la idea por estúpida. La sangre se había secado alrededor de la herida y a través del coágulo nacía esta ramificación que al tocarla podía sentirla como parte de mi cuerpo, aunque no contaba con articulaciones.&lt;br /&gt;Seguí caminando y atravesando ese bosque enraizado que dificultaba tanto mi marcha. Los bichos me seguían y lo único que flotaba en mi cabeza por entonces era el peso de la culpa de haber abandonado el mandoble dentro de ese culo espantoso. Rescaté del suelo un garrote, un trozo considerable de una raíz que se había desprendido del resto y que tenía la forma y consistencia ideal para reventar cráneos. Lo enarbolé en el aire un rato y me lucí. Los monstruos se detuvieron a unos metros y fijaron sus ojos de auto sobre mi fanfarronería:&lt;br /&gt;--¡Bueh! -gritaron y se palmearon los muslos en un acceso incontrolable de admiración. A pesar de ello, mantuvieron una distancia prudencial. La bipolaridad es un rasgo característico de los seres que pueblan Agharta y que se fusiona muy bien con sus conductas absurdas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/30829758-7944046079323719582?l=elprotohumano.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elprotohumano.blogspot.com/feeds/7944046079323719582/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=30829758&amp;postID=7944046079323719582&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7944046079323719582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/30829758/posts/default/7944046079323719582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elprotohumano.blogspot.com/2009/02/el-pozo-ciego-bolsilibro-capitulo-6.html' title='El pozo ciego, bolsilibro -capítulo 6-'/><author><name>Balaoo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14973770244152721644</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_x9FSTUQhfNI/R6JTxqNXIkI/AAAAAAAAATs/mQMC1apCQvs/S220/balaoo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SYstOazOqnI/AAAAAAAABVw/MGSNjY8f5jE/s72-c/08_swordsb_stjohn.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-30829758.post-3365139044588239736</id><published>2009-01-06T21:08:00.014-02:00</published><updated>2009-01-08T11:33:43.216-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Inframundo'/><title type='text'>El pozo ciego, bolsilibro -capítulo 5-</title><content type='html'>Resumen del &lt;a href="http://elprotohumano.blogspot.com/2008/12/el-pozo-ciego-bolsilibro-captulo-4.html"&gt;capítulo anterior&lt;/a&gt;: tal cual, tal cual el último capítulo de la serie de Shrek, el sheik.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo 5&lt;br /&gt;La guerra de los siglos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SWX55tkKttI/AAAAAAAABQA/EWzWrDhqB0g/s1600-h/14_anomaly_03_corben_color.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288908107295667922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 306px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SWX55tkKttI/AAAAAAAABQA/EWzWrDhqB0g/s400/14_anomaly_03_corben_color.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Este se lo dedico a mi amigo Pablo por el ímpetu sexual que exuda su ano.&lt;/em&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La soledad repentina me llenó de dicha. Además de sacarme de encima a toda la plana mayor de mi trabajo, me deshice de esos giles cargosos que iban de extraterrestres. El sólo hecho de no tener a nadie encima sobándome la nuca me dejó bastante manso. Y arriba estaba esa cosa rara, parecida a una gelatina de acero que adquiría formas caprichosas. El cielo de Agharta. Todo un universo. Embobado por el paisaje exótico permanecí estupefacto en una contemplación que tenía mucho de éxtasis religioso. Tengo, como todos, esos largos momentos de babia, donde me enajeno con la nada.&lt;br /&gt;Es que no era para menos. Un cielo hechizado que atraía toda mi atención. No se podía evitar, aunque apelara a toda mi voluntad. Era más fuerte que uno. Estaba hechizado, lo digo de nuevo.&lt;br /&gt;Un movimiento aleatorio en el espacio me arrancó de la hipnosis como un baldazo de aire frío. Era una mancha oscura. Gorda y verdosa. “¡Un ovni!”, grité por capricho. ¿Qué “ovni”? Por sus movimientos errantes y sus vericuetos estúpidos no tardé en adivinar la naturaleza del avistamiento: una mosca vulgar. Sí, les corto el suspenso. Una mosca. Fácil, era de esas, de las más cochinas. Las verdes, las que se revuelcan en la mierda, las que encontramos en la carne abombada que nos vende el turro del carnicero cuando se pasa de piola. La misma. Aunque eso sí, E-NOR-ME. Un autito. Un fiat seiscientos. ¡Más grande! ¿Y el ruido? ¿Un helicóptero? ¡Chaucha y palito! Te aturdía. No miento, que no me gusta. Un bicho de lo más inmundo. Pero de verdad. Se puso a hacer piruetas en el aire. Algo estrambótico, como hacen las moscas. Con esos ojos multiplicados. Se mandaba la parte. El tamaño y unas piruetas divinas. Era de admirar. Todo un espectáculo. ¡Y gratis!&lt;br /&gt;Pero al aire libre, lo importante.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SWX6DtfaQjI/AAAAAAAABQI/j6MtoXpaZ7A/s1600-h/23_astounding_1936_06d_hbrown.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288908279074406962" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_x9FSTUQhfNI/SWX6DtfaQjI/AAAAAAAABQI/j6MtoXpaZ7A/s400/23_astounding_1936_06d_hbrown.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Después de un rato aflojó y bajó hasta donde yo estaba parado. Una cosa simpática, llevaba un sombrero bombín en la sabiola y un toscano en la boca. Un dibujo animado del ‘30.&lt;br /&gt;—Quedate mosca —me susurró y me codeó el estómago con uno de sus tantos codos, mientras se frotaba dos de sus manos como en señal de satisfacción suprema.&lt;br /&gt;—
